DM Caotica
Dungeon Master
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Muchos cuentan la leyenda de un gran héroe llamado Gregorio, su valentía era mayor que su edad. El anciano, de cabello grisáceo y mirada triste, estuvo durante más de un día buscando a su fiel amigo y corcel, un burro llamado Juanito, su cabello era negro como la noche, con un Kiki verde que sujetaba sus sensuales cabellos para que nada le entrase en su joven mirada.
Las buenas gentes de Amn no dudaron en ayudarlo en esta difícil batalla, aunque solo tres fueron los afortunados de cruzar sus caminos con el hombre. La noche fría caía sobre sus cabezas y el aliento de nuestro héroe comenzó a fallar sintiendo algún que otro achaque por la edad, sus rodillas chasqueaban en un ritmo singular con el compás de sus caderas, crujiendo a cada paso, parecía que el pobre se iba a desarmar.
Cual fue la sorpresa que Tymora le tenía reservada.
Juanito desangrado y muerto en mitad del camino, el carro saqueado por bandidos y sus cachivaches esparcidos por el sucio suelo, aunque no era lo que más le preocupaba a nuestro “chico”, si no la ira de su amada mujer al regresar con las manos vacías.
La mujer con la mirada desencajada, salió de su granja, con un humor de perros y con chancleta en la mano, gracias a las noticias nefastas que le acababan de brindar. Nadie se explica como los ancianos iniciaron la marcha, corriendo como locos por el camino y fundiéndose en el hasta que nadie más volvió a verlos, con el único recuerdo de la chancla voladora y el mal genio de la mujer.
Mientras preguntas resuenan en la mente de muchos: ¿El arma de destrucción era de algún material mágico? ¡Volaba como un pájaro!
¿Que ruido prevalecía en el baile de los ancianos? ¿El crujir de sus huesos o los ruidos sobrenaturales que la mujer hacía mientras perseguía al bueno de Gregorio?
¡Herminia, la luchadora inmortal! Titulo con el que se le recordaría…
Las buenas gentes de Amn no dudaron en ayudarlo en esta difícil batalla, aunque solo tres fueron los afortunados de cruzar sus caminos con el hombre. La noche fría caía sobre sus cabezas y el aliento de nuestro héroe comenzó a fallar sintiendo algún que otro achaque por la edad, sus rodillas chasqueaban en un ritmo singular con el compás de sus caderas, crujiendo a cada paso, parecía que el pobre se iba a desarmar.
Cual fue la sorpresa que Tymora le tenía reservada.
Juanito desangrado y muerto en mitad del camino, el carro saqueado por bandidos y sus cachivaches esparcidos por el sucio suelo, aunque no era lo que más le preocupaba a nuestro “chico”, si no la ira de su amada mujer al regresar con las manos vacías.
La mujer con la mirada desencajada, salió de su granja, con un humor de perros y con chancleta en la mano, gracias a las noticias nefastas que le acababan de brindar. Nadie se explica como los ancianos iniciaron la marcha, corriendo como locos por el camino y fundiéndose en el hasta que nadie más volvió a verlos, con el único recuerdo de la chancla voladora y el mal genio de la mujer.
Mientras preguntas resuenan en la mente de muchos: ¿El arma de destrucción era de algún material mágico? ¡Volaba como un pájaro!
¿Que ruido prevalecía en el baile de los ancianos? ¿El crujir de sus huesos o los ruidos sobrenaturales que la mujer hacía mientras perseguía al bueno de Gregorio?
¡Herminia, la luchadora inmortal! Titulo con el que se le recordaría…
