Novedades

"La Mentira del Control"🗡️🩸// Kaelyra Valenne

Redention

Niño sin padres ni hospicio
Registrado
7/1/26
Mensajes
23
La sal en Athkatla era una mentira. Kaelyra lo supo nada más llegar. No tenía la crudeza del mar abierto ni el filo salvaje del viento de Puerto de Ulgoth. Aquí, el aire estaba domesticado… Filtrado por riqueza, por ambición, por demasiadas manos que querían poseerlo todo. Incluso el puerto parecía obedecer reglas invisibles.

Le desagradó, le fascinó. Permaneció unos segundos sobre la pasarela del barco, sin bajar aún, observando. Sus ojos esmeralda no se detenían... Rostros, posturas, bolsillos abultados, guardias aburridos, comerciantes ansiosos. Cada gesto era una grieta potencial. Cada persona, una posibilidad.

—Demasiado fácil… —murmuró con una sonrisa torcida.

Descendió con ligereza, casi sin hacer ruido. Su aspecto contrastaba con el bullicio pulido del lugar... Piel pálida hasta lo inquietante, cabello blanco enmarañado por el viaje, ropa funcional que no intentaba impresionar a nadie… Pero tampoco pasar desapercibida del todo. Nunca le había interesado desaparecer por completo. Prefería ser recordada. Aunque no supieran por qué.

Un hombre cargando cajas la empujó sin querer al pasar... Error. Kaelyra se detuvo. No reaccionó de inmediato. Solo giró la cabeza lentamente, clavando en él una mirada demasiado intensa para algo tan trivial. El hombre siguió caminando… Hasta que notó el peso de esa mirada y dudó. Se giró. Ella ya estaba sonriendo. No dijo nada. No hizo falta. El hombre bajó la vista y aceleró el paso. Ella soltó una risa baja.

—Sí… —susurró—. Este sitio entiende rápido.

Se internó en la ciudad. Athkatla no respiraba como un bosque. No tenía ritmo natural. Era otra cosa, como un latido constante de comercio, poder y necesidad. Aquí la gente no sobrevivía… Competía. Fingía. Calculaba. Le resultaba… Familiar.

Pasó junto a un grupo de mercaderes discutiendo precios en común salpicado de Kondazhano mal pronunciado. Más adelante, dos figuras intercambiaban información en argot del ladrón, creyéndose discretos. Ella captó cada palabra sin mirarles directamente. Su sonrisa se acentuó.

—Ni siquiera lo esconden bien…

Giró por calles cada vez más estrechas, alejándose de las zonas más ricas. No por prudencia, sino por preferencia. El lujo le aburría. Era en los márgenes donde la gente mostraba lo que realmente era. Y donde era más fácil romperlos.

Se detuvo frente a un escaparate roto, usando el reflejo para observar lo que ocurría detrás de ella. Un joven la seguía desde hacía dos calles. Torpe, dudoso, amateur... Ella ladeó la cabeza, divertida. Continuó caminando… Y de pronto desapareció en un giro inesperado. El joven tardó apenas unos segundos en llegar al mismo punto. Demasiado tarde...

—No, no, no… —susurró una voz cerca de su oído.

El muchacho se tensó. Kaelyra estaba detrás de él.

—Así no se hace —continuó, casi con dulzura.

Una mano ligera, apenas un roce… Y la bolsa del chico cambió de dueño. Ni siquiera se dio cuenta de cuándo ocurrió. Cuando logró reaccionar, ella ya se alejaba unos pasos, examinando el contenido con desinterés.

—Si vas a seguir a alguien… —dijo sin girarse— Asegúrate de que no sepa jugar mejor que tú.

Le lanzó la bolsa de vuelta sin mirar. El chico la atrapó por puro reflejo. Confundido, humillado, vivo. Ella rió como loca.

—Aprende… O desaparece.

Y siguió caminando. Athkatla se desplegaba ante ella como un tablero infinito. Distritos, facciones, secretos… Personas desesperadas por algo... Dinero, poder, afecto, aprobación, dependencia.... Sus dedos se entrelazaron lentamente mientras avanzaba. Sí… Aquí podría construir algo. Una red. Una colección de voluntades frágiles. Miró hacia lo alto, hacia las torres que dominaban la ciudad.

—Podría gustarme esto…

Su sonrisa se volvió más afilada.

—Mucho.

Se perdió entre la multitud, no como alguien que huye… Sino como alguien que ya ha empezado a reclamar lo que considera suyo.

8am59qf.png
 

Redention

Niño sin padres ni hospicio
Registrado
7/1/26
Mensajes
23
Las Tierras de la Intriga no eran como las había imaginado. Eran mejores. Kaelyra lo entendió con el tiempo, no en un instante como le ocurrió al llegar. Aquí, el poder no siempre se alzaba en torres ni se protegía tras muros; a menudo caminaba entre la gente, disfrazado de favores, de palabras a medias, de promesas que nunca terminaban de cumplirse. Amn, Tethyr… Nombres distintos para una misma verdad. Todo el mundo necesitaba algo, y casi nadie sabía cómo conseguirlo sin romperse en el intento. Ella sí estaba aprendiendo.


Su forma de vestir había cambiado con esa comprensión. Ya no era solo práctica, era precisa. Cada prenda cumplía un propósito, cada detalle decía algo distinto según quién la mirase. Podía parecer una mercenaria discreta, una mensajera eficiente o incluso alguien digno de cierta confianza si la situación lo requería. Había aprendido que la primera impresión no debía imponer, sino invitar. Invitar a hablar, a confiar, a depender. Y había funcionado.


Había empezado a tejer lo que más le interesaba. Vínculos. No amistades reales, no en el sentido en que otros las entendían , pero sí relaciones útiles. Un informante que la buscaba cuando necesitaba sentirse importante. Una comerciante que agradecía sus “consejos” más de lo que admitía. Un matón que la respetaba sin entender muy bien por qué. Pequeños hilos, dispersos… Pero cada vez más tensos, cada vez más suyos.



Ella caminaba ahora por un sendero entre colinas, lejos del ruido constante de las ciudades. No le molestaba alejarse; de hecho, lo necesitaba. El aire aquí era distinto. Menos cargado, más honesto. Le recordaba, de forma incómoda, a cosas que prefería no pensar demasiado. Se agachó junto a una pequeña fogata recién apagada. No era suya. Pasó los dedos por la ceniza, aún templada. Reciente. Sonrió.

—Interesante…


Se incorporó despacio, observando el entorno. Huellas mal disimuladas, prisa, quizá miedo… O simple torpeza. Había aprendido a leer mejor esas cosas. Antes reaccionaba; ahora interpretaba. Antes actuaba; ahora elegía. Siguió el rastro unos pasos, sin prisa, más por curiosidad que por necesidad. Sus movimientos eran silenciosos, pero ya no impulsivos. Había refinado su forma de moverse, de observar, de decidir. Incluso su respiración era distinta, más controlada, más consciente.


Aunque no siempre.



Hubo un instante, breve, casi imperceptible, en el que se detuvo sin motivo aparente. Su mirada se fijó en nada en concreto. Sus dedos se tensaron ligeramente. Algo bajo la superficie. Algo que no terminaba de encajar con el resto. Parpadeó, y desapareció. Exhaló despacio, como si nada hubiera ocurrido, aunque una leve mueca cruzó su rostro.

—Luego… murmuró.

No era la primera vez, tampoco la última, pero había aprendido a no detenerse en ello. No todavía.


Retomó el camino, dejando atrás la fogata. Mientras avanzaba, repasó mentalmente nombres, rostros, pequeñas deudas que podían crecer con el tiempo. Había empezado a construir algo más que supervivencia... Influencia. Una red que no dependía de la fuerza, sino de la necesidad ajena. Eso le resultaba satisfactorio, mucho más que la simple violencia, aunque nunca la descartaba.


El sendero descendía hacia una ruta más transitada. A lo lejos se distinguían figuras. Comerciantes, guardias, viajeros. Redujo ligeramente el paso, ajustando su postura, su expresión. Cuando alcanzó el camino principal, ya no era la misma que había seguido un rastro entre las colinas; ahora era alguien que encajaba, alguien que podía sonreír sin levantar sospechas.


Uno de los viajeros la reconoció. Apenas un gesto, una inclinación de cabeza. Ella respondió igual. Otro hilo, otro paso. Mientras continuaba su camino entre ellos, su sonrisa se dibujó con suavidad, casi sincera.



Las Tierras de la Intriga no la habían cambiado. Le habían dado algo mejor, un lugar donde perfeccionarse. Y, poco a poco, mientras el sol caía y las sombras se alargaban a su alrededor, Kaelyra avanzó con una certeza tranquila y peligrosa. Cada vínculo que creaba, cada mirada que sostenía, cada palabra medida, la acercaba más a algo que aún no terminaba de definir. Algo que no necesitaba entender del todo. Algo que, en el fondo, ya estaba creciendo dentro de ella.


aHCvThS.png
 
Arriba