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Sanación del bosque Weldazh

Vashard

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18/1/09
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Offtopic :
No sé si ponerlo aquí o en la sección de Alto en el Camino pero... por darle continuidad a este hilo... ¡pues aquí mismo! Me apeteció escribir un relatillo al respecto aunque confío en que no sea el único que lo haga. Gracias a todos los asistentes por venir, ya participaran activamente o no. Escenas así siempre están bien y unen lazos. Confío en que haya más. ¡Un saludo a todos! ^^


Recomendación musical

El hombre respiró hondo y cerró los ojos mientras tomaba las manos de Claunys y Delom, con el agua por la cintura. Numerosos recuerdos le unían al Wéldazh, muchos de ellos surcados de cicatrices, como su propio cuerpo. Vivencias de la guerra contra las huestes de Bhaal entre aquellos árboles… el odio que emanaba aquél lugar ante la presencia de otros hijos de la naturaleza… misiones de infiltración a través de la espesura esquivando bestias del averno… gritos de dolor, muerte, el olor a madera quemada, las densas cortinas de humo, abrasador y asfixiante… heridas en su cuerpo, arrastrar una pierna dañada, sangre ardiente sobre su propio rostro… y aún así… un posterior rechazo por parte de los habitantes de aquellas tierras. Palabras de desprecio, miradas desconfiadas, gestos ariscos… su concentración se veía perturbada por los recuerdos.

Mas… haciendo un esfuerzo de voluntad recabó aún más en su interior, entonando un cántico en la vieja lengua del mundo natural, al igual que el resto de los integrantes del círculo ritual. Haciendo un esfuerzo consciente se esmeró por no ceder a aquellos sentimientos de rencor y dolor que danzaban en su alma y su corazón, tal vez instigados por el entorno que le rodeaba. En lugar de ello buscó otros, otros de concordia y esperanza. Palabras de respeto… gestos de amistad escondidos en saludos elaborados y protocolarios, sólo visibles en destellos en la mirada y amagos de sonrisas… honor y camaradería aún en tiempos difíciles… y por supuesto… el llanto de sendas criaturas en un alumbramiento entre las copas de los árboles. La vida abriéndose camino a través del sufrimiento, sollozos de esperanza, agotamiento y plenitud…

Vashard comenzó a ser consciente entonces de que las aguas a su alrededor comenzaban a agitarse, estremeciéndose ante el cántico de los cuatro druidas allí reunidos. Claunys entonando su voz abrupta y sombría, casi chisporroteante, cual esencia de muerte en el ciclo natural. Frente al elfo salvaje, Delom, con su tono más agudo, cual vigoroso soplo de aire inspirador. Entre ambos… los dos portadores de sangre humana. Arabela, con su voz dulce y fluida, corriente de vida, cual arrullo maternal y reconfortante. Y por último él, aportando serenidad y estabilidad con su tono firme e inamovible, cual mano tendida esperando a ser tomada.

Mas… no tenía que ser tomada por una persona, sino por un bosque que les rodeaba. Un bosque que había sufrido lo indecible y por el cual todavía había personas que luchaban y se esforzaban, dándolo todo de su parte por insuflar de nuevo un aliento de vida en sus maltrechas raíces. Los cuatro druidas alzaron los brazos y las manos a la par que elevaron sus voces al unísono. Con ellos el viento se alzó, la tierra tembló, el agua se estremeció y los fuegos crepitaron, participando así del ritual, danzando con ellos y envolviéndolos con su luz de vida.

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Y ante los allí presentes… ante aquella luz pudieron contemplar cómo el bosque que les rodeaba se convulsionó súbitamente, cual cuerpo agónico que luchara por revivir. Entre ellos una solitaria Astraia, apostada junto a un árbol, pudo contemplar cómo aquél que la había estado instruyendo en las sendas naturales estaba allí en el agua, alzando su voz y sus brazos. E irremediablemente no pudo sino recordar la lección que le diera días atrás en aquellas aguas del enclave del bosque, esbozando una tímida sonrisa bajo su embozo.

Mas entonces… algo llamó la atención de la elfa. A sus pies… un pequeño brote verde comenzó a emerger entre las castigadas raíces del árbol que la resguardaba. La muchacha contempló con los ojos muy abiertos cómo aquél verde tallo se alzó trabajosamente, luchando por revivir.

Y así, Astraia volvió a contemplar a los cuatro druidas y comprendió un poco mejor las enseñanzas que recibiera días atrás antes de emprender camino hacia aquél lugar. Cerró los ojos y se llevó la mano al pecho, tratando de sentir en sus adentros aquella corriente de vida que les rodeaba a fin de transmitirle su deseo y su voluntad…

Uno que sólo se resumía en una palabra… Esperanza.
 

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