Bryan
Seguidor del Podcast de Karonte
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- 5/12/06
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PRÓLOGO
CONFESIONES
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“La historia de tu familia es muy enrevesada”, estas palabras solía decirme mi padre cuando surgían dudas en mi interior, pero mejor comencemos como se debe comenzar, desde el principio:
Según tengo entendido mi madre, Nessa Vardamir, dio a luz en Murann, en la casona de un amigo íntimo de mi padre. Jinsed Dezzain, osease, mi padre, nació en Puerto Calim y conoció a mi madre dos años antes de mi nacimiento en las afueras de la ciudad de Memnon. Éste hecho, por lo que tengo entendido, causó mucho revuelo entre los miembros más tradicionalistas de la compañía mercantil en la que trabajaba Jinsed, por lo que comenzó su éxodo a tierras más septentrionales. Nessa, la elfa lunar, desconocía su lugar de nacimiento, mas sus progenitores, dejando atrás sus tradiciones, se habían asentado en Athkatla, lugar donde ella creció y a “temprana” edad abandonó para dirigir su propio negocio. Dicho negocio no fue tan exitoso como ella esperaba, pero la empresa de realizarlo la hizo conocer numerosos horizontes y crecer como persona, así como reencontrarse en algunos momentos con sus más ancestrales raíces.
Pasados unos meses, mis padres se trasladaron a Crimmor donde el pequeño negocio familiar progresó. Mi primera residencia fue una casucha de tres cuartos compartida, mas mis recuerdos más tiernos comienzan ya en la pequeña casa de una planta. Crimmor fue la ciudad que me enseñó a leer y a escribir, a hablar el alzhedo, el élfico y el denominado común.
Pero la historia de mi vida no iba a ser tan fácil y cómoda como cualquier persona espera, a la edad de doce años mientras regresaba a mi hogar al atardecer, encontré la puerta principal abierta, un buey de carga haciendo honor a su nombre y a mi madre, Nessa, en el umbral. No hubo explicaciones, partimos de la ciudad sólos, mi madre me abrazaba y yo me aferraba a ella, asustado por ese miedo a la incertidumbre, al desconocimiento; no pasaba nada y pasaba todo.
Más tarde, con el tiempo, supe que mi padre había huido de la ciudad precipitadamente, dejando a mi madre al cargo de todas las posesiones y ahorros familiares y, por supuesto, conmigo.
Aun recuerdo los juegos con mi padre, asustando a Nessa tras la puerta de la cocina. Una vez mi madre dejó caer la bandeja que portaba y nos reímos mucho, luego Jinsed entrelazó sus brazos sobre la cintura de mi madre y dándola un cariñoso beso dijo que esperase en la sala en la que solíamos cenar. Esa noche recogimos el pequeño destrozo e hicimos un rico plato calishita, mi madre nos perdonó con esa ligera sonrisa que intentaba evitar siempre en los labios.
Mi padre me enseñó muchas cosas, me habló de la tradición, de la religión, de la historia y de la geografía, pero nunca se posicionaba en ninguna parte, simplemente saciaba mi sed de conocimiento; solía contestarme con paradigmas y acertijos, quería que sacase mis propias respuestas. Yo, sinceramente, no entendía nada.
Mi madre..., que decir de mi madre, si fue quien me dio la vida y no sólo literalmente, sino quién me educó, alimentó, arropó y curó mis heridas. Aunque nunca me faltó de nada, dentro de nuestras posibilidades, y siempre fue amable y afectiva conmigo, la añoranza a algo se hizo notoria con el paso de los años, fue por lo que decidí mi marcha a la edad de 16 años, y por lo que volví a romper el pobre corazón de Nessa, si bien, mi única intención era el darle la oportunidad de recuperar ese algo que tanto añoraba o ese algo que aún no había encontrado.
Pero sigamos con la historia. Mi madre y yo nos trasladamos a Beregost, una tranquila ciudad en la cual conocí por primera vez y por propia voluntad el trabajo. Un joyero de la zona contrató mis servicios, los cuales se basaban en transportar las joyas más delicadas de un lado a otro de la ciudad, nadie sospechaba que un muchacho como yo era en aquellos años pudiese llevar tan preciados tesoros, y allí fue cuando descubrí que dándole a la lengua me podía ganar una propinilla de los ciudadanos más acomodados de la zona. Mi madre, por su parte, seguía ingresando la inmensa mayoría de nuestros bienes mediante la venta de sus productos a los viajeros que acostumbraban a hacer noche en nuestra villa.
Así pasamos los siguientes tres años, con buenos momentos y otros no tan buenos, pero sin duda, todo cambió cuando una noche recibimos la visita de Gloinibun, un enano, viejo compañero de mi padre.
“Nessa, tu marido a muerto, estás viuda” dijo el enano con la característica sutileza que el tópico adhiere a esta raza.
Me quedé helado, aunque llevaba largo tiempo sin saber de Jinsed, y los silencios incómodos y los llantos lastimeros de mi madre se escuchaban no pocas noches, yo, con esa inocencia de niño que todos tenemos a estas edades, cada noche esperaba escuchar la puerta y volver a oír el saludo de mi padre, que me hacía saltar de la cama fuere la hora que fuere.
Pero no, no volvería a escuchar ese saludo, ni a jugar, ni a aprender, ni a volver a ver a mi padre, porque mi padre había muerto a manos de la avaricia y la traición.
Esa noche reveló muchos vacíos sobre la historia de mi familia, la historia de mi vida.
La compañía para la que trabajaba Jinsed Dezzain no era otra que una cofradía de asesinos, ladrones, espías y si, comerciantes, con las manos y monedas manchadas por la sangre de tantas y tantas personas. El exilio de mi padre fue movido por la conciencia y la redención.
Ahí fue cuando conocí la casta de mi familia en la ciudad, la vergüenza que sentían todos los Dezzain por un familiar semielfo y el nombre de mi tío, Esfahan Dezzain, el asesino de mi padre.
Pasaron los meses y el pesar de mi madre crecía, como he escrito con anterioridad, las cadenas que la ataban a la ciudad de Beregost eran invisibles pero palpables, yo llevaba mucho tiempo pensando, meditando, mucho tiempo, demasiado tiempo. Decidí liberar a mi madre y liberar mi alma.
Han pasado los años y aquí estoy, a las puertas de la ciudad de Athkatla, ciudad de la moneda, ciudad de los cambios.
Mi madre marchó de viaje para encontrar las respuestas en sí misma, mis lágrimas ya se han secado, mi corazón ya palpita a un ritmo normal y no olvido, no olvido que haciendo honor a mi casta y familia, yo también tengo las manos manchadas de sangre. Y las persecuciones, golpes y lágrimas derramadas sólo me han enseñado una cosa:
La muerte de otra persona, si sirve para salvar a otras, hundidas en la miseria y el barro de la intimidación y con su vida convertida en un infierno de esclavitud irracional; la muerte de otra persona, como digo, puede ser justa.
Zahran Dezzain Vardamir
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El semielfo releyó su escrito por última vez. El niño del que hablaba la carta se había convertido en un joven ágil y delgado. Sus ojos grises habían cambiado el brillo de la inocencia por el del pesar de los acontecimientos. De todos modos no destacaba con el resto de la gente que llegaba de buena mañana a la ciudad, salvando el leve detalle de su tostada piel a juego con su media melena morena.
Zahran se ajustó sus ropajes y se adentró en la urbe.
//Voy a reunir aqui todos los escritos referentes a este pj que se va a encontrar ausente en el servidor durante una temorada, el prólogo y el primer capítulo ya están subidos en la historia inicial del pj.
Espero que os guste.
CONFESIONES
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“La historia de tu familia es muy enrevesada”, estas palabras solía decirme mi padre cuando surgían dudas en mi interior, pero mejor comencemos como se debe comenzar, desde el principio:
Según tengo entendido mi madre, Nessa Vardamir, dio a luz en Murann, en la casona de un amigo íntimo de mi padre. Jinsed Dezzain, osease, mi padre, nació en Puerto Calim y conoció a mi madre dos años antes de mi nacimiento en las afueras de la ciudad de Memnon. Éste hecho, por lo que tengo entendido, causó mucho revuelo entre los miembros más tradicionalistas de la compañía mercantil en la que trabajaba Jinsed, por lo que comenzó su éxodo a tierras más septentrionales. Nessa, la elfa lunar, desconocía su lugar de nacimiento, mas sus progenitores, dejando atrás sus tradiciones, se habían asentado en Athkatla, lugar donde ella creció y a “temprana” edad abandonó para dirigir su propio negocio. Dicho negocio no fue tan exitoso como ella esperaba, pero la empresa de realizarlo la hizo conocer numerosos horizontes y crecer como persona, así como reencontrarse en algunos momentos con sus más ancestrales raíces.
Pasados unos meses, mis padres se trasladaron a Crimmor donde el pequeño negocio familiar progresó. Mi primera residencia fue una casucha de tres cuartos compartida, mas mis recuerdos más tiernos comienzan ya en la pequeña casa de una planta. Crimmor fue la ciudad que me enseñó a leer y a escribir, a hablar el alzhedo, el élfico y el denominado común.
Pero la historia de mi vida no iba a ser tan fácil y cómoda como cualquier persona espera, a la edad de doce años mientras regresaba a mi hogar al atardecer, encontré la puerta principal abierta, un buey de carga haciendo honor a su nombre y a mi madre, Nessa, en el umbral. No hubo explicaciones, partimos de la ciudad sólos, mi madre me abrazaba y yo me aferraba a ella, asustado por ese miedo a la incertidumbre, al desconocimiento; no pasaba nada y pasaba todo.
Más tarde, con el tiempo, supe que mi padre había huido de la ciudad precipitadamente, dejando a mi madre al cargo de todas las posesiones y ahorros familiares y, por supuesto, conmigo.
Aun recuerdo los juegos con mi padre, asustando a Nessa tras la puerta de la cocina. Una vez mi madre dejó caer la bandeja que portaba y nos reímos mucho, luego Jinsed entrelazó sus brazos sobre la cintura de mi madre y dándola un cariñoso beso dijo que esperase en la sala en la que solíamos cenar. Esa noche recogimos el pequeño destrozo e hicimos un rico plato calishita, mi madre nos perdonó con esa ligera sonrisa que intentaba evitar siempre en los labios.
Mi padre me enseñó muchas cosas, me habló de la tradición, de la religión, de la historia y de la geografía, pero nunca se posicionaba en ninguna parte, simplemente saciaba mi sed de conocimiento; solía contestarme con paradigmas y acertijos, quería que sacase mis propias respuestas. Yo, sinceramente, no entendía nada.
Mi madre..., que decir de mi madre, si fue quien me dio la vida y no sólo literalmente, sino quién me educó, alimentó, arropó y curó mis heridas. Aunque nunca me faltó de nada, dentro de nuestras posibilidades, y siempre fue amable y afectiva conmigo, la añoranza a algo se hizo notoria con el paso de los años, fue por lo que decidí mi marcha a la edad de 16 años, y por lo que volví a romper el pobre corazón de Nessa, si bien, mi única intención era el darle la oportunidad de recuperar ese algo que tanto añoraba o ese algo que aún no había encontrado.
Pero sigamos con la historia. Mi madre y yo nos trasladamos a Beregost, una tranquila ciudad en la cual conocí por primera vez y por propia voluntad el trabajo. Un joyero de la zona contrató mis servicios, los cuales se basaban en transportar las joyas más delicadas de un lado a otro de la ciudad, nadie sospechaba que un muchacho como yo era en aquellos años pudiese llevar tan preciados tesoros, y allí fue cuando descubrí que dándole a la lengua me podía ganar una propinilla de los ciudadanos más acomodados de la zona. Mi madre, por su parte, seguía ingresando la inmensa mayoría de nuestros bienes mediante la venta de sus productos a los viajeros que acostumbraban a hacer noche en nuestra villa.
Así pasamos los siguientes tres años, con buenos momentos y otros no tan buenos, pero sin duda, todo cambió cuando una noche recibimos la visita de Gloinibun, un enano, viejo compañero de mi padre.
“Nessa, tu marido a muerto, estás viuda” dijo el enano con la característica sutileza que el tópico adhiere a esta raza.
Me quedé helado, aunque llevaba largo tiempo sin saber de Jinsed, y los silencios incómodos y los llantos lastimeros de mi madre se escuchaban no pocas noches, yo, con esa inocencia de niño que todos tenemos a estas edades, cada noche esperaba escuchar la puerta y volver a oír el saludo de mi padre, que me hacía saltar de la cama fuere la hora que fuere.
Pero no, no volvería a escuchar ese saludo, ni a jugar, ni a aprender, ni a volver a ver a mi padre, porque mi padre había muerto a manos de la avaricia y la traición.
Esa noche reveló muchos vacíos sobre la historia de mi familia, la historia de mi vida.
La compañía para la que trabajaba Jinsed Dezzain no era otra que una cofradía de asesinos, ladrones, espías y si, comerciantes, con las manos y monedas manchadas por la sangre de tantas y tantas personas. El exilio de mi padre fue movido por la conciencia y la redención.
Ahí fue cuando conocí la casta de mi familia en la ciudad, la vergüenza que sentían todos los Dezzain por un familiar semielfo y el nombre de mi tío, Esfahan Dezzain, el asesino de mi padre.
Pasaron los meses y el pesar de mi madre crecía, como he escrito con anterioridad, las cadenas que la ataban a la ciudad de Beregost eran invisibles pero palpables, yo llevaba mucho tiempo pensando, meditando, mucho tiempo, demasiado tiempo. Decidí liberar a mi madre y liberar mi alma.
Han pasado los años y aquí estoy, a las puertas de la ciudad de Athkatla, ciudad de la moneda, ciudad de los cambios.
Mi madre marchó de viaje para encontrar las respuestas en sí misma, mis lágrimas ya se han secado, mi corazón ya palpita a un ritmo normal y no olvido, no olvido que haciendo honor a mi casta y familia, yo también tengo las manos manchadas de sangre. Y las persecuciones, golpes y lágrimas derramadas sólo me han enseñado una cosa:
La muerte de otra persona, si sirve para salvar a otras, hundidas en la miseria y el barro de la intimidación y con su vida convertida en un infierno de esclavitud irracional; la muerte de otra persona, como digo, puede ser justa.
Zahran Dezzain Vardamir
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El semielfo releyó su escrito por última vez. El niño del que hablaba la carta se había convertido en un joven ágil y delgado. Sus ojos grises habían cambiado el brillo de la inocencia por el del pesar de los acontecimientos. De todos modos no destacaba con el resto de la gente que llegaba de buena mañana a la ciudad, salvando el leve detalle de su tostada piel a juego con su media melena morena.
Zahran se ajustó sus ropajes y se adentró en la urbe.
//Voy a reunir aqui todos los escritos referentes a este pj que se va a encontrar ausente en el servidor durante una temorada, el prólogo y el primer capítulo ya están subidos en la historia inicial del pj.
Espero que os guste.