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Aeris Noctebrisa

Madao-san

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[fade]Diario de Aeris Noctebrisa, arquera arcana de la estirpe de Olothontor.[/fade]

Tras hablar con una amiga, he decidido escribir este diario, no vaya a ser que olvide quien soy algún día. A demás, quiero recordar siempre de cómo he llegado a esta situacion para , algun día, llegar a comprenderla. Soy Aeris Noctebrisa, Nacida en Bosqueluna y criada en la ciudad de Aguasprofundas, entre humanos y acogida en esta magnifica ciudad de Suldanessalar. Arquera en la milicia, Innata tardía en Amn y de la estirpe del viejo Olothontor desde el día que nací.

Renegaba de ello, lo temía, huí de mi familia e incluso he llegado a ocultarlo por miedo. No soy como él, no quiero parecerme a él, Tal vez, mi herencia de esa gran sierpe azul sea tan sólo un vestigio de un retazo de la mitad de una gota de su sangre en uno de mis antepasados. Pero me atormenta pensarlo desde que descubrí mis dones innatos. Creo que por el tiempo que pasó y por las historias que escuché, debió tratarse de la bisabuela de mi bisabuela Aeviel Brisanocturna.

Siempre se me dijo que fue una de las pocas que había podido escapar de las garras de esa sierpe gracias a una canción salida de su ingenio. Pero también al tiempo de escapar, se supo de su estado, encinta.

Nunca tuvo un esposo, pero si descendencia. Y de esa descendencia algunos con su herencia bien visibles, por lo que cuentan los escritos. Pues bien, una de esos descendientes con el don a flor de piel fue mi abuela, como decía antes. lo cual me quita toda la duda de dónde viene mi afinidad con la urdimbre. Procedencia que hasta la fecha, por miedo a perder a mis buenos amigos, he ocultado.

Pero eso ha cambiado, he empleado muchas horas en hablar con descendientes de dragón, en especial con Aionele, de la que hablaba antes, una semidragona cobriza cuya memoria se remonta a hace 40 años, muy poco para su linaje élfico. Aun así me ha enseñado a no pensar en ello, a no darle más vueltas de lo que necesita. Simplemente a aceptarme a mi misma y si alguna vez sucede algo, que suceda. Mientras siga siendo quien soy, ne da igual.

Por no olvidar, hablaré de mi pulsera. Es una reliquia de familia, En realidad existen 34 de ellas, cada una con una frase de las 34 que componen la canción de Aeviel. Todas ellas inscritas con filigranas élficas y repartidas entre todos las familias de los descendientes de tal intrépida aventurera. Algún día investigaré más sobre ello, tal vez volver a reunir las frases y ordenarlas sólo por recordar aquella obra.

Con respecto a mis últimos días.

El primer Ataque

Hace ya tiempo que llegué a Amn, donde conocí gente importante para mi, tanto humanos cómo de cualquier otra raza, pero cómo he empezado tarde a escribir seguro que me olvido de mencionarlos a todos, para no ser injusta los iré recordando a partir de aquí, y nombrándolos para ejemplificar casos según sea necesario. Asi que de momento, empezaré por lo que se está moviendo ahora en torno a mi persona.

Sucedió hace ya varios ciclos, me encontraba en los alrededores del ducado de Noromath. Antes de seguir haré un inciso para reconocer que no se me da mal tallar y fabricar flechas en distintas maderas. Incluso he llegado a ganar algún prestigio aunque no me dedico al comercio de ellas. Pues bien, recuerdo salir al atardecer para aprovechar las mejores horas antes de la noche, cuando la fresca permite trabajar cómoda y la madera se ha secado bien a lo largo del día.

Comencé a trabajar en un álamo que previos días antes había marcado no acababa de terminar mi primera rama y al bajar para cargar los leños en el buey que traje, me di cuenta de lo nervioso que estaba. Agitaba la cabeza violentamente y tiraba con fuerza de las riendas tratando de librarse de ellas. Dejé los leños en el suelo y me acerqué a calmar a la bestia, Malditos sean todos ellos, a penas hube dado dos pasos cuando comencé oír ballestas amartillándose. una de ellas tras mi propia nuca. Un montón de Drow surgieron de la nada, amenazándome.Pocas veces había pasado tanto miedo. Mi corazón latía como si se fuera a salir del pecho. Mis ojos miraban rápidamente los alrededores sólo para encontrar más de ellos emergiendo de entre los matorrales. Mientras, el que parecía ser el cabecilla, un misterioso semidrow no paraba de intentar acabar con mi voluntad con palabras de desasosiego y amenazas de llevarme cómo esclava a la infraoscuridad.

Creo que lo que sucedió después, es la vez que más claro me ha mostrado la suerte que tengo de poseer el don de la magia. Con la mente trabajando a toda prisa, miré de reojo al buey... y, aliada de la suerte, aproveché el revuelo que causó una flecha de los arqueros de su majestad al caer entre los drow. Una patrulla pareció verles y en ese instante aproveché el desconcierto para transponerme con el buey justo cuando el semielfo daba la orden que me hubiera ejecutado.

Como una posesa respondí fuego con fuego.. lancé todo lo que tenía... desgastando mi cuerpo y mi poder, con varias flechas explosivas abatí a unos pocos. .no sabría decir el numero pues quedaron maltrechos tras las explosiones. Y tal cómo habían aparecido, desaparecieron, sin dejar rastro alguno. Imposibles de rastrear. Quien iba a suponer que lo que consideré una pequeña victoria se transformaría en algo tan amargo.





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