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A los altos mandos de Muranndin

Sariel

Enano sin acento ruso
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A la atención de los mandos de Murandin:

No malgastaré muchas palabras, pues mi paciencia, escasa por naturaleza, se extingue aún más al tratar con las bestias que brotan de Murann.

Cuatro veces habéis tendido la mano hacia el norte, buscando alianzas, treguas o pactos a través del clero de mi diosa. Y cuatro veces habéis recibido la misma respuesta. No.

La luna no negocia con carroñeros sedientos de sangre. No parlamenta con los alzadores de cadáveres ni con aquellos que mancillan la guerra usando los cuerpos de sus enemigos como herramientas. No conoce tregua con quienes jamás han mostrado dignidad ni honor y, por tanto, jamás los conocerán. Solo habéis osado alzaros porque hallasteis a Amn fragmentada y débil. Mas ni aun así lograréis más que retorceros donde estáis, como víboras bajo la bota.

Que estas palabras queden grabadas con fuego bajo la mirada de cuantos decidáis que las lean, bajo el juicio de mi diosa Selûne y el peso de mi propia memoria, que no olvida ni perdona. No he tenido miedo a la dragona y no os tengo miedo a vosotros. No soy la faz amable de la Luna. Soy su filo. He sido, soy y seré quien blande su luz allí donde otros temen mirar. Me alzaré contra cuantos se interpongan en mi deber sagrado. Y a quienes osen esparcir la sombra por estas tierras, les exigiré cuenta por cada alma inocente que hayan segado.

Una vez haya caído ese engendro azul que escupe rayos desde los cielos, volaré sin demora hacia Imnescar. Por cada corazón noble que allí haya dejado de latir por vuestra mano, daré muerte a diez de vuestras bestias. Por cada vida arrebatada, una justicia rápida y firme. Cuando seáis expulsados de esas tierras que no os pertenecen, seguiré mi camino hacia el sur, llevando la guerra hasta las mismas puertas de vuestro bastión. Y allí, cuando vuestro emperador, anciano, débil y senil, se postre de rodillas, rogando por la piedad que jamás mostrasteis, sabrá que la luna no olvida.

Es hora de que comprendáis que no todos los fieles de Selûne ofrecen la otra mejilla. Es hora de que sepáis cuál es vuestro lugar. Es hora de que recordéis que, cada noche, la luna se alza y os observa. Y tarde o temprano, su juicio caerá sobre vosotros.

Considerad estas palabras una declaración de intenciones, pues eso son, a la próxima bestia que venga a hablar de alianzas se le dará el mismo trato que habeis ofrecido en Imnescar a los mios.

No os molestéis en dar respuesta, pues no me comunico, solo os informo.

Disfrutad de vuestro momento, bestias. Será breve.


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Francisco94

Corona de la reina de Aitana
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*Una misiva es enviada como respuesta a la Alianza del Norte y entregada por un trasgo*

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Salve, Sirael Sheda.

Os envío esta carta con la intención de informaros sobre el erróneo envío de su misiva...

Desde el Imperio os informo que desconocemos actualmente quién sois pues solo es conocida una Sariel, aquella que se dedicaba al bandidaje como una mera cobarde sin mostrar el poder que dice mostrar usted pues se diría con semejante bravuconería que fueseis el mismísimo avatar de vuestra diosa.

¿Es cierto que lanzáis rayos por los ojos?
¿Es cierto que voláis?
¿O que la mismísima hierva perece ante vuestro juvenil paso siendo solo las flores frescas quienes se giran para contemplaros?

Si contiene dicho poder de destrucción capaz de opacar la grandeza del Imperio y a su Emperador invicto podría aclararme una cuestión y es la siguiente:


¿Usaste ese poder para tirar una ciudad sobre las mismas cabezas de aquellos que habitan en Khazad Gromdal?

Me parece que no sois nada más que una boca grande y dos ojos que solo piensa en sí misma más que en su fe si quiera y que usa a la misma como herramienta para alcanzar sus metas muera quién muera a su paso pues solo os interesa el gobierno y la tiranía. Cualquiera diría que usted representa mejor que yo mismo a la fe del Señor Oscuro a quién sirvo ciegamente.


Os diré que las amenazas de una niña malcriada no suponen una molestia ínfima si quiera para la gran maquinaria Imperial que jamás descansará hasta veros fallecer, a ser posible con vuestro cadáver a los pies del Murkul. La próxima vez que sepáis de mi persona, os lo haré llegar desde vuestro templo en Imnescar, donde seguidamente no dejaremos piedra sobre piedra.

Att. Talkorion, embajador Imperial.

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archedchristian

Bug oculto de Darth
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El ogro caería somnoliento con tal empezaría a leer las primeras líneas, sin animo de continuar la carta estando en su tienda al frente de Imnescar discutiría con el trasgo que le habría traído la carta.

¿!Pero por que me traes la carta de un cualquiera!? ya te dije que los asuntos mundanos a Talkorion... que soy un ogro, que mi tiempo no vale lo mismo que el suyo.

Que traigan a las bailarinas y el vino, debo de mentalizarme antes de la próxima batalla.


El ogro se llevaría los dedos sobre sus parpados

Estoy comenzando a perder la paciencia con estos trasgos, no volveré a permitir que se repita lo de Kalathyr, debo empezar a reclutar a fieles kobolds para mi sequito.
 

Focus

Minsorrano sin caminos
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Una carta, de papel amarillento y salpicada de manchones de sangre llegó a las varias dehekanas como respuesta a la clérigo, las letras escritas habían sido escritas con ira. Y junto a la carta una especie de caja bien sellada.


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A la infame Sariel,

Espero que todavía respires, que todavía sangres.

No quería que alguien tomase tu cráneo para adornar un monasterio arrasado, o que al menos tus huesos flotaran en el lodo de alguna zanja. Y sin embargo en vez de esconderte, de aprovechar el silencio para desaparecer, me escribes para que te encuentre ¿Tanto deseas morir?

Como puedes leer en mis palabras, no voy a buscar diálogo contigo, ni tregua en esta guerra. No hay lugar para los vuestros en una tierra donde yo exista. Observo como decenas de almas marchan hacia el Imperio donde serán aplastadas, y sonrió por la piedad que le di a tus hermanos con un final rápido.

Pero su descanso será breve, servirán.

Caminaran conmigo, con los ojos enrojecidos, y la boca llena de himnos nuevos, fríos y de rabia, más ciertos que cualquier dogma. Ansio que vengas a vengarlos, insisto, porque si no lo haces, lo haré yo.

Y vendré, vendré con el fuego que no cede. Vendré con el Odio. Vendré con cada hueso profanado y por cada nombre borrado. Vendré hasta que la última piedra de tu fe caiga, y tu última plegaria se ahogue en sangre.

No soy un enemigo, soy el enemigo.

Y como promesa, te entrego la mano que esgrimió El Estandarte de las Siete Estrellas. Que tu luz no brille demasiado, porque si lo hace, te encontraré antes que tu Diosa, y yo no seré tan clemente.

Dientes
Amir de la Qasan Adh-Dhahabi
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