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Akasha

Kaira

Perro de Dan
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Mulhorand
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¿Recuerdas aquello con lo que naciste? Algo que asumiste que siempre estaría ahí, que era para todos tan natural como respirar. Que ni siquiera debía llevar nombre, porque era tan obvio que parecía innecesario. Algo que los esclavos carecen; libertad.

No todo partió así. Al inicio, Naeris se sentía feliz de la vida que llevaba en el vientre, a pesar de que desconociera el violador que la puso en ese lugar. Pero el hambre y la desesperación pudieron más que incluso el aparente 'amor de madre' que dicen, se lleva en la sangre.
¿Cómo se explica que una madre sea capaz de prometer a su hija aún no nacida como pago a un esclavista? Tal vez en aquel entonces, la balanza parecía estar equilibrada hacia los lujos ofrecidos por el hombre y la vida de Akasha no tenía el peso necesario para cambiar el curso de las cosas.

Pero pasó. Apenas dejó de ser necesaria la leche materna en el crecimiento temprano de Akasha, su madre le entregó, siendo aquella la última vez que escuchó su voz o vio su rostro, el cual ni siquiera recuerda. Cayó en los brazos de un esclavista Mulhoriano quien se encargó de su crecimiento en base a la disciplina del servicio hasta que cumplió los seis años de edad. No había lugar para infancia o berrinches de menores, debía formarse con las cadenas que la vida le impuso.
Recuerda con claridad cómo fue vendida por primera vez. A pesar de su rebeldía, su dueño 'nuevo' quedó encandilado por la belleza de la menor y se arriesgó con la compra. La disciplina comenzó a ser impartida mediante violencia y trato duro, trabajo forzado y poco aprecio por su integridad . Las marcas de la esclavitud calaron profundo en su piel, e incluso generó cicatrices que hasta el día de no son apreciables a simple vista.

Fueron años difíciles, pero tal vez el mismo destino quiso dejar de jugar con ella. Se trató de un día normal cuando, tras regresar de unos pedido de su dueño, encontró al mismo desplomado en el comedor, aparentemente ahogado con su propia comida. No sintió nada al ver su cuerpo inerte ahí; ni pena ni rabia ni felicidad. Lo único similar a una emoción que le invadió fue una molestia, como un piquete de mosquito en sus interior. Sabía que aquello sólo significaba una cosa; volvería a ser vendida al mejor postor, alguien desconocido y que le usaría a su pleno gusto, después de todo, ella no era una persona.





Athkatla
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Se encontró a sí misma viajando a Amn. Desconocía el país, pero al menos en su crianza se había contemplado lo básico del idioma común para que pudiese desenvolverse igual en dicho lugar. Su cuerpo estaba claramente desnutrido y débil, así como su mirada parecía vacía cuando fue puesta en los barrios bajos, desnuda y con un cartel en su cuello que indicaba su número de esclava, un nombre vago y sus cualidades. Escuchaba los cuchicheos a su alrededor, sentía el peso de las algunas miradas lascivas, otras cargadas con lástima o asco. Sentía cómo las ofertas de la subasta comenzaban a ser pronunciadas. Una de esas indicaría la identidad de su nuevo amo. No pensaba en nada, no quería siquiera imaginarse cómo sería todo a partir de ese momento, inhibió sus sentimientos para volver a ser el objeto. Y luego lo escuchó.
Alzó la barbilla para ver al hombre que le había comprado. El cabello azabache perfectamente arreglado como aquellos ojos carmesí lograron hacerle pestañear con ligera sorpresa mientras caminaba a su encuentro. Se preparó para ser manoseada y examinada, como se acostumbra a hacer con un objeto nuevo, pero lo que recibió a cambio fue el peso cálido de una capa rodeando su espalda, cubriéndole del resto de miradas... Y una sonrisa.

El camino a su morada fue silencioso y tranquilo, sereno como el mismo hombre que le incitaba a ir a su lado. Era un día especialmente cálido, así como la casa que se alzaba frente a su vista. Apenas entró en ella, temblando y con la cabeza gacha en la espera de algún tipo de orden, una paternal risa se escuchó de parte del otro hombre que habitaba el lugar, pareja de su comprador. El mismo le extendió una manzana, así como ropa ligera para cubrir su desnudez. Akasha levantó el rostro para encontrarse con la pareja de hombres, los Andersen, mirándola abrazados entre sí e intercambiando una mirada antes de pronunciar unas palabras al unísono. Palabras que dejaron a la joven perpleja mientras les miraba con incredulidad.


"Eres libre, Akasha"




Athkatla
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Estaba teniendo un sueño recurrente. En él, una sombra se manifestaba ante ella, una sombra que no podía reconocer por más que lo intentara. No podía alcanzarla debido al peso de las cadenas que traía en sus pies, pero Akasha se esforzaba por ir tras ella. Siempre era el mismo sueño, incluso lo soñó durante esa vez.

A pesar de lo avanzada de la noche, unos cuchicheos terminaron por despertarle. Llegó a pensar que se trataba de Varg o sus padres con alguna pesadilla o problema para dormir, por lo que se levantó a ver qué pasaba y si era necesaria su ayuda como empleada de la casa Andersen.

Hasta el día de hoy se pregunta cómo hubiese sido todo de haber llegado al salón principal unos minutos más tarde. Los sonidos de golpes contra las puertas le alertaron; parecían hostiles y, hasta donde la menor sabía, los demás empleados de la casa dormían plácidos en sus habitaciones del primer piso. Un escalofrío le recorrió y el mal presentimiento impulsó a la morena a esconder su pequeño cuerpo tras las puertas un diminuto armario decorativo presente en el lugar. A través de la separación de las puertas pudo apreciar toda la desgarradora escena; como la pareja estaba amordazada, encadenada y con claros signos de haber sido golpeada. Intentó salir para detener los abusos, pero... ¿qué podría hacer una niña de 14 años contra ellos? No, debía esperar el momento indicado.

Sudaba y su corazón estaba a punto de salirse de su pecho, sus ojos estaban llenos de lágrimas de desesperación, pero se forzó a no hacer ruido. No pudo hacer nada más que ver, incrédula, como traían a Varg y le herían frente a sí misma. La impotencia le quemaba por dentro, ¿por qué sólo podía quedarse a ver cómo destruían lo único que le trajo luz alguna vez?

Su mente se nubló y como un animal atento al descuido de su presa, sólo pudo aprovechar el instante en que las tres personas externas se giraban para concentrarse en los dos mayores Andersen y dejaban al menor desatendido. Abrió con extremo cuidado la puerta del armario y salió para abrazar las piernas de Varg y sacarlo de la escena a rastras, mientras frente a ellos, los padres del menor eran asesinados a sangre fría y sin piedad. Las risas de los asesinos cyritas retumbaban en los oídos de Akasha, quien se esforzaba en apartar lo único que quedaba de esa familia.

No supo si los cyritas estuvieron demasiado ocupados de desollar a Balder y Leif Andersen o si simplemente les ignoraron mientras volvían a esconderse al ropero. El camino de sangre era obvio, pero Akasha no podía pensar, sólo pudo abrazar a Varg entre temblores de su cuerpo, llevar su diestra a al ojo herido de él como si eso fuese a calmar la hemorragia y murmurar. Murmurar mientras lloraba.
"Todo va a estar bien"

Afortunadamente los demás sirvientes de la casa fueron más prestos y dieron aviso de la intrusión de los bandidos a los guardas, quienes se apresuraron en irrumpir en la morada Andersen antes de que los cyritas cegaran las vidas de Varg y Akasha también.
Esa noche, toda la luz volvió a apagarse.





Cumbre del Escudo
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La noche había caído sobre el campamento. Akasha y su maestra, Kaira, se habían apostado en el lugar. La mayor era una mujer curtida, morena y en los inicios de sus treintas, llevaba el símbolo de Helm dibujado en su armadura además de dos enormes ojos en cada uno de sus brazos, junto a una enorme espada de mano y media, así como un escudo de torre.

La mujer mayor se encontraba haciendo la vigilia mientras Akasha dormía plácidamente en el lugar. De pronto, su sueño se vio interrumpido por fuertes sonidos del fiero resonar del metal. Su maestra se encontraba luchando contra una ingente cantidad de insepultos, intentando contener la plaga que se encontraba en frente de ellas. Kaira acababa uno a uno con los no-muertos que eran alzados haciendo gala de sus poderes divinos, mientras la joven a duras penas intentaba levantarse.

La lucha continuó, y mientras más eran cercadas, la paladina helmita intentaba con más esfuerzos acabar con aquella horda, mientras mantenía a Akasha a salvo, sin mucho éxito... de pronto, el número de insepultos que le rodeaban era demasiado para poder hacerles frente, aunque ambas mujeres pelearan. Parecía ser el fin de las dos y por más que Akasha buscó un arma para defenderse, un suspiro pesado de Kaira le hacía entender que sus esperanzas eran nulas. Los insepultos se abalanzaron sobre ambas, llevándolas a retroceder y chocar sus espaldas entre sí, preparadas para lo peor.

En aquel instante perdió el conocimiento, mientras podía ver, en frente de ella, la noble figura de Helm. Era una enorme armadura reluciente, con una espada de mano y media clavada en el suelo, además de varios dibujos de ojos en todo su cuerpo. La imponente figura asintió al frente de ella, mientras era llevada rápidamente a la realidad. Una luz engulló poco a poco a la chica y a su maestra, mientras las aberraciones eran destruidas una por una... En aquel mismo instante, perdió por completo la consciencia, cayendo desplomada en el lugar, sin embargo, viva, junto a la otra mujer.





Athkatla
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Dio el primer paso de vuelta a Athkatla. Un paso firme y seguro, frente a una ciudad que había cambiado por completo frente a su vista. ¿Cuántos años habían pasado desde que la había dejado? No lo recordaba, pero ciertamente evocó algunos recuerdos de su pasado no todos gratos.

Había abandonado la ciudad siendo una niña sin rumbo alguno y volvía a ella siendo una mujer y Paladín de Helm en todo su esplendor tras la cumbre del escudo. Su piel morena destacaba bajo una armadura grisácea bastante simple. Así como si mirada intensa protagonizada por las orbes turquesa que contrastaban con el resto de su rostro, dejando ver también firmeza en ella. Sus largos cabellos castaño rojizos atados para mayor comodidad. Era una imagen realmente bella y atractiva de ver, pero también dejaba en claro que había aún más oculto bajo sí misma.

Era hora de un nuevo despertar, con motivaciones y aspiraciones claras. Sólo que esta vez, las cadenas no le impedirían actuar. El guardián había nacido.
 

Kafciel

Minsorrano sin caminos
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Offtopic :
"El guardián había nacido"- Esa frase matadora uwu
De igual manera, buena historia y animo 8)
 

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