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Al servicio del Juez

Zai

Karonte está escribiendo...
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Una historia de fantasmas.


Julieth vio al fantasma de ropajes ajados y rotos junto al altar del Señor de los Muertos y abandonó la formación que la Orden del Radiante Corazón había montado para realizar la patrulla. Se adelantó con paso tranquilo hacia él, escoltada por la siempre vigilante Cassandra.​

- ¿Os habéis desviado del camino? -dijo Julieth en un tono tranquilo y conciliador.

- ¿Por qué no me ha reclamado junto a él…? - respondió el fantasma con un deje de tristeza en su voz al percatarse de la presencia de ambas, pero sin apartar la mirada del altar kelemvorita.

- Tenéis algo pendiente por hacer aquí, me temo, y esa necesidad es un grillete que os impide marchar a su lado. ¿Cómo habéis terminado aquí?

Tras un silencio prolongado, el fantasma accedió a responder - Recuerdo una pelea... Un viejo amigo, Theodor y yo..., después todo se volvió oscuridad. Crecimos juntos y trabajamos codo con codo como marinos de puerto durante años... No era el mejor trabajo pero era una buena vida.

- ¿Es la venganza lo que os atormenta?
-preguntó la sacerdotisa del Juez con un tono tranquilo, desviando un momento la mirada hacia Cassandra. Cassandra afiló la mirada fija en el fantasma, atenta a cualquier posible movimiento hostil.

- No, no… No busco venganza, solo ansío descanso y felicidad para una amiga cercana. Si debéis acabar conmigo, podéis hacerlo.

- ¿Cuál es su nombre?
- la guardiana rompió su silencio, relajando un poco su gesto y su actitud.

El fantasma se giró de pronto, observando a ambas mujeres y con una calidez impresa en sus palabras, aún estas marcadas con un deje de tristeza, respondió - Su nombre es Eloisa. Trabaja en las Cinco Jarras como camarera y se pasa el día allí metida, ciertamente la veía poco… Me hubiese gustado despedirme de ella, desearle una vida feliz y…

- Sea. Desde la Ciudad del Juicio se me encomienda velar por vos y así pues será dispuesto. Mi nombre es Julieth de Kélemvor y en nombre del Señor de los Muertos contraigo vuestro cometido y os libero de los grilletes que os retienen aquí. Marchad en paz, pues os doy mi palabra de que ella sabrá de vuestra partida.


El fantasma asintió lentamente y sonrío mientras la sacerdotisa del Juez alzaba su símbolo sagrado en alto.

Un haz de luz cegadora lo iluminó todo.



cem.png





************************




Horas más tarde, Lili se movía rápida por las Cinco Jarras con la facilidad de quien conoce aquel lugar al detalle ante la sorprendida mirada de Aaren y Julieth. Tras preguntar a la dueña del establecimiento, esta señaló al fondo de la estancia donde una camarera estaba sirviendo unas bebidas y riendo mientras hablaba con unos clientes habituales del local. Finalmente, se acercó al dúo kelemvorita con una mirada triunfal.

- Es la muchacha del fondo -señaló con el mentón momento antes de iniciar la marcha- Venid, os la presento.

El grupo caminó hacia la camarera, que alegre saludó a Lili con un tono jovial momentos antes de ofrecerles una comida y un lugar donde sentarse con la diestra, señalando una de las mesas vacías que había al fondo. Aunque todo su aire jovial se esfumó de pronto al ver el rostro de los tres aventureros, reparando en los símbolos kelemvoritas que portaban en su armadura Julieth y Aaren.

-¿Ha pasado algo…? -musitó con la voz algo quebrada.

- Venimos a hablar acerca de su amigo Khaled. ¿Tendríais un momento para nosotros? -respondió con voz conciliadora la sacerdotisa del Juez, aunque en sus ojos podía verse con claridad la noticia.





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Gracias a DM Jamón por la escenaza. Así da gusto ser kelemvorita <3
 
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Zai

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El valor del camposanto.



- Me gusta más la labor que hacéis los kelemvoritas ahora que el miedo que hacía propagar los seguidores del Señor de los Huesos - Erin sonreía conforme bajo el pálido mano de la luna llena ante las puertas del hospicio mirando a la sacerdotisa del Juez. Jul le devolvía la miraba con la cabeza ladeada cuando algo llamó la atención del dúo.

-¡Dejen de hacer el canalla! ¡Hace días que no veo a mi esposa! -la voz de un anciano alterado silenció la conversación de las dos aventureras.

-¿Cómo…? - Murmuró la sacerdotisa del Juez, iniciando la marcha hacia el lugar.

-Ahí va mi cena… -Susurró la selunita, mirando un instante al cielo antes de ir tras su compañera. Cuando ambas alcanzaron la situación, fue Erin la primera en preguntar.-¿Qué ocurre buen hombre? ¿Se encuentra bien?

anciano1.png
- ¿Eh? ¡No! ¡No me encuentro bien! ¡Qué despropósito! ¡No me dejan entrar a ver a mi esposa!

La sacerdotisa del Juez frunció el ceño mirando la entrada del cementerio y luego observó al guardia. -¿Por qué no puede pasar? -Dijo con un tono sereno, clavando la mirada en los ojos del guardia.

-No se puede pasar, es peligroso y es de noche.

-¡Pues métanse dentro en vez de estar fuera haciendo el gandul! ¡Qué falta de respeto! ¡Habrase visto! -exclamó el anciano alterado, señalándolos de manera acusadora.

Erin se bajó la capucha y dejó libre la melena, observando a los guardias. Con un gesto tranquilizador, apoyó la mano en el hombro del anciano y con la zurda le pidió sin mediar palabra que se calmase un poco.

Julieth aún delante de aquel guardia meditó un instante las palabras, observó de reojo al anciano y luego volvió a clavar la mirada en el guardia. -¿Cuál es la razón de ser de un camposanto? Respóndeme, anda.

-Eh… ¿Guardar cadáveres? -respondió el guardia, dubitativo.

- No. -Sentenció Julieth como respuesta - Es velar a los que quedaron atrás. ¿En qué Amn vivimos en el que ese lugar que hay a vuestras espaldas se ha convertido en un campo de batalla donde solo entran patrullas? Si un anciano necesita velar por un pariente, es tu deber como guardia acompañarlo, porque estamos luchando por la memoria de los caídos.

-Pero… Tengo que estar aquí… -Dijo el soldado, dando un paso atrás.

- Hay más compañeros guardias aquí -la sacerdotisa señaló al resto con un amplio gesto de la mano - Y este anciano os necesita.

-¡No moleste señora! -dijo uno de los soldados desde el fondo mientras zarandeaba una ballesta con la diestra.

-¡Cállate idiota…! ¿No sabes quién es? -respondió el otro guardia, dándole un leve empujón a su compañero.

Se hizo un largo momento de silencio que Erin interrumpió dando un paso hacia delante, arqueando una ceja. - Creo que no os he oído bien… ¿Habéis dicho “Sí, señora”, verdad?

-La verdad es que tenéis razón -afirmó finalmente el guardia, dejando ir un leve suspiro.

Julieth aprovechó el suspiro para acercarse al guardia y apoyarle una mano en el hombro. -Amigo, debemos velar por la memoria de los caídos o podéis cerrar ese lugar. De nada sirve montéis guardia si lo habéis sentenciado ya.

-Tenéis razón, dama Julieth. - El guardia alternó la mirada entre las dos aventureras y finalmente miró al anciano - Caballero, espero que acepte mis disculpas. Por favor, acompáñeme.

-Gracias joven… Menos mal que aún hay gente que se preocupa por los demás -dijo con la mirada vidriosa- ¡Ya mismo estaré con mi Glora!

Ambos, guardia y anciano se fueron juntos en dirección al cementerio mientras las dos aventureras intercambiaban una mirada satisfecha. Estaban apunto de retirarse ambas con un porte serio y elegante cuando se oyó la voz del anciano y el guardia a lo lejos quebraron toda seriedad en una carcajada.


-¡Pero pon la espalda recta leñe!

- Es por el peso de la armadura…

- ¡Con tu edad yo acarreaba trigo…! ¡Y eso sí pesaba!


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Gracias a DM Khaof por la escena y a Verenestra por el rato xD Fue muy divertido
 

Zai

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Buscando consejo.




El constante movimiento de la gente en la ciudad de las caravanas era casi hipnótico para Julieth. Ya había anochecido pero la kelemvorita pudo ver cómo la lluvía había pasado dejando a sus espaldas una alfombra de estrellas cosidas en la cúpula nocturna. Echó un ojo al guardia fúnebre que la escoltaba silente y una melancólica sonrisa se dibujó en sus labios: No necesitaba llegar a la Espiral para saber cómo terminaría aquella conversación, pero debía intentarlo.


- ¿Queréis que os vigile la montura? -Susurró su escolta cuando Jul hubo desmontado. Ella asintió por toda respuesta.



************************


Esp.png


Los pasos acerados de la sacerdotisa resonaron por la Espiral de las Almas como un coro que anunciaba su llegada. Cuando llegó ante el alto sacerdote, clavó una rodilla en el suelo y agachó la mirada. -Padre Alba…

Las arrugas del hombre se tensaron mostrando una leve sonrisa y su cansado rostro se iluminó unos segundos. - ¡Ah! Sacerdotisa Julieth… Grata sorpresa -dijo en un tono cercano mientras acercaba la mano a la cabeza de la mujer, sin llegar a tocarla. - Que el Juez guíe tu mano para protegerte del mal, pero sobretodo… Te guíe para hacer su buen juicio.

Jul se santiguó, murmuró unas palabras para sí y se incorporó con lentitud. - Debo decir Padre, que esta visita es necesaria. Tengo ciertos asuntos que necesito comentar con vos, pues me hallo perdida y necesito consejo, ¿tiene tiempo?

-Siempre tengo tiempo para los asuntos del Juez. - Respondió el alto sacerdote cerrando los ojos. Pese a su edad y el cansancio que le acompañaban, el Padre Alba siempre se había mantenido en paz y tranquilidad. Aquella noche no fue distinto. - Podéis hablar libremente, al abrigo de estas sagradas paredes solo nos escucha el Juez y todo lo que tenga que decir uno de sus siervos no merece ser dicho a escondidas.

- Imagino que habréis oído hablar de la famosa cruzada. Antes la dirigía un grupo llamado La Orden de la Llama Purificadora… Aunque creo que están disueltos ya, las Fuerzas Armadas han tomado la cruzada contra los exánimes como algo personal y piensan llevarla a cabo. A manos del Cabo Tark Miller.

- Estoy al tanto, sacerdotisa… ¿No os parece extraño que un grupo salido de la nada organice una cruzada contra los impíos y desaparezcan de su deber sagrado igual que aparecieron?

-Por supuesto, padre. Tengo a los Cuervos de la Balanza pendientes de cualquier tipo de información sobre ellos. Si llegase a mis oídos lo que sea, obraré en consecuencia, pero de momento están desaparecidos.


-¿Qué es lo que os preocupa, joven sacerdotisa?

- El Cabo Tark Miller es un gran amigo mío y ahora está al mando de la cruzada. Me pidió en su día que fuese su consejera en todo este asunto y le ayudase a encaminar todo esto a buen puerto y dado que soy una sierva del Juez, acepté. En su momento, pidieron que la Espiral de Almas ayudase entregando “suministros antivampiros”, como si fuésemos… Un comercio cualquiera - El suspiro de la sacerdotisa resonó en aquel sagrado templo mientras el Padre Alba dibujaba una sonrisa en su rostro. Julieth continuó - Quería preguntaros, sin embargo, si deberíamos implicar a esta sagrada institución en la cruzada de forma un poco más… Oficial y en caso de que os parezca bien, Padre, me deis alguna idea de cómo podríamos hacerlo. Ando algo... Perdida con todo esto, como os comenté.

Tras meditarlo unos instantes, el Padre Alba colocó sus manos dentro de las opuestas mangas de su túnica y se pronunció - Todos estamos perdidos en este sombrío mundo, Julieth. Pero mientras la balanza esté equilibrada, no perderemos el norte. Así os pregunto, ¿os veis capacitada para ser la palabra del Juez en esta cruzada? ¿Tendréis la suficiente fuerza para sostener la balanza y que esta no se desequilibre?

-Sí -respondió ella, con determinación.

- La Espiral de Almas y el pueblo de Crimmor ha sufrido mucho por las cruzadas lanzadas de forma que desequilibran la Balanza. Aunque somos conscientes de la gravedad del asunto, no podemos tomar parte de otra cruzada. Debemos proteger la Espiral y el Pueblo, por lo que no podemos destinar recursos ni Guardias Fúnebres a una cruzada que no sabemos si el Juez ha sentenciado. ¿Me permite un ejemplo?

- Faltaría más, Padre.

- Imaginaos en el lado izquierdo está el pueblo y nuestro deber de velar por el descanso de los muertos. Si ponemos en el otro lado nuestras ansias de acabar con el mal en una cruzada, destinándolo todo a esta.. Y lo que ello supone, la Balanza quedaría en desequilibrio. Ya lo hemos vivido en el pasado y al final solo quedan víctimas. Espero no os toméis esto como pasividad ante la cruzada… El día que el Juez nos llame para juzgar a los impíos que atentan contra el descanso eterno, seré el primero en estar allí.

-Quizá podrían ir solo los miembros de mi Orden. Seríamos bastantes y… Bueno, la Espiral en caso de salir bien podría recibir algo a cambio y si sale mal, nosotros asumiríamos toda la carga -dijo bajando un poco la voz y la mirada hasta sus manos -Todos quieren combatir. Todos quieren participar de ello. Y lo que hicieron al Hospicio…

- Vuestra balanza no está equilibrada, Julieth, por eso os miráis las manos con frustración. Todos quieren ver a su deidad y nadie está preparado para morir por ello. No es un camino fácil el que habéis elegido. La Espiral mantendrá sus recursos para defender al pueblo, pero sobre si tú deberías o no manteneros al margen es algo que solo podéis responder vos misma. Si creéis que el Juez os llama a esa cruzada, o es el corazón el que lo hace, o el odio… Es algo que solo podéis responder vos. Hagáis lo que hagáis, recordad que debeis vivir sola con ello. Solo vos.

- Sea, padre. Os mantendré informado de todo - dijo finalmente la sacerdotisa, dejando caer los hombros y esbozando una leve sonrisa.

- Espero que no salgáis con más dudas de las que traíais con vos cuando llegasteis. Los caminos del Juez no van en línea recta. Cada uno los lee e interpreta de una forma distinta. Incluso yo puedo errar, pero lo que os aseguro es que medito mucho mis decisiones. Es el único consejo que os puedo dar. En el pasado… -Hizo una pausa y negó - Oh, no quiero aburriros más.

- Fácil no me lo ponéis, desde luego, pero me habéis ayudado muchísimo padre, echaba de menos estas conversaciones tan amenas sobre la voluntad del Juez. Si en cualquier momento necesitáis a la Orden de la Balanza hacedmelo saber. Gustosos sus miembros servirían a la causa. -dijo Julieth con una cálida y cercana sonrisa.- Con vuestro permiso, me retiro. No olvidéis que debéis morir.





************************



borde-grunge_1048-7373.pngAugurio se movía algo inquieto, dándole con el hocico al guardia en el brazo y en la cabeza, intentando llamar su atención. El guardia permanecía inmóvil y silente hasta que finalmente vio salir a la kelemvorita de la Espiral de Almas.

- Mil gracias por vigilar a Augurio, hermano -dijo con calidez tomando las riendas de su montura.

- A vos por permitirme ayudar a una sierva del Juez. Con su permiso, vuelvo a mis quehaceres. -dijo con firmeza y respeto.

Augurio relinchó un poco triste viendo como el guardia fúnebre se marchaba sin hacerle caso y tras ello pateó el suelo con las patas delanteras. Julieth rió levemente mientras acariciaba el cuello de su montura -Tranquilo amigo mío, ese hombre es un témpano de hielo. Anda, vámonos. Hay mucho que hacer -dijo, montando finalmente y alejándose de aquel lugar.



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Voy con retraso peeeeero... Aquí va otra. Gracias a DM Khaof por la escena <3
 

Zai

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De quebrado corazón.


“Señor del Juicio del anochecer, a vuestra voluntad me entrego en esta hora tardía, permitidme acceder a vuestro poder.”


La kelemvorita apareció en la ciudad del grano como tantas otras veces y los cielos anunciaron su llegada con un trueno que ahogó el grito de una niña que jugaba bajo la lluvia. La sacerdotisa, dedicando una cálida sonrisa, revolvió el pelo de la joven y empezó a andar en un silencio sepulcral.

Qué consciente era de todo mientras caminaba por aquel lugar. El repiqueteo de la lluvia en los techados de madera, el frío colándose por los recovecos de su gambesón desgastado, el viento que traía consigo ese olor a petricor que la devolvía a su querida tierra natal… Ciertamente aquel momento era una tregua en aquella gran guerra en la que se permitía sonreír, aunque duró poco.

purs.png


- Digna sea vuestra muerte, pues esta es inevitable - dijo Julieth al alcanzar la posición del guardia fúnebre que observaba, inmóvil, una de las casas limítrofes. El hombre era bastante corpulento, con una barba negra como ala de cuervo y uno de los ojos completamente blanco enmarcado en una cicatriz. Tenía su rostro cubierto con una capucha, aunque se podía apreciar su determinación bajo ella.

-Sacerdotisa…

- El sargento Casion Burk me ha avisado de que estabais aquí, ¿ha ocurrido algo?

-Aún no. Me encontraba patrullando, como siempre, hasta que el símbolo… -Señaló con el mentón el símbolo sagrado que sujetaba con firmeza. La balanza estaba en un claro desequilibrio –Y es esa casa. Llevo dos días aquí y en ella vive una mediana que me mira con recelo. Dejó de salir de casa cuando me vió aquí. Algo hay, estoy seguro… Tan solo espero una prueba para purgar el lugar.

- No os mováis, hermano, si ocurre lo peor intervenid. Yo hablaré con ella. - respondió Julieth con una voz queda.

- Sea pues, sacerdotisa. Vuestra sabiduría es la más afilada de las espadas en estos casos.


Un par sonoros resonaron golpes contra la madera de la puerta. Una voz calmada pero seria nació de los labios de la sacerdotisa. -Dama, es imperativo que hable con vos. Mi nombre es Julieth de Kélemvor, abridme, os lo pido.
mediana.png-Es… ¡Estoy ocupada! ¿Qué… qui… quieren? -una voz temblorosa emergió del otro lado de la puerta.

-¿Qué está ocurriendo ahí dentro? Mi hermano ha sentido algo extraño y rara vez suele equivocarse.

La puerta se entreabrió lentamente y el rostro de una mediana adulta asomó tímida por ella.

-¡Voy a llamar a la guardia! ¡Aviso eh!

-El sargento Burk me envió aquí.

- ¿Por qué? ¡Pero si no he hecho nada! Además, ese tipo lleva sin moverse de ahí dos días. ¡Me da miedo!

-Entiendo vuestra inquietud, dama. Somos ambos kelemvoritas, y cuando mi compañero sienten una presencia, suele ser preludio de algo relacionado con los exánimes. ¿Sabéis algo de ello?

-¿Qué presencia? ¿De qué habla? ¡Solo estoy haciendo la comida! -replicó, pero al ver en el rostro de Julieth que esta no tenía intención alguna de dejarlo pasar, suspiró y terminó abriendo la puerta poco a poco - Está bien… Vos podéis pasar, pero él no. -Señaló con la diestra la guardia fúnebre.


La casa tenía un agradable olor a estofado mezclado con el olor jazmín del incienso. Dos sillas estaban dispuestas en una mesa, dos platos, dos pares de cubiertos con sus respectivos vasos. Una enorme estantería bastante nueva llena hasta arriba de libros de todo tipo, así como figuritas, algún que otro dibujo. Julieth observó con detalle todo a su alrededor y detuvo la mirada en una marca de arrastre que había junto al armario. La mediana, nerviosa, la observaba con el cucharón de madera en la mano.

-¿Tiene usted hambre? -Preguntó con una voz temblorosa la hin.

- ¿Quién más vive aquí? -respondió Julieth mientras descolgaba su símbolo sagrado de plata y lo alzaba en dirección al armario. Este empezó a vibrar levemente.

-Na…nadie, soy viuda.

-¿Desde hace mucho…?

-Mi marido ayudó al Ejercito cuando ocurrió lo de la Reina Liche… Y no volvió. ¡Para qué tuvo que ir a Caravssar! -respondió, rompiendo a llorar desconsolada. - ¿Qué más quiere? Ya me ha dado la comida recordándome que soy viuda…

-Cálmese dama. Siento decirle que es probable que su marido siga aquí, o quizá algo que lo atormenta.

-¡NO DIGA ESAS COSAS!
-estalló la hin de pronto- ¡LARGO DE AQUÍ O LLAMO A LA GUARDIA!¡AQUÍ NO HAY NADIE MÁS! -cualquier persona hubiese dicho que Julieth le había tocado la vena sensible, pero no… Aquella furia no era normal.

-En nombre del Juez, necesito que de paso a mi compañero.

-¡Aquí no va a entrar nadie más! ¡Aléjese del armario y largo de aquí! -asestó un par de golpes en el brazo de la sacerdotisa, llena de ira.

-Bien, por las malas entonces… -Respondió Julieth caminando hacia la puerta. Asomó la cabeza e invitó al guardia fúnebre con la diestra a que entrase en la casa.

Una vez dentro, Julieth señaló el armario y tras ello caminó a sujetar a la mediana.
El guardia fúnebre, sin mediar palabra, empezó a tirar del armario hasta tumbarlo por completo. Este impactó contra el suelo en un estruendo cincelado por los sollozos desesperados de la viuda. Tras el armario, había una puerta.

-¿Quiere contarmelo ahora o cruzo la puerta y acabo con lo que haya dentro?

-Él… Él es bueno… conmigo…Era bueno conmigo… pero… pero la… ¡Por favor! ¡Se lo suplico! ¡Marchense…!

-¿Qué ocurrió con su marido?

-Vino enfermo… Tratamos de curarle, pero… Murió y… -de pronto reacción, haciendo aspavientos con ambos brazos- ¡Pero no está muerto! ¡Sigue moviéndose! Le doy de comer… Solo que… está de mal humor. Por favor, no me lo quitéis de nuevo.

-Sujetadla -indicó al guardia fúnebre mientras ella abría la puerta.Necrofago4.png

Cuando cruzó el umbral de la puerta un gran hedor la invadió por completo, aunque tristemente estaba acostumbrada a ello. Todo el agradable aroma de la casa había quedado atrás. Un necrófago vestido con cuidados ropajes manchados de sangre yacía sentado en el suelo, rodeado de carne. Una tintineante cadena le mantenía sujeto a la pared de la habitación.

El grillete se tensó con furia cuando el necrófago se lanzó cegado por una ira demencial, tratando de asestar furiosos zarpazos a la kelemvorita que observaba la escena entristecida.

-¡Alfred! -exclamó la hin.


-La febrem ghoul… -indicó al guardia fúnebre que observaba la escena en silencio.

-¡Está vivo! ¡Dejadle en paz!

-No lo está -dijo Julieth, tajante- Vive atormentado y vos lo habéis permitido.

-¡Pero con carne se tranquiliza! ¡Os lo suplico! ¡Perdonadle la vida…! ¡No… no puedo separarme de nuevo de él!

Julieth avanzó hacia el necrario desenvainando su espada -Afligido corazón sea el vuestro, caminante de la no vida. Sea hoy mi fe espada quebradora de cadenas. Mi nombre es Julieth de Kélemvor y en nombre del Juez de los Condenados yo os libero de vuestro tormento.

Un halo de luz cegadora empezó a brotar de la sacerdotisa de forma dogmática y severa. Durante unos instantes, las sombras no tuvieron permitida la entrada en aquel lugar, el llanto se vió interrumpido y un pesado silencio se apoderó de todo.



************************



cem.png

- Juez que estáis ahí, aunque no pueda veros, escuchad mi ruego. Hoy venimos a llorar la pérdida de este alma que camina hacia vuestro juicio, con la esperanza de que lo recibáis en vuestro seno y tengáis compasión de él. Juzgadlo con vuestra diestra y permitid que el bien que hizo aquí en la tierra, sea testigo y ponente de cuanto quedó atrás. Benditos sea aquellos que caminan hasta vuestras puertas en busca de sosiego tras cruzar el último sendero, pues son ellos quienes pueden reunirse con quienes les precedieron. Nosotros, los que aún vivimos, juramos ante esta tumba que su recuerdo no caerá en el olvido. Loado sea el Juez.

La lluvia empapaba la tierra de la tumba que había ante el guardia fúnebre, el sargento, la sacerdotisa y la mediana. Esta última lloraba silente, más calmada ahora que la pesada losa que portaba consigo hasta ese día había desaparecido. Julieth se acercó, apoyando la mano en la lápida y sonrío entristecida. -Descansa en paz, Alfred. Nosotros ahora también podemos hacerlo.

-Glora será llevada al templo de Selûne a fin de que puedan ayudarla. Los selunitas entienden bien los trastornos y seguro pueden hacer algo por ella. Mil gracias por vuestra ayuda, dama Julieth. Si necesitáis cualquier cosa, en Púrskul al menos, buscadme.

Y con estas palabras, el sargento Casion Burk tomó a la hin de la mano y partió con ella hacia el templo de la luna en las tierras de la Cicatriz.

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Mil gracias a DM Khaof por la escena y siento la tardanza en escribirla xD
 
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Para principiantes, Vol 1



- Total, que el tipo se adelanta, muy gallito él y me suelta un guantazo con la diestra al grito de “¡Os reto a un duelo!” mientras su amigo me rompía una silla en la espalda, ¡El muy hijo de mil madres me tiró la cerveza!

- La única víctima ahí fue la silla. La vida útil de un taburete va desde el momento en el que un carpintero te monta hasta que alguien te rompe contra la espalda de Otto. No va a subirte el sueldo por eso. - dijo Ran en un tono divertido mientras palmeaba el brazo del enorme custodio.

Una carcajada general nació de los presentes.

-Eh eh, espera un momento, Rana… ¿Tenemos sueldo? ¿En serio tenemos sueldo? Porque me dolió, ¿sabes? -protestó Otto, poniendo los brazos en jarras.

- ¡Pero qué va a dolerte! Si golpearte a ti es como patear una pared, no seas exagerado, Mazapán - dijo con tono divertido, desviando la mirada a la sacerdotisa de kélemvor que alternaba la mirada entre ambos, silente.

Kerper parecía que iba a protestar a esa última frase cuando su expresión cambió por completo, frunciendo el ceño bajo su sombrero. Su voz restalló como el trueno que anuncia la inminente tormenta- ¡Eh! ¡Vosotros dos! ¿Dónde os creéis que vais?


julcry1.pngLa sacerdotisa del Juez, aún sonriendo, desvió la mirada al par de plebeyos que se acercaban a las puertas del cementerio. Alzó la mirada al cielo nocturno y suspiró, tomando con su diestra la bastarda envainada que estaba apoyada en el muro del hospicio y colocándola en su cinturón mientras caminaba hacia el dúo acompañada de la elfa acorazada.


Dos humanos de complexión media caminaban tranquilos al cementerio hasta que el grito del custodio los sobresaltó. El más alto de ellos, un tipo que no habría llegado a los veintidós inviernos, tenía el pelo moreno, encrespado, unos ojos azules que brillaban con decisión y lo que parecía una marca de nacimiento en el moflete izquierdo. Un hombre de facciones angulosas y nariz prominente. Este peculiar individuo tenía entre sus manos un libro de tapas rojas que agitaba enérgico en el aire en el momento de la interrupción. El otro era rubio, de ojos diamantinos, bastante más pequeño y asustadizo, no parecía haber alcanzado la mayoría de edad siquiera. Tenía los ojos un tanto hinchados, señal de que había estado llorando hace poco aunque ya no había rastro alguno de lágrimas.

- ¿Uh? ¿Qué pasa? -dijo el más alto de los dos, deteniéndose junto a la entrada.

- Nadie puede entrar en el cementerio de noche, ¿por qué ibais vosotros a ser la excepción?

- Eh.. Solo íbamos a… Yo, eh… -empezó a titubear el pequeño, haciendo aspavientos con las manos.

Cuando Julieth alcanzó al dúo, apoyó la mano en el hombro de Otto y arrugó la nariz.
Tras inspirar hondo, dijo con un tono calmado- No podéis entrar por la noche en el cementerio. No sé qué clase de motivos teníais, y ciertamente no es importante, pero está prohibido. Si necesitáis entrar, tenéis que avisar a un guardia y...

Otto, interrumpiendo a la gran heraldo, de pronto se quitó el sombrero con la zurda mientras cogía la pechera del más alto de los dos con la diestra. Le asestó un demoledor cabezazo antes de lanzarlo contra la pared con furia. Tras ello, lo cogió por el cuello y lo sujetó contra el muro mientras alzaba la voz. -Así que un alzador, ¿eh? Espero que no hayas comido antes de venir aquí, porque hoy cenas con el patrón.

Julieth arqueó ambas cejas y dirigió la atención al suelo. El libro que portaba el tipo yacía tirado junto a unas hojas. En su tapa podría leerse el título: “Como alzar a los muertos para principiantes, Vol 1”. La kelemvorita frunció el ceño al leerlo y tras ello dio un paso atrás, dejando a Otto hacer su trabajo mientras miraba de reojo a Ran. El grito llamó la atención de varios aventureros que se acercaron inquietos por el altercado.

El más joven de los dos retrocedía lentamente hasta que tropezó con la acorazada elfa, que lecrychild1.png cortaba el paso cruzada de brazos. La visión del inmenso Otto sacudiendo a su amigo lo dejó petrificado en el sitio, siendo consciente en aquel momento del problema en el que se había metido sin querer. Rompió a llorar al poco, fatigado y vencido por la situación.

Rick recogió el libro del suelo y lo ojeó mientras Otto seguía propinando improperios y amenazas al plebeyo. Azhar, negándose a ponerse su armadura de guardia, alimentaba la creciente violencia del custodio de la balanza. Daraen, Erevain protestaban sin terminar de entender el motivo de aquella escena, dando por sentado que aquel acto era un abuso de poder como tantos otros que se daban en Amn.

- ¡Yo tan solo quería volver a tener a mi perro! ¡Tan solo eso! ¡Él se ofreció a ayudarme y…! ¡De verdad no teníamos mala intención! ¡Tenía ese libro y no parecía especialmente peligroso! ¡No íbamos a hacer nada malo! ¡Lo juro! Por favor, perdonadle, tan solo pecamos de inconsciencia…

- Ni siquiera sois conscientes del crimen que ibais a cometer - suspiró la sacerdotisa, observado al enorme grupo de aventureros que se había formado junto a ellos. Tras ello, se acercó al tipo que tenía sujetado Otto y le susurro, en un tono tranquilo - Hoy el Juez te ha perdonado la vida. Ni se te ocurra volver a intentar perturbar el descanso de los muertos u Otto te encontrará y cumplirá con sus amenazas. ¿Te ha quedado claro esto?

El hombre, sangrando y temblando de miedo, asintió repetidas veces sin mediar palabra. Julieth miró al custodio y sonrió levemente - Suéltalo, Otto, pero mantenlo vigilado.

Otto lo libertó, dejándolo caer al suelo y le gruñó, pisando fuerte a su lado y acariciando su enorme martillo. - No hay lugar en Amn donde no pueda encontrarte, canalla. Si tengo que ir a buscarte te doy mi palabra de que te va a doler.

librocry.pngAl ver la resolución del problema, Ran sonrió bajo su yelmo y le dio un par de palmadas al pelirrubio que estaba junto a ella. Este la miró con los ojos encharcados de lágrimas y la elfa hizo ademán de tomar un pañuelo de tela que traía siempre consigo y se lo ofreció a fin de que se limpiase un poco. Con una voz cálida, le dijo- Puedes quedártelo, pero no vuelvas a hacer tonterías. Y sobre todo, no te dejes liar por las tonterías que haga un amigo por muy buena intención que pueda tener. - Le dio un golpecito suave en la nariz y negó con suavidad, apartándose de él.


-Vamos Otto, que ya bastante espectáculo hemos dado ya - La elfa palmeó el hombro del enorme custodio al pasar por su lateral y ambos se alejaron de la escena seguidos de cerca por la sacerdotisa.



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Escenaza proporcionada en su día por DM Khaof. Mil gracias <3 Siento la tardanza en escribirla XD
 
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35
Codex Librum.



Por espacio de casi dos horas, los dos sacerdotes deambularon por entre los entresijos de aquellas laberínticas cloacas. Al girar cada esquina, se podía oír el grito ahogado de cada criatura que precedía a su fin, dibujando en las paredes enigmáticos lienzos de muerte al compás de una canción enmudecida. La fúnebre procesión de la que ambos eran partícipes se detuvo cuando el oghmita reparó en algo que no esperaba encontrar allí.

alcan.pngUn libro yacía tirado de cualquier manera en el suelo, presa de la suciedad y la humedad perenne en aquel lugar. La kelemvorita se hizo a un lado e invitó a su compañero a acercarse al libro mientras observaba a su alrededor en calidad de guardiana. El anciano sacerdote tomó el libro con un cuidado infinito y lo observó, dejándose impregnar por el olor a papel viejo, polvo y magia. Deslizó tímido su manga a fin de intentar secarlo y tras ello deslizó sus manos temblorosas por las tapas de cuero arrugado y oscuro, buscando algún atisbo de título, más este parecía que había sido desdibujado por el tiempo. Al abrir sus secretos, encontró tan solo algunas palabras en una lengua que reconocía y otras muchas que era incapaz de comprender. Quizá quiso el azar, o su gemela de gala llamada destino, que fuese ese oghmita y no cualquier otro quién encontrase el libro que a estas alturas ya había decidido acoger en su seno.

-¿Pensáis conservarlo? - se pronunció la kelemvorita, fascinada al ver el trato del oghmita con aquel tomo.

-No es un buen lugar para dejar un libro -Hizo una leve pausa que tan solo adornó con un leve asentimiento y tras ello, continuó - los libros, como los humanos, merecen un entierro digno. Y este tesoro merece estar en la biblioteca privada del Señor del Saber.

Julieth negó con una sonrisa divertida dibujada en los labios, poniendo los ojos en blanco. La sola idea de comparar libros con humanos era algo que se le hacía cuesta arriba, pero no era una discusión que fuese a tener con Ignotus en aquel lugar. A medida que el sacerdote iba secando el libro, las palabras iban apareciendo, saliendo de su escondite con timidez.​

“Soy solitario, amargo y triste.
Cuanto más sabio, más solitario.
Cuanto más listo, más amargo.
Cuanto más enseño, más triste.
Con tinta firmaría por ver otro libro”

En los ojos del oghmita se podía leer la curiosidad implícita a cada pregunta que brotaba de su mente como un arroyo incontrolable. “¿Quién escribiría tales palabras? ¿Cómo había llegado allí aquel libro?” Algo lo sacó de sus pensamientos con un respingo e hizo que la cartera de cuero donde tenía otros de sus propios ejemplares cayese al suelo, junto con el libro recién descubierto. De pronto, de las tapas de cuerpo del nuevo hallazgo salieron unas fauces deformes y sombrías que se lanzaron con una palpable desesperación a devorar algunos ejemplares que el propio oghmita había escrito de su puño y letra.

Julieth avanzó con firmeza, colocándose entre el libro devorador e Ignotus, mientras el anciano con voz frágil y temblorosa se pronunció.

-El Codex Librum…

-¿Qué oscuros secretos esconde ese libro?

-Es un libro devorador… Las leyendas hablan de libros que se alimentan de los conocimientos que encuentran en las páginas de otros libros. - de pronto, sus ojos se cristalizaron y dos lágrimas se lanzaron a la aventura de sus mejillas - Por todos los dioses, sacerdotisa… Estuve apunto de llevar este ejemplar al templo…anciano1.png

La kelemvorita frunció el ceño y al entender la gravedad de su situación avanzó hacia el libro con la firme disposición de destruirlo. El tomo, con renovadas fuerzas, empezó a hablar y se elevó en el aire, batiendo sus tapas como si fuesen alas. Una carcajada desquiciada brotó de entre sus páginas en un tono amenazante.

-¡¡HA HA HA!! ¡OSEOGARFIOS! ¡OSEOGARFIOS! ¡¡Criaturas extrañas de la antípoda oscura con un durísimo exoesqueleto!! ¡Ciegos todos ellos! ¡Pero con un sentido de…! - De las tapas del libro hablador y volador, brotaron dos ojos demoníacos que miraron amenazantes al dúo mientras las letras se escribían en sus páginas a una velocidad vertiginosa. -Necesito…. Más… ¡Más libros! ¡Debo ir a la biblioteca! Debo salir de aquí… ¡Devorar todos los libros del mundo! ¡Tengo hambre de conocimiento!

Unas letras empezaron a escribirse en el aire en una lengua oscura y de pronto, un demonio ganchudo apareció de la nada, lanzándose con una ferocidad demente hacia los dos clérigos. Julieth se abalanzó sobre él rápidamente asestando un severo golpe que la criatura le devolvió con el mismo aprecio. Ignotus recuperó la compostura mientras entonaba una plegaria que convirtió la ya afilada hoja de la kelemvorita en una letal vorágine de llamas y tras ello sanó sus heridas mientras combatían.

Pronto el monstruo se hallaba en el suelo, inerte. La sacerdotisa fúnebre, lejos de dejarse intimidar por aquel códice parlanchín, envainó con un gesto ritual su espada y se abalanzó sobre él, apresándolo con ambas manos. Ni corta ni perezosa, empezó a golpear con fuerza el libro contra una de las paredes mientras éste profería gritos de auxilio al verse superado por la falta de tacto de la mujer. Finalmente, lo lanzó contra el suelo con todas sus fuerzas y lo pisó, apresándolo y dejando caer parte de su peso en él. El oghmita miraba atónito el desenvolver de su compañera y su rápida reacción a sus palabras.

-¿Quieres otra dedicatoria a pie de página, libro infernal o ya estás más tranquilo? -espetó Jul al libro en un tono amenazante.

Ignotus mostrando una chispa de inteligencia, rebuscó entre sus pertrechos sacando otro volumen y se acercó a Jul, dejando el tomo en el suelo junto al desesperado libro. Tras ello, indicó con la diestra a la mujer que liberase de su presa al códice y esta no lo cuestionó. El Codex Librum se lanzó de nuevo con un hambre atroz a por el nuevo tomo, destrozándolo ante la misteriosa sonrisa del sacerdote. Cuando hubo terminado, el libro se mostró altivo y orgulloso, alardeando del enorme poder que este nuevo tomo le había proferido y de pronto, empezó a recitar pasajes de una elaborada historia de amor con un fatídico final, sin entender muy bien qué le estaba ocurriendo. Empezó a llorar desconsolado lágrimas de tinta hasta que finalmente, cayó al suelo, débil y agotado. El oghmita se apoyó en su bastón, observando la escena y poco a poco, la tinta que brotaba del tomo terminó por consumir su vida por completo, quedando inmóvil e inerte en el suelo.
libris librum.png


A partir de aquel momento, todo escrito que se hiciese en sus hojas en blanco desaparecería al instante perdiéndose en el silencio, más por duro que fuese su destino encontró su lugar en una estantería llena de libros en el que descansar, lejos del hambre y la desesperación a la que había sido encadenado en vida.

Un libro que había perdido toda historia pero que tenía tras de sí a un protector que la contaría por él a fin de que jamás se perdiese en el olvido.​


Offtopic :

Aquí dejo otra escenaza improvisada narrada por @Khaof en compañía de @NOXORIVM con su oghmita <3
 
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