Lilith
Pipa perdida de Duzdin
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- 42
-Mátalos... Destrúyelos...
Las voces resonaban en su cabeza desde hacía algún tiempo... No sabía porqué ni de donde procedían, solo sabía desde cuando....
Alexia, una joven humana de largos cabellos negros, nació en la ciudad de Esmeltaran. Su madre falleció instantes después de dar a luz a su única hija, lo cual fué un gran golpe para su padre que, además de perder a la mujer con la que había compartido casi toda su vida, sus deseos de tener un varón se habían desvanecido por completo....
Aún así, desde el primer instante quiso con todo su ser a la pequeña Alexia, tanto fué así, que decidió enseñarle todo lo que guardaba para el varón que nunca llegó.
Casi antes de que la pequeña empezara a caminar, su padre, ya le había regalado una espada de madera, con la que jugaba como cualquier otra niña jugaría con una muñeca de trapo.
Conforme pasaban los años e iba haciéndose mayor, los juegos se convertían en entrenamientos y los entrenamientos, con el tiempo, en trabajo...
A la edad de 15 años, su padre, líder de un grupo de mercenarios de no muy buena reputación, la introdujo en aquel mundo que pocos años después cambiaría la vida de la joven Alexia...
A pesar de no tener la fuerza física de un hombre, Alexia, tenía otras características que, a pesar de su corta edad, ya la hacía destacar como un buen guerrero.
Todo parecía ir bien, ella no echaba de menos otra vida, puesto que solo conocía la que tenía, conocía el trabajo con su padre, y conocía como se podía manejar decentemente una espada, no necesitaba mas, solo aquella vida y a aquel hombre que durante 15 años había permanecido a su lado...
Aunque aquella noche toda su vida se desmoronó ante sus ojos....
La luna estaba llena, alumbraba con fuerza la casa en la que vivían. Alexia dormía placidamente arropada con mantas, el frío apretaba en aquellas fechas invernales en la ciudad de Esmeltaran y el viento soplaba con fuerza aquella noche.
La madera crujía conforme el fuego de la chimenea la iba devorando lentamente. Los ventanales resonaban unos contra otros a causa del viento que, cuando paraban de vez en cuando, dejaban un silencio acogedor...
Un silencio que se vió roto por los gritos de su padre... Unos gritos acompañados de dolor, llamando a su hija como si la vida se le fuera en ello...
- Alexia!!! Alexia hija...ayuda...
La joven despertó de un sobresalto, se despojó rapidamente de las mantas que la cubrían, cogió su espada que yacía junto al cabecero de su cama y bajó las escaleras todo lo rápido que pudo.
La visión la paralizó en el último peldaño de aquella escalera de madera... Sus ojos se abrieron de par en par, tratando de hacerse a la ténue luz que dejaba la luna, y sus piernas fibrosas a causa de todos aquellos años de entrenamiento, ahora temblaban como si fuera la primera vez que tomaba un arma y se enfrentaba a algo que pudiera dañarla de verdad...
Su padre alzaba la mano hacia ella desde el suelo, pidiendo ayuda en su gesto... La sangre dibujaba su tosca figura en el suelo y sus labios se movían, como si quisiera pronunciar alguna palabra pero su debilitada voz no lo dejaba...
- Padre !!!
Tiró su espada contra el suelo y corrió a intentar salvarlo de una muerte segura... Tenía una enorme herida muy cerca del corazón y perdía mucha sangre, su cuerpo se estremecía en espasmos y, aunque Alexia trató de taponar la herida y hacer todo cuando estaba en sus manos, la vida de su padre se extinguió en tan solo unos segundos, sin dejar escapar aquellas palabras que su padre se esforzaba en pronunciar antes de su muerte...
- Mátalos... Destrúyelos...
Sí... Aquella fué la primera vez que escuchó aquella voz en su interior... No provenía de su padre,no sabía si había alguien allí, o si estaba volviéndose loca en cuestión de segundos... Pero aquella voz, la impulsó a tomar sus armas, alzarse del suelo y salir en busca de aquellos que acabaron con la vida de su padre, la guió hasta los que serían, uno por uno, las primeras víctimas de la joven Alexia.
Pocos días después, los sucesos extrañaron a parte de la ciudad en la que vivían y los conocían... Todo un grupo de mercenarios, a excepción de una joven de 15 años, habían sido asesinados...
Alexia, abandonó su lugar, desquiciada por aquella casa en la que nació y en la que vió morir a su padre, por aquellas voces que desde entonces no paraban de resonar en su cabeza... Partió hacia la ciudad de Athkala, una ciudad alejada, donde nadie pudiera reconocerla...
Descripción:
Humana de 18 años
Cabellos largos y de color negro
De estatura media y de complexión fuerte.
Ojos de color miel.
Labios carnosos y de un tono rojizo.
Sus andares son firmes y suele mirar a todo el que se cruza con ella con cierto aire de superioridad.
Sus palabras, cuando se deja pronunciar, son secas y tajantes.
Y en muchas ocasiones, deja fija la mirada en un punto cualquiera como si de pronto dejara de estar en ese lugar y con las gentes que estén a su alrededor.
Las voces resonaban en su cabeza desde hacía algún tiempo... No sabía porqué ni de donde procedían, solo sabía desde cuando....
Alexia, una joven humana de largos cabellos negros, nació en la ciudad de Esmeltaran. Su madre falleció instantes después de dar a luz a su única hija, lo cual fué un gran golpe para su padre que, además de perder a la mujer con la que había compartido casi toda su vida, sus deseos de tener un varón se habían desvanecido por completo....
Aún así, desde el primer instante quiso con todo su ser a la pequeña Alexia, tanto fué así, que decidió enseñarle todo lo que guardaba para el varón que nunca llegó.
Casi antes de que la pequeña empezara a caminar, su padre, ya le había regalado una espada de madera, con la que jugaba como cualquier otra niña jugaría con una muñeca de trapo.
Conforme pasaban los años e iba haciéndose mayor, los juegos se convertían en entrenamientos y los entrenamientos, con el tiempo, en trabajo...
A la edad de 15 años, su padre, líder de un grupo de mercenarios de no muy buena reputación, la introdujo en aquel mundo que pocos años después cambiaría la vida de la joven Alexia...
A pesar de no tener la fuerza física de un hombre, Alexia, tenía otras características que, a pesar de su corta edad, ya la hacía destacar como un buen guerrero.
Todo parecía ir bien, ella no echaba de menos otra vida, puesto que solo conocía la que tenía, conocía el trabajo con su padre, y conocía como se podía manejar decentemente una espada, no necesitaba mas, solo aquella vida y a aquel hombre que durante 15 años había permanecido a su lado...
Aunque aquella noche toda su vida se desmoronó ante sus ojos....
La luna estaba llena, alumbraba con fuerza la casa en la que vivían. Alexia dormía placidamente arropada con mantas, el frío apretaba en aquellas fechas invernales en la ciudad de Esmeltaran y el viento soplaba con fuerza aquella noche.
La madera crujía conforme el fuego de la chimenea la iba devorando lentamente. Los ventanales resonaban unos contra otros a causa del viento que, cuando paraban de vez en cuando, dejaban un silencio acogedor...
Un silencio que se vió roto por los gritos de su padre... Unos gritos acompañados de dolor, llamando a su hija como si la vida se le fuera en ello...
- Alexia!!! Alexia hija...ayuda...
La joven despertó de un sobresalto, se despojó rapidamente de las mantas que la cubrían, cogió su espada que yacía junto al cabecero de su cama y bajó las escaleras todo lo rápido que pudo.
La visión la paralizó en el último peldaño de aquella escalera de madera... Sus ojos se abrieron de par en par, tratando de hacerse a la ténue luz que dejaba la luna, y sus piernas fibrosas a causa de todos aquellos años de entrenamiento, ahora temblaban como si fuera la primera vez que tomaba un arma y se enfrentaba a algo que pudiera dañarla de verdad...
Su padre alzaba la mano hacia ella desde el suelo, pidiendo ayuda en su gesto... La sangre dibujaba su tosca figura en el suelo y sus labios se movían, como si quisiera pronunciar alguna palabra pero su debilitada voz no lo dejaba...
- Padre !!!
Tiró su espada contra el suelo y corrió a intentar salvarlo de una muerte segura... Tenía una enorme herida muy cerca del corazón y perdía mucha sangre, su cuerpo se estremecía en espasmos y, aunque Alexia trató de taponar la herida y hacer todo cuando estaba en sus manos, la vida de su padre se extinguió en tan solo unos segundos, sin dejar escapar aquellas palabras que su padre se esforzaba en pronunciar antes de su muerte...
- Mátalos... Destrúyelos...
Sí... Aquella fué la primera vez que escuchó aquella voz en su interior... No provenía de su padre,no sabía si había alguien allí, o si estaba volviéndose loca en cuestión de segundos... Pero aquella voz, la impulsó a tomar sus armas, alzarse del suelo y salir en busca de aquellos que acabaron con la vida de su padre, la guió hasta los que serían, uno por uno, las primeras víctimas de la joven Alexia.
Pocos días después, los sucesos extrañaron a parte de la ciudad en la que vivían y los conocían... Todo un grupo de mercenarios, a excepción de una joven de 15 años, habían sido asesinados...
Alexia, abandonó su lugar, desquiciada por aquella casa en la que nació y en la que vió morir a su padre, por aquellas voces que desde entonces no paraban de resonar en su cabeza... Partió hacia la ciudad de Athkala, una ciudad alejada, donde nadie pudiera reconocerla...
Descripción:
Humana de 18 años
Cabellos largos y de color negro
De estatura media y de complexión fuerte.
Ojos de color miel.
Labios carnosos y de un tono rojizo.
Sus andares son firmes y suele mirar a todo el que se cruza con ella con cierto aire de superioridad.
Sus palabras, cuando se deja pronunciar, son secas y tajantes.
Y en muchas ocasiones, deja fija la mirada en un punto cualquiera como si de pronto dejara de estar en ese lugar y con las gentes que estén a su alrededor.