Kalganath
Vampiro que no usa azules
- Registrado
- 12/11/08
- Mensajes
- 401
Llegaron con poca diferencia de tiempo y se encaminaron a las canteras con paso resuelto. Se tuvieron que abrir paso a través de varias decenas de Gnolls, de las cuales se hizo cargo Kuma en solitario. Los conjuros de Kael Ghar Khan no están para ser desperdiciados en desafíos menores. El avariel tenía en mente, en todo momento, el usuario de la urdimbre que aguardaba al final del camino empedrado de criaturas menores. Del resto bien podía ocuparse el no-dachi del humano. Para eso había contactado con él, a fin de cuentas. Llegaron a la cantera prácticamente intactos si no contábamos algunas magulladuras en las que Kuma no parecía reparar. Kael lo dejó hablando con el capataz para que terminara de convencerse de que esa era una misión llevada a cabo para salvaguardar el modo de vida de los más débiles, de los que no habían escogido la vía del guerrero. Es la obligación moral de los más fuertes proteger la paz de los débiles. Ese solía ser el modo de pensar de Drann y Kael había logrado elaborar su perfil psicológico con bastante facilidad, o eso creía el Ariltel-quessir. Kael ocupó el tiempo que Drann pasó informándose de primera mano de la problemática de la mina haciendo varias mediciones arcanas en la zona, usando algún que otro detectar magia en logares estratégicamente elegidos de antemano en exploraciones aéreas previas. Sonrió para sus adentros, ya que su rostro no podía expresar dicho sentimiento. Parecía estar en lo correcto respecto a su conclusión: no iba a ser un viaje en balde.
Drann se acercó con su determinación reforjada.
- Vamos a limpiar la mina.
Kael no compartía la aprensión que los subterráneos solian provocar en sus congéneres. Quizá se debiera a su mutilada capacidad de sentir como el resto de los mortales o a una comprensión racional de sus propios miedos, lo que hacía más fácil descartarlos por estúpidos. Lo primero que encontraron fueron kobolds, bien equipados, formando comandos…no eran kobolds corrientes y ni siquiera al maestro de armas se le pasó por alto el detalle.
- Aquí pasa algo raro, Kael. Esos Kobolds parecen bien entrenados. Parecen profesionales… quizá aquí haya algo más que unos cuantos monstruos fuera de control.
Kael lo miró con sus inquietantes ojos de color violeta tras la mascara de porcelana que le protegía del daño físico “ Puede que haya subestimado al humano en mi primera valoración”. La desapasionada voz del avariel resonó en la caverna.
- Quizá. Estoy de acuerdo en que no son kobolds normales y erráticos. Nos han tendido tres emboscadas en lo que llevamos recorrido, hay trampas por todas partes y luchan como si hubieran sido entrenados para trabajar en equipo. Sus armas y armaduras son de buena calidad. Demasiados recursos para no estar organizados bajo las ordenes de alguien más poderoso…aún así, no son estas las criaturas que buscamos. A los mineros los mató un arácnido. Continuemos.
Los kobolds los hostigaron hasta que ya no le quedó otra al arcano que usar algunos de sus conjuros para ayudar a Drann/Kuma a deshacerse de ellos. No entraba dentro de sus planes malgastar magia en criaturas insignificantes como los kobolds…aunque estos no fueran kobolds comunes. Atravesaron kilómetros de tuneles, decenas de cavernas y puentes naturales hasta que comenzaron a ver telarañas desproporcionadamente grandes.
- Preparate, Kuma, porque quizá olvide decir que estas arañas no son arañas gigantes o terribles corrientes. Por lo que pude averiguar en mi laboratorio, han sido modificadas mágicamente- El avariel prendió fuego al acero de Drann y reforzó su estructura a nivel atómico para hacerla aún más mortífera. Puso una mano sobre el guerrero y le hizo más fuerte, más ágil y más resistente. El avariel consideró que con esas mejoras el maestro de armas debería ser capaz de vérselas con cualquiera e hizo señal de continuar. Se equivocó.
Cuando llegaron a una fétida caverna recubierta por entero de tela de araña supieron que habían sido demasiado confiados. El Avariel debería haberse adelantado invisible para averiguar el numero de arañas y su distribución en la zona para trazar un plan… abrirse paso a base de fuerza bruta fue la peor de la ideas posibles: Drann se vió rodeado por casi dos docenas de arácnidos del tamaño de caballos de guerra. Había momentos en los que ni siquiera se le veía, prácticamente sepultado por un centenar de patas afiladas como espadas. Kael desenrolló un pergamino y lo leyó en voz alta desde una cornisa que dominaba la caverna. Quince pequeñas bolas de fuego crepitaron y giraron en busca de sus objetivos y quince arañas chillaron al unísono envueltas en llamas, pero no murieron. Su conjuro le dio a Drann el tiempo suficiente para reedificar su defensa. Gracias al respiro el maestro de armas recuperó el ritmo y la concentración y comenzó a parar los ataques de las arañas moviendo el no-dachi a una velocidad superior a la que el ojo de Kael podía seguirla. Pese a todo, siempre había alguna pata que sobrepasaba su guardia y se clavaba en su carne. El daño se fue acumulando y Kuma rugía de ira y dolor…un rugido que cada vez se parecía más al de un animal. Desde su privilegiada posición Kael leyó otro pergamino de Incendiario y pudo ver a la luz de los proyectiles ígneos cómo el cuerpo del humano aumentaba de tamaño hasta cuatro veces su volumen original y se cubría de pelo. Los músculos se hincharon de forma desproporcionada y el titán que antes era Drann hizo un barrido con el no-dachi y partió por la mitad a 4 arañas. Kael abrió los ojos y se paralizó observando como Kuma cortaba en pedazos a todos sus enemigos en un abrir y cerrar de ojos ¡Un licántropo! Kuma era un hombre-oso…definitivamente había subestimado al humano. Había demostrado ser mucho más de lo que aparentaba a simple vista. Kael saltó de la cornisa y aleteo hacía él.
- …¿Estas bien?
- Perfectamente. Lastima no poder decir lo mismo de mis ropas –Una voz gutural salpicada de gruñidos había sustituido la voz del humano- Eran duras… puede que tuvieras razón sobre su naturaleza modificada.
- Yo siempre tengo razón o, como poco, la inmensa mayoría de las veces, Kuma- Kael miró hacía el pozo del elevador que se abría al otro lado de la caverna- “Kuma”, la palabra rokuganí para oso. Tienes un peculiar sentido del humor, licántropo – Kuma emitió un gruñido que tenía algo de risa- Espero que ahora que sabes que esto es más de lo que parece no te eches atrás.
- Yo nunca me retiro de un combate, mago. Nunca. Sea lo que sea lo que nos espera abajo lo enfrentaré y lo derrotaré, como lo he hecho siempre- El avariel asintió y sacó vendas y ungüentos. Dedicaron un tiempo a calmar los corazones desbocados, a tratar las heridas de Drann y a comer y beber algo. Llevaban casi todo el día bajo tierra y el avariel comenzaba a estar agotado.
-Necesito entrar en el ensueño. Cuento contigo para que no nos cojan desprevenidos.
- Descuida – Alzó el mandoble oriental, que ahora blandía con una sola mano, y se puso a bruñirla y afilarla con un cuidado reverencial. Kael se sentó contra una roca en posición de medio loto y cerró los ojos. Cuatro horas después los abrió y repasó los conjuros que había usado para llegar hasta ahí.
- Vayamos con cuidado, Kuma. Si las mascotas son hábiles, del amo debemos esperar lo peor.
- ¿Un Dragón? – La voz del hombre-oso retumbó como el trueno en la caverna.
El avariel no se había parado a barajar esa posibilidad.
- Si es un dragón… espero que sepas correr tan bien como luchas- La voz plana y carente de matices del avariel impedían a Kuma adivinar si eso había sido un atisbo del sentido del humor de Kael. Decidió creer que así era.
Usaron el elevador y caminaron con más cuidado del que habían tenido hasta ahora. Kael invocó a la Pixie que su mentor Diofastos le había entregado para ser convertida en su familiar y ésta desactivó las trampas con las que se toparon. Los kobolds no eran oponente para la forma hibrida del maestro de armas y consiguieron llegar al umbral de un portón con el símbolo de Cyric grabado en la superficie.
- Dudo que sea un dragón. Es la hora de la verdad. Reforzaré tus aptitudes físicas y encantaré tu arma. Luego entraremos invisibles. No ataques hasta que hayamos identificado a la vedadera amenaza – Dicho esto Kael Ghar Khan pasó varios minutos encadenando un conjuro tras otro hasta que consideró que estaban preparados. Por dentro maldecía la posibilidad de que el manipulador urdimbrico que le esperaba al otro lado fuera un usuario del Poder y no del Arte. Si la mano que movía los hilos en esos túneles era un clérigo todo el conocimiento, ingredientes y objetos arcanos que esperaba encontrar cuando decidió bajar a enfrentarse a él no serian más que una quimera. Si continuaba era por orgullo. Nadie le hacía perder el tiempo.
Entraron invisibles en la cámara, a la que se accedía por un largo pasillo repleto de calaveras y antorchas de llama purpura. Cuando llegaron el espectáculo les sobrecogió: una veintena de muertos vivientes ocupaban la sala, decorada con sedas, sillones tapizados a la moda de Calimsham, mesas de madera de teca y estanterías repletas de tomos y grimorios antiguos. Los ojos de Kael cobraron vida tras la mascara de porcelana. A eso había venido. No se iría con las manos vacías. Fuera quien fuera el señor de esas dependencias, no se privaba de nada. Buscaron al susodicho con la mirada hasta que lo encontraron tras un altar de mármol negro, leyendo un libro . Un clérigo semiorco… abominación hibrida embutida en 80 kilos de acero negro, capa con los colores de Cyric y un mangual de aspecto amenazador a la cintura. Lo que sucedió a continuación pasó demasiado deprisa. Kuma salvó la distancia que le separaba del semiorco de cinco pasos y descargó su no-dachi contra su cuello, disipando su invisibilidad. Un golpe perfecto que se vio detenido a un centímetro de la piel del clérigo por algún tipo de protección invisible. El gigantesco Kuma lanzó una tormenta de cuchilladas sobre su enemigo sin que este pareciera recibir daño alguno. Los esqueletos alzaron sus armas contra el licántropo y Kael aprovechó que todos miraban en otra dirección para quitárselos de encima con un pergamino de tromba mayor de misiles de Isaac cortesía de uno de sus benefactores. Los proyectiles mágicos estallaron contra los no-muertos, reduciendo sus huesos a añicos a aquellos a los que impactaron. Arrojó un aliento acido de Mestil y una bola de fuego que terminó por solucionar el problema no-muerto. Caminó con resolución hacía el altar, dónde Kuma y el semiorco estaban ocupados bailando al son de golpes, paradas y contragolpes. La habilidad de Kuma era claramente superior, pero el clérigo suplía sus carencias con los favores de su dios. Parecía invulnerable al fuego y su resistencia al daño infligido por el acero de Kuma era sobrehumano. Una plegaría a Cyric tuvo como resultado que una energía negativa surgida de las entrañas de la tierra drenase las fuerzas del guerrero peludo y su alado compañero. Kael arrojó todo lo que tenía contra el clérigo y tan solo uno de cada 4 conjuros lograba traspasar las protecciones del semiorco. Sin darse cuenta ,el duelo entre los dos gigantes se había desplazado en su dirección. Los dedos de Kael comenzaban a trazar símbolos arcanos en el aire que terminarían con la disipación de algunas de las protecciones de la mole semiorca cuando algo le golpeó con tanta fuerza que lo lanzó a tres metros de distancia. Parpadeó y trató de enfocar la vista…y lo único que vió fue el techo de la caverna. El dolor era insufrible, pero no emitió sonido alguno. Le costaba respirar. Se llevó la mano a la mascara de porcelana y se la quitó a duras penas. Miró hacia abajo y vió que su pecho estaba destrozado. “Ya veo… estaba tan concentrado en los conjuros que no me percaté de que estaba al alcance del mangual..bastardo hibrido..”. El impacto había aplastado su pecho, roto sus costillas y provocado hemorragias internas. Se asfixiaba con cada bocanada de aire, que parecía ser fuego liquido, el dolor le impedía pensar con claridad, pero su delicado rostro permaneció impasible, incapaz de mostrar su sufrimiento igual que era incapaz de reflejar su felicidad, su miedo o su tristeza. Comenzó a nublársele la vista “Así que esto es la muerte. Que banal…” La oscuridad lo engulló y solo oía el sonido del acero contra el acero…hasta que el fragor de la batalla fue menguando en intensidad y solo quedó el silencio, la oscuridad y el frio, un frio que helaba el alma.
Drann se acercó con su determinación reforjada.
- Vamos a limpiar la mina.
Kael no compartía la aprensión que los subterráneos solian provocar en sus congéneres. Quizá se debiera a su mutilada capacidad de sentir como el resto de los mortales o a una comprensión racional de sus propios miedos, lo que hacía más fácil descartarlos por estúpidos. Lo primero que encontraron fueron kobolds, bien equipados, formando comandos…no eran kobolds corrientes y ni siquiera al maestro de armas se le pasó por alto el detalle.
- Aquí pasa algo raro, Kael. Esos Kobolds parecen bien entrenados. Parecen profesionales… quizá aquí haya algo más que unos cuantos monstruos fuera de control.
Kael lo miró con sus inquietantes ojos de color violeta tras la mascara de porcelana que le protegía del daño físico “ Puede que haya subestimado al humano en mi primera valoración”. La desapasionada voz del avariel resonó en la caverna.
- Quizá. Estoy de acuerdo en que no son kobolds normales y erráticos. Nos han tendido tres emboscadas en lo que llevamos recorrido, hay trampas por todas partes y luchan como si hubieran sido entrenados para trabajar en equipo. Sus armas y armaduras son de buena calidad. Demasiados recursos para no estar organizados bajo las ordenes de alguien más poderoso…aún así, no son estas las criaturas que buscamos. A los mineros los mató un arácnido. Continuemos.
Los kobolds los hostigaron hasta que ya no le quedó otra al arcano que usar algunos de sus conjuros para ayudar a Drann/Kuma a deshacerse de ellos. No entraba dentro de sus planes malgastar magia en criaturas insignificantes como los kobolds…aunque estos no fueran kobolds comunes. Atravesaron kilómetros de tuneles, decenas de cavernas y puentes naturales hasta que comenzaron a ver telarañas desproporcionadamente grandes.
- Preparate, Kuma, porque quizá olvide decir que estas arañas no son arañas gigantes o terribles corrientes. Por lo que pude averiguar en mi laboratorio, han sido modificadas mágicamente- El avariel prendió fuego al acero de Drann y reforzó su estructura a nivel atómico para hacerla aún más mortífera. Puso una mano sobre el guerrero y le hizo más fuerte, más ágil y más resistente. El avariel consideró que con esas mejoras el maestro de armas debería ser capaz de vérselas con cualquiera e hizo señal de continuar. Se equivocó.
Cuando llegaron a una fétida caverna recubierta por entero de tela de araña supieron que habían sido demasiado confiados. El Avariel debería haberse adelantado invisible para averiguar el numero de arañas y su distribución en la zona para trazar un plan… abrirse paso a base de fuerza bruta fue la peor de la ideas posibles: Drann se vió rodeado por casi dos docenas de arácnidos del tamaño de caballos de guerra. Había momentos en los que ni siquiera se le veía, prácticamente sepultado por un centenar de patas afiladas como espadas. Kael desenrolló un pergamino y lo leyó en voz alta desde una cornisa que dominaba la caverna. Quince pequeñas bolas de fuego crepitaron y giraron en busca de sus objetivos y quince arañas chillaron al unísono envueltas en llamas, pero no murieron. Su conjuro le dio a Drann el tiempo suficiente para reedificar su defensa. Gracias al respiro el maestro de armas recuperó el ritmo y la concentración y comenzó a parar los ataques de las arañas moviendo el no-dachi a una velocidad superior a la que el ojo de Kael podía seguirla. Pese a todo, siempre había alguna pata que sobrepasaba su guardia y se clavaba en su carne. El daño se fue acumulando y Kuma rugía de ira y dolor…un rugido que cada vez se parecía más al de un animal. Desde su privilegiada posición Kael leyó otro pergamino de Incendiario y pudo ver a la luz de los proyectiles ígneos cómo el cuerpo del humano aumentaba de tamaño hasta cuatro veces su volumen original y se cubría de pelo. Los músculos se hincharon de forma desproporcionada y el titán que antes era Drann hizo un barrido con el no-dachi y partió por la mitad a 4 arañas. Kael abrió los ojos y se paralizó observando como Kuma cortaba en pedazos a todos sus enemigos en un abrir y cerrar de ojos ¡Un licántropo! Kuma era un hombre-oso…definitivamente había subestimado al humano. Había demostrado ser mucho más de lo que aparentaba a simple vista. Kael saltó de la cornisa y aleteo hacía él.
- …¿Estas bien?
- Perfectamente. Lastima no poder decir lo mismo de mis ropas –Una voz gutural salpicada de gruñidos había sustituido la voz del humano- Eran duras… puede que tuvieras razón sobre su naturaleza modificada.
- Yo siempre tengo razón o, como poco, la inmensa mayoría de las veces, Kuma- Kael miró hacía el pozo del elevador que se abría al otro lado de la caverna- “Kuma”, la palabra rokuganí para oso. Tienes un peculiar sentido del humor, licántropo – Kuma emitió un gruñido que tenía algo de risa- Espero que ahora que sabes que esto es más de lo que parece no te eches atrás.
- Yo nunca me retiro de un combate, mago. Nunca. Sea lo que sea lo que nos espera abajo lo enfrentaré y lo derrotaré, como lo he hecho siempre- El avariel asintió y sacó vendas y ungüentos. Dedicaron un tiempo a calmar los corazones desbocados, a tratar las heridas de Drann y a comer y beber algo. Llevaban casi todo el día bajo tierra y el avariel comenzaba a estar agotado.
-Necesito entrar en el ensueño. Cuento contigo para que no nos cojan desprevenidos.
- Descuida – Alzó el mandoble oriental, que ahora blandía con una sola mano, y se puso a bruñirla y afilarla con un cuidado reverencial. Kael se sentó contra una roca en posición de medio loto y cerró los ojos. Cuatro horas después los abrió y repasó los conjuros que había usado para llegar hasta ahí.
- Vayamos con cuidado, Kuma. Si las mascotas son hábiles, del amo debemos esperar lo peor.
- ¿Un Dragón? – La voz del hombre-oso retumbó como el trueno en la caverna.
El avariel no se había parado a barajar esa posibilidad.
- Si es un dragón… espero que sepas correr tan bien como luchas- La voz plana y carente de matices del avariel impedían a Kuma adivinar si eso había sido un atisbo del sentido del humor de Kael. Decidió creer que así era.
Usaron el elevador y caminaron con más cuidado del que habían tenido hasta ahora. Kael invocó a la Pixie que su mentor Diofastos le había entregado para ser convertida en su familiar y ésta desactivó las trampas con las que se toparon. Los kobolds no eran oponente para la forma hibrida del maestro de armas y consiguieron llegar al umbral de un portón con el símbolo de Cyric grabado en la superficie.
- Dudo que sea un dragón. Es la hora de la verdad. Reforzaré tus aptitudes físicas y encantaré tu arma. Luego entraremos invisibles. No ataques hasta que hayamos identificado a la vedadera amenaza – Dicho esto Kael Ghar Khan pasó varios minutos encadenando un conjuro tras otro hasta que consideró que estaban preparados. Por dentro maldecía la posibilidad de que el manipulador urdimbrico que le esperaba al otro lado fuera un usuario del Poder y no del Arte. Si la mano que movía los hilos en esos túneles era un clérigo todo el conocimiento, ingredientes y objetos arcanos que esperaba encontrar cuando decidió bajar a enfrentarse a él no serian más que una quimera. Si continuaba era por orgullo. Nadie le hacía perder el tiempo.
Entraron invisibles en la cámara, a la que se accedía por un largo pasillo repleto de calaveras y antorchas de llama purpura. Cuando llegaron el espectáculo les sobrecogió: una veintena de muertos vivientes ocupaban la sala, decorada con sedas, sillones tapizados a la moda de Calimsham, mesas de madera de teca y estanterías repletas de tomos y grimorios antiguos. Los ojos de Kael cobraron vida tras la mascara de porcelana. A eso había venido. No se iría con las manos vacías. Fuera quien fuera el señor de esas dependencias, no se privaba de nada. Buscaron al susodicho con la mirada hasta que lo encontraron tras un altar de mármol negro, leyendo un libro . Un clérigo semiorco… abominación hibrida embutida en 80 kilos de acero negro, capa con los colores de Cyric y un mangual de aspecto amenazador a la cintura. Lo que sucedió a continuación pasó demasiado deprisa. Kuma salvó la distancia que le separaba del semiorco de cinco pasos y descargó su no-dachi contra su cuello, disipando su invisibilidad. Un golpe perfecto que se vio detenido a un centímetro de la piel del clérigo por algún tipo de protección invisible. El gigantesco Kuma lanzó una tormenta de cuchilladas sobre su enemigo sin que este pareciera recibir daño alguno. Los esqueletos alzaron sus armas contra el licántropo y Kael aprovechó que todos miraban en otra dirección para quitárselos de encima con un pergamino de tromba mayor de misiles de Isaac cortesía de uno de sus benefactores. Los proyectiles mágicos estallaron contra los no-muertos, reduciendo sus huesos a añicos a aquellos a los que impactaron. Arrojó un aliento acido de Mestil y una bola de fuego que terminó por solucionar el problema no-muerto. Caminó con resolución hacía el altar, dónde Kuma y el semiorco estaban ocupados bailando al son de golpes, paradas y contragolpes. La habilidad de Kuma era claramente superior, pero el clérigo suplía sus carencias con los favores de su dios. Parecía invulnerable al fuego y su resistencia al daño infligido por el acero de Kuma era sobrehumano. Una plegaría a Cyric tuvo como resultado que una energía negativa surgida de las entrañas de la tierra drenase las fuerzas del guerrero peludo y su alado compañero. Kael arrojó todo lo que tenía contra el clérigo y tan solo uno de cada 4 conjuros lograba traspasar las protecciones del semiorco. Sin darse cuenta ,el duelo entre los dos gigantes se había desplazado en su dirección. Los dedos de Kael comenzaban a trazar símbolos arcanos en el aire que terminarían con la disipación de algunas de las protecciones de la mole semiorca cuando algo le golpeó con tanta fuerza que lo lanzó a tres metros de distancia. Parpadeó y trató de enfocar la vista…y lo único que vió fue el techo de la caverna. El dolor era insufrible, pero no emitió sonido alguno. Le costaba respirar. Se llevó la mano a la mascara de porcelana y se la quitó a duras penas. Miró hacia abajo y vió que su pecho estaba destrozado. “Ya veo… estaba tan concentrado en los conjuros que no me percaté de que estaba al alcance del mangual..bastardo hibrido..”. El impacto había aplastado su pecho, roto sus costillas y provocado hemorragias internas. Se asfixiaba con cada bocanada de aire, que parecía ser fuego liquido, el dolor le impedía pensar con claridad, pero su delicado rostro permaneció impasible, incapaz de mostrar su sufrimiento igual que era incapaz de reflejar su felicidad, su miedo o su tristeza. Comenzó a nublársele la vista “Así que esto es la muerte. Que banal…” La oscuridad lo engulló y solo oía el sonido del acero contra el acero…hasta que el fragor de la batalla fue menguando en intensidad y solo quedó el silencio, la oscuridad y el frio, un frio que helaba el alma.