I. Ocaso.
-Te dije tres, Ronín, tres. No cuatro, ni dos, ni cinco ni diecisiete. Tres trenzas.
-Sí, mamá. Lo siento. -Ronín suspiró y empezó a repeinarse la barba de nuevo mientras su madre pegaba vigorosos manotazos a la capa.
-Esta capa tiene polvo, maldita sea. Que pensará tu padre si...