Niennor
Pornorroleador en sequía
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Silenciosa como siempre la morada enana de los Rompecraneos descansaba tranquilamente. Calmada en sus entrañas, solo se escuchaban los pesados pasos de los centinelas caminar de un lado a otro.
La zona más silenciosa era seguramente las cercanías del templo. En la parte mas profunda del lugar, los dos centinelas parloteaban entre susurros sobre múltiples temas en los que la cerveza y alguna que otra pelea siempre eran temas que estaban presentes.
El templo solía estar desocupado por las noches… alguna sacerdotisa o sacerdote se internaban en el para cumplir algunos ritos o su limpieza, pero aparte de esto nunca solía haber nadie.
Pero… Últimamente una inquilina se había asentado en ese terreno santo. Una enana de negra armadura cubierta de espinas y cuchillas. Con un feroz yelmo sobre su cabeza del cual salía un apestoso olor a sangre. Era famosa entre los enanos… y temida en estos últimos años por su mal genio y su drástico cambio. Los suyos la esquivaban y la retiraban la palabra, algunos incluso la tenían miedo… otros tan solo la rechazaban considerándola egoísta por pensar primero en ella que en la comunidad.
Los centinelas escuchaban algunos ruidos… algún golpe de vez en cuando o algún grito amortiguado por las pesadas puertas del lugar. La curiosidad les reconcomio pero el miedo y el respeto a quien estaba dentro les mantenía al otro lado de la puerta.
El asunto se repetía una y otra noche… la Sacerdotisa de Berronar Argéntica se mantenía en el interior del lugar. Apenas salía para comer algo o realizar algunos encargos. Luego volvía de nuevo al templo y continuaba su misteriosa tarea.
Una bien entrada noche… una misteriosa figura de ropajes blancos se acerco a la entrada del templo. Rápidamente los centinelas la abrieron paso al reconocer los símbolos en sus ropajes. Siquiera mirando el interior del lugar cerraron las puertas tras la desconocida y volvieron a su constante vigilar
La encapuchada camino por las salas hasta una figura que se encontraba cercana a la estatua de la Madre Enana. La figura portaba dos martillos teñidos en sangre y estaba ataviada con escasa ropa. Su cuerpo cubierto de enromes cicatrices abiertas por el esfuerzo estaba perlado de sudor. La enana al parecer se había estado entrenando esta noche mas allá del cansancio y el dolor. Donde la mayoría de los humanos ya habrían caído al suelo desmayados… ella se mantenía aun en pie… Jadeante e intentando con, las nulas fuerzas restantes, continuar.
La figura se acerco a la joven
- Saludos Lizoldha Silverhammer – dijo alzando levemente una mano
No hubo contestación por parte de la sacerdotisa… que emitió un pequeño bufido y retomo su entrenamiento lanzando calculados golpes al aire con sus pesados martillos.
- vaya… al parecer no deseáis hablar… es una lastima – chasqueo la lengua la encapuchada mientras observaba el lugar como si fuera nuevo para ella
- Meteros en vuestros asuntos – respondió Liz con un ladrido mas que unas palabras
La extraña figura paseo por el lugar mirando el resto de estatuas… en un momento acaricio con ternura los pies de la estatua de Moradin.
- Estas enfadada conmigo acaso Sacerdotisa? – pregunto con voz triste
- No te conozco… ni quiero hacerlo… - volvió a responder duramente la enana
- Si… ya escuche eso antes… pero no es excusa para tu enfado – respondió esta con tranquilidad apoyando la espalda en la enorme escultura
- Me enfadara cuanto me de la gana… y con quien me apetezca
- No es bueno estar enfadada… no es bueno vivir para la lucha
- No me queda otra cosa…
- Yo creo que si
- Lo que tu creas a mi no me importa! – Chillo Lizoldha fuertemente mientras descargaba un golpe con uno de sus pesados martillos contra el suelo
La encapuchada frunció el ceño y se acerco a la enana
- Se lo que te ocurrió pequeña
- No sabes nada… no me llames pequeña
- Estas equivocada… no dejes que tu cabezonería te haga seguir hundiéndote – respondió la extraña con un deje de tristeza
- Equivocada? Que sabrás tu de equivocación! Acaso puede siquiera alguien imaginar lo que me ha ocurrido? El sufrimiento que he pasado? – gruño la orgullosa enana
La desconocida se acerco a la estatua de la deidad matriarcal y se sentó sobre su base mientras tras su capucha observaba a la clériga.
- Tus hermanos te ofrecieron su ayuda… y la desechaste – hablo con voz triste
- Ellos no pueden ayudarme
- Son tus hermanos… y quieren intentarlo
- Pero no pueden
- Eso les da igual… quieren intentarlo… quizás estés equivocada y puedan lograrlo
- HE DICHO QUE NO PUEDEN!!
La extraña suspiro audiblemente y cruzo sus manos en s regazo
- Acaso lo que te ocurrió… te impide ser quien eras
- La reverenda Madre me ha abandonado… Berronar me ha despojado de su bendición… ahora solo me queda morir en la lucha
- Huh? Y eso por que?
- No puedo ser Madre
- Mientes… y mientes muy mal
- Miento? – respondió la enana mientras se pasaba una mano por su vientre – no… no miento
- Si lo haces… eso o… no sabes lo que significa ser Madre
La orgullosa sacerdotisa miro a la extraña de blanco con ojos llenos de furia
- calla la boca… cállate! – Cerro los ojos con fuerza
- no… no pienso callarme – Negó la encapuchada – tu puedes no escucharme
- eso haré…
- Sabes que tengo razón… y no podrás dejar de oír mis palabras
- No la tienes… eres una estúpida si piensas eso
- Estúpida? Yo?... – Sonrió la extraña – mira quien habla
- Acaso quieres problemas?
- Bueno… no te vendría mal que te ayudara con los tuyos
- Tu tampoco puedes ayudarme
- Tienes razón… en eso si que la tienes… - sonrió bajo su capucha – nadie podrá ayudarte si no quieres ser ayudada
La enana dejo en el suelo sus martillos… incapaz de seguir sosteniendo tan pesadas armas
- que insinúas?
- Que eres una estúpida… que no sabe lo que significa ser madre
- Y que si no lo se?... ya no puedo serlo
- Mientes de nuevo? – refunfuño la extraña – no te cansaras nunca?
La exhausta enana se sentó en el suelo… su cabeza empezaba a creer en las palabras de la encapuchada… No parecía alterarse lo mas mínimo, eso junto a una presencia misteriosa , perturbaban a la sacerdotisa
- Yo no miento
- Si lo haces… crees que solo teniendo hijos puedes ser madre
- Claro que lo creo… menuda tontería – espeto la enana perdiendo todo el interés en su acompañante
- Si?... que curioso…
La sacerdotisa se levanto y volvió a tomar sus martillos para continuar su entrenamiento
- Sabes una cosa Lizzy?... Una madre es alguien que cuida de otros… alguien que cuida de los que no pueden valerse y les enseña a hacerlo por si mismos
La sacerdotisa se giro para mirar a la encapuchada con los ojos muy abiertos ante el nombre
- Si… Lizzy… así es como te llamaba tu madre no? – Sonrió la encapuchada
- Si… así… así era…
- Crees que tu madre aceptara tu decisión? O su madre? O la madre de su madre?
La enana frunció el ceño… no sabia que responder… Que diría Bertha Silverhammer de su comportamiento? En verdad había sido tan egoísta para solo pensar en si misma? En verdad dejo todo de lado por… por… por cumplir su venganza?
- hay mucha gente que te necesita… mucha gente que sola no puede conseguirlo… mucha gente que esta triste al verte triste a ti – la extraña empezó a hablarla con dura voz – acaso no merecen de tu atención? Es eso lo que hace la Matriarca de las Damas de plata?
- Pero yo… yo no puedo… yo no…
- No es que no puedas ser madre… es que no quieres serlo
- Ni digas eso
- Es la verdad
- Cállate
- Aunque me calle seguirás pensándolo
- No…
- Mientes
- Que No!
- Grita todo lo que quieras… cuando dejes de hacerlo seguirás escuchando mis palabras
- NO QUIERO ESCUCHARLAS
- Porque sabes que tienen toda la razón… y eso te hace ser débil y equivocarte
- NO LA TIENES!!
- Hum… eso crees?... dime entonces porque no la tengo
- Porque…porque… - la enana meditaba largos segundos
- Ya?... aun no lo sabes?
- Porque…
- No busques en tu cabeza razones para darme la contraria… simplemente observa lo que en verdad piensas
- Pero… pero yo…
- Aun no es tarde
La enana miro a la extraña que seguía sentada en la base de la estatua de la reverenda Madre… moviendo jovialmente las piernas que colgaban de esta
- Aun tiene remedio… tus hermanos siguen necesitándote
- No se si podré…
- Yo si lo se… y podrás
- Ahora ya… no lo se
- Bueno… inténtalo si quieres verlo por ti misma
- Soy Venganza… solo sirvo para la lucha
- Para que lucha?
- Para la lucha
- Para que Luchas?
- Para encontrar mi… mi destino
- Y ese es?
- La muerte
- Mal destino
- No tengo otro
- Sigue siendo malo
- Es el que me queda
- Mientes
- Otra vez?
- No has dejado de mentir
- Que dices?
- Que mientes… que cierras los ojos… que no sabes ver
- Tu que sabrás…
- Soy vieja… y lo se
- No tienes ni idea
- Eso crees?
- Así lo creo
- Estas equivocada
- Por que lo dices?
- Porque yo sigo cuidando de los míos… aceptando el daño que les hagan a ellos en mi propio cuerpo . explico la extraña – yo soy su escudo
La sacerdotisa volvió a sentarse de nuevo con los ojos bien abiertos… pues no podía sintetizar lo que la otra figura la decía… Destrozaba sus motivos… les volvía tan absurdos que parecían motas de polvo. Lo que la sacerdotisa creía que era lo que debía hacer solo parecía ya una simple rabieta de una niña
- Juraste proteger a los tuyos… juraste evitar que nada les pasara… y sabes lo que esta ocurriendo?
Lizoldha negó levemente
- Sencillo… en vez de protegerles… les estas haciendo mas daño
- No quiero hacerlo
- Pues no lo hagas… no eres precisamente tonta para no darte cuenta
- No se que hacer
- Bueno… empieza por el principio
La encapuchada señalo la brutal armadura que estaba colocada a un lado… llena de espinas y cuchillas ensangrentadas… decorada con clavos en su interior que mordían la carne de la enana continuamente
- Deja de hacerles sufrir viendo como te haces daño… y empieza a luchar para que nada les dañe
La sacerdotisa se miro su cuerpo lleno de cicatrices y la extraña sonrió gesticulando levemente las manos. Une estallido de energía positiva regó el cuerpo de la testaruda enana… las cicatrices se borraban rápidamente… las heridas sanaban con presteza
- Me… me has curado? – pregunto esta con un deje de esperanza
- No… solo te he facilitado volver a lo que eras… de tus hermanos depende lo que te queda
- Pero ellos…
- Ellos encontraran la manera… son unos barbuditos cabezotas créeme…
La sacerdotisa asintió y tomo su armadura y sus martillos marchando rápidamente… olvidándose de despedirse de la extraña… siquiera de preguntar su nombre
La encapuchada sonrió alzando la cabeza. Miro a la estatua con ojo crítico…
- hum… Yo no tengo esa barrigona… - Frunció el ceño alzándose de un pequeño salto y desapareciendo en la zona mas oscura del templo
La enana camino rápidamente… se adentro en la forja y se puso a trabajar montando un gran escándalo que altero a un nutrido grupo de enanos que se acerco a la puerta para cotillear. Ninguno se atrevía siquiera a abrirla para molestar a la sacerdotisa.
En unas horas la puerta se abrió con fuerza y todos dieron un paso atrás.
Lizoldha vestía una capa azul con el emblema de los Rompecraneos bordado en fina plata… su armadura relucía limpia y arreglada, sin cuchillas ni pinchos… y portaba su plateado casco de Mithril bajo el brazo. Su cara miraba ceñuda a los que se encontraban a su lado con sus ojos azules, su moño cuidadosamente peinado limpio y recogido con una banda de fina plata y sus ropajes igualmente cuidados.
- Que estáis todos mirando? – Espeto a los que curioseaban
- Lizoldha… estáis bien? – pregunto uno de los enanos
- CLARO QUE ESTOY BIEN!! – grito fuertemente causando un pequeño sobresalto en los enanos reunidos – QUE HACEIS TODOS AQUÍ COMO PASMAROTES? VAMOS VAMOS VAMOS!
Los enanos empezaron a ponerse en movimiento rápidamente ante los jaleos de la enana
- Mirar como tenéis todo… esto es un desastre! Acaso una no puede ausentarse unos años sin que destrocéis el lugar? – siguió con sus gritos mientras señalaba lugares sucios o descuidados – Ordenar todo enseguida antes de que os arranque la barba a mordiscos y me haga un jersey!
Los enanos se movían rápidamente colocando cosas… limpiando otras… ordenando mas allá… un par de ellos hablaban mientras rápidamente volvían a su puesto de vigilancia
- Parece que la vieja ha vuelto – murmuro uno
- Si… eso parece – le contesto su hermano – Mierda! Con lo bien que vivíamos antes!
Solo Lizoldha salio del templo… nadie sabe que ocurrió con la encapuchada de blanco que hablo con ella… y ella no parece querer decir nada mas al respecto.
Venganza había muerto ese día… y Lizoldha Silverhammer volvía a empuñar de nuevo sus martillos para hacer su tarea, como Enana, como Rompecraneos y como Madre.
La zona más silenciosa era seguramente las cercanías del templo. En la parte mas profunda del lugar, los dos centinelas parloteaban entre susurros sobre múltiples temas en los que la cerveza y alguna que otra pelea siempre eran temas que estaban presentes.
El templo solía estar desocupado por las noches… alguna sacerdotisa o sacerdote se internaban en el para cumplir algunos ritos o su limpieza, pero aparte de esto nunca solía haber nadie.
Pero… Últimamente una inquilina se había asentado en ese terreno santo. Una enana de negra armadura cubierta de espinas y cuchillas. Con un feroz yelmo sobre su cabeza del cual salía un apestoso olor a sangre. Era famosa entre los enanos… y temida en estos últimos años por su mal genio y su drástico cambio. Los suyos la esquivaban y la retiraban la palabra, algunos incluso la tenían miedo… otros tan solo la rechazaban considerándola egoísta por pensar primero en ella que en la comunidad.
Los centinelas escuchaban algunos ruidos… algún golpe de vez en cuando o algún grito amortiguado por las pesadas puertas del lugar. La curiosidad les reconcomio pero el miedo y el respeto a quien estaba dentro les mantenía al otro lado de la puerta.
El asunto se repetía una y otra noche… la Sacerdotisa de Berronar Argéntica se mantenía en el interior del lugar. Apenas salía para comer algo o realizar algunos encargos. Luego volvía de nuevo al templo y continuaba su misteriosa tarea.
Una bien entrada noche… una misteriosa figura de ropajes blancos se acerco a la entrada del templo. Rápidamente los centinelas la abrieron paso al reconocer los símbolos en sus ropajes. Siquiera mirando el interior del lugar cerraron las puertas tras la desconocida y volvieron a su constante vigilar
La encapuchada camino por las salas hasta una figura que se encontraba cercana a la estatua de la Madre Enana. La figura portaba dos martillos teñidos en sangre y estaba ataviada con escasa ropa. Su cuerpo cubierto de enromes cicatrices abiertas por el esfuerzo estaba perlado de sudor. La enana al parecer se había estado entrenando esta noche mas allá del cansancio y el dolor. Donde la mayoría de los humanos ya habrían caído al suelo desmayados… ella se mantenía aun en pie… Jadeante e intentando con, las nulas fuerzas restantes, continuar.
La figura se acerco a la joven
- Saludos Lizoldha Silverhammer – dijo alzando levemente una mano
No hubo contestación por parte de la sacerdotisa… que emitió un pequeño bufido y retomo su entrenamiento lanzando calculados golpes al aire con sus pesados martillos.
- vaya… al parecer no deseáis hablar… es una lastima – chasqueo la lengua la encapuchada mientras observaba el lugar como si fuera nuevo para ella
- Meteros en vuestros asuntos – respondió Liz con un ladrido mas que unas palabras
La extraña figura paseo por el lugar mirando el resto de estatuas… en un momento acaricio con ternura los pies de la estatua de Moradin.
- Estas enfadada conmigo acaso Sacerdotisa? – pregunto con voz triste
- No te conozco… ni quiero hacerlo… - volvió a responder duramente la enana
- Si… ya escuche eso antes… pero no es excusa para tu enfado – respondió esta con tranquilidad apoyando la espalda en la enorme escultura
- Me enfadara cuanto me de la gana… y con quien me apetezca
- No es bueno estar enfadada… no es bueno vivir para la lucha
- No me queda otra cosa…
- Yo creo que si
- Lo que tu creas a mi no me importa! – Chillo Lizoldha fuertemente mientras descargaba un golpe con uno de sus pesados martillos contra el suelo
La encapuchada frunció el ceño y se acerco a la enana
- Se lo que te ocurrió pequeña
- No sabes nada… no me llames pequeña
- Estas equivocada… no dejes que tu cabezonería te haga seguir hundiéndote – respondió la extraña con un deje de tristeza
- Equivocada? Que sabrás tu de equivocación! Acaso puede siquiera alguien imaginar lo que me ha ocurrido? El sufrimiento que he pasado? – gruño la orgullosa enana
La desconocida se acerco a la estatua de la deidad matriarcal y se sentó sobre su base mientras tras su capucha observaba a la clériga.
- Tus hermanos te ofrecieron su ayuda… y la desechaste – hablo con voz triste
- Ellos no pueden ayudarme
- Son tus hermanos… y quieren intentarlo
- Pero no pueden
- Eso les da igual… quieren intentarlo… quizás estés equivocada y puedan lograrlo
- HE DICHO QUE NO PUEDEN!!
La extraña suspiro audiblemente y cruzo sus manos en s regazo
- Acaso lo que te ocurrió… te impide ser quien eras
- La reverenda Madre me ha abandonado… Berronar me ha despojado de su bendición… ahora solo me queda morir en la lucha
- Huh? Y eso por que?
- No puedo ser Madre
- Mientes… y mientes muy mal
- Miento? – respondió la enana mientras se pasaba una mano por su vientre – no… no miento
- Si lo haces… eso o… no sabes lo que significa ser Madre
La orgullosa sacerdotisa miro a la extraña de blanco con ojos llenos de furia
- calla la boca… cállate! – Cerro los ojos con fuerza
- no… no pienso callarme – Negó la encapuchada – tu puedes no escucharme
- eso haré…
- Sabes que tengo razón… y no podrás dejar de oír mis palabras
- No la tienes… eres una estúpida si piensas eso
- Estúpida? Yo?... – Sonrió la extraña – mira quien habla
- Acaso quieres problemas?
- Bueno… no te vendría mal que te ayudara con los tuyos
- Tu tampoco puedes ayudarme
- Tienes razón… en eso si que la tienes… - sonrió bajo su capucha – nadie podrá ayudarte si no quieres ser ayudada
La enana dejo en el suelo sus martillos… incapaz de seguir sosteniendo tan pesadas armas
- que insinúas?
- Que eres una estúpida… que no sabe lo que significa ser madre
- Y que si no lo se?... ya no puedo serlo
- Mientes de nuevo? – refunfuño la extraña – no te cansaras nunca?
La exhausta enana se sentó en el suelo… su cabeza empezaba a creer en las palabras de la encapuchada… No parecía alterarse lo mas mínimo, eso junto a una presencia misteriosa , perturbaban a la sacerdotisa
- Yo no miento
- Si lo haces… crees que solo teniendo hijos puedes ser madre
- Claro que lo creo… menuda tontería – espeto la enana perdiendo todo el interés en su acompañante
- Si?... que curioso…
La sacerdotisa se levanto y volvió a tomar sus martillos para continuar su entrenamiento
- Sabes una cosa Lizzy?... Una madre es alguien que cuida de otros… alguien que cuida de los que no pueden valerse y les enseña a hacerlo por si mismos
La sacerdotisa se giro para mirar a la encapuchada con los ojos muy abiertos ante el nombre
- Si… Lizzy… así es como te llamaba tu madre no? – Sonrió la encapuchada
- Si… así… así era…
- Crees que tu madre aceptara tu decisión? O su madre? O la madre de su madre?
La enana frunció el ceño… no sabia que responder… Que diría Bertha Silverhammer de su comportamiento? En verdad había sido tan egoísta para solo pensar en si misma? En verdad dejo todo de lado por… por… por cumplir su venganza?
- hay mucha gente que te necesita… mucha gente que sola no puede conseguirlo… mucha gente que esta triste al verte triste a ti – la extraña empezó a hablarla con dura voz – acaso no merecen de tu atención? Es eso lo que hace la Matriarca de las Damas de plata?
- Pero yo… yo no puedo… yo no…
- No es que no puedas ser madre… es que no quieres serlo
- Ni digas eso
- Es la verdad
- Cállate
- Aunque me calle seguirás pensándolo
- No…
- Mientes
- Que No!
- Grita todo lo que quieras… cuando dejes de hacerlo seguirás escuchando mis palabras
- NO QUIERO ESCUCHARLAS
- Porque sabes que tienen toda la razón… y eso te hace ser débil y equivocarte
- NO LA TIENES!!
- Hum… eso crees?... dime entonces porque no la tengo
- Porque…porque… - la enana meditaba largos segundos
- Ya?... aun no lo sabes?
- Porque…
- No busques en tu cabeza razones para darme la contraria… simplemente observa lo que en verdad piensas
- Pero… pero yo…
- Aun no es tarde
La enana miro a la extraña que seguía sentada en la base de la estatua de la reverenda Madre… moviendo jovialmente las piernas que colgaban de esta
- Aun tiene remedio… tus hermanos siguen necesitándote
- No se si podré…
- Yo si lo se… y podrás
- Ahora ya… no lo se
- Bueno… inténtalo si quieres verlo por ti misma
- Soy Venganza… solo sirvo para la lucha
- Para que lucha?
- Para la lucha
- Para que Luchas?
- Para encontrar mi… mi destino
- Y ese es?
- La muerte
- Mal destino
- No tengo otro
- Sigue siendo malo
- Es el que me queda
- Mientes
- Otra vez?
- No has dejado de mentir
- Que dices?
- Que mientes… que cierras los ojos… que no sabes ver
- Tu que sabrás…
- Soy vieja… y lo se
- No tienes ni idea
- Eso crees?
- Así lo creo
- Estas equivocada
- Por que lo dices?
- Porque yo sigo cuidando de los míos… aceptando el daño que les hagan a ellos en mi propio cuerpo . explico la extraña – yo soy su escudo
La sacerdotisa volvió a sentarse de nuevo con los ojos bien abiertos… pues no podía sintetizar lo que la otra figura la decía… Destrozaba sus motivos… les volvía tan absurdos que parecían motas de polvo. Lo que la sacerdotisa creía que era lo que debía hacer solo parecía ya una simple rabieta de una niña
- Juraste proteger a los tuyos… juraste evitar que nada les pasara… y sabes lo que esta ocurriendo?
Lizoldha negó levemente
- Sencillo… en vez de protegerles… les estas haciendo mas daño
- No quiero hacerlo
- Pues no lo hagas… no eres precisamente tonta para no darte cuenta
- No se que hacer
- Bueno… empieza por el principio
La encapuchada señalo la brutal armadura que estaba colocada a un lado… llena de espinas y cuchillas ensangrentadas… decorada con clavos en su interior que mordían la carne de la enana continuamente
- Deja de hacerles sufrir viendo como te haces daño… y empieza a luchar para que nada les dañe
La sacerdotisa se miro su cuerpo lleno de cicatrices y la extraña sonrió gesticulando levemente las manos. Une estallido de energía positiva regó el cuerpo de la testaruda enana… las cicatrices se borraban rápidamente… las heridas sanaban con presteza
- Me… me has curado? – pregunto esta con un deje de esperanza
- No… solo te he facilitado volver a lo que eras… de tus hermanos depende lo que te queda
- Pero ellos…
- Ellos encontraran la manera… son unos barbuditos cabezotas créeme…
La sacerdotisa asintió y tomo su armadura y sus martillos marchando rápidamente… olvidándose de despedirse de la extraña… siquiera de preguntar su nombre
La encapuchada sonrió alzando la cabeza. Miro a la estatua con ojo crítico…
- hum… Yo no tengo esa barrigona… - Frunció el ceño alzándose de un pequeño salto y desapareciendo en la zona mas oscura del templo
La enana camino rápidamente… se adentro en la forja y se puso a trabajar montando un gran escándalo que altero a un nutrido grupo de enanos que se acerco a la puerta para cotillear. Ninguno se atrevía siquiera a abrirla para molestar a la sacerdotisa.
En unas horas la puerta se abrió con fuerza y todos dieron un paso atrás.
Lizoldha vestía una capa azul con el emblema de los Rompecraneos bordado en fina plata… su armadura relucía limpia y arreglada, sin cuchillas ni pinchos… y portaba su plateado casco de Mithril bajo el brazo. Su cara miraba ceñuda a los que se encontraban a su lado con sus ojos azules, su moño cuidadosamente peinado limpio y recogido con una banda de fina plata y sus ropajes igualmente cuidados.
- Que estáis todos mirando? – Espeto a los que curioseaban
- Lizoldha… estáis bien? – pregunto uno de los enanos
- CLARO QUE ESTOY BIEN!! – grito fuertemente causando un pequeño sobresalto en los enanos reunidos – QUE HACEIS TODOS AQUÍ COMO PASMAROTES? VAMOS VAMOS VAMOS!
Los enanos empezaron a ponerse en movimiento rápidamente ante los jaleos de la enana
- Mirar como tenéis todo… esto es un desastre! Acaso una no puede ausentarse unos años sin que destrocéis el lugar? – siguió con sus gritos mientras señalaba lugares sucios o descuidados – Ordenar todo enseguida antes de que os arranque la barba a mordiscos y me haga un jersey!
Los enanos se movían rápidamente colocando cosas… limpiando otras… ordenando mas allá… un par de ellos hablaban mientras rápidamente volvían a su puesto de vigilancia
- Parece que la vieja ha vuelto – murmuro uno
- Si… eso parece – le contesto su hermano – Mierda! Con lo bien que vivíamos antes!
Solo Lizoldha salio del templo… nadie sabe que ocurrió con la encapuchada de blanco que hablo con ella… y ella no parece querer decir nada mas al respecto.
Venganza había muerto ese día… y Lizoldha Silverhammer volvía a empuñar de nuevo sus martillos para hacer su tarea, como Enana, como Rompecraneos y como Madre.