Hola, sí.
Ya que voy a ser recluido en contra mi voluntad en las tierras galas (Francia, no tú, Galas), solo podré abandonar mi vida con un portátil que dudo mucho que llegue siquiera a los dos GB, propulsado por el rotweiler de mi tío francés. Se llama Leïco, por cierto. El perro no mi tío.
Y...