Melnibonia
Copia sin mente de un convocado
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Hace tres años que salí de Noyvern para formarme como mago en cualquier lugar que eligiese. Estuve por varias ciudades visitando sus escuelas de magia aunque en su mayoría no las vi para mí...
Llegué a la capital del territorio Amniano, Athkatla, un país arcanofóbico pero en cuanto vi a las zonas circundantes de las murallas de ésta no dejaba de ver a personas ataviadas con túnicas y bastones mágicos en sus manos; sonreí por la ironía de aquella estampa y pensé que éste sería un país muy divertido, no en todas sus facetas, pero lo sería en parte.
Mi asombro fue al enterarme de que había una universidad de magia en el país vecino y recuerdo buscar a alguien que me guiara para ir a dicha institución.
Se ofrecieron muchos aventureros a acompañarme, pero con quien conecté muy bien fue con una teúrga mystrense llamada Meyriel.

Era de las pocas personas que no se alejaba de mí cuando lanzaba teorías arcanas y astrológicas de mis labios al mundo, de hecho puedo afirmar que era la única persona que sabía estimular mi mente con otras teorías, rebatiendo las mías o añadiendo más a modo de hipótesis, siempre desde un respeto muy sano del que ambos salíamos reforzados pues aprendimos mucho del uno del otro.
Solicité mi ingreso en Myrdon Salasker tras entrevistarme con el maestro Erven Näilo de quién me pareció un maestro severo y de pocas bromas, aunque siempre se mostró educado conmigo. Se interesó por la terminología de "educación magocrática" que recibí en casa de la mano de mis padres, le pareció gracioso por aquella etiqueta.
Asistí a varias clases de la universidad, a todas las que pude asistir y en las que estuve ausente los compañeros me hacían un resumen verbal para que al menos me sonara, aunque en mi seno más profundo; después de aquellos resúmenes me disponía a estudiar mi arcanábulo y no dormía hasta que la tuviera aprendida.
Entre los maestros Erven y Numina iban intercalándose las lecciones de quiénes aprendí muchas curiosidades tanto históricas, como personajes de renombre, dioses y otros puntos de vista sobre la Urdimbre.
Pronto me interesé por la escuela de Adivinación y puse más esfuerzo y tiempo en la disciplina. Extrañamente aprendía con más facilidad los sortilegios de dicha materia y esto me conllevó a indagar en otras formas de adivinación, que sea probada o no, iría a desentrañar los misterios de los astros y cuerpos celestes del firmamento.

El pueblo Gur es denominado Lágrimas de Selune y estos son conocidos, entre otras cosas, por las videntes que pueden ver las hebras del tiempo: pasado, presente y futuro a través de sus bolas de cristal. Es sabido de muchas ancianas charlatanas que no poseen el don de la videncia pero ejercen como tal para ganarse el pan diario, pero tambien son conocidas auténticas oráculos que a través de sus visiones han sabido anticiparse a peligros.
Comencé a estudiar libros de astrología que pude adquirir en la biblioteca de Oghma y aunque no es muy extenso en detalles pude aprender los conceptos básicos. Curiosamente pude ayudarme y apoyarme en un curioso anillo que me fabricó una reputada artesana urdímbrica llamada Rainde.
El anillo es una representación en miniatura del Mar de las estrellas del cielo nocturno, se pueden ver estrellas fugaces en el interior y las demás estrellas como se van moviendo en consonancia a nuestro "techo". Podía estudiar incluso en horas diurnas gracias a esta maravillosa creación.
Aunque todo lo narrado hasta ahora puede leerse bien, todo ha de terminar aunque sea temporalmente. El final por mi parte fue repentina dejando en la estacada a muchas personas con las que congenié, algo muy extraño para mí pues no soy de coleccionar amistades.
Por quién más lo sentí fue por Meyriel, a quién la amé en secreto y jamás le confesé abiertamente lo que sentí; tampoco hubiera arreglado nada, ella tenía pareja en aquel entonces y solo haría que se alejara de mí en el mejor de los casos.
Después de dos años fuera por asuntos familiares... raro fue pues mis padres estuvieron de viaje astral en una misión del Manto Milestrellas de Noyvern, de la que claramente no revelaré en esta página lo sucedido.
Ahora que actualmente deambulo de nuevo por Edive, visitando con asiduidad el templo de Mystra a rezarle a la imagen de Savras y recordando viejas conversaciones que mantuvimos durante horas en sus estancias la mytrense y yo. Dichos pensamientos no debo dejar que intrusen demasiado pues entonces no estaré lúcido en el presente; lección básica de los videntes.
Cumpliré la promesa que le hice, usaré la pluma que robé de tus alas para anotar mis progresos.

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