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Un paso desde la luz, un abrazo a las sombras

Sihi-chan

Minsorrano sin caminos
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Con los primeros rayos del alba dejaron atrás la ciudad nevada, viendo como ultimo recuerdo el reflejo de refilón del uniforme de uno de los dragones blancos, mientras se alejaba la caravana la joven sostenía al niño que dormía plácidamente en su regazo mientras él hombre a su lado los contemplaba con severidad y reproche cual padre desaprobador.

-Tanto afecto le hace un flaco favor -dijo el sin dirigió la mirada a la muchacha.

-Le ablandas demasiado -sentencio girando ahora si la cabeza despacio sibilino y autoritario.

-Déjanos disfrutar del viaje padre pues a la vuelta ya dejara de ser un niño para siempre- dijo ella con una sonrisa provocando al hombre.


Tras contemplarla unos segundos volvió a mirar al camino sin hacer caso a su estocada verbal, mas sabía que razón no le faltaba pues el tiempo pasa mas rápido cuanto mas lento lo queremos.

El viaje fue tranquillo hasta la primera para Beregost donde algunos viajeros se intercambiaron y fue entonces cuando un pequeño grupo de cuatro hombres se unió al retomar el viaje hacia el norte, el ambiente se enturbio pues estos nuevos viajeros a pesar de no comunicarse con el resto hacían que el lugar se sintiera intranquilo, como si viajaran con una fiera enjaulada que puede liberarse en cualquier momento y arrasar con todo a su paso.


Dos días pasaron con el ambiente enrarecido cuando el que parecía el líder de esos hombres, se acercó a Artista marcial…

Observo a la joven meditando y al muchacho practicando sus katas de repeticiones inacabables para por último posar su mirada en el impasible hombre el cual limpiaba su Okatana mientras observaba el entrenamiento de sus “hijos”.

-Eres muy estricto no los has dejado descansar ni una sola noche desde que subí a esta caravana – espeto el musculoso hombre intentando iniciar una conversación.

-La felicidad es algo que deben ganarse- contesto con un tono calmado mientras alzaba la mirada.

- ¿Son tus hijos?, el chico se te parece algo, pero la muchacha…-dijo posando de nuevo su vista en ella mientras sonreía ladino.

- ¿Acaso tienen que ser sangre de mi sangre?, para que los cuide y proteja como si mi propia progenie fuera – contesto con parsimonia medida mientras observaba la mirada del hombre.

-Ahh entonces no es tu hija, ya decía yo es realmente bonita para ser hija de un…-paro a meditar la continuidad de su frase mientras observaba el arma que limpiaba minuciosamente el hombre.

-No os cortéis, continuad con lo que ibas a decir – diría guardando su arma con tranquilidad.

-Un viejo perro de ojos rasgados come arroz -contesto intentando provocar alguna reacción.

-Tienes suerte de que sea un perro de ojos rasgados y no una serpiente del este, cuando quieras seguir practicando tu nuevo vocabulario, busca a otro que le afecte conmigo no funcionara – contento con calma mientras se alzaba.


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Shan Liang se acercó al hombre y en lo que dura un parpadeo puso una daga sobre su bazo, inclinándose levemente para hablar más íntimamente.

-Pero como tu o alguno de los tuyos se acerque a mis hijos, no veréis un nuevo amanecer -susurraría al hombre sin prisa.

- ¿Y si es ella quien me busca?, Soy irresistible para las damas- Reiría jocoso

-Procuraras rechazarle educadamente para que no se sienta ofendida, si no os buscare igualmente- contesto mientras apretaba la daga contra él.


El hombre alzo ambas manos en gesto de rendición y se retiró no sin antes echar un último vistazo a la muchacha la cual en ese momento abrió los ojos y los cruzo con los suyos…

Continuara….
 

Sihi-chan

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Pasaron unos días y por fin la caravana pudo paro en un claro más tranquilo dando oportunidad a acampar y hacer noche más relajada.

La joven se encontraba ayudando a las mujeres a servir la comida por orden de su “padre” cunado el musculoso hombre se acercó a por su ración.

-Gracias Elisa, ¿te llamas así verdad? -sonrió con rudeza a la joven.

-Así mi señor, disfrute de la comida -Sonrió encantadora como es habitual en ella.

-Oh no soy señor de nada preciosa, pero puedo ser tú lo que quieras, me llamo Ruzt -rio socarrón

-Bonito nombre, mas me temo que no deberíamos estar teniendo esta conversación, padre podría enfadarse – contesto mirando desde abajo clavado sus ojos color esmeralda en los de hombre con un pestañeo sutil.

-Se que no es tu verdadero padre, una muchacha tan bonita como tú no le costaría encontrar un marido, si es por eso por lo que aun sigues a su lado…-dijo mientras se inclinaba sobre ella para susurrarle.


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- ¿Por qué creéis que necesito un marido, o no tengo ya un prometido? – sonrió mirando al hombre que se le aproximo con descaro.

- Pues tu anular desnudo esta, yo seré un rufián, pero podría cuidar de ti, tratarte como una verdadera princesa. – afirmo muy seguro de sí.


A lo que la muchacha solo rio coqueta mientras este se alejaba dando un último vistazo. De lo que el grandullón no se percato es de que dos pares de ojos les observaban fijos en la conversación que mantenían.

Silencioso como le han enseñado el joven Alair camino hacia su maestro pasando por detrás de la muchacha sin esta percatarse que se alejaba de ella, tomo asiento junto al a él en la hoguera.

Solo el crepitar de las llamas las cuales reflejaban su danzar en los ojos de ambos rompía el silencio del lugar hasta que el muchacho abrió la boca para pronunciarse.

-No me gusta como la mira ese hombre “padre”- dijo sin dejar de mirar a la joven continuar su labor.

- ¿Qué sensación te produce “hijo”? - preguntaría sin dejar de mirar las llamas danzantes en la noche.

-No guarda buenas intenciones, lo percibo – dijo apretando los puños.

- Te he preguntado que sientes, no aquello que es obvio a la vista para los que conocemos la Verdad- girando su cabeza para mirarlo.

-Le odio- sentenciaría firme.



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- ¿Qué harás con ese odio?, ¿dejaras que se apodere de ti?, ¿o lo dominaras y harás tuyo? – pregunto mientras la luz de la lumbre se atenuaba lentamente al no ser alimentada.

-Si dejo que me domine, ¿qué ejemplo le estaría dando a ella?, ¿no es eso lo que intentáis inculcarle? – contesto sin meditar en demasía sus palabras.


Sin mediar palabra alguna el hombre golpeo la boca del estomago sin mucha fuerza aun así el muchacho se doblo sobre si mismo por la carga energética del golpe, dejándole sin aire unos segundos.

- ¿ahora eres maestro?, recuerda joven aprendiz que nos debemos a Ellas, nosotros somos el equilibrio entre la luz y la oscuridad pues nacemos del espacio que dejan al sobre ponerse. – dejo una breve pausa antes de continuar.

-Canaliza tu odio, hazlo tuyo, abraza tu propia oscuridad para poder ver la Verdad, tu camino acaba de empezar…pero llegaras a ser más grande que aquellos que te han precedido…

-Recuerda de donde vienes…recuerda que has sido, ¿Qué eres ahora? - le miro expectante mientras dejaba fluir su Ki.

- Soy aquel que recorre el sendero, camino entre luz y oscuridad…una sombra, Hijo de las tinieblas Maestro – respondió el muchacho con total serenidad.

Continuara…


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Sihi-chan

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Tras un par de días sin poder hacer una parada en condiciones, la caravana por fin paró en un claro cerca de un lago. En este lugar montaron el campamento y, finalmente, los cansados viajeros pudieron estirar las piernas, asearse y disfrutar de una comida más sustancial que las raciones de viaje, ya que un grupo se aventuró al bosque para cazar algo fresco para la cena.

El señor Ruzt y sus hombres se ganaron los elogios de todos al traer la pieza más grande sin discusión: un jabato de casi 200 lb de peso. Junto al jabalí asado, algunos músicos se animaron a tocar unas piezas y los agradecidos mercaderes aportaron un vino afrutado que maridaba perfectamente con la comida.

El vino, la música y la buena comida lograron cambiar el amargo estado de ánimo del viaje para todos.

Fue entonces cuando la muchacha le pidió a su "padre" que la sacara a bailar. Aunque al principio se negó, al final accedió, para sorpresa de ella, demostrando ser un mejor bailarín de lo esperado y haciendo que disfrutara hasta que la canción terminó. Fue entonces cuando el corpulento hombre se acercó y le pidió el próximo baile.

-Con su permiso, señorita, ¿me concedería el próximo baile?- preguntó con una sonrisa, aunque tambaleándose un poco debido a la bebida en exceso.

Fue en ese momento cuando la joven miró al hombre a su lado, pero antes de que pudiera responder, alguien se interpuso entre Elisa y el mercenario.

-El próximo baile es para mí, señor, ya me lo había prometido, ¿verdad, hermana?- respondió el hombre pelirrojo sin mirar a la joven.

-Así es, oni-chan - contestó la joven, abrazando al muchacho desde atrás.

El corpulento hombre levantó las manos y se retiró con una sonrisa burlona en el rostro.

-No seré yo quien se interponga en las lecciones de un hombrecito. La noche es larga, al igual que mi paciencia -dijo mientras se alejaba.

Ambos "hermanos" pasaron varias canciones bailando, observados por los demás, ya que eran claramente la pareja más joven y agraciada de la caravana. Después de la última pieza, la joven se inclinó para susurrar a su compañero de baile.


​

-Estoy cansada, ¿nos damos un baño?- preguntó con una sonrisa.

-Ya soy mayor para que me bañes -protestó él, aunque disfrutaba de ello innegablemente.

-Ve tú, yo iré después, con el maestro -afirmó el muchacho, sin dejar espacio para una réplica, mientras se alejaba.

Así, la hermosa joven se dirigió al lago, que no se encontraba lejos. Dejó sus pertenencias en la orilla y se sumergió en las frías aguas, jugando con ellas. La luz de la luna llena iluminaba el lugar, creando una vista hermosa.

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​
Tras un rato disfrutando del silencio y la tranquilidad del lugar, la joven se giró al escuchar a alguien acercarse.

-¿Has cambiado de idea, Alair? -preguntó mientras buscaba con la mirada.

-Espero no decepcionarte, pero no soy tu hermano. Aun así, te aseguro que seré una compañía mucho mejor que él -contestó una enorme figura que emergió de entre los arbustos.

-No deberías estar aquí, maldito -espetó ella con desprecio, mientras se sumergía en el agua para ocultar su figura.

-Vaya, eres arisca. ¿Acaso el lago te pertenece? ¿No puedo disfrutar de sus aguas también? -dijo mientras se desvestía.

"Lo que pase durante el viaje, no debes usar tu magia a menos que sea de vida o muerte. Es parte de tu prueba" esas palabras llegaron a su mente como una flecha certera.

-Que los dioses me libren de tanta descaro. Por supuesto que puedes. En ese caso, me marcharé yo -dijo acercándose a la orilla más alejada de la joven.

-Ah, no, señorita, te quedas y me harás compañía. Me cansé de esperar a que me brindaras tu atención -dijo entrando en el agua y acercándose a ella.

-No te acerques, te lo advierto. Lamentarás haberlo hecho cada segundo que te quede de vida," dijo mirándolo altivamente.

-¿Y quién me lo impedirá? ¿Ese viejo perro? ¿El chico? ¿O tú? -estalló en carcajadas mientras la agarraba de las muñecas.

Comenzó a forcejear con ella, pero su fuerza era claramente superior, lo que hizo que el hombre sonriera socarronamente y se divirtiera al ver los inútiles intentos de la joven por liberarse.

-Joder, eres hermosa. Cómo voy a disfrutar de esto -dijo mientras olía su pelo.

-¿Cómo te atreves a poner tus sucias manos sobre ella, escoria? Suéltala ahora mismo," dijo una voz calmada que emergía de entre las sombras, nadie había oído acercarse.

Para sorpresa de ambos, no era el artista marcial, sino el muchacho quien hablaba y los observaba con una mirada fría. Se acercó lentamente a ellos.

-Aléjate, mocoso, esto es entre tu hermana y yo. No te preocupes, no soy tan rufián, me haré cargo de ella -rio sin soltarla.

-He dicho que la sueltes. Ella no merece la atención de un canalla como tú. No podrías siquiera soñar en tener a alguien ni la mitad de buena -dijo el muchacho, acercándose aún más.


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​
-¿Qué has dicho, mocosillo? ¿Quieres que te dé una paliza? -gritó, enfurecido, girándose hacia él.

-¿Eres idiota además de ser un rufián? ¿O es que también eres sordo?-contestó provocándolo, esperando alejarlo de la mujer.

El corpulento hombre corrió hacia el muchacho como un basilisco, mientras este permanecía impasible, esperando. El hombre intentó golpearlo con furia, pero el muchacho esquivó sus golpes con calma.

Mientras tanto, la joven observaba desde la orilla el fluir de sus movimientos, preocupada y orgullosa de cómo el muchacho se desenvolvía. De repente, escuchó una voz, una voz que nunca había oído pero que le resultaba muy familiar, como un susurro en la lejanía, apenas audible y que no lograba entender. Intentó concentrarse en la voz mientras observaba cómo el muchacho lidiaba con el ebrio mercenario, pero de repente todo se volvió negro. Cuando abrió los ojos, se encontraba sola en la oscuridad más profunda.

Continuará...
 

Sihi-chan

Minsorrano sin caminos
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La ausencia de luz creo un efecto de incertidumbre que no puede dejar de sembrar inquietud en toda criatura mas por algún motivo la joven se sentía cómoda allí, pronto apareció una luz en la lejanía un fuego fatuo el cual le indicaba el camino a seguir.
Camino por la oscuridad siguiendo esa luz hacia esa voz que poco a poco se hacía más clara…
- “Recuerda quién eres”
- “¿Ya me has olvidado?”

Se escuchaba entre susurros una y otra vez…
Tras caminar lo que no sabría decir cuánto tiempo la muchacha llego a una sala cristalina llena de superficies cristalinas o reflectantes, en el centro un trono de ónice vacío salvo por un diamante negro del tamaño de una cabeza humana.
Al acercarse la joven pudo contemplar como brillaban con palidez unas estrellas atrapadas en su interior, no podía ver a nadie, pero podía sentir la presencia de un ser poderoso y una imagen se grabó a fuego en su mente.
Una hermosa hada de piel pálida cabellos negros, ojos oscuros y profundos como un pozo, una belleza tétrica pero indiscutible. La susurrante voz proviene del interior del diamante nocturno…

- ¿Ya no me recuerdas pequeña? -dijo la fría voz desde el interior del diamante.

-Fui yo quien te concedió tu poder hace ya 12 años, recuérdame…y te daré el poder que tanto ansias- el susurro se volvió más cálido.

-Olvidadme y te arrebatare toda esperanza y anhelo que guarda tu petrio corazón empezando por ese niño – esta vez la voz se hizo clara como el día llegando a la joven como con una ráfaga fría y violenta la cual la arrastro del lugar.

Cubrió sus ojos para protegerse y al apartar los brazos se hallaba de vuelva en lo que ahora le parecían unas aguas heladas viendo de nuevo a las dos figuras combatir, ahora la cosa parecía haberse tornado más seria, pero por lo que observaba no podría haber pasado más de unos minutos. Se encamino hacia fuera mientras posaba sus ojos en el muchacho en el cual se había dibujado un semblante el cual le era demasiado familiar pues lo había visto varias veces en el rostro de su maestro.

Antes de desvanecerse Alair jugaba con el mercenario esquivándolo, hasta que le propicio un “golpe de la sombra serena” que hizo espabilar al mercenario y el enfrentamiento se tornó más serio.
Tras un rato defendiéndose con su “manto sombrío" por fin logro desequilibrarlo y derribar al enorme hombre que cayo sonoramente al suelo dejando al muchacho la posibilidad de colocarse encima y propiciar un golpe certero, fu entonces cuando Shan Liang apareció en su espalda.

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-Ahora es cuando puedes dejar fluir esa rabia y odio - sentencio.

Alair alzo su puño para propiciar una ráfaga de golpes, pero su mirada se desvió al lago cuando escucho el grito desesperado de Elisa pidiéndole que no lo hiciera.
La joven había salido del agua y se dirigía hacia ellos envuelta en una extraña sombra que la cubría cual traje espectral irradiando su magia, aunque de manera controlada.


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-Llevaos la, no quiero que lo vea- Casi suplico el muchacho a su maestro.

Este desapareció con un paso atrás y apareció tras la joven sujetándola, con suavidad sin pretender dañarla inclino su cabeza para susurrarle al oído.

-Cálmate o lo echaras todo a perder, y no queremos eso, ¿verdad? - susurro frio e impasivo.

Ella simplemente asintió observando como el joven daba rienda suelta a su ira sobre el hombre el cual le suplicaba clemencia con la mirada, arrebatándole la vida con cada puñetazo y golpe hasta proporcionar el ultimo que le rompería la tráquea.
Siendo así como arrebato el muchacho su primera vida perdiendo con ello la inocencia que le quedaba, la joven no pudo hacer más que tragarse sus sentimientos, como muchas otras veces había hecho, viendo al único ser por el que ha procesado amor perder parte de su humanidad.
Sus ojos se llenaron de lágrimas viendo al joven encima del hombre el cual había quedado irreconocible, completamente desfigurado por la cantidad de golpes.

Alair la miraba ahora con sus puños ensangrentados, sus ojos no mostraban arrepentimiento alguno mientras se alzaba sin prisa y se acercaba a ellos.

-Llévatelo a casa, el viaje a terminado- ordeno el hombre a la muchacha mientras le depositaba un frio beso en la nuca.

Se acerco entonces a su discípulo y posando la mano en su hombro en un gesto de afecto y mirándolo con orgullo se inclinaría levemente hacia el en un signo de reconocimiento.

-La muerte nunca debe ser un castigo, si no una liberación, pero eso es algo que aprenderás más adelante- diría con casi media sonrisa.

-Marchaos yo os alcanzare después, que el vínculo que os une te de poder no te arrastre – mirando a la joven antes de alejarse y desaparecer.

El muchacho se acercó entonces a la joven que llacia de rodillas en la orilla ofreciéndole la mano para levantarse.

-Nadie volverá a ponerte la mano encima sin tu consentimiento- le dijo mientras la alzaba haciendo le entender a ella que sabia más de lo que le había contado y que, aunque sus cicatrices no se vieran a simple vista en las había sentido como suyas al igual que ella cuando le vio por primera vez tras abrir la puerta de la posada ese día.
Secando sus lágrimas con el pulgar, entrelazo su mano libre con la de ella y así ambos volvieron a casa a la espera del regreso de aquel sombrío ser que había unido sus destinos.


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