Ardeil
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Abuelo Árbol
Lunargéntea y sus acompañantes emergieron de la densidad del bosque para contemplar una cañada envuelta en sombras. En el centro del claro se alzaba un retorcido roble de proporciones verdaderamente titánicas que sobresalía por encima del resto del techo del bosque. Dos aros concéntricos de tierra, cada uno de alrededor de 40 pies de ancho, rodeaban al colosal árbol. Cuatro robles menores, empequeñecidos por el alcance de las ramas del mayor, crecían también dentro del terraplén interior, dividiéndolo en cuadrantes.
"Este es el legendario patriarca de los bosques," susurró Lunargéntea, "el Abuelo Árbol de antaño".
Sobrecogida, la pequeña compañía avanzó hacia el gigante arbóreo encaramándose a gatas al primer montículo, atravesando la depresión entre ambos anillos para después trepar por el terraplén interior. Aparte de los montículos de origen humano, unos pocos troncos podridos sobre el anillo interno que otrora fueron tótems tribales, así como algunos escalones tallados que llevaban hacia el tronco, eran el único signo visible de que la tribu del Oso azul se había reunido allí con regularidad en el pasado.
Se entabló una breve discusión cuando la compañía decidió qué hacer. Teniendo poco interés en saquear las tumbas de los montículos de tierra, Lunargéntea se acercó a la base del gran árbol y alzó la cabeza siguiendo los escalones.
"Voy a escalar hasta lo alto para reconocer el terreno y nuestra posición", anunció a sus apáticos compañeros.
Siguiendo un camino de más de cuarenta escalones tallados en la retorcida corteza, Lunargéntea llegó a un gran hueco entre dos ramas. Excepto por impronta de una gigantesca garra de oso excavada en el suelo de la abertura, poco más daba a entender que este hubiese sido el lugar más sagrado del tótem del Oso azul. La súbita sensación de estar siendo observado hizo que Lunargéntea mirase hacia las ramas superiores. Durante un instante creyó ver un nervudo hombre vestido de verde, pero al segundo siguiente había desaparecido.
Con la esperanza de alcanzar al caminante arborícola, Lunargéntea comenzó a escalar por el laberinto de ramas. Más de una hora después llegó a la copa del árbol, pero sin haber vuelto a ver a su elusiva presa. Tras apartar las últimas ramas, fue recompensado con una vista fantástica ante un sol mortecino. Ante él se encontraba la perdida Lanza de Morgur. A su izquierda descubrió la estrella más lejana, y hacia la derecha se dirigía el rastro de su díscolo hijo. Era una visión reminiscente del legendario Arvandor, algo que jamás olvidaría.
Fragmento de una narración épica titulada "Árbol fantasma"
atribuida a Mintiper Platalunar
Año de la Caída de la luna (1.344 CV)
Anotaciones del Guardián
El Abuelo Árbol [1] es uno de los seis (aproximadamente) montículos ancestrales que han servido como lugares sagrados de enterramiento para varias de las tribus de bárbaros úzhgardt [2] durante generaciones, y este lugar largo tiempo perdido ha sido buscado durante décadas tanto por miembros de la tribu del Oso azul como de la tribu del Árbol fantasma (así como por muchos estudiosos y aventureros). [3] Como se ha mencionado en anotaciones anteriores, el héroe de la épica "Árbol fantasma", Lunargéntea, es un alias común que engloba a Platalunar y a quienes le han contado sus aventuras. Si este relato se refiere a uno de los viajes reales de Mintiper, entonces el Arpista Solitario debió encontrar el Abuelo Árbol unos veinticinco años antes de que la tribu del Árbol fantasma redescubriese el perdido enclave funerario de los úzhgardt, presumiblemente durante el viaje del Arpista Solitario a través del bosque Alto después de la batalla del paso de Petravolta. Sin embargo, algunas referencias oscuras al folklore de los úzhgardt mezcladas en los textos de la narración sugieren que esta historia es en realidad una recopilación de Mintiper de las aventuras de un bárbaro aventurero úzhgardt desconocido, casi con seguridad de la tribu del Árbol fantasma. [4]
La referencia a la "estrella más lejana" a la izquierda de Lunargéntea ha llevado por el mal camino a muchos buscadores del Abuelo Árbol. Si uno está versado en la nomenclatura y posición de las estrellas del firmamento, podría pensar que es una referencia a la Estrella lejana del cielo del norte, y por lo tanto señal de que Lunargéntea estaba mirando al este cuando se asomó a la copa del Abuelo Árbol. Sin embargo también se puede argumentar consistentemente que Lunargéntea estaba mirando al oeste, si se tiene buen conocimiento de la geografía norteña, la historia de la astronomía y el dialecto ierlann del élfico. "Estrella lejana" es de hecho la traducción de "Y'telarién", el nombre élfico de la Estrella lejana, ya en desuso. El Pueblo Gentil puso los nombres de cada pico de las montañas de la Estrella siguiendo los nombres de varias estrellas del cielo norteño, y aún se usan hoy en día variantes de dichos nombres, aunque ya no se correspondan con los de las estrellas del cielo. [5] Y'telarién es, de hecho, el nombre del pico más septentrional de las montañas de la Estrella, aunque pocos recuerdan su significado en élfico. Siguiendo esta deducción lógica, Lunargéntea podría haber estado mirando al norte cuando miró hacia su izquierda, por lo que quedaría encarado hacia el oeste cuando vio la Lanza de Morgur. Ya que se dice que los úzhgardt están bien versados en el arte de guiarse por las estrellas del cielo del norte, a las que llaman con frecuencia con los nombres de sus dialectos derivados de los ancestros nezherinos que aprendieron a su vez tales nombres de los elfos de Ierlann cuando escaparon de la destrucción de Nezheril, Lunargéntea introduce sin duda esta confusa pista para que sólo los Hijos de Úzhgar puedan encontrar el Abuelo Árbol.
De acuerdo con las historias orales de las tribus úzhgardt, tal y como se recogen en las Historias del tótem de Tulrun de los Chamanes de la bestia, la Lanza de Morgur es el arma legendaria del Hermano de Úzhgar. Si, como sospechan muchos eruditos religiosos, "Morgur" era en realidad Morgred Gardolfsson, hermano de Úzhgar Gardolfsson, el hombre del norte rualzhym que se cree fue el legendario Úzhgar, entonces la Lanza de Morgur puede ser parte de un rico botín saqueado de la fabulosa Ilusk durante una incursión de los hombres de Gardolfsson y que se cree ahora descansa bajo el montículo ancestral conocido como el Túmulo de Morgur. [6] La Lanza de Morgur siempre se ha descrito como una lanza de madera de leñôcaso con una punta de hueso de dragón recubierta por llamas de matiz rosado, dando a entender que, desde la perspectiva de Lunargéntea sobre el Abuelo Árbol, podía ver la cima de una montaña cubierta de nieve (o quizás una cadena montañosa en línea recta) con el sol naciente o poniente justo tras ella.
Otra pista sobre la localización del Abuelo Árbol es la que se oculta en la frase "hacia la derecha se dirigía el rastro de su díscolo hijo". Entre los úzhgardt, el Hijo díscolo es una figura que sólo se encuentra en las tradiciones orales de las tribus del Oso azul y del Árbol fantasma. Se dice que apartó a la tribu del Oso azul del Abuelo Árbol cuando les ordenó partir. [7] Se cree que el Hijo díscolo se llevó consigo una rama podada del Abuelo Árbol, que hoy crece en lo alto de otro montículo ancestral conocido como Piedralzada. [8] Como tal, "el rastro de su díscolo hijo" debería apuntar hacia Piedralzada. Por ello si Lunargéntea estaba mirando al este, entonces Piedralzada quedaría al sur del Abuelo Árbol. Por el contrario, si Lunargéntea miraba al oeste, Piedralzada debe estar al norte del Abuelo Árbol.
Especulando que la referencia a la Lanza de Morgur como "perdida" es una alusión a los picos Perdidos del bosque Alto, que la mención del "sol mortecino" confirma que Lunargéntea estaba mirando al oeste y que "el rastro de su díscolo hijo" puede ser interpretado también como los ents de los bosques de Túrlang, he llegado a la conclusión de que el Abuelo Árbol está al este de los picos Perdidos, justo al sur de la Piedralzada de los bosques de Túrlang y al norte del más septentrional de los picos de las montañas de la Estrella. Dado que la tribu del Árbol fantasma ha anunciado el descubrimiento del perdido asentamiento del Abuelo Árbol hace unos años, puede que compruebe si mi teoría es cierta antes de lo que pensaba. [9]
Notas del cronista
[1] El Abuelo Árbol data del poderío de Aryvandeir, mucho antes de que las Guerras de la corona precipitasen el Descenso de los drow y la caída del imperio Vyshaantar, convirtiéndolo en uno de los seres vivos más viejos de todo Faerûn con más de 13.000 años. Con la excepción del esqueje plantado en Piedralzada (del que se habla más adelante), el gran gigante del bosque es el último ejemplo vivo conocido de "arakhor," un término élfico que se puede traducir libremente como "el que protege el bosque" o "guardián de los árboles". Cercano en algunos aspectos a los elementales, un arakhor extrae vida, energía e inteligencia del bosque en el que vive y devuelve al bosque esa energía sirviéndolo como vigilante y cuidador. Los escritos que se conservan de esa era en manos de los clérigos de Labelas Enoret sugieren que los arakhora eran una forma de ents ancianos, quizás los progenitores de la raza de los ents tal y como la conocemos hoy en día.
Los Ar'Tel'Quessir (elfos dorados) de Aryvandeir colocaron al Abuelo Árbol en su lugar hace milenios, tras el descubrimiento casual de un templo subterráneo que ya era antiguo incluso en aquella época distante (este templo bajo el Abuelo Árbol será tratado en detalle en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). El Pueblo Gentil sospechaba, correctamente, que el templo databa de la era de las Iqua'Tel'Quessir (razas creadoras), y encargaron al arakhor que mantuviese a raya el ancestral mal que moraba en él. Fiel a la consecución de su tarea, el arakhor ha sobrevivido no sólo a la caída de Aryvandeir, sino también a los estados menores que le siguieron (Siluvanede, Sharrven e Ierlann).
En el transcurso de más de diez milenios la naturaleza de los arakhora y el papel que jugaron otrora en la salvaguarda de los reinos élficos han sido olvidados incluso por el Pueblo Gentil. Hoy el Abuelo Árbol es todo un misterio para los elfos del bosque Alto así como para los bárbaros úzhgardt que lo veneran como a un tótem y espíritu del bosque. Los pocos elfos que han encontrado al Abuelo Árbol en los últimos siglos lo suelen venerar como una manifestación terrena de Rilifein Ralazhil.
[2] Se dice que los bárbaros úzhgardt han vagado por el Norte desde la caída de Nezheril en el año de las Telarañas hendidas (-339 CV), aunque gran parte de su historia oral se ha perdido con el paso de los siglos. En realidad, las tribus úzhgardt son descendientes directos de los refugiados nezherinos y de los incursores norteños de Ruazhym.
La historia de los bárbaros úzhgardt comienza con Bey de Runlazha, un poderoso guerrero nezherino que lideró a sus hermanos runlazhanos hacia el oeste hasta el puerto enano de Ascore a través de las tierras de Delzun. Murió en el año de las Sombras fugaces (-330 CV) cerca de la frontera oeste del Reino del Norte, junto a su sueño de crear una nueva patria más allá del territorio del Pueblo Robusto, luchando contra Zukozhot, un nálfeshni que había sido esclavizado hacia tiempo por el archimago que gobernaba Runlazha. Ya que el gobernante de Runlazha había muerto en la Caida de Nezheril, este demonio empezó a saciar su sed de venganza matando a todos los refugiados runlazhanos que encontraba, a pesar del hecho de que ellos también habían sufrido bajo el yugo de los archimagos. Tras atraer al demonio a una gruta subterránea que había encontrado mientras exploraba en busca de un terreno para los colonos, un lugar que hoy se conoce como el Pozo de Beorunna, Bey destruyó a Zukozhot derrumbando la caverna sobre sus cabezas. Tras la muerte de su líder los refugiados runlazhanos se fragmentaron en grupos familiares más o menos aliados, precursores de las tribus úzhgardt de la era moderna, y volvieron a su primitivo estilo de vida.
El siguiente acontecimiento importante en la historia de las tribus úzhgardt comenzó en el año del Héroe reacio (95 CV), cuando un líder de Ruazhym llamado Úzthgar Gardolfsson saqueó la ciudad costera de Illusk, en el emplazamiento de la actual Lúskan. A pesar del éxito de los incursores al rapiñar la ciudad y derrocar a la magocracia gobernante, los habitantes lograron destruir la flota de barcos largos de Úzhgar y hacer huir a los norteños hacia el interior, donde esperaban que las bestias salvajes les aniquilaran. En lugar de eso Úzhgar y sus hombres sobrevivieron, dejando un rastro de villas saqueadas por el Norte durante años. En el momento de la muerte de Úzhgar en el año del Hacha helado (123 CV), las filas de sus seguidores habían aumentado con la incorporación de muchos bárbaros descendientes de las tribus de refugiados rulanzhanos.
Úzhgar murió de las heridas sufridas en el combate contra Gurt, Señor de los Gigantes pálidos, en el lugar que hoy se conoce como Túmulo de Morgur. Al derrotar al gran rey de los gigantes Úzhgar quebró el poder de los gigantes de escarcha y reclamó las tierras entre el Espinazo del mundo y los Páramos eternos para su pueblo, que comenzó a llamarse úzhgardt en su honor. En los siglos que siguieron, la tradición de adoración a los antepasados que seguían los úzhgardt llevó a que Úzhgar fuese reverenciado como un dios que había domesticado a los demás espíritus de las bestias. Dado que el padre de Úzhgar se llamaba Gardolf Beorunna y Bey de Runlazha era apodado "Berun" en la lengua de los norteños, sólo era cuestión de tiempo que ambos personajes legendarios se fundiesen en una sola figura llamada Beorunna. El hermano de Úzhgar, Morgred Gardolfsson, se convirtió también en una figura legendaria y el Túmulo de Morgur, basado en una variante común de su nombre, contiene los restos de ambos hermanos Gardolfsson.
[3] La casi extinta tribu del Oso azul, cuyos territorios tradicionales se centraban en la zona noroccidental del bosque Alto, traza su árbol genealógico hasta uno de los doce hijos de Úzhgar. Aunque los úzhgardt nunca han sospechado la verdadera naturaleza del Abuelo Árbol, durante la mayor parte de la existencia de dicha tribu han celebrado sus ceremonias rúnicas junto a su tronco, y los montículos ancestrales de la tribu rodean al antiguo arakhor.
En el año del Cantobel acechante (342 CV), una horda orca del Gran páramo arrasó el Reino del ciervo de Azhalántar, que se extendía al sur del bosque Alto a lo largo de la Corriente del Unicornio, expulsando a muchos de sus habitantes hacia el norte, a las profundidades del gran bosque. Muchos de los refugiados azhalantanos fueron adoptados por la tribu del Oso azul, aumentando enormemente su número.
En el año del Árbol en llamas (890 CV), durante la ceremonia rúnica anual de la tribu, el Abuelo Árbol estalló súbitamente en llamas, haciendo retroceder a los congregados bárbaros (el motivo tras la acción del arakhor se explica en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). Sólo una de las ramas más bajas del árbol se libró de las llamas, aunque el propio árbol y el bosque circundante parecían no haber sufrido en la gran llamarada, por lo que los bárbaros la podaron antes de retirarse junto a sus camaradas. Tras cortar la rama, la borrosa figura de un hombre vestido de verde pareció surgir del muñón del árbol e introducirse en el bosque, dejando a su paso un rastro de pisadas de oso. Siguiendo tal rastro, los miembros de la tribu se dirigieron al norte hasta que las pisadas ursinas se detenían abruptamente en el centro de un círculo de piedras alzadas. Allí plantó el preciado esqueje el chamán de la tribu, estableciendo el montículo ancestral hoy conocido como Piedralzada.
En los siglos que siguieron la tribu del Oso azul cayó lentamente bajo el dominio de los demonios del castillo Puerta del infierno. Se dice que Málar, el Señor de las bestias, mató o corrompió al tótem del Oso azul durante esta época, aunque no se sabe si ello fue el resultado o la causa del contacto de la tribu con los demonios y sus lacayos. En el año del Puño (1.311 CV), Tanta Hagara, una annis cambiaformas del castillo Puerta del infierno capturó al jefe de la tribu del Oso azul. Creyendo que la hermosa diosa-cazadora bárbara de piel azulada y habilidad para transformarse en un oso de piel azul era un avatar de su demoníaco tótem-bestia, la tribu pronto la adoptó como líder sin discusión. En realidad, la gigantesca saga sólo quería descubrir el emplazamiento del Abuelo Árbol para desenterrar el ancestral mal que había bajo sus raíces. Irónicamente, al emplear a los hombres de la tribu del Oso azul como siervos en su búsqueda, Tanta atizó la llama del deseo por volver a sus antiguas costumbres entre una minoría de bárbaros.
Dos años después, en el año del Roble quebrado (1.313 CV), la tribu del Oso azul se dividió en dos tras una lucha tan sangrienta que ambos bandos tuvieron que retirarse por miedo a la aniquilación. Tras la batalla los rebeldes supervivientes formaron una nueva tribu y abandonaron al corrupto oso-tótem. La tribu del Árbol fantasma, que comenzó a venerar al mítico espíritu del bosque que creían que habitaba dentro del Abuelo Árbol, inició su peregrinaje por todo el Norte en busca del perdido montículo ancestral, pero sin éxito.
Tras otras seis décadas de búsqueda infructuosa del Abuelo Árbol por parte de la tribu del Árbol fantasma, de Tanta Hagara y de la tribu del Oso azul, finalmente los hombres del Árbol fantasma redescubrieron el ancestral lugar en la Cumbre del escudo del año de la Bandera (1.368 CV). A pesar de la presencia de espías entre la tribu del Árbol fantasma pasaron semanas antes de que Tanta Hagara se enterase del éxito de sus rivales. Cuando la noticia del descubrimiento del Abuelo Árbol llegó al castillo de la Puerta del infierno, la annis estaba más preocupada defendiendo su posición como nuevo líder de la fortaleza. Sin embargo Tanta Hagara continuó sus esfuerzos para localizar el antiguo templo que se encontraba bajo el gigante arbóreo y sus agentes seguían recopilando rumores de portales u objetos de gran poder.
Los intentos de Tanta Hagara por hallar al Abuelo Árbol y la Cámara de brumas se encontraron con un súbito final al año siguiente, en el año del Guantelete (1.369 CV), cuando fue aniquilada junto con la casi totalidad de la tribu del Oso azul por las fuerzas aliadas del Brumaestro y las criaturas del bosque Alto. Qué hubiese pasado si la annis hubiese tenido éxito en su búsqueda sigue siendo un misterio que por suerte nunca tendrá respuesta.
[4] El prolongado escepticismo del Guardián sobre el alcance de las aventuras de Mintiper es de nuevo injustificado, ya que Mintiper y sus compañeros sí encontraron el emplazamiento del Abuelo Árbol en el año de la Bota (1.343 CV). De hecho las pistas sobre la localización del Abuelo Árbol que Mintiper incluye en su relato, ya desgranadas en las notas del Guardián, junto con un par de relatos de la historia de la tribu del Árbol fantasma, permitieron a Chungred Corazónfantasmal, el tullido chamán de la tribu, llevar de vuelta a su gente al montículo ancestral.
Mintiper nunca ha explicado por qué no informó directamente de la ubicación del Abuelo Árbol a la tribu del Árbol fantasma, en vez de dejar que su relato se extendiese lentamente por las hogueras de campamento del Norte hasta que los integrantes de la tribu la escucharon más de veinte años después en el año de la Espada (1.365 CV). Una explicación posible es que cualquier miembro de la tribu del Oso azul, de la cual se escindió la del Árbol fantasma, que estuviese versado en la historia de su pueblo, también podría emplear el relato de Mintiper para redescubrir la localización del Abuelo Árbol si lo escuchaba. Quizás el Arpista Solitario quería (o fue inducido por el espíritu del Abuelo Árbol) dejar la distribución de esta narración épica, y con ella la posibilidad de regresar al montículo ancestral, a la voluntad de dioses y bardos.
[5] En una noche despejada el cielo del norte se ilumina con la luz de las estrellas, y las diferentes culturas que viven bajo él han dado incontables nombres a las que brillan con mayor intensidad. Para el Pueblo Gentil de Aryvandeir y los reinos élficos menores que le siguieron, siete de las estrellas más importantes eran Y'telarién (la Estrella lejana), Y'landrozhiel (la Estrella del viajero), N'landroshien (Oscuridad en la luz), Y'mandrizhien (la Estrella cantarina), Y'maeryzhien (la Estrella de los sueños), Y'cervarkiir (la Estrella de la Corona del ciervo), e Y'angarozhien (Fuego celestial). Estos nombres tienen su eco hoy en día en los nombres de los picos más altos de las montañas de la Estrella; Pico lejano, Monte del viaje, Picosombrío, Colina del bardo, Monte de la visión, Cuerno del cazador y Monte Angarozh, respectivamente.
[6] Aunque fue realmente parte del botín rapiñado en el saqueo de Ilusk por los incursores de Gardolfsson, la Lanza de Morgur no está enterrada en el Túmulo de Morgur ni nunca lo ha estado. Tras la muerte de Morgred Gardolfsson el artefacto iluskano fue heredado por uno de los doce hijos de Úzhgar y se convirtió en el arma tradicional del líder la tribu del Pony rojo.
En el año del Pasadizo sin sol (576 CV), las tribus del Pony rojo y del Águila dorada al completo se adentraron hacia la Infraoscuridad a través de una caverna que hay bajo el montículo ancestral de Piedra única. Durante muchos años de vagabundeo ambas tribus degeneraron hasta convertirse en grimórlocks, aunque mantuvieron envilecidas parodias de las tradiciones de su vida anterior. Miembros de ambas tribus adoran hoy en día a un montículo ancestral en la caverna de las Cabezas Hendidas, y viven en sus cercanías en la Infraoscuridad. La Lanza de Morgur sigue siendo el símbolo de poder del cabecilla de la tribu del Pony rojo.
[7] Al igual que la figura atisbada por Lunargéntea mientras escalaba el árbol, el hombre de verde que condujo a la tribu del Oso azul alejándose del Abuelo Árbol era uno de los "tres fantasmas" que han vigilado durante mucho tiempo al anciano arakhor, y no uno de los espíritus guardianes tradicionales invocados durante las celebraciones rúnicas más recientes. Los tres fantasmas son algo diferente, una manifestación del propio Abuelo Árbol que aparecen en épocas de necesidad. Semejantes en algunos aspectos a las dríadas o hamadríadas, los tres fantasmas siempre aparecen como venerables varones de aspecto arrugado que combinan, en distintos grados, los rasgos de humanos, elfos, kórreds y sátiros. La mayoría poseen poderes que rivalizarían con los de un archimago, y parecen ser capaces de adentrarse más allá del bosque Alto, aunque sus poderes disminuyen a medida que se separan del Abuelo Árbol. Pueden asumir tanto forma corpórea como incorporal, y simplemente se desvanecen si son derrotados o destruidos, dejando tras de sí un charco de savia.
[8] Piedralzada es un montículo ancestral tradicional de los úzhgardt, aunque este lugar muestra signos evidentes de haberse empleado para fines religiosos mucho antes de la llegada de la tribu del Oso azul por varias sectas y razas durante siglos, acaso milenios. En el corazón del montículo ancestral, sobre el altar, se alza un alto roble que ha crecido a partir de la rama podada del Abuelo Árbol. Tanto el anillo interior como el exterior, que rodean al altar, están coronados por anillos de menhires separados entre sí unos 10 pies y rematados por dinteles de piedra que unen cada pareja de menhires para formar un arco. Ambos anillos de piedras, que anteceden en siglos la llegada de los bárbaros del Oso azul, poseen símbolos grabados de varios dioses de la naturaleza, incluyendo Bervan el Viajero indómito, el espíritu-tótem del Oso azul (Úzhgar/Málar), Eldazh, Emmantiensien, Lurue, Málar, Mielikki, Moánder, Rilifein Ralazhil, Shialia, Skerrit, Silvanus, Solonor Zhelandira, Tappan y muchos otros cuyos nombres están demasiado gastados para poder ser leídos.
Piedralzada ha servido como montículo ancestral de la tribu del Oso azul desde que sus miembros plantaron el esqueje del Abuelo Árbol en el centro del lugar en el año del Árbol en llamas (890 CV) pero ahora que la tribu del Oso azul ha sido casi aniquilada, la tribu del Árbol fantasma ha asumido la responsabilidad de defender el lugar, cuyos miembros aún consideran suelo sagrado. No obstante los bárbaros del Árbol fantasma nunca pasan al interior del círculo exterior de piedras alzadas, ya que temen con razón a los espíritus guardianes y fuerzas mágicas que moran allí. La tribu del Árbol fantasma no permite que los restantes bárbaros del Oso azul se acerquen siquiera a Piedralzada, no solo por la duradera enemistad entre ambos grupos, si no porque los líderes del Árbol fantasma temen que ello encendería la cólera de Úzhgar.
A diferencia de otros lugares sagrados de los úzhgardt, el último chamán de la tribu del Oso azul, Tanta Hagara, invocó a las sombras de las almas enviadas al Abismo para que sirviesen como guardianes de Piedralzada y, a pesar del lapso de tiempo aún vagan por el lugar. Como resultado de ello el montículo ancestral está vigilado por los fantasmas de más de una docena de miembros muertos de la tribu, cada uno de ellos conocido en vida por su extrema crueldad y propensión a la violencia; en términos de juego los espíritus guardianes de Piedralzada poseen un alineamiento Caótico Maligno a diferencia de los espíritus que pueden encontrarse en el resto de montículos ancestrales de los úzhgardt, que son caóticos neutrales. Los espíritus guardianes de Piedralzada tienen la apariencia de demonios fantasmales, combinando aspectos humanos y bestiales (con frecuencia ursinos). Todos los fantasmas lucen terribles heridas infligidas por las garras de alguna bestia, aunque sus ataques no parecen verse afectados por semejantes heridas mortales.
Al igual que muchos lugares sagrados, Piedralzada posee numerosos poderes mágicos, cada uno de los cuales es otorgado por una deidad de las que tienen grabado su símbolo en los menhires. La fuerza relativa de dichos poderes aumenta y decrece dependiendo de los dioses que hayan sido adorados regularmente en la zona durante períodos prolongados. En la actualidad la influencia de Málar está creciendo, gracias a los varios siglos de veneración de la tribu del Oso azul al Señor de las bestias. Más aún, la corrupción del Abismo que fue extendida por los demonios del castillo Puerta del infierno aún está presente en la zona, aumentando el aura de decadencia y maldad que oprime a cualquiera que se acerque.
Como resultado de todo ello cualquiera que permanezca en el anillo exterior de menhires queda bajo el efecto de un conjuro de protección contra el bien. Cualquier adorador de Málar que esté en el mismo lugar puede transformar a voluntad sus miembros en garras bestiales y/o entrar en un estado de rabia (como el conjuro de clérigo del mismo nombre, Defensores de la fe) a voluntad, cuyos efectos duran hasta que se desee o hasta dos asaltos después de haber abandonado el círculo de piedras. Además, mientras se esté en el círculo interno de piedras, los seguidores del Señor de las bestias pueden transferir sus mentes al cuerpo de un animal designado que esté dentro de los círculos de menhires, de forma idéntica a los efectos de un conjuro de Transferencia animal. Sin embargo este efecto no puede ser finalizado hasta que el animal regresa a Piedralzada o muere. Si el cuerpo de un adorador de Málar es destruido antes de que su mente pueda liberarse del animal al que está poseyendo, su espíritu quedará atrapado permanentemente en dicha forma animal, sin solución posible más sencilla que un Deseo. Se cree que Darkezh Rayotormentoso (CM humano Bbr14), otrora un poderoso guerrero de la tribu del Oso azul, quedó atrapado en el cuerpo de un gigantesco oso en el año del Escudo (1.367 CV) y hoy caza humanos y semihumanos en las tierras salvajes al sur del río Rauvin. Habiendo doblegado el espíritu de Hlutwig Tirolargo, el jefe simbólico de la tribu del Oso azul, Tanta Hagara se libró de su único rival durante una ceremonia rúnica consumiendo su forma física mientras yacía indefenso en el círculo interior de menhires.
Piedralzada puede poseer otros poderes mágicos relacionados con el Señor de las bestias, aún desconocidos, y quizá aún se pueda acceder a algún poder concedido por algún otro dios venerado aquí en otra época. Muchos lanzadores de conjuros han descubierto que lanzando sus hechizos dentro del círculo interior del montículo pueden conseguir que éstos vean aumentado su efecto en un 50% (por ejemplo, un conjuro que durase 6 turnos durará 9, y uno que cure 1d8 puntos de golpe curará 1d8+1d4).
[9] Como ya se ha dicho anteriormente, la tribu del Árbol fantasma descubrió el lugar del Abuelo Árbol en la Cumbre del escudo del año de la Bandera (1.368 CV) (la motivación oculta para que el arakhor permitiese el regreso de la tribu se abordará en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). Varios meses después los bárbaros convocaron su ceremonia rúnica alrededor del montículo ancestral por primera vez en generaciones. El jefe de la tribu, Gunther Dientelargo, ha forjado alianzas con elfos, ents, sátiros, dríadas y otras criaturas del bosque, y toda la tribu ha jurado defender el bosque de cualquier amenaza.
Con el apoyo de Alústriel de Arglûna, la Dama de la esperanza de Luruar y la ayuda de varios elfos verdes que viven en la zona, la tribu del Árbol fantasma ha establecido una pequeña villa a pocos minutos de distancia del Abuelo Árbol. Villafantasma, como es llamado el lugar, se alza por encima del suelo del bosque sobre un grupo de colosales robles. Construida siguiendo las pautas de las ciudades arborícolas de los elfos que se pueden encontrar en otros puntos del bosque Alto, Villafantasma es una comunidad próspera en la que viven más de 350 bárbaros úzhgardt, y que está cobrando importancia como punto de comercio para los habitantes de los bosques circundantes.
Lunargéntea y sus acompañantes emergieron de la densidad del bosque para contemplar una cañada envuelta en sombras. En el centro del claro se alzaba un retorcido roble de proporciones verdaderamente titánicas que sobresalía por encima del resto del techo del bosque. Dos aros concéntricos de tierra, cada uno de alrededor de 40 pies de ancho, rodeaban al colosal árbol. Cuatro robles menores, empequeñecidos por el alcance de las ramas del mayor, crecían también dentro del terraplén interior, dividiéndolo en cuadrantes.
"Este es el legendario patriarca de los bosques," susurró Lunargéntea, "el Abuelo Árbol de antaño".
Sobrecogida, la pequeña compañía avanzó hacia el gigante arbóreo encaramándose a gatas al primer montículo, atravesando la depresión entre ambos anillos para después trepar por el terraplén interior. Aparte de los montículos de origen humano, unos pocos troncos podridos sobre el anillo interno que otrora fueron tótems tribales, así como algunos escalones tallados que llevaban hacia el tronco, eran el único signo visible de que la tribu del Oso azul se había reunido allí con regularidad en el pasado.
Se entabló una breve discusión cuando la compañía decidió qué hacer. Teniendo poco interés en saquear las tumbas de los montículos de tierra, Lunargéntea se acercó a la base del gran árbol y alzó la cabeza siguiendo los escalones.
"Voy a escalar hasta lo alto para reconocer el terreno y nuestra posición", anunció a sus apáticos compañeros.
Siguiendo un camino de más de cuarenta escalones tallados en la retorcida corteza, Lunargéntea llegó a un gran hueco entre dos ramas. Excepto por impronta de una gigantesca garra de oso excavada en el suelo de la abertura, poco más daba a entender que este hubiese sido el lugar más sagrado del tótem del Oso azul. La súbita sensación de estar siendo observado hizo que Lunargéntea mirase hacia las ramas superiores. Durante un instante creyó ver un nervudo hombre vestido de verde, pero al segundo siguiente había desaparecido.
Con la esperanza de alcanzar al caminante arborícola, Lunargéntea comenzó a escalar por el laberinto de ramas. Más de una hora después llegó a la copa del árbol, pero sin haber vuelto a ver a su elusiva presa. Tras apartar las últimas ramas, fue recompensado con una vista fantástica ante un sol mortecino. Ante él se encontraba la perdida Lanza de Morgur. A su izquierda descubrió la estrella más lejana, y hacia la derecha se dirigía el rastro de su díscolo hijo. Era una visión reminiscente del legendario Arvandor, algo que jamás olvidaría.
Fragmento de una narración épica titulada "Árbol fantasma"
atribuida a Mintiper Platalunar
Año de la Caída de la luna (1.344 CV)
Anotaciones del Guardián
El Abuelo Árbol [1] es uno de los seis (aproximadamente) montículos ancestrales que han servido como lugares sagrados de enterramiento para varias de las tribus de bárbaros úzhgardt [2] durante generaciones, y este lugar largo tiempo perdido ha sido buscado durante décadas tanto por miembros de la tribu del Oso azul como de la tribu del Árbol fantasma (así como por muchos estudiosos y aventureros). [3] Como se ha mencionado en anotaciones anteriores, el héroe de la épica "Árbol fantasma", Lunargéntea, es un alias común que engloba a Platalunar y a quienes le han contado sus aventuras. Si este relato se refiere a uno de los viajes reales de Mintiper, entonces el Arpista Solitario debió encontrar el Abuelo Árbol unos veinticinco años antes de que la tribu del Árbol fantasma redescubriese el perdido enclave funerario de los úzhgardt, presumiblemente durante el viaje del Arpista Solitario a través del bosque Alto después de la batalla del paso de Petravolta. Sin embargo, algunas referencias oscuras al folklore de los úzhgardt mezcladas en los textos de la narración sugieren que esta historia es en realidad una recopilación de Mintiper de las aventuras de un bárbaro aventurero úzhgardt desconocido, casi con seguridad de la tribu del Árbol fantasma. [4]
La referencia a la "estrella más lejana" a la izquierda de Lunargéntea ha llevado por el mal camino a muchos buscadores del Abuelo Árbol. Si uno está versado en la nomenclatura y posición de las estrellas del firmamento, podría pensar que es una referencia a la Estrella lejana del cielo del norte, y por lo tanto señal de que Lunargéntea estaba mirando al este cuando se asomó a la copa del Abuelo Árbol. Sin embargo también se puede argumentar consistentemente que Lunargéntea estaba mirando al oeste, si se tiene buen conocimiento de la geografía norteña, la historia de la astronomía y el dialecto ierlann del élfico. "Estrella lejana" es de hecho la traducción de "Y'telarién", el nombre élfico de la Estrella lejana, ya en desuso. El Pueblo Gentil puso los nombres de cada pico de las montañas de la Estrella siguiendo los nombres de varias estrellas del cielo norteño, y aún se usan hoy en día variantes de dichos nombres, aunque ya no se correspondan con los de las estrellas del cielo. [5] Y'telarién es, de hecho, el nombre del pico más septentrional de las montañas de la Estrella, aunque pocos recuerdan su significado en élfico. Siguiendo esta deducción lógica, Lunargéntea podría haber estado mirando al norte cuando miró hacia su izquierda, por lo que quedaría encarado hacia el oeste cuando vio la Lanza de Morgur. Ya que se dice que los úzhgardt están bien versados en el arte de guiarse por las estrellas del cielo del norte, a las que llaman con frecuencia con los nombres de sus dialectos derivados de los ancestros nezherinos que aprendieron a su vez tales nombres de los elfos de Ierlann cuando escaparon de la destrucción de Nezheril, Lunargéntea introduce sin duda esta confusa pista para que sólo los Hijos de Úzhgar puedan encontrar el Abuelo Árbol.
De acuerdo con las historias orales de las tribus úzhgardt, tal y como se recogen en las Historias del tótem de Tulrun de los Chamanes de la bestia, la Lanza de Morgur es el arma legendaria del Hermano de Úzhgar. Si, como sospechan muchos eruditos religiosos, "Morgur" era en realidad Morgred Gardolfsson, hermano de Úzhgar Gardolfsson, el hombre del norte rualzhym que se cree fue el legendario Úzhgar, entonces la Lanza de Morgur puede ser parte de un rico botín saqueado de la fabulosa Ilusk durante una incursión de los hombres de Gardolfsson y que se cree ahora descansa bajo el montículo ancestral conocido como el Túmulo de Morgur. [6] La Lanza de Morgur siempre se ha descrito como una lanza de madera de leñôcaso con una punta de hueso de dragón recubierta por llamas de matiz rosado, dando a entender que, desde la perspectiva de Lunargéntea sobre el Abuelo Árbol, podía ver la cima de una montaña cubierta de nieve (o quizás una cadena montañosa en línea recta) con el sol naciente o poniente justo tras ella.
Otra pista sobre la localización del Abuelo Árbol es la que se oculta en la frase "hacia la derecha se dirigía el rastro de su díscolo hijo". Entre los úzhgardt, el Hijo díscolo es una figura que sólo se encuentra en las tradiciones orales de las tribus del Oso azul y del Árbol fantasma. Se dice que apartó a la tribu del Oso azul del Abuelo Árbol cuando les ordenó partir. [7] Se cree que el Hijo díscolo se llevó consigo una rama podada del Abuelo Árbol, que hoy crece en lo alto de otro montículo ancestral conocido como Piedralzada. [8] Como tal, "el rastro de su díscolo hijo" debería apuntar hacia Piedralzada. Por ello si Lunargéntea estaba mirando al este, entonces Piedralzada quedaría al sur del Abuelo Árbol. Por el contrario, si Lunargéntea miraba al oeste, Piedralzada debe estar al norte del Abuelo Árbol.
Especulando que la referencia a la Lanza de Morgur como "perdida" es una alusión a los picos Perdidos del bosque Alto, que la mención del "sol mortecino" confirma que Lunargéntea estaba mirando al oeste y que "el rastro de su díscolo hijo" puede ser interpretado también como los ents de los bosques de Túrlang, he llegado a la conclusión de que el Abuelo Árbol está al este de los picos Perdidos, justo al sur de la Piedralzada de los bosques de Túrlang y al norte del más septentrional de los picos de las montañas de la Estrella. Dado que la tribu del Árbol fantasma ha anunciado el descubrimiento del perdido asentamiento del Abuelo Árbol hace unos años, puede que compruebe si mi teoría es cierta antes de lo que pensaba. [9]
Notas del cronista
[1] El Abuelo Árbol data del poderío de Aryvandeir, mucho antes de que las Guerras de la corona precipitasen el Descenso de los drow y la caída del imperio Vyshaantar, convirtiéndolo en uno de los seres vivos más viejos de todo Faerûn con más de 13.000 años. Con la excepción del esqueje plantado en Piedralzada (del que se habla más adelante), el gran gigante del bosque es el último ejemplo vivo conocido de "arakhor," un término élfico que se puede traducir libremente como "el que protege el bosque" o "guardián de los árboles". Cercano en algunos aspectos a los elementales, un arakhor extrae vida, energía e inteligencia del bosque en el que vive y devuelve al bosque esa energía sirviéndolo como vigilante y cuidador. Los escritos que se conservan de esa era en manos de los clérigos de Labelas Enoret sugieren que los arakhora eran una forma de ents ancianos, quizás los progenitores de la raza de los ents tal y como la conocemos hoy en día.
Los Ar'Tel'Quessir (elfos dorados) de Aryvandeir colocaron al Abuelo Árbol en su lugar hace milenios, tras el descubrimiento casual de un templo subterráneo que ya era antiguo incluso en aquella época distante (este templo bajo el Abuelo Árbol será tratado en detalle en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). El Pueblo Gentil sospechaba, correctamente, que el templo databa de la era de las Iqua'Tel'Quessir (razas creadoras), y encargaron al arakhor que mantuviese a raya el ancestral mal que moraba en él. Fiel a la consecución de su tarea, el arakhor ha sobrevivido no sólo a la caída de Aryvandeir, sino también a los estados menores que le siguieron (Siluvanede, Sharrven e Ierlann).
En el transcurso de más de diez milenios la naturaleza de los arakhora y el papel que jugaron otrora en la salvaguarda de los reinos élficos han sido olvidados incluso por el Pueblo Gentil. Hoy el Abuelo Árbol es todo un misterio para los elfos del bosque Alto así como para los bárbaros úzhgardt que lo veneran como a un tótem y espíritu del bosque. Los pocos elfos que han encontrado al Abuelo Árbol en los últimos siglos lo suelen venerar como una manifestación terrena de Rilifein Ralazhil.
[2] Se dice que los bárbaros úzhgardt han vagado por el Norte desde la caída de Nezheril en el año de las Telarañas hendidas (-339 CV), aunque gran parte de su historia oral se ha perdido con el paso de los siglos. En realidad, las tribus úzhgardt son descendientes directos de los refugiados nezherinos y de los incursores norteños de Ruazhym.
La historia de los bárbaros úzhgardt comienza con Bey de Runlazha, un poderoso guerrero nezherino que lideró a sus hermanos runlazhanos hacia el oeste hasta el puerto enano de Ascore a través de las tierras de Delzun. Murió en el año de las Sombras fugaces (-330 CV) cerca de la frontera oeste del Reino del Norte, junto a su sueño de crear una nueva patria más allá del territorio del Pueblo Robusto, luchando contra Zukozhot, un nálfeshni que había sido esclavizado hacia tiempo por el archimago que gobernaba Runlazha. Ya que el gobernante de Runlazha había muerto en la Caida de Nezheril, este demonio empezó a saciar su sed de venganza matando a todos los refugiados runlazhanos que encontraba, a pesar del hecho de que ellos también habían sufrido bajo el yugo de los archimagos. Tras atraer al demonio a una gruta subterránea que había encontrado mientras exploraba en busca de un terreno para los colonos, un lugar que hoy se conoce como el Pozo de Beorunna, Bey destruyó a Zukozhot derrumbando la caverna sobre sus cabezas. Tras la muerte de su líder los refugiados runlazhanos se fragmentaron en grupos familiares más o menos aliados, precursores de las tribus úzhgardt de la era moderna, y volvieron a su primitivo estilo de vida.
El siguiente acontecimiento importante en la historia de las tribus úzhgardt comenzó en el año del Héroe reacio (95 CV), cuando un líder de Ruazhym llamado Úzthgar Gardolfsson saqueó la ciudad costera de Illusk, en el emplazamiento de la actual Lúskan. A pesar del éxito de los incursores al rapiñar la ciudad y derrocar a la magocracia gobernante, los habitantes lograron destruir la flota de barcos largos de Úzhgar y hacer huir a los norteños hacia el interior, donde esperaban que las bestias salvajes les aniquilaran. En lugar de eso Úzhgar y sus hombres sobrevivieron, dejando un rastro de villas saqueadas por el Norte durante años. En el momento de la muerte de Úzhgar en el año del Hacha helado (123 CV), las filas de sus seguidores habían aumentado con la incorporación de muchos bárbaros descendientes de las tribus de refugiados rulanzhanos.
Úzhgar murió de las heridas sufridas en el combate contra Gurt, Señor de los Gigantes pálidos, en el lugar que hoy se conoce como Túmulo de Morgur. Al derrotar al gran rey de los gigantes Úzhgar quebró el poder de los gigantes de escarcha y reclamó las tierras entre el Espinazo del mundo y los Páramos eternos para su pueblo, que comenzó a llamarse úzhgardt en su honor. En los siglos que siguieron, la tradición de adoración a los antepasados que seguían los úzhgardt llevó a que Úzhgar fuese reverenciado como un dios que había domesticado a los demás espíritus de las bestias. Dado que el padre de Úzhgar se llamaba Gardolf Beorunna y Bey de Runlazha era apodado "Berun" en la lengua de los norteños, sólo era cuestión de tiempo que ambos personajes legendarios se fundiesen en una sola figura llamada Beorunna. El hermano de Úzhgar, Morgred Gardolfsson, se convirtió también en una figura legendaria y el Túmulo de Morgur, basado en una variante común de su nombre, contiene los restos de ambos hermanos Gardolfsson.
[3] La casi extinta tribu del Oso azul, cuyos territorios tradicionales se centraban en la zona noroccidental del bosque Alto, traza su árbol genealógico hasta uno de los doce hijos de Úzhgar. Aunque los úzhgardt nunca han sospechado la verdadera naturaleza del Abuelo Árbol, durante la mayor parte de la existencia de dicha tribu han celebrado sus ceremonias rúnicas junto a su tronco, y los montículos ancestrales de la tribu rodean al antiguo arakhor.
En el año del Cantobel acechante (342 CV), una horda orca del Gran páramo arrasó el Reino del ciervo de Azhalántar, que se extendía al sur del bosque Alto a lo largo de la Corriente del Unicornio, expulsando a muchos de sus habitantes hacia el norte, a las profundidades del gran bosque. Muchos de los refugiados azhalantanos fueron adoptados por la tribu del Oso azul, aumentando enormemente su número.
En el año del Árbol en llamas (890 CV), durante la ceremonia rúnica anual de la tribu, el Abuelo Árbol estalló súbitamente en llamas, haciendo retroceder a los congregados bárbaros (el motivo tras la acción del arakhor se explica en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). Sólo una de las ramas más bajas del árbol se libró de las llamas, aunque el propio árbol y el bosque circundante parecían no haber sufrido en la gran llamarada, por lo que los bárbaros la podaron antes de retirarse junto a sus camaradas. Tras cortar la rama, la borrosa figura de un hombre vestido de verde pareció surgir del muñón del árbol e introducirse en el bosque, dejando a su paso un rastro de pisadas de oso. Siguiendo tal rastro, los miembros de la tribu se dirigieron al norte hasta que las pisadas ursinas se detenían abruptamente en el centro de un círculo de piedras alzadas. Allí plantó el preciado esqueje el chamán de la tribu, estableciendo el montículo ancestral hoy conocido como Piedralzada.
En los siglos que siguieron la tribu del Oso azul cayó lentamente bajo el dominio de los demonios del castillo Puerta del infierno. Se dice que Málar, el Señor de las bestias, mató o corrompió al tótem del Oso azul durante esta época, aunque no se sabe si ello fue el resultado o la causa del contacto de la tribu con los demonios y sus lacayos. En el año del Puño (1.311 CV), Tanta Hagara, una annis cambiaformas del castillo Puerta del infierno capturó al jefe de la tribu del Oso azul. Creyendo que la hermosa diosa-cazadora bárbara de piel azulada y habilidad para transformarse en un oso de piel azul era un avatar de su demoníaco tótem-bestia, la tribu pronto la adoptó como líder sin discusión. En realidad, la gigantesca saga sólo quería descubrir el emplazamiento del Abuelo Árbol para desenterrar el ancestral mal que había bajo sus raíces. Irónicamente, al emplear a los hombres de la tribu del Oso azul como siervos en su búsqueda, Tanta atizó la llama del deseo por volver a sus antiguas costumbres entre una minoría de bárbaros.
Dos años después, en el año del Roble quebrado (1.313 CV), la tribu del Oso azul se dividió en dos tras una lucha tan sangrienta que ambos bandos tuvieron que retirarse por miedo a la aniquilación. Tras la batalla los rebeldes supervivientes formaron una nueva tribu y abandonaron al corrupto oso-tótem. La tribu del Árbol fantasma, que comenzó a venerar al mítico espíritu del bosque que creían que habitaba dentro del Abuelo Árbol, inició su peregrinaje por todo el Norte en busca del perdido montículo ancestral, pero sin éxito.
Tras otras seis décadas de búsqueda infructuosa del Abuelo Árbol por parte de la tribu del Árbol fantasma, de Tanta Hagara y de la tribu del Oso azul, finalmente los hombres del Árbol fantasma redescubrieron el ancestral lugar en la Cumbre del escudo del año de la Bandera (1.368 CV). A pesar de la presencia de espías entre la tribu del Árbol fantasma pasaron semanas antes de que Tanta Hagara se enterase del éxito de sus rivales. Cuando la noticia del descubrimiento del Abuelo Árbol llegó al castillo de la Puerta del infierno, la annis estaba más preocupada defendiendo su posición como nuevo líder de la fortaleza. Sin embargo Tanta Hagara continuó sus esfuerzos para localizar el antiguo templo que se encontraba bajo el gigante arbóreo y sus agentes seguían recopilando rumores de portales u objetos de gran poder.
Los intentos de Tanta Hagara por hallar al Abuelo Árbol y la Cámara de brumas se encontraron con un súbito final al año siguiente, en el año del Guantelete (1.369 CV), cuando fue aniquilada junto con la casi totalidad de la tribu del Oso azul por las fuerzas aliadas del Brumaestro y las criaturas del bosque Alto. Qué hubiese pasado si la annis hubiese tenido éxito en su búsqueda sigue siendo un misterio que por suerte nunca tendrá respuesta.
[4] El prolongado escepticismo del Guardián sobre el alcance de las aventuras de Mintiper es de nuevo injustificado, ya que Mintiper y sus compañeros sí encontraron el emplazamiento del Abuelo Árbol en el año de la Bota (1.343 CV). De hecho las pistas sobre la localización del Abuelo Árbol que Mintiper incluye en su relato, ya desgranadas en las notas del Guardián, junto con un par de relatos de la historia de la tribu del Árbol fantasma, permitieron a Chungred Corazónfantasmal, el tullido chamán de la tribu, llevar de vuelta a su gente al montículo ancestral.
Mintiper nunca ha explicado por qué no informó directamente de la ubicación del Abuelo Árbol a la tribu del Árbol fantasma, en vez de dejar que su relato se extendiese lentamente por las hogueras de campamento del Norte hasta que los integrantes de la tribu la escucharon más de veinte años después en el año de la Espada (1.365 CV). Una explicación posible es que cualquier miembro de la tribu del Oso azul, de la cual se escindió la del Árbol fantasma, que estuviese versado en la historia de su pueblo, también podría emplear el relato de Mintiper para redescubrir la localización del Abuelo Árbol si lo escuchaba. Quizás el Arpista Solitario quería (o fue inducido por el espíritu del Abuelo Árbol) dejar la distribución de esta narración épica, y con ella la posibilidad de regresar al montículo ancestral, a la voluntad de dioses y bardos.
[5] En una noche despejada el cielo del norte se ilumina con la luz de las estrellas, y las diferentes culturas que viven bajo él han dado incontables nombres a las que brillan con mayor intensidad. Para el Pueblo Gentil de Aryvandeir y los reinos élficos menores que le siguieron, siete de las estrellas más importantes eran Y'telarién (la Estrella lejana), Y'landrozhiel (la Estrella del viajero), N'landroshien (Oscuridad en la luz), Y'mandrizhien (la Estrella cantarina), Y'maeryzhien (la Estrella de los sueños), Y'cervarkiir (la Estrella de la Corona del ciervo), e Y'angarozhien (Fuego celestial). Estos nombres tienen su eco hoy en día en los nombres de los picos más altos de las montañas de la Estrella; Pico lejano, Monte del viaje, Picosombrío, Colina del bardo, Monte de la visión, Cuerno del cazador y Monte Angarozh, respectivamente.
[6] Aunque fue realmente parte del botín rapiñado en el saqueo de Ilusk por los incursores de Gardolfsson, la Lanza de Morgur no está enterrada en el Túmulo de Morgur ni nunca lo ha estado. Tras la muerte de Morgred Gardolfsson el artefacto iluskano fue heredado por uno de los doce hijos de Úzhgar y se convirtió en el arma tradicional del líder la tribu del Pony rojo.
En el año del Pasadizo sin sol (576 CV), las tribus del Pony rojo y del Águila dorada al completo se adentraron hacia la Infraoscuridad a través de una caverna que hay bajo el montículo ancestral de Piedra única. Durante muchos años de vagabundeo ambas tribus degeneraron hasta convertirse en grimórlocks, aunque mantuvieron envilecidas parodias de las tradiciones de su vida anterior. Miembros de ambas tribus adoran hoy en día a un montículo ancestral en la caverna de las Cabezas Hendidas, y viven en sus cercanías en la Infraoscuridad. La Lanza de Morgur sigue siendo el símbolo de poder del cabecilla de la tribu del Pony rojo.
[7] Al igual que la figura atisbada por Lunargéntea mientras escalaba el árbol, el hombre de verde que condujo a la tribu del Oso azul alejándose del Abuelo Árbol era uno de los "tres fantasmas" que han vigilado durante mucho tiempo al anciano arakhor, y no uno de los espíritus guardianes tradicionales invocados durante las celebraciones rúnicas más recientes. Los tres fantasmas son algo diferente, una manifestación del propio Abuelo Árbol que aparecen en épocas de necesidad. Semejantes en algunos aspectos a las dríadas o hamadríadas, los tres fantasmas siempre aparecen como venerables varones de aspecto arrugado que combinan, en distintos grados, los rasgos de humanos, elfos, kórreds y sátiros. La mayoría poseen poderes que rivalizarían con los de un archimago, y parecen ser capaces de adentrarse más allá del bosque Alto, aunque sus poderes disminuyen a medida que se separan del Abuelo Árbol. Pueden asumir tanto forma corpórea como incorporal, y simplemente se desvanecen si son derrotados o destruidos, dejando tras de sí un charco de savia.
[8] Piedralzada es un montículo ancestral tradicional de los úzhgardt, aunque este lugar muestra signos evidentes de haberse empleado para fines religiosos mucho antes de la llegada de la tribu del Oso azul por varias sectas y razas durante siglos, acaso milenios. En el corazón del montículo ancestral, sobre el altar, se alza un alto roble que ha crecido a partir de la rama podada del Abuelo Árbol. Tanto el anillo interior como el exterior, que rodean al altar, están coronados por anillos de menhires separados entre sí unos 10 pies y rematados por dinteles de piedra que unen cada pareja de menhires para formar un arco. Ambos anillos de piedras, que anteceden en siglos la llegada de los bárbaros del Oso azul, poseen símbolos grabados de varios dioses de la naturaleza, incluyendo Bervan el Viajero indómito, el espíritu-tótem del Oso azul (Úzhgar/Málar), Eldazh, Emmantiensien, Lurue, Málar, Mielikki, Moánder, Rilifein Ralazhil, Shialia, Skerrit, Silvanus, Solonor Zhelandira, Tappan y muchos otros cuyos nombres están demasiado gastados para poder ser leídos.
Piedralzada ha servido como montículo ancestral de la tribu del Oso azul desde que sus miembros plantaron el esqueje del Abuelo Árbol en el centro del lugar en el año del Árbol en llamas (890 CV) pero ahora que la tribu del Oso azul ha sido casi aniquilada, la tribu del Árbol fantasma ha asumido la responsabilidad de defender el lugar, cuyos miembros aún consideran suelo sagrado. No obstante los bárbaros del Árbol fantasma nunca pasan al interior del círculo exterior de piedras alzadas, ya que temen con razón a los espíritus guardianes y fuerzas mágicas que moran allí. La tribu del Árbol fantasma no permite que los restantes bárbaros del Oso azul se acerquen siquiera a Piedralzada, no solo por la duradera enemistad entre ambos grupos, si no porque los líderes del Árbol fantasma temen que ello encendería la cólera de Úzhgar.
A diferencia de otros lugares sagrados de los úzhgardt, el último chamán de la tribu del Oso azul, Tanta Hagara, invocó a las sombras de las almas enviadas al Abismo para que sirviesen como guardianes de Piedralzada y, a pesar del lapso de tiempo aún vagan por el lugar. Como resultado de ello el montículo ancestral está vigilado por los fantasmas de más de una docena de miembros muertos de la tribu, cada uno de ellos conocido en vida por su extrema crueldad y propensión a la violencia; en términos de juego los espíritus guardianes de Piedralzada poseen un alineamiento Caótico Maligno a diferencia de los espíritus que pueden encontrarse en el resto de montículos ancestrales de los úzhgardt, que son caóticos neutrales. Los espíritus guardianes de Piedralzada tienen la apariencia de demonios fantasmales, combinando aspectos humanos y bestiales (con frecuencia ursinos). Todos los fantasmas lucen terribles heridas infligidas por las garras de alguna bestia, aunque sus ataques no parecen verse afectados por semejantes heridas mortales.
Al igual que muchos lugares sagrados, Piedralzada posee numerosos poderes mágicos, cada uno de los cuales es otorgado por una deidad de las que tienen grabado su símbolo en los menhires. La fuerza relativa de dichos poderes aumenta y decrece dependiendo de los dioses que hayan sido adorados regularmente en la zona durante períodos prolongados. En la actualidad la influencia de Málar está creciendo, gracias a los varios siglos de veneración de la tribu del Oso azul al Señor de las bestias. Más aún, la corrupción del Abismo que fue extendida por los demonios del castillo Puerta del infierno aún está presente en la zona, aumentando el aura de decadencia y maldad que oprime a cualquiera que se acerque.
Como resultado de todo ello cualquiera que permanezca en el anillo exterior de menhires queda bajo el efecto de un conjuro de protección contra el bien. Cualquier adorador de Málar que esté en el mismo lugar puede transformar a voluntad sus miembros en garras bestiales y/o entrar en un estado de rabia (como el conjuro de clérigo del mismo nombre, Defensores de la fe) a voluntad, cuyos efectos duran hasta que se desee o hasta dos asaltos después de haber abandonado el círculo de piedras. Además, mientras se esté en el círculo interno de piedras, los seguidores del Señor de las bestias pueden transferir sus mentes al cuerpo de un animal designado que esté dentro de los círculos de menhires, de forma idéntica a los efectos de un conjuro de Transferencia animal. Sin embargo este efecto no puede ser finalizado hasta que el animal regresa a Piedralzada o muere. Si el cuerpo de un adorador de Málar es destruido antes de que su mente pueda liberarse del animal al que está poseyendo, su espíritu quedará atrapado permanentemente en dicha forma animal, sin solución posible más sencilla que un Deseo. Se cree que Darkezh Rayotormentoso (CM humano Bbr14), otrora un poderoso guerrero de la tribu del Oso azul, quedó atrapado en el cuerpo de un gigantesco oso en el año del Escudo (1.367 CV) y hoy caza humanos y semihumanos en las tierras salvajes al sur del río Rauvin. Habiendo doblegado el espíritu de Hlutwig Tirolargo, el jefe simbólico de la tribu del Oso azul, Tanta Hagara se libró de su único rival durante una ceremonia rúnica consumiendo su forma física mientras yacía indefenso en el círculo interior de menhires.
Piedralzada puede poseer otros poderes mágicos relacionados con el Señor de las bestias, aún desconocidos, y quizá aún se pueda acceder a algún poder concedido por algún otro dios venerado aquí en otra época. Muchos lanzadores de conjuros han descubierto que lanzando sus hechizos dentro del círculo interior del montículo pueden conseguir que éstos vean aumentado su efecto en un 50% (por ejemplo, un conjuro que durase 6 turnos durará 9, y uno que cure 1d8 puntos de golpe curará 1d8+1d4).
[9] Como ya se ha dicho anteriormente, la tribu del Árbol fantasma descubrió el lugar del Abuelo Árbol en la Cumbre del escudo del año de la Bandera (1.368 CV) (la motivación oculta para que el arakhor permitiese el regreso de la tribu se abordará en el capítulo 9 de este libro, "Cámara de brumas"). Varios meses después los bárbaros convocaron su ceremonia rúnica alrededor del montículo ancestral por primera vez en generaciones. El jefe de la tribu, Gunther Dientelargo, ha forjado alianzas con elfos, ents, sátiros, dríadas y otras criaturas del bosque, y toda la tribu ha jurado defender el bosque de cualquier amenaza.
Con el apoyo de Alústriel de Arglûna, la Dama de la esperanza de Luruar y la ayuda de varios elfos verdes que viven en la zona, la tribu del Árbol fantasma ha establecido una pequeña villa a pocos minutos de distancia del Abuelo Árbol. Villafantasma, como es llamado el lugar, se alza por encima del suelo del bosque sobre un grupo de colosales robles. Construida siguiendo las pautas de las ciudades arborícolas de los elfos que se pueden encontrar en otros puntos del bosque Alto, Villafantasma es una comunidad próspera en la que viven más de 350 bárbaros úzhgardt, y que está cobrando importancia como punto de comercio para los habitantes de los bosques circundantes.