-¿Sabes cuál es la mayor tortura para un hombre? ¿La forma más implacable de hacerle soltar hasta el último secreto? Te lo contaré, pero no es algo que se borra de la mente tan fácil. Tomas un cubo de metal, frío al tacto, algo que pese en las manos. Dentro, metes una rata, pero no una cualquiera; debe estar famélica, días sin probar bocado, con el hambre volviéndola una criatura desesperada. Luego, amarras al hombre, bien asegurado de pies y manos, sin que pueda moverse ni un centímetro. Y entonces, aplicas calor lentamente en la parte trasera del tubo, con paciencia, dejando que el metal comience a arder.
Al principio, no ocurre nada más que el calor subiendo, el sudor brotando en su frente. Pero cuando la rata empieza a sentir el fuego, su instinto la guía a lo inevitable. Y adivina... el único camino que tiene para escapar es hacia adelante, directo a través del estómago del hombre.
Los gritos, te aseguro, son algo que no se olvida. Ni él tampoco... si es que queda suficiente de él para recordar.