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Zahran Dezzain Vardamir.

Bryan

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PRÓLOGO
CONFESIONES


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“La historia de tu familia es muy enrevesada”, estas palabras solía decirme mi padre cuando surgían dudas en mi interior, pero mejor comencemos como se debe comenzar, desde el principio:

Según tengo entendido mi madre, Nessa Vardamir, dio a luz en Murann, en la casona de un amigo íntimo de mi padre. Jinsed Dezzain, osease, mi padre, nació en Puerto Calim y conoció a mi madre dos años antes de mi nacimiento en las afueras de la ciudad de Memnon. Éste hecho, por lo que tengo entendido, causó mucho revuelo entre los miembros más tradicionalistas de la compañía mercantil en la que trabajaba Jinsed, por lo que comenzó su éxodo a tierras más septentrionales. Nessa, la elfa lunar, desconocía su lugar de nacimiento, mas sus progenitores, dejando atrás sus tradiciones, se habían asentado en Athkatla, lugar donde ella creció y a “temprana” edad abandonó para dirigir su propio negocio. Dicho negocio no fue tan exitoso como ella esperaba, pero la empresa de realizarlo la hizo conocer numerosos horizontes y crecer como persona, así como reencontrarse en algunos momentos con sus más ancestrales raíces.

Pasados unos meses, mis padres se trasladaron a Crimmor donde el pequeño negocio familiar progresó. Mi primera residencia fue una casucha de tres cuartos compartida, mas mis recuerdos más tiernos comienzan ya en la pequeña casa de una planta. Crimmor fue la ciudad que me enseñó a leer y a escribir, a hablar el alzhedo, el élfico y el denominado común.

Pero la historia de mi vida no iba a ser tan fácil y cómoda como cualquier persona espera, a la edad de doce años mientras regresaba a mi hogar al atardecer, encontré la puerta principal abierta, un buey de carga haciendo honor a su nombre y a mi madre, Nessa, en el umbral. No hubo explicaciones, partimos de la ciudad sólos, mi madre me abrazaba y yo me aferraba a ella, asustado por ese miedo a la incertidumbre, al desconocimiento; no pasaba nada y pasaba todo.
Más tarde, con el tiempo, supe que mi padre había huido de la ciudad precipitadamente, dejando a mi madre al cargo de todas las posesiones y ahorros familiares y, por supuesto, conmigo.

Aun recuerdo los juegos con mi padre, asustando a Nessa tras la puerta de la cocina. Una vez mi madre dejó caer la bandeja que portaba y nos reímos mucho, luego Jinsed entrelazó sus brazos sobre la cintura de mi madre y dándola un cariñoso beso dijo que esperase en la sala en la que solíamos cenar. Esa noche recogimos el pequeño destrozo e hicimos un rico plato calishita, mi madre nos perdonó con esa ligera sonrisa que intentaba evitar siempre en los labios.

Mi padre me enseñó muchas cosas, me habló de la tradición, de la religión, de la historia y de la geografía, pero nunca se posicionaba en ninguna parte, simplemente saciaba mi sed de conocimiento; solía contestarme con paradigmas y acertijos, quería que sacase mis propias respuestas. Yo, sinceramente, no entendía nada.

Mi madre..., que decir de mi madre, si fue quien me dio la vida y no sólo literalmente, sino quién me educó, alimentó, arropó y curó mis heridas. Aunque nunca me faltó de nada, dentro de nuestras posibilidades, y siempre fue amable y afectiva conmigo, la añoranza a algo se hizo notoria con el paso de los años, fue por lo que decidí mi marcha a la edad de 16 años, y por lo que volví a romper el pobre corazón de Nessa, si bien, mi única intención era el darle la oportunidad de recuperar ese algo que tanto añoraba o ese algo que aún no había encontrado.

Pero sigamos con la historia. Mi madre y yo nos trasladamos a Beregost, una tranquila ciudad en la cual conocí por primera vez y por propia voluntad el trabajo. Un joyero de la zona contrató mis servicios, los cuales se basaban en transportar las joyas más delicadas de un lado a otro de la ciudad, nadie sospechaba que un muchacho como yo era en aquellos años pudiese llevar tan preciados tesoros, y allí fue cuando descubrí que dándole a la lengua me podía ganar una propinilla de los ciudadanos más acomodados de la zona. Mi madre, por su parte, seguía ingresando la inmensa mayoría de nuestros bienes mediante la venta de sus productos a los viajeros que acostumbraban a hacer noche en nuestra villa.
Así pasamos los siguientes tres años, con buenos momentos y otros no tan buenos, pero sin duda, todo cambió cuando una noche recibimos la visita de Gloinibun, un enano, viejo compañero de mi padre.

“Nessa, tu marido a muerto, estás viuda” dijo el enano con la característica sutileza que el tópico adhiere a esta raza.

Me quedé helado, aunque llevaba largo tiempo sin saber de Jinsed, y los silencios incómodos y los llantos lastimeros de mi madre se escuchaban no pocas noches, yo, con esa inocencia de niño que todos tenemos a estas edades, cada noche esperaba escuchar la puerta y volver a oír el saludo de mi padre, que me hacía saltar de la cama fuere la hora que fuere.

Pero no, no volvería a escuchar ese saludo, ni a jugar, ni a aprender, ni a volver a ver a mi padre, porque mi padre había muerto a manos de la avaricia y la traición.

Esa noche reveló muchos vacíos sobre la historia de mi familia, la historia de mi vida.

La compañía para la que trabajaba Jinsed Dezzain no era otra que una cofradía de asesinos, ladrones, espías y si, comerciantes, con las manos y monedas manchadas por la sangre de tantas y tantas personas. El exilio de mi padre fue movido por la conciencia y la redención.

Ahí fue cuando conocí la casta de mi familia en la ciudad, la vergüenza que sentían todos los Dezzain por un familiar semielfo y el nombre de mi tío, Esfahan Dezzain, el asesino de mi padre.

Pasaron los meses y el pesar de mi madre crecía, como he escrito con anterioridad, las cadenas que la ataban a la ciudad de Beregost eran invisibles pero palpables, yo llevaba mucho tiempo pensando, meditando, mucho tiempo, demasiado tiempo. Decidí liberar a mi madre y liberar mi alma.

Han pasado los años y aquí estoy, a las puertas de la ciudad de Athkatla, ciudad de la moneda, ciudad de los cambios.

Mi madre marchó de viaje para encontrar las respuestas en sí misma, mis lágrimas ya se han secado, mi corazón ya palpita a un ritmo normal y no olvido, no olvido que haciendo honor a mi casta y familia, yo también tengo las manos manchadas de sangre. Y las persecuciones, golpes y lágrimas derramadas sólo me han enseñado una cosa:
La muerte de otra persona, si sirve para salvar a otras, hundidas en la miseria y el barro de la intimidación y con su vida convertida en un infierno de esclavitud irracional; la muerte de otra persona, como digo, puede ser justa.

Zahran Dezzain Vardamir


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El semielfo releyó su escrito por última vez. El niño del que hablaba la carta se había convertido en un joven ágil y delgado. Sus ojos grises habían cambiado el brillo de la inocencia por el del pesar de los acontecimientos. De todos modos no destacaba con el resto de la gente que llegaba de buena mañana a la ciudad, salvando el leve detalle de su tostada piel a juego con su media melena morena.

Zahran se ajustó sus ropajes y se adentró en la urbe.

//Voy a reunir aqui todos los escritos referentes a este pj que se va a encontrar ausente en el servidor durante una temorada, el prólogo y el primer capítulo ya están subidos en la historia inicial del pj.

Espero que os guste. ;)
 

Bryan

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COPÍTULO I
Y PASARON LOS AÑOS...

Diario personal:

Hace ya unos años que llegué a Athkatla, aunque no han sido muchos, desde luego, han marcado mi vida de una manera que jamás podré olvidar.

A Athkatla llegó un muchacho venido a adulto por un repentino destino, y allí fue donde el adulto se impuso al niño, y la paz llegó a la mente, no sin costar un precio, un precio muy elevado.

Llegué a la ciudad con lo puesto, y unas cuantas monedas. Intenté buscar un trabajo que me tuviese distraído y me ofreciese una nueva manera de subsistir. Acudí a la Universidad de los Oficios e intenté ganarme la vida con aprendiz de joyero, pero nada salió como tenía previsto. Encontré una pequeña habitación donde vivir en los barrios bajos, y allí mi vida fue sumergiéndose en lo más profundo de la pobreza.

Tras varios meses gastando lo poco que tenía en el alquiler de la habitación y los instrumentos y materiales necesarios para progresar en el oficio, los beneficios esperados fueron insuficientes. Sin haberlo esperado me vi en la calle, con unas monedas que parecían reírse al fondo de mi bolsillo, un estoque, utensilios de joyería, una vieja armadura de cuero y la ropa puesta. Fue una noche dura, y el vino no faltó en la compañía de la sombría posada La Corona de Cobre.

Lo primero que vendí fue la armadura, a cambio compré una manta, luego vendí el estoque y a cambio un afilado cuchillo me protegía por las noches. Como último recurso, tuve que vender todo el material de joyería, me había convertido en un vagabundo más de la Ciudad de la Moneda.
Dormía en chozas abandonadas de los callejones y si la noche lo permitía en alguna esquina del distrito más peligroso de la ciudad.

Nunca tuve demasiada relación con los demás mendigos; pues era la única forma que tenía de ganarme la vida, la mendacidad. De hecho más de alguna pelea sin importancia se alzó conmigo de protagonista y el alcohol y la desesperación de impulsor.

Al cabo de un año y medio estaba totalmente embriagado mientras me echaban de la última posada a la que pude entrar a pedir alguna moneda. A la mañana siguiente reuní todas las monedas que había conseguido en los últimos días y compré una pequeña tienda de campaña usada, me marchaba a los bosques, la vida en la calle no era la vida que yo buscaba. Pero de nuevo, nada iba a ser tan fácil.

En los campos que rodean la ciudad me encontraba sólo, ponía alguna trampa para pájaros y, tras algunos incidentes por no tener conocimientos, di con pequeños frutos que me servían de sustento.
La soledad era absoluta en las oscuras noches bajo los árboles. La única voz que escuchaba era la de alguna lechuza o mamífero nocturno. Tras tres meses de infortunios caí por un terraplén y me destrocé la pierna.

No tenía futuro en el bosque, yo sólo y herido, el frío invernal empezaba a hacer presencia y los dioses que protegen el bosque y dan fervor a las palabras de mi madre no parecían preocuparse mucho por mí. Vendí la tienda y volví a las calles.

La herida fue soldando, el vino volvió a ser prioridad y los largos días sentado en las calles de Athkatla pasaban como los rostros y pasos de los desinteresados ciudadanos y ciudadanas que parecen haberse acostumbrado a la pobreza. Algún día había suerte y la guardia no te echaba a patadas, y hasta me ofrecieron un trabajo, pero fue entonces cuando paseando por los llanos en busca de algún alma caritativa me encontré con un elfo ataviado con una túnica de hechicero.

-Tengo productos baratos y de calidad a la venta para los aventureros. ¡Parte de los ingresos van para la ayuda de los más pobres!.- Al pasar tras de sí se giró en un acto reflejo y me ofreció una lujosa túnica.

Me miré y luego le miré a él.
-¿Me está tomando el pelo?- Pensé mientras una joven que observaba la escena se reía a base de bien.

-Disculpe señor, pero yo soy pobre.- Le contesté.

El elfo cayó en su error y me pidió perdón, parecía sincero en sus palabras. Pero lo sorprendente del hecho fue que tras unos minutos volvió en mi búsqueda.

-¿Te gustaría trabajar para mi?-

De nuevo volví a mirarme y pensé que sería un nuevo matón que quería aprovecharse de mi modo de vida para enterarse de rumores y palabras que sueltan los borrachos sin darse cuenta de la presencia de los menos favorecidos.

-¿Qué clase de trabajo?- Pregunté.

-Me gustaría que vendieseis la mercancía para mi.- Fue su respuesta.

Me quedé paralizado, ese hombre quería que yo vendieses sus productos. Cogió mi mano y depositó en ella una gran cantidad de dinero.

-Arreglate, ve a un sacerdote a que te cure esa pierna, comprate algo de ropa y vuelve a hablar con migo. Mi nombre es Oreth de Lacrime y voy a ayudarte.-

No existen palabras para expresar lo que sentí, la gratitud no tenía medida, de no haber sido por que la túnica del elfo era de un blanco casi celestial le habría abrazado ahí mismo. Cuando iba a irme me dio un último consejo:

-Ah, y no te lo gastes en vino.-

Así lo hice, fui al curandero, pagué una habitación en una posada, me asee y compré un traje nuevo y no volví a invertir en alcohol, de hecho no he vuelo a invertir hasta hace bien poco y de una manera totalmente distinta y responsable.

Ahora trabajo para la Compañía Espíritu Áureo, Oreth y Gloirin son los dirigentes, yo me ocupo del comercio y han entrado nuevos compañeros que están trabajando de guardias.

Nuestro objetivo es la ayuda del más desfavorecido mediante el comercio. Gloirin y Oreth han comprado tierras donde pronto irán a trabajar campesinos, de manera que podrán tener más libertad y beneficios que en sus anteriores trabajos, de los cuales, según los libros, poco difiere la esclavitud.
Seguramente algún día puedan llegar a comprar sus propias tierras.

Así fue como los años marcaron mi existencia, ahora tengo un trabajo que me hace pensar y esforzarme, soy respetado y con mi labor ayudo a los más pobres de la ciudad, digamos que estoy encontrando sentido a ésto.

Zahran Dezzain Vardamir.
 

Bryan

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CAPÍTULO II
EL ESPÍRITU ÁUREO

Hemos forjado una alianza, una alianza que lucha por el favor de los más necesitados. Tymora nos está tratando bien y hemos crecido rápidamente.

Actualmente desempeño la labor de Representante Comercial de la compañía el Espíritu Áureo. Me resulta gracioso como la vida juega a alejarte y acercarte de tus objetivos, así como a hundirte y sacarte a flote.

Tengo mucho trabajo por delante, hay que organizar la mercancía, darnos a conocer en la Ciudad de la Moneda, comenzar a trabajar seriamente con los desfavorecidos de la ciudad y vender nuestras mercancías.

Gloirin se ha ocupado de reunir un pequeño ejército personal, que tiene como labor defender la tierras de trabajo de Purskul, pues parece ser que a algunos señores locales no les ha hecho mucha gracia nuestra innovadora idea de trabajo y es mejor prevenir problemas que luego remediarlos. Oreth, por su lado, a acercado a nuestra causa a dos respetados bardos, la dama Alessya Von Rybak y al señor Anigmar.

De entre los soldados he conocido a Cälev, un tipo de corazón noble y sincero y a Dhai, al cual se le notaba interesado en el comercio.

Tras haber organizado el trabajo he procedido a realizar ciertas peticiones a Oreth y Gloirin. Debíamos ampliar nuestra oferta, centrarnos en nuestra labor social por encima de la comercial y transmitir esa idea a la gente que se preguntase a que demonios jugábamos en Athkatla y como no acercar a Dhai al comercio.

Nuestro primer paso ha sido realizar una donación consistente en una gran cantidad de comida, suficiente para alimentar a más de 100 personas y 7000 dhartens para mantas, paja, arreglos y demás necesidad que puedan tener en el Hospicio. El buen Oreth me ha hecho entrega del metálico y yo me he encargado de los alimentos.

Tras la donación, pedí al monje que me atendió que nos concediese la celebración de una cena y recital de violín por parte de nuestra compañera Alessya, para disfrute de los enfermos y desheredados. Pero parece ser que un malentendido surgió en la conversación, ya que he tenido que comunicarme recientemente con la dama Auriel, informándonos sobre la imposibilidad de la realización de este acto. El tema se ha tratado con tranquilidad y entendimiento por las dos partes y hemos decidido concebir una reunión para hablar y conocer nuestras causas más adelante. El proyecto musical tendrá que esperar.

Por último, Oreth me ha estado enseñando los posibles caminos a Crimmor y sus puestos de venta, me a proporcionado algo de material para que la ruta no me sea imposible y hem[...]


Zahran se encontraba escribiendo estas letras en los llanos cuando un joven rubio y delgado se acercó. El sonriente recién llegado se presentó.

Buenos días señor Zahran, mi nombre es Dhai, soldado de la compañía.-

Zahran observó al muchacho unos segundos y levantándose del banco donde reposaba ofreció la mano al hombre.

Un placer Dhai, y ahorrate el señor, que aquí nadie es más que nadie.-

Contestó devolviéndose la sonrisa.

Tras la amistosa presentación, comerciante y soldado fueron a las Cinco Jarras a hablar sobre el negocio de la compañía. Dhai tenía interés y potencial y no tardó mucho en comprender las políticas llevadas a cabo por el semielfo.
Aún así, Zahran tubo que esforzarse ligeramente para hacer entender a la joven promesa que el comercio del Espíritu Áureo lo justo tenía que ver con el del Doblón. El proyecto en el que trabajaban debía valerse del comercio, no ser el comercio.

Tras unas cuantas reuniones Zahran entregó un cuidado traje a Dhai, y con una sonrisa y una palmada en el hombro, ambos celebraron la nueva conjunción en el mundo mercantil, compartiendo proyectos y esfuerzo para que la vida diese una segunda o tercera oportunidad a quien por el simple hecho de existir la merecía.
 

Bryan

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COPÍTULO III
RUTINAS Y PROYECTOS

Nos hemos establecido en la ciudad de una manera bastante aceptable, Dhai y yo estamos comenzando a mover la mercancía y ya hay algunas personas que nos reconocen como compañía comercial y solidaria.
Las tierras de Purskul están un poco inactivas ya que está costando ponerlas en marcha. Una partida del Espíritu marchó a la villa para darnos a conocer de una manera campechana y llamativa, yo no pude asistir ya que tenía que terminar unos preparativos en Athkatla.
Funcionamos bien, hecho en falta algo más de hermandad entre compañeros por lo que estoy pensando en organizar un acto colectivo para que nos conozcamos mejor, había pensado en una salida al bosque, acampar una noche y poder hablar y compartir opiniones y objetivos.

No obstante el trabajo en la ciudad es tedioso y últimamente he comenzado a dar unos cuantos rodeos por las zonas más alejadas de la civilización. Cual fue mi sorpresa al descubrir aquellos humanoides a tan escasa distancia de la urbe, bajo tierra. !Y tremendo susto el que me dí cuando de pronto vi a un semidrow abalanzarse sobre mi¡ Por suerte sigo en forma y conseguí salir airoso de estos repentinos encuentros que pusieron mis sentidos e instintos de nuevo en funcionamiento.

Este nuevo aire para romper con la rutina me llevó a acompañar a Dhai a una partida para cazar un jabalí de dimensiones extraordinarias que estaba acabando con la tranquilidad de un grupo de campesinos, incluso destrozándoles la vida a algunos.
La batalla fue prodigiosa y aunque necesité de la ayuda de un clérigo compañero y amigo del joven comerciante, mereció la pena acudir.

He comenzado a entrenar mi cuerpo, la vida en la ciudad, mejor dicho, la buena vida en la ciudad estaba haciendo a mi trasero demasiado comodón.
Suelo salir por las noches, armado con un arco y mi estoque y vestido con telas simples, en ocasiones con algún refuerzo, a mantener despierto mi espíritu cazador, mi instinto de supervivencia y volver a sentirme vivo.
Bajo mi acero y mis flechas han caído ya gran numero de kobolds, trasgos y algún que otro semielfo confiado.
También suelo introducirme de cintura para abajo en los arroyos del bosque aguantando el frío y para estimular mis músculos.

A la vuelta de una de mis batidas por el bosque, y con alguna herida, fui a descansar a los llanos. Me senté en un banco y dando los buenos días, una mujer tapada completamente y con vendajes en el rostro respondió a mi saludo con un movimiento de cabeza. Parecía afectada por alguna enfermedad o heridas y preferí dejarla tranquila, pues supongo que las miradas indiscretas no son el mejor remedio para un problema.
Me dispuse a cambiarme los ropajes cuando, de pronto, mis heridas comenzaron a cerrarse por medio de la canalización arcana, levanté el rostro extrañado y observe lo que parecía una sonrisa bajo aquel misterioso rostro.
Pasé el resto del día y parte de la noche comunicándome con esa mujer, no era capaz de hablar, y mediante signos y escritura pudimos presentarnos y conocernos de manera más o menos completa, ya que no llegó a presentarse.

Estos últimos días he estado viéndome con la mujer, que parece agradecida de mi interés y confianza. A pesar de su apariencia frágil es una excelente arcana y no sería yo quien me encarase a ella en una batalla.
Aún con la traba de la comunicación, hemos compartido bastantes cosas y algún momento tenso, su voz, cuando la emplea suena, sincera y sin manera de suavizar la palabra, grotesca, no obstante su compañía me es de agrado, y mucho.
Realizamos un viaje a Aguas Profundas y allí me enseñó los comercios y tiendas locales que me servirían para extender mis conocimientos sobre oferta y demanda en el territorio de Amn.
Es una persona de la que se puede aprender mucho y la tengo en alta estima, espero impaciente un nuevo encuentro con ella.

Cambiando de tema Oreth últimamente está desaparecido y le he visto con menos frecuencia, no obstante lo suficiente como para ayudarme estos días en dudas e ingresos necesarios para ponernos en marcha.

Sin más que contar:

Zahran D.V.


Habiendo terminado de escribir en su diario personal, Zahran cerró la ventana de su luminosa habitación en las Cinco Jarras, y, guardando sus utensilios de escritura, se colgó su bandolera al hombro y se dirigió a las calles de Athkatla.

Había quedado con Gloirin en el banco de la ciudad para tratar un tema importante. Zahran quería reunirse con Auriel en el Hospicio, para ofrecerles, no una mano, sino un brazo entero en ayuda a su causa y quería que la confianza que algunos negaban a las buenas intenciones de la compañía fueran zanjadas en una conversación formal.

Se encontraron a la tarde, y mientras caía el Sol tras las murallas de la Ciudad de la Moneda, sentados en una banco del más resplandeciente distrito de Athkatla, Gloirin dio el visto bueno a la iniciativa del semielfo; no obstante le pidió que cuidase el tacto para que no se malinterpretase nada en esta reunión.
Tras una charla sobre el estado de las tierras de Purskul y la compañía en general, el comerciante se puso manos a la obra y escribió esta simple misiva que fue entregada en el Hospicio. Decía así:

A la atención de Auriel, Hija de Ilmater:

Estimada señora Auriel, me dirijo a vos para solicitar una audiencia en cuanto usted disponga.

Somos la compañía el Espíritu Áureo y nos gustaría tener una conversación personal para tratar ciertos temas y, quizá, aunar fuerzas en algún objetivo que esta compañía de auxilio al desposeído tiene en común con el Hospicio.

Cualquier duda que a usted le inquiete, no tendremos inconveniente en contestar.

Ruego una respuesta y le deseo un provechoso trabajo y dicha en su eterna e intachable labor.

Atentamente:

Zahran D.V.
Compañía Espíritu Áureo.


Así pues, el joven esperó a la respuesta para acudir a la reunión, con la ilusión de conseguir llegar a un acuerdo entre las dos instituciones que hiciese más efectiva esta lucha común que tenían contra la pobreza y la desgracia, la cara más oscura de la civilización.

En asuntos más cercanos y comunes, Dhai y Zahran se reunirían a su vez en un corto espacio de tiempo, con la intención de aunar y confirmar aún más la conjunción a la hora de realizar su importante trabajo.
 
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