Skotos
Copia defectuosa de Kronobot
- Registrado
- 4/7/07
- Mensajes
- 2,316
I.
Un grupo variopinto de encapuchados se reunió a puertas del Hospicio de San Annur. Algunos se conocían; otros no. Pero todos se habían unido bajo un mismo propósito.
Una historia escrita en sangre.
Demasiada sangre había sido derramada en los últimos meses: toda ella a nombre de una entidad que muchos creían muerta y olvidada. Y sin embargo, casi ninguno se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta. Pues decían los rumores que él siempre escuchaba, en las sombras, y cada vez que su recuerdo se hacía presente en las mentes de los mortales, su retorno sería cada vez más certero e inevitable.
Bhaal.
Pero ella negaba ese poder a los nombres. Zilvra conocía muy bien el peso de las cadenas del miedo. Temer algo no ofrecía, por si mismo, ninguna protección. Y ya había escapado de una influencia oscura.
Para Zilvra, esta presencia no sería que otra más. Incipiente, macabra, sí. Pero no le daría el protagonismo que buscaba.
Comprobarían si los rumores eran ciertos. ¿Existiría acaso bajo las ruinas de la Costa Sur un templo consagrado a un poder oscuro? ¿Sería ese lugar el origen de todas las muertes innecesarias que brotaban como heridas supurantes por todo Amn?
Zilvra, desgraciadamente, no recordaría algunas caras. Pues la promesa que hizo fue antes de su incidente. Por fortuna, quien le confirió el encargo le indicaría con cierta antelación cuál sería el cometido.
Buscarían el lugar y sacarían información sobre sus defensas y vulnerabilidades. Y después regresarían con un plan más elaborado.
Era, aparentemente, un plan sencillo. Requería cierta sutileza para su ejecución. Nada de cargas al vacío. Nada de ataques a pecho descubierto. Por ello, los perfiles que se reclutaron para la misión, en principio cumplían ciertos criterios. Serían individuos capaces, discretos, confiables.
Sével. Ewan, el teniente de la Guardia, acompañado de una extraña mujer de su confianza. Eothain. Numina, la Decana de la Arcanum Schola.
Y Erin. Caballera de Selûne, aventurera intrépida y espadachín de reputación excepcional.
Era un grupo capaz, competente. Conseguirían descubrir los misterios del lugar y salir airosos. Asestarían un golpe al culto de Bhaal.
Y sin embargo, no fue del todo así. Desgraciadamente, no todos los relatos heroicos tienen un final feliz.
Esta no sería una crónica más. Sería un relato teñido de rojo y sufrimiento, de dolor y pérdida.
Sería una historia escrita en sangre.
Un grupo variopinto de encapuchados se reunió a puertas del Hospicio de San Annur. Algunos se conocían; otros no. Pero todos se habían unido bajo un mismo propósito.
Una historia escrita en sangre.
Demasiada sangre había sido derramada en los últimos meses: toda ella a nombre de una entidad que muchos creían muerta y olvidada. Y sin embargo, casi ninguno se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta. Pues decían los rumores que él siempre escuchaba, en las sombras, y cada vez que su recuerdo se hacía presente en las mentes de los mortales, su retorno sería cada vez más certero e inevitable.
Bhaal.
Pero ella negaba ese poder a los nombres. Zilvra conocía muy bien el peso de las cadenas del miedo. Temer algo no ofrecía, por si mismo, ninguna protección. Y ya había escapado de una influencia oscura.
Para Zilvra, esta presencia no sería que otra más. Incipiente, macabra, sí. Pero no le daría el protagonismo que buscaba.
Comprobarían si los rumores eran ciertos. ¿Existiría acaso bajo las ruinas de la Costa Sur un templo consagrado a un poder oscuro? ¿Sería ese lugar el origen de todas las muertes innecesarias que brotaban como heridas supurantes por todo Amn?
Zilvra, desgraciadamente, no recordaría algunas caras. Pues la promesa que hizo fue antes de su incidente. Por fortuna, quien le confirió el encargo le indicaría con cierta antelación cuál sería el cometido.
Buscarían el lugar y sacarían información sobre sus defensas y vulnerabilidades. Y después regresarían con un plan más elaborado.
Era, aparentemente, un plan sencillo. Requería cierta sutileza para su ejecución. Nada de cargas al vacío. Nada de ataques a pecho descubierto. Por ello, los perfiles que se reclutaron para la misión, en principio cumplían ciertos criterios. Serían individuos capaces, discretos, confiables.
Sével. Ewan, el teniente de la Guardia, acompañado de una extraña mujer de su confianza. Eothain. Numina, la Decana de la Arcanum Schola.
Y Erin. Caballera de Selûne, aventurera intrépida y espadachín de reputación excepcional.
Era un grupo capaz, competente. Conseguirían descubrir los misterios del lugar y salir airosos. Asestarían un golpe al culto de Bhaal.
Y sin embargo, no fue del todo así. Desgraciadamente, no todos los relatos heroicos tienen un final feliz.
Esta no sería una crónica más. Sería un relato teñido de rojo y sufrimiento, de dolor y pérdida.
Sería una historia escrita en sangre.
Última edición:


