DM Kapillo
Sombrero perdido de Astrid
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Dicen en el Orco Feliz…
La taberna retumba con risas, gritos, y el crujir de jarros chocando. Entre sombras y humo, un viejo goblin se inclina sobre la mesa, susurrando con voz rasposa:
-¿Oíste lo que pasó por los Dientecillos? No es cuento de borracho, te lo juro por el dios Tuerto. Fue hace apenas unos días. Una patrulla del ejército de Murann marchaba por esos riscos traicioneros. Entre ellos iba un minotauro. No uno cualquiera... un toro enorme, con mirada de tormenta y cicatrices que contaban guerras que ni los bardos se atreverían a cantar.
Se pasa la lengua por sus dientes negros y carcomidos, saboreando el drama:
Dicen que sin previo aviso, en mitad del paso, el toro se volvió contra sus propios hombres. ¡Pum! Le arrancó la vida a uno de los guardianes, lo partió como si fuera de cera. Los otros... se dispersaron, aterrados. Algunos lo combatieron… y murieron. Y otros, bueno… otros se unieron a su inmensa fuerza. El minotauro rugía algo sobre traición, sobre cadenas rotas…
Se apoya en la silla, como si aún sintiera el temblor del suelo:
Desde entonces, nadie sabe si fue locura, venganza, o si algo oscuro se apoderó de él. Pero si andás por los Dientecillos, abrí bien los ojos. No quisiera que os partieran por la mitad, je…
Y con una sonrisa mellada, alza su jarro vacío y guiña un ojo:
¿Me invitas un trago, compañero? No cuento historias gratis...
La taberna retumba con risas, gritos, y el crujir de jarros chocando. Entre sombras y humo, un viejo goblin se inclina sobre la mesa, susurrando con voz rasposa:
-¿Oíste lo que pasó por los Dientecillos? No es cuento de borracho, te lo juro por el dios Tuerto. Fue hace apenas unos días. Una patrulla del ejército de Murann marchaba por esos riscos traicioneros. Entre ellos iba un minotauro. No uno cualquiera... un toro enorme, con mirada de tormenta y cicatrices que contaban guerras que ni los bardos se atreverían a cantar.
Se pasa la lengua por sus dientes negros y carcomidos, saboreando el drama:
Dicen que sin previo aviso, en mitad del paso, el toro se volvió contra sus propios hombres. ¡Pum! Le arrancó la vida a uno de los guardianes, lo partió como si fuera de cera. Los otros... se dispersaron, aterrados. Algunos lo combatieron… y murieron. Y otros, bueno… otros se unieron a su inmensa fuerza. El minotauro rugía algo sobre traición, sobre cadenas rotas…
Se apoya en la silla, como si aún sintiera el temblor del suelo:
Desde entonces, nadie sabe si fue locura, venganza, o si algo oscuro se apoderó de él. Pero si andás por los Dientecillos, abrí bien los ojos. No quisiera que os partieran por la mitad, je…
Y con una sonrisa mellada, alza su jarro vacío y guiña un ojo:
¿Me invitas un trago, compañero? No cuento historias gratis...
Offtopic :
Interesados posteen aquí y diganme por MP al foro intenciones
