Cacería salvaje
Huida de la muerte en el Alandor
Dramatis Personae
Personajes principales
Alexander Engendiel
Semielfo que parece arrastrar el peso de batallas previas en "el norte". Aunque posee conocimientos de la urdimbre y el favor divino de Oghma, su fragilidad física y emocional tras los recientes conflictos le hacen parecer, a mis ojos, un eslabón débil que requiere vigilancia constante.
Fauces Gélidas y Garra Sombría
Dos licántropos seguidores de Malar que acechan en las cercanías del claro. Se mueven con una ferocidad coordinada y siguen un código de caza que, aunque salvaje, posee sus propias leyes de "liberación" para las presas que logran huir.
Personajes secundarios
Loreliel (Plateada)
Guardiana de la naturaleza de presencia protectora. Se muestra diligente en el cuidado de aquellos que caen bajo su protección, aunque su cercanía resulta algo invasiva para mi naturaleza reservada.
Kharmin (Musgoverde)
Un enano druida de modales toscos y un aroma que evoca a la descomposición del bosque. A pesar de su apariencia descuidada, maneja las fuerzas vitales de la tierra con una eficacia incuestionable para purgar enfermedades y cerrar heridas.
Fanrin (Eirynor)
Otro guardián del bosque que acudió a la llamada de auxilio. Posee una disposición inmediata para el rastreo y la sanación, aunque apenas cruzamos palabras suficientes para juzgar más allá de su deber.
Director de Escena
DM Artyom
Guión
Salimos al camino desde el claro de Eldath hacia las afueras de Athkatla. Mi compañero Alexander seguía tomándose la vida tranquila, mientras se iba recuperando de sus heridas en el norte, no podía dejarle solo así que intenté acompañarle en el camino de vuelta, quién sabe si en el futuro, necesitaría de su ayuda.
En el sendero de vuelta, la muerte no descansaba. Varios cadáveres reanimados y chamanes trasgos intentaron cerrarnos el paso. Yo intentaba hacerles frente mientras mi compañero se esforzaba por mantener un ritmo que su cuerpo apenas soportaba. Hubo un momento en que el brillo de sus conjuros me cegó momentáneamente, una sensación irritante que me recordó por qué prefiero la soledad y la penumbra a la luminosidad errática de los fieles.
Sin embargo, el verdadero peligro no vestía harapos podridos. Apenas quedaba nada para llegar a la seguridad de los muros de la ciudad, de entre las sombras surgieron dos bestias, un licántropo de pelaje albino y otro de sombras oscuras. Eran depredadores reales, imbuidos de una voracidad que el acero común difícilmente detendría. Sentí los dientes de la bestia albina cerrarse en mi antebrazo, un dolor agudo que rasgó mi protección y probó el frío de mi piel. Alexander, por la debilidad de sus heridas, falló al intentar transportarnos lejos, debido a que el alpha, desgarró parte de su pecho.
No permití que la cacería terminara allí. Haciendo uso de mis poderes, otorgados por un pacto inquebrantable, invoqué a las sombras para que nos arrancasen de sus fauces, dejando tras de mí, una imagen ilusoria para darnos tiempo a escapar. Aparecimos, maltrechos y sangrantes, ante la mirada de unos guardianes del bosque.
Una mujer de complexión élfica y un enano de aspecto descuidado que emanaba un fuerte olor a naturaleza salvaje se apresuraron a tratarnos. Fui tratado con belladona para erradicar cualquier rastro de la infección en mi sangre. Mientras las heridas se cerraban bajo la magia druídica y mi propio pacto, me limité a observar en silencio. Alexander desperdiciaba demasiadas palabras en disculpas y promesas de reparación. Yo solo asimilé la lección, la luz del alba ya comenzaba a molestar mis ojos, y la seguridad de las sombras del cementerio era lo único que buscaba antes de que el sol reclamara el cielo.
Fundido a Negro