Ladrones de las Sombras
Niño sin padres ni hospicio
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A los cuarteles de la fuerzas armadas llega un mensajero, un hombre joven ataviado con una saya color burdeos. Acercándose al primer oficial que pudiese hacerse cargo de entregar un sobre lacrado en cera dorada.
A las fuerzas armadas de nuestra prospera nación.
Por lo que como invitación formal, facilitemos nuestras labores, aún hay perros que no han aprendido a dejar de ladrar a pesar de su impecable actuación. Nuestros adiestradores con la información pertinente, colaborarán para imponer la justa sentencia a los siervos del Loco.
Ha llegado a nuestros oídos que en la zona sur, algunos de nuestros perros ha decidido desprenderse de sus correas y crear un alboroto que ha supuesto en un agravio para vuestros soldados y para los trabajadores de la plaza de Waukeen.
Entre nosotros sabemos que en estos tiempos es necesario saber mantener un buen estar, respetar el trozo de pastel de cada uno. Esta clase de disturbios nunca son buenos para los negocios y menos cuando implica un asesinato, somos personas ordenadas que trabajan para que en la otra cara de la capital de la moneda todo fluya como debería de ser.
