*Valentino, aún doliéndose de algunas heridas, que ya cicatrizan, echa un ojo a la turba que rodea al sargento y a los soldados mientras cargan con el cadáver. Con decisión, se recoloca el sombrero, saca pecho, y dice para sí:*
- Habrá que ponerse manos a la obra.
Hago como el mejor jugador de...