Lysabeth
Copia de fichas de Kronos
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Algo mas que palabras.
¿Cómo una mujer como yo me puedo permitir algo así? A veces no llego a entender ni mis propios sentimientos, simplemente me considero una devota de mi señora, daría mi vida por ello pues siento que es lo único que consigue darme fuerzas para despertarme cada día, mi señora me da fuerzas y yo le doy las gracias porque extienda su mano sobre mi cada mañana otorgándome esa sensación de paz y serenidad que toda persona necesita para poder llevar a cabo su día a día, pues con poder hacer sonreír a un pequeño y poder curar las heridas de un buen hombre es poco mas lo que necesito para tener una vida plena.
Nunca me había planteado esa posibilidad, ese juego de miradas... esos tensos encuentros por los pasillos intentando evitar su mirada, simplemente sabia sus intenciones pero no quería hacerme a la idea, como una simple niña pequeña me limitaba a bajar la mirada al suelo, si es que estos solo me puede pasar a mi, ni si quiera sabia que decirle, simplemente guardar silencio como una tonta, sinceramente aun no logro entender como ha tenido tanta paciencia, pero me alegra poder a ver llegado a la comprensión que otras mujeres devotas de su señora no llegaron a entender, supongo que porque no tienen una fe tan férrea como dicen, y ahora aquí sentada en este sillón tengo claro cual es mi deber, cuales son mis prioridades y se me ha otorgado la oportunidad de hacer que mi vida sea menos ardua y pesarosa junto a la compañía de mi Teniente, con proyectos de futuro y todo, ¿Quién sabe?…
*Lysebeth escribe en su diario tranquilamente sus propios pensamientos como si estuviera hablando con ella misma intentando reordenar sus pensamientos y recuerdos nuevamente rememorando algunos momentos que han marcado un antes y un después en su vida, la joven sacerdotisa ha logrado compaginar su fe con el amor que le profesa, sabiendo que su prioridad en su fe, y que una mujer como ella no se puede dejar llevar por los amoríos, pero si poder disfrutar de ello sin que afecte a su juicio y su obra.*
Y recuerdo ese día como si fuera ahora mismo, incluso me revuelven los nervios por la espalda si cierro los ojos y me imagino aquella situación, pues allí estaba en el templo a medio construir bajo la mirada de la estatua de mi señora, rezándola como mejor sabia las plegarias diarias que la dedico pero esta vez a sus pies, el teniente había decidido llevarme a dar un paseo por Endive juntos, cosa que me extraño bastante porque ese día no tenia ganas de ensuciarse la armadura, y eso me hizo sospechar, aunque mi inocencia me llevo a pensar que no era nada importante.
Cuando me despisto ¡Y allí estaba!, aquel caballero que tantas veces me había alagado durante estos meses, que tanto le había echo sufrir, aun recuerdo que no le dejaba que me tocara, ni que me cogiera de la mano, vaya que si, sobretodo recuerdo cuando me llevaba a descansar a su habitación, y acababa dormida en la cama de al lado que estaba separada por una especie de cortina y yo desconfiada por ello invocaba a algún celestial para que velara mis sueños, y ahora que lo pienso me rió de todas estas cosas, como de aquel día que acabe dormida encima de las sabanas y el debajo aprisionado por ellas, y ahora que pienso todos estos largos momentos compartidos, no son pocos y no quiero que caigan en el olvido, siempre es bonito recordar estas cosas sobre todo este momento.
Me extendió aquellas flores azules que apenas mire por los nervios del momento y acabe extendiendo mi mano mientras el arrodillado pronunciaba aquellas palabras mágicas que toda mujer desea escuchar algún día ¿Te gustaría pasar el resto de tu vida junto a mi?, ¿Qué bonito verdad?, que mono arrodillado extendiéndome el anillo, que por cierto tiene escrito su nombre incluso, ¿Cómo me iba a negar a ello?, y como todo momento acababa con un beso apasionado, espero que mi señora veo todo con buenos ojos, no me gustaría tener que exculparme, aun rezo todas las noches ¡contándole todo lo que me preocupa y por muchos años mas!.
*Termina de escribir esbozando una calida sonrisa en la comisura de sus labios para acabar dejando la pluma en el tintero y cerrando el libro mientras recoge todas las cosas y se marcha de aquella sala cerrando los ojos unos segundos antes de andar recordando por unos instantes aquel momento para después abrir los ojos con alegría y caminar hacia su habitación para dar comienzo a un nuevo día*.
¿Cómo una mujer como yo me puedo permitir algo así? A veces no llego a entender ni mis propios sentimientos, simplemente me considero una devota de mi señora, daría mi vida por ello pues siento que es lo único que consigue darme fuerzas para despertarme cada día, mi señora me da fuerzas y yo le doy las gracias porque extienda su mano sobre mi cada mañana otorgándome esa sensación de paz y serenidad que toda persona necesita para poder llevar a cabo su día a día, pues con poder hacer sonreír a un pequeño y poder curar las heridas de un buen hombre es poco mas lo que necesito para tener una vida plena.
Nunca me había planteado esa posibilidad, ese juego de miradas... esos tensos encuentros por los pasillos intentando evitar su mirada, simplemente sabia sus intenciones pero no quería hacerme a la idea, como una simple niña pequeña me limitaba a bajar la mirada al suelo, si es que estos solo me puede pasar a mi, ni si quiera sabia que decirle, simplemente guardar silencio como una tonta, sinceramente aun no logro entender como ha tenido tanta paciencia, pero me alegra poder a ver llegado a la comprensión que otras mujeres devotas de su señora no llegaron a entender, supongo que porque no tienen una fe tan férrea como dicen, y ahora aquí sentada en este sillón tengo claro cual es mi deber, cuales son mis prioridades y se me ha otorgado la oportunidad de hacer que mi vida sea menos ardua y pesarosa junto a la compañía de mi Teniente, con proyectos de futuro y todo, ¿Quién sabe?…
*Lysebeth escribe en su diario tranquilamente sus propios pensamientos como si estuviera hablando con ella misma intentando reordenar sus pensamientos y recuerdos nuevamente rememorando algunos momentos que han marcado un antes y un después en su vida, la joven sacerdotisa ha logrado compaginar su fe con el amor que le profesa, sabiendo que su prioridad en su fe, y que una mujer como ella no se puede dejar llevar por los amoríos, pero si poder disfrutar de ello sin que afecte a su juicio y su obra.*
Y recuerdo ese día como si fuera ahora mismo, incluso me revuelven los nervios por la espalda si cierro los ojos y me imagino aquella situación, pues allí estaba en el templo a medio construir bajo la mirada de la estatua de mi señora, rezándola como mejor sabia las plegarias diarias que la dedico pero esta vez a sus pies, el teniente había decidido llevarme a dar un paseo por Endive juntos, cosa que me extraño bastante porque ese día no tenia ganas de ensuciarse la armadura, y eso me hizo sospechar, aunque mi inocencia me llevo a pensar que no era nada importante.
Cuando me despisto ¡Y allí estaba!, aquel caballero que tantas veces me había alagado durante estos meses, que tanto le había echo sufrir, aun recuerdo que no le dejaba que me tocara, ni que me cogiera de la mano, vaya que si, sobretodo recuerdo cuando me llevaba a descansar a su habitación, y acababa dormida en la cama de al lado que estaba separada por una especie de cortina y yo desconfiada por ello invocaba a algún celestial para que velara mis sueños, y ahora que lo pienso me rió de todas estas cosas, como de aquel día que acabe dormida encima de las sabanas y el debajo aprisionado por ellas, y ahora que pienso todos estos largos momentos compartidos, no son pocos y no quiero que caigan en el olvido, siempre es bonito recordar estas cosas sobre todo este momento.
Me extendió aquellas flores azules que apenas mire por los nervios del momento y acabe extendiendo mi mano mientras el arrodillado pronunciaba aquellas palabras mágicas que toda mujer desea escuchar algún día ¿Te gustaría pasar el resto de tu vida junto a mi?, ¿Qué bonito verdad?, que mono arrodillado extendiéndome el anillo, que por cierto tiene escrito su nombre incluso, ¿Cómo me iba a negar a ello?, y como todo momento acababa con un beso apasionado, espero que mi señora veo todo con buenos ojos, no me gustaría tener que exculparme, aun rezo todas las noches ¡contándole todo lo que me preocupa y por muchos años mas!.
*Termina de escribir esbozando una calida sonrisa en la comisura de sus labios para acabar dejando la pluma en el tintero y cerrando el libro mientras recoge todas las cosas y se marcha de aquella sala cerrando los ojos unos segundos antes de andar recordando por unos instantes aquel momento para después abrir los ojos con alegría y caminar hacia su habitación para dar comienzo a un nuevo día*.