Novedades

Anatomía del rencor y el odio: Delirios

Lady Neverun

Cuenta secreta evidente
Registrado
9/11/24
Mensajes
4

Falsa Candidez.png
(Falsa candidez)
​
La escena estaba perfectamente dispuesta para el cometido que había sido diseñada. Atmósfera íntima, un rincón apartado, y diversas distracciones menores con las que dotar de un ambiente confidencial y relajado que minorase las futuras resistencias que pudieran surgir. Porque nada de esto era casual. Había un objetivo que cumplir.

La mancebía había sido todo un acierto. Lejos de tabernas más concurridas donde cada esquina y recoveco tenía unos ojos y unos oídos dispuestos, este lugar se prestaba a la discreción y el anonimato. Los dueños de tal establecimiento se habían asegurado que su clientela se encontraría segura y con sus secretos a salvo.

Tenía que reconocer que había sido también divertido. La cara habitualmente risueña y dispuesta del joven había mudado de la sorpresa a la incomodidad impulsado seguramente por su orgullo. O los sentimientos que pretendía ocultar hacia ella. Una mixtura de cierta vergüenza y ridículo que alimentaba su espíritu y apetencias más oscuras.

Le ofreció un trago, una muestra más de confianza. Una puerta hacia las confesiones que necesitaba, a derribar las últimas dudas y los muros de la confianza. Él declinaría. Quizás por inapetencia. Quizás por la tensión de encontrarse fuera de lugar.

Sabía que había sido especialmente duro con él. En el trato, la forma o las acusaciones veladas. No se lo había puesto fácil y quizás esta concesión en tono de reconocimiento entre iguales le turbaba. Ese era el plan.

Se recostó sobre el cómodo y mullido mobiliario, confortable tanto en apariencia como su uso. Tendría que tener cuidado de no caer presa de los encantos propios de su escena. Dejó a su alcance aquella botella de Arabella a su alcance con un doble objetivo. Una invitación a futuro a desahogar o comprar tiempo. También una futurible señal del estado de tensión de lo que se avecinaba. De tomarlo, habría cambiado el ambiente.

Serviría una copa para sí y la llevaría hacia sus labios con cierto ritual, en silencio y sin prisa. Se regalaría un trago generoso pero lento, apreciando los matices y deleitándose con una leve pausa para observarlo. Acto seguido, tomaría el extraño instrumento oriental de su siniestra y aprovecharía para realizar unas bocanadas de cierto vapor perfumado.

mancebia 2.png​


Su voz bajó de tono hasta convertirse en un susurro seguro y en tono de confidencia.

-No soy particularmente prolífica en confesar nada, y menos a terceros. Pero si en esta ocasión tuviera que hacerlo he de decir que he cambiado varias veces de opinión acerca de ti.

Pausa. Silencio. Inhalación profunda. Dejar que la espera y las palabras calen en su psique. Es la primera vez que se muestra en este tono con él y espera que sea lo suficientemente sorprendente para captar su atención. Él se mantuvo de pie mirándola fijamente corta distancia. Rígdo. A la expectativa de lo que pudiera suceder. ¿Temeroso quizás?

-Mi primer error fue tomarte por un joven insulso, recién llegado y sin batallas a las espaldas que participaba sin quererlo en un juego de mayores. Una leva sin importancia para fenecer sin pena ni gloria en una primera reyerta.

Cadáver anónimo de guerras o ajustes de cuentas de mayores. Un punto y seguido en el libro del señor de los asesinatos sin mayor relevancia.

Su tono cambió y comenzó a acelerar su relato. Escenas posteriores, no exentas de conflicto y de intercambio fueron recordándose en boca de ella en una sucesión que se aceleraba tratando de crear una atmósfera auto conclusiva. El metrónomo de la conversación se aceleraba, mientras él solo podía fingir indiferencia y mantenerse hierático a la espera de un desenlace.

-Te había subestimado.

Inhaló de nuevo rociando de forma difusa al joven y creando una atmósfera semi mística íntima y cercana, apropiada para el tono de la conversación. Quería hacerse suya la atención y recoger algún tipo de respuesta. Un parpadeo. Una sutil contracción del rictus. Pero no lo coseguía.

-Entonces vinieron las sospechas y las preguntas. O la ausencia de respuestas. Mi cruzada particular, y tu mutismo reservado que las acrecentaba.

Y entonces, creo que he comprendido algo.

No es que las preguntas no fueran adecuadas, sino que lo adecuado no era hacer preguntas. Porque lo que necesito saber, no se puede verbalizar de forma directa. O no tiene el valor que requiere.

En mi aldea natal, había ancianas. Pocas de hecho. Pero ancianas con la capacidad de asustar a los niños. De contar historias de otra época. Cuentos de viejas que asustaban infantes de imaginación desbocada.

Pero también, solo algunas de ellas, eran capaces de ver a través del alma.

De forma sutil.

Privada.

Sin reconocerlo de forma abierta por miedo a ser tratadas como brujas o enviadas del abismo.


Tan solo necesitaban la mano de alguien y observar sus dibujos.

Alzó entonces su mano con delicadeza, lenta como aquel que quisiera rendir sus armas ni levantar sospechas. Su diestra acabaría alma arriba y con un gesto de recogimiento. Una invitación a depositar otra mano y dejarse llevar por las historias de aquellas viejas, pocas, que podían ver a través del alma de cualquiera.
 
Última edición:

Lady Neverun

Cuenta secreta evidente
Registrado
9/11/24
Mensajes
4
Tomaría la mano del joven con delicadeza, allanándola cual pergamino que ha de ser dispuesto para acto seguido explorarla con sus yemas desnudas. Líneas, pliegues y particularidades que esta tuviera serían objeto de un escrutinio teatral pero realmente poco efectivo.

Tras los pases místicos separó su mano unos milímetros sin llegar a tener contacto, pero sugiriendo que la posición fuera importante. Sus párpados caerían con pesadez, dibujando su rostro una expresión concentrada y profunda. Mantuvo su mutismo y la concentración mientras sus falanges vibraron con escaso recorrido. De forma instintiva, y fruto de la concentración, pudo adentrarse más allá de lo terrenal y bordear los límites de su aura. Tenía la intuición previa que no encontraría bondad en aquel ser que pretendía ser cándido y bondadoso.

Y así le fue revelado.

El alma de aquel joven albergaba pocos matices de bondad, y su candidez debía ser fingida, puesto que en su esencia no había encontrado rastro de nada de ello.
​

Adivinacion.png​

Y ese fue el primer error.

Extasiada con el resultado desconectó del plano terrenal perdiendo de vista lo que allí ocurría. La mano de él fue retirada despacio, sosegadamente. Esta subió para agarrarla con suavidad del mentón, apoyando su pulgar en los labios de ella en un falto gesto compasivo o seductor. Quizás fue lo que le alertó de lo que estaría por llegar. Ella tomaría la muñeca robusta de él con delicadeza pero de manera firme y trataría de retirarla sin que resultara violento.

-Ninguno de los dos hemos venido aquí a servir, a ser abanderados de los parias, los débiles o sencillamente a sufrir con ingenuidad las patrañas de aquellos que se arrogan un autoridad moral superior.

La mano del falso cándido rápidamente bajó cuando notó que ella había bajado la guardia como si ella hubiera caído en su trampa. La agarraría del cuello con fuerza mientras miraba en la profundidad de unos ojos sorprendidos con extraña calma tranquilidad. Estaba dispuesto a asfixiarla.

Ella fue consciente de la amenaza y entendió que no era el momento de pelear. No había perdido la esperanza de conseguir su objetivo. Dejaría que la tomara por el cuello y fijaría su mirada desafiante sobre él.

-Yo he nacido para ver el mundo arder.

Algo cambiaría en la sala, haciendo el ambiente más pesado. Una cierta atmosfera opresiva que lejos de incapacitar, estorbaría, haciendo del ambiente algo pesado y siniestro. Trató de usar sus dones para revelar su verdadera naturaleza, algo que había confiado a pocos y que esperaba no equivocarse retirando el telón.

-En mi muñeca hay un filo con veneno como para matar a un orco en 3 minutos, contigo tardaría mucho menos. No trates de discutir por qué no me gusta qué hablen por encima de mí.

-No sé a qué esperas entonces.

Se mantuvo firme y relajada. Cual si esperase hierática que cumpliera con una funesta profecía sobre su destino.

-Así qué tienes dos opciones en este momento. Dijo mientras qué, él, se acercaba más a ella, casi cubriéndola con su cuerpo por si alguien al pasar mirase hacia esa esquina, tratando de ocultarlo como si fuera algún tipo de 'juego' de parejas.

Su boca dibujó una mueca de cierto disgusto por la presión y la proximidad de la hoja, más no articuló palabra. Solo su mirada fría se mantendría como bandera de una convicción fanática y desesperada. Morir aquí no estaba entre sus miedos más próximos.

-Opción número uno, no hemos tenido esta conversación, no has usado lo que sé que has usado y vas a ser una chica sumisa y buena y no vas a intentar nada. Opción dos, te corto el cuello y te saco de aquí, y dejaré tu destino a cara o cruz.

Pausa. Presión en su cuello. Interponiendo su peso corporal mientras fruncía el ceño.

-Tienes diez segundos para elegir.

-No, querido. Tú tienes diez segundos para elegir. No puedes borrar lo que eres, ni lo que persigues. Yo no quiero más preguntas, poco me importan las respuestas que puedas tener.

Tuerce sus labios en un rictus malicioso, aparentando seguridad y entereza.

-Solo quiero saber si en un momento de necesidad, podré contar contigo y harás alguna estupidez. Como querer matarme.

El se había percatado. El subterfugio de ella había caído, pero estaba presionando más de lo que él podía admitir. Finalmente apretó su cuello con fuerza, poniendo ambas manos en él para intentar que perdiera el conocimiento.

- Cobarde.

De forma refleja abandonaría su actitud pasiva en este envite y se zafaría de la presa de este, liberando la presión contra su cuello. Usó sus manos para empujar a su agresor y tomar cierta distancia de seguridad, asegurándose cierto espacio antes de una eventual reyerta. Su rostro reflejaría una profunda decepción que se vería reflejada en el tono de su voz.

-Vete o gritaré antes de que puedas acercarte.

-Acabaré contigo.

Acabaré contigo.
​
 

Lady Neverun

Cuenta secreta evidente
Registrado
9/11/24
Mensajes
4
La niebla se alzaba densa y negra, envolviendo el paisaje en un manto sofocante. Un viento gélido ululaba de forma dramática. Sentía un frío antinatural que le recorría el espinazo, a modo de advertencia sobrenatural.

Ella avanzaba, aunque no podía decir si sus pies tocaban el suelo o si era arrastrada por fuerzas invisibles. El mundo carecía de contornos claros; todo era sombras cambiante, susurrando palabras que no lograba entender pero que llenaban el aire con una pesada inquietud. ¿Dónde se encontraba?

Sueño.png​

Un repentino remolino de sombras cambió su realidad, rodeado de un halo purpúreo rompiendo la monotonía. Una figura surgió de la oscuridad, su silueta elegante pero extrañamente difusa, como si las mismas sombras la protegieran de ser percibida por completo.

Intentó avanzar, pero algo en su interior la obligó a detenerse. No era miedo. Era una mezcla de fascinación y repulsión, como si su alma supiera algo que su mente no podía comprender.

La figura no hablaba, pero su mera presencia parecía llenar el vacío con palabras que resonaban en lo más interno de ella. Era como si una melodía perdida desde hacía mucho tiempo se deslizara en su mente, evocando recuerdos que no eran suyos. Una voz, suave y profunda, comenzó a surgir en su conciencia, interpelándola.

"¿Por qué sigues caminando por un sendero que no es tuyo?"

Quiso responder. Se esforzó con toda su esencia, pero las palabras se fenecían en su garganta. Sentía el peso de su armadura, ahora más pesada que nunca. Miró hacia abajo y vio que sus guanteletes estaban manchados, no de sangre, sino de una sustancia negra y pegajosa que parecía emanar de su propia piel. Intentó limpiarse, pero cuanto más lo hacía, más se extendía la mancha, subiendo por sus brazos y hacia su pecho.

"Tu poder es real, pero está atrapado. Encadenado."

La figura se movió lentamente hacia ella, y por un instante pensó que la tocaría. Pero no lo hizo. En cambio, extendió una mano pálida hacia el vacío, y con un simple gesto, la niebla a su alrededor comenzó a disiparse. Apareció entonces un cielo nocturno, tan negro que las estrellas parecían heridas de luz en la oscuridad. Una luna oscura dominaba el cielo, apagada pero presente, como una promesa silenciosa.

"No eres más que una herramienta. Un peón olvidado. Un instrumento perdido de él."

Sus palabras la hirieron en la conciencia como una daga invisible. Sintió un escalofrío recorriendo su espalda. Recordó las palabras de aquel que le había enseñado el camino, las promesas de poder absoluto, de venganza. Pero ahora, esas promesas parecían huecas, vacías, como ecos de un trato que nunca había terminado de comprender.

La figura inclinó la cabeza hacia un lado, como si estudiara su reacción. No había juicio en ese gesto, solo una curiosidad serena, casi maternal. Luego, la voz resonó una vez más, esta vez con una calidez inesperada:

"Tú eliges. Siempre eliges. Pero, ¿elegiste bien?"

Ella intentó gritar al mundo que ya lo había hecho, que su camino era claro. Pero en lo profundo de su ser, sabía que no era así. Una parte de ella, pequeña pero insistente, dudaba. ¿Era esta figura una amenaza, o una liberación?

Antes de que pudiera responder, el suelo bajo sus pies se abrió en grietas, y el cielo nocturno comenzó a caer sobre ella. La figura desapareció en la oscuridad, dejando solo el eco de una última frase:

"La sombra no siempre consume; a veces, protege."

Despertó sobresaltada, su respiración agitada. Su habitación estaba en penumbras, y la tenue luz de una vela parpadeaba junto a la cama. El sueño se desvanecía, pero la inquietud permanecía. La duda, como una semilla plantada en la oscuridad, echaba raíces profundas.

¿Quién traicionará a los traidores?
 

Lady Neverun

Cuenta secreta evidente
Registrado
9/11/24
Mensajes
4
Falsa Candidez.png​

La adrenalina le recorrió el cuerpo como un espasmo eléctrico y repentino. Sus músculos se tensaron hasta el límite de la acción, clamando por una respuesta, movimiento o la liberación de la agresividad contenida. El recrujir de sus dientes le estaba produciendo dolor en el parietal, fruto de la tensión. En su paladar el gusto amargo o ácido propio de la segregación de la hormona.

Y había algo más. El agrio sabor del miedo. O del instinto de preservación. Una señal de alerta que no había sentido hasta ahora.

Puqzu Luswawxn no había supuesto hasta ahora una amenaza. Al menos hasta la fecha. Los breves e intensos intercambios verbales de bravatas le habían divertido, incluso provocado y servido para generar desesperación en el corazón confundido del joven. Las amenazas sonaban vacías y debía confesar que había disfrutado con la confusión de él, buscando una epifanía que hiciera se revelase de una maldita vez.

Había funcionado hasta el momento, formaba parte de su plan, pero en tan solo unos instantes se había torcido de forma irremediable.

El golpe vino de forma sobrevenida. Inesperada. Podría haber forcejeado para evitarlo, pues pudo apercibir su intención. En su interior una fuerza aún pugnaba con cierta esperanza de que se detuviera a mitad de camino. Un arrepentimiento que no llegó.

El golpe sonó, seco. Contundente. Un pitido repentino le advirtió que había alcanzado su pabellón auditivo. Aquello no traería consecuencias graves, más allá de una herida en el orgullo. Sin embargo, fue su acción posterior lo que despertó su instinto.

Se posicionó entre ella y la puerta con gesto desafiante. Su mirada había perdido la candidez que hasta el momento se esforzaba en aparentar. La sombra de la criatura cándida dejo paso a un depredador herido. Molesto. Sea lo que fuere habría conseguido con sus pullas y desprecios despertar a una bestia que no esperaba tener en contra.

Temió que esta vez la violencia no tuviera contención. Incluso a pesar de encontrarse en un lugar público y rodeados de gente. En aquella habitación tan solo habitaban los tres y la celeridad en su cadena de pensamientos sería decisiva.

La alquimia propia del instinto hizo el resto. Tensó las piernas adoptó una posición de flexión para cargar la fuerza que pretendía utilizar. Sin que mediara mesura o contención, cargó contra la figura orgullosa empujando con ambas manos sobre su pecho cargando la fuerza de sus robustas piernas y brazos.

Aquello lo pilló desprevenido, por suerte. No tuvo tiempo de esquivar o posicionarse para la contra. Recibió la carga con toda su potencia, levantando el cuerpo del suelo hasta estrellarse contra el muro de piedra de la sala. Un gruñido de sorpresa y contención le salvaría al joven de daños mayores, más no evitó que cayera al suelo sorprendido y magullado.

Fue en aquel momento que pasaría sobre él, pisando con fuerza con la greba metálica sobre el pecho de su ahora adversario. No sabría decir si el gesto era por rabia, quizás por desdén o como precaución de daños mayores.

El juego había cambiado.
​

Voces 2.png​
 
Arriba