La sal en Athkatla era una mentira. Kaelyra lo supo nada más llegar. No tenía la crudeza del mar abierto ni el filo salvaje del viento de Puerto de Ulgoth. Aquí, el aire estaba domesticado… Filtrado por riqueza, por ambición, por demasiadas manos que querían poseerlo todo. Incluso el puerto...