doble
Niño sin padres ni hospicio
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- 21/9/11
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- 25
- Edad
- 42
DESCRIPCIÓN FïSICA
Chico de 18 años. Tiene cabello castaño y largo, le llega a la altura de los hombros. Sus ojos oscuros.Mide 1,70 de altura, siendo de constitución fuerte. Y muy olvidadico sobretodo con los nombres.
Raza: Humano
Clase: Guerrero
Alineamiento: Neutral autentico
Carisma base: 10
Deidad: Helm
SU PASADO :
Nunca podré olvidar el rostro blanco de mi madre cuando aquella noche abrió la puerta. Miró al hombre que tenía enfrente, como si un fantasma hubiera regresado del pasado para atormentarla y con una voz débil dijo: Mi señor ¿Puedo ayudarle en algo?
El caballero, un hombre alto, de cabellos castaños, y de aspecto noble, se quitó el sombrero de ala ancha y bajo la mirada, como si le avergonzase el trabajo que tenía por delante y las palabras no quisieran ser pronunciadas en su garganta.
- Mi señora… El señor Lars desea… desea ver al chico.
- ¿Qué pasa? – quise saber. Aún estaba medio dormido, despertado al escuchar cómo alguien había llamado a la puerta de casa. Mi madre alzó la vista e intentó sonreírme, pero sus ojos se oscurecían por momentos.
- No pasa nada cielo, vuelve arriba a dormir.
- Lo siento Leonord – dijo el hombre dolorido -. Debo llevármelo, compréndelo.
- P-pero es mi hijo, ¡no puedes llevártelo!
- Por favor… - el hombre se acercó a mi madre y se habló en voz baja. Mi madre negaba mientras él parecía tan afectado como ella, hasta que finalmente mi madre se llevó las manos al rostro. El hombre le puso una mano sobre el hombro y con un abrazo y susurró algo al oído. Yo estaba perplejo en las escaleras, sin comprender nada de lo que pasaba. No me gustaba que un hombre abrazase a mi madre, pero no sabía qué hacer. Así que permanecí quieto hasta que mi madre asintió y se volvió hacia mí. Sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas, y corriendo bajé las escaleras para abrazarla.
- Escúchame mi pequeño hombrecito – me dijo recibiendo mi abrazo al tiempo que se arrodillaba -. Tienes que irte con este señor.
- ¿Por qué? – quise saber.
- Tu… tu padre – dijo con un esfuerzo -. Quiere conocerte. Es un hombre noble, y quiere que vivas con él un tiempo.
Por aquel entonces no comprendía lo que mi madre me estaba intentando explicar; Que aquel hombre a quién debería llamar “padre”, no había conseguido tener hijos legítimos con su esposa, solo un bastardo nacido hace cuatro años por parte de una criada, concebido una noche en que la bebida le había convertido en poco más que un animal, y que al morir esta, yo era su único hijo.
- Pero yo no quiero irme – le dije.
- Este hombre tan amable se llama Paul, es un buen amigo mío, y cuidará de ti. ¿De acuerdo? No será por mucho tiempo, solo ves y pasa unos días con él. ¿Lo harás por mi?
Asentí crédulo, sin saber que aquello que debían ser unos pocos días, se convirtieron en dekhanas, meses e incluso años sin volver a ver a mi madre. Unos horribles y tortuosos años, rodeado de la hipocresía de la alta y baja nobleza de Amn, donde cada palabra pronunciada parecía tener un significado oculto, y donde cada gesto era más de lo que parecía a simple vista.
Pero la mente de un niño de cuatro años es fácilmente maleable, y no tardé en olvidarme de la granja en que me crié y de mi madre, fascinado por todo aquel mundo lleno de color y comodidades. Colchones rellenos de plumas de oca, comida caliente todos los días y en abundancia, ropa suave, ¡y criados! Montones de criados que te calentaban el agua para la bañera o limpiaban el hogar. Era difícil resistirse a aquel mundo que Paul me mostraba cada día siguiendo las órdenes de mi padre, un hombre serio, de pelo encanecido y muy orgulloso y altivo. Le gustaba el buen vino y las fiestas de la sociedad, donde intentaba aparentar más de lo que se era, y a mi me presentaba - como su heredero, aunque esto hacía que las mujeres mirasen de reojo a las demás damas y cuchicheasen –
- No sabía que Lars tuviera un hijo – dijo uno de los chicos de la fiesta. Se llamaba Richard, y era un muchacho alto y rubio, con unos pómulos demasiados marcados para su edad -. ¿Cómo dices que te llamabas?
- Aric Von Glick – recite cortésmente tal como me habían enseñado.
- Richard Mc Gonahan, encantado de conoceros – respondió al saludo, tal como a él le habían enseñado.
Parecía un chico agradable, de sonrisa rápida y gestos suaves. Lástima que antes de que acabase esa noche, su agradable sonrisa acabara con el labio partido y un moratón en el ojo. Por fortuna para él, Paul estaba cerca y rápidamente me separó del joven.
- ¡Déjame! ¡Voy a matarlo! – grité. Los músicos dejaron de tocar, los invitados comenzaron a mirarnos, y mi padre… mi padre parecía convocado del muro de los herejes cuando llegó a donde estábamos. Me soltó una bofetada sin preguntar qué ocurría y me agarró del brazo sacándome de la fiesta camino el jardín. Paul nos siguió de cerca, alejándose del murmullo de la fiesta.
- ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – y me arreó otra bofetada.
- Ese chico me llamó bastardo, y dijo que mi madre era… era… - no pude pronunciar la palabra.
- Me importa poco lo que dijera de tu madre, ahora mismo entrarás y te disculparás.
- ¡Me niego!
Otra bofetada y el sabor de la sangre me inundó la boca.
- Lo harás – sentenció. Paul miraba horrorizado la escena, pero se mantuvo en todo momento al margen. Entonces mi padre giró sobre sus talones y yo tuve que ir tras él, donde tras disculparme con Richard en la fiesta y con los anfitriones marchamos a casa.
Esa noche Paul me visitó en mi habitación. Preocupado por los golpes que mi padre me había dado al llevar a casa, y mientras me examinaba los moratones, no pude evitar preguntarle sobre mi madre. Paul suspiró.
- Tu madre era sirvienta aquí, hace años – explicó -. Era la mujer más guapa que había visto. Amables con todos, siempre sonriente… Ayudaba a la difunda esposa del Señor, y a todos quienes lo requerían – y sonrió -. Era demasiada buena para trabajar aquí. Pero tuvo la desgracia de tropezarse con el Señor una noche que llegó borracho.
- Entonces… es cierto que soy…
- Eres el hijo de la mujer más buena que conozco – terminó la frase.
Entonces comprendí todo. Paul amaba a mi madre. Siempre la había amado. Quizás incluso… mi madre también le hubiera amado a él.
- Paul, quiero irme a casa, ya no quiero ser heredero – dije.
- No puedes, el Señor no lo permitirá.
- No me importa – dije resuelto. Me levanté y me deshice de todas las joyas o lujos que portaba encima -. Que se busque otro hijo, yo solo quiero volver con mi madre.
Esa noche escapé ayudado de Paul, quien convencí para que me acompañase, y estuvimos toda la noche cabalgando, lejos de los caminos, hasta llegar a la granja donde mi madre vivía. Mi madre apenas se podía creer que hubiera vuelto con ella, y me abrazó tan fuerte que me dejó sin respiración, repitiendo que nunca más me dejaría marchar. De esa forma, regresé a mi hogar, y con el tiempo Paul se convirtió en un padre para mi, y un esposo para mi madre. ¡Y debo de confesar que era toda una caja de sorpresas! Paul consiguió espantar a los 5 hombres que mi “padre” había mandado para llevarme de vuelta con una simple espada de madera, haciendo uso de las técnicas de lucha, las cuales me enseño años mas tarde.
Ahora todo parecía estar en orden.
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Chico de 18 años. Tiene cabello castaño y largo, le llega a la altura de los hombros. Sus ojos oscuros.Mide 1,70 de altura, siendo de constitución fuerte. Y muy olvidadico sobretodo con los nombres.
Raza: Humano
Clase: Guerrero
Alineamiento: Neutral autentico
Carisma base: 10
Deidad: Helm
SU PASADO :
Nunca podré olvidar el rostro blanco de mi madre cuando aquella noche abrió la puerta. Miró al hombre que tenía enfrente, como si un fantasma hubiera regresado del pasado para atormentarla y con una voz débil dijo: Mi señor ¿Puedo ayudarle en algo?
El caballero, un hombre alto, de cabellos castaños, y de aspecto noble, se quitó el sombrero de ala ancha y bajo la mirada, como si le avergonzase el trabajo que tenía por delante y las palabras no quisieran ser pronunciadas en su garganta.
- Mi señora… El señor Lars desea… desea ver al chico.
- ¿Qué pasa? – quise saber. Aún estaba medio dormido, despertado al escuchar cómo alguien había llamado a la puerta de casa. Mi madre alzó la vista e intentó sonreírme, pero sus ojos se oscurecían por momentos.
- No pasa nada cielo, vuelve arriba a dormir.
- Lo siento Leonord – dijo el hombre dolorido -. Debo llevármelo, compréndelo.
- P-pero es mi hijo, ¡no puedes llevártelo!
- Por favor… - el hombre se acercó a mi madre y se habló en voz baja. Mi madre negaba mientras él parecía tan afectado como ella, hasta que finalmente mi madre se llevó las manos al rostro. El hombre le puso una mano sobre el hombro y con un abrazo y susurró algo al oído. Yo estaba perplejo en las escaleras, sin comprender nada de lo que pasaba. No me gustaba que un hombre abrazase a mi madre, pero no sabía qué hacer. Así que permanecí quieto hasta que mi madre asintió y se volvió hacia mí. Sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas, y corriendo bajé las escaleras para abrazarla.
- Escúchame mi pequeño hombrecito – me dijo recibiendo mi abrazo al tiempo que se arrodillaba -. Tienes que irte con este señor.
- ¿Por qué? – quise saber.
- Tu… tu padre – dijo con un esfuerzo -. Quiere conocerte. Es un hombre noble, y quiere que vivas con él un tiempo.
Por aquel entonces no comprendía lo que mi madre me estaba intentando explicar; Que aquel hombre a quién debería llamar “padre”, no había conseguido tener hijos legítimos con su esposa, solo un bastardo nacido hace cuatro años por parte de una criada, concebido una noche en que la bebida le había convertido en poco más que un animal, y que al morir esta, yo era su único hijo.
- Pero yo no quiero irme – le dije.
- Este hombre tan amable se llama Paul, es un buen amigo mío, y cuidará de ti. ¿De acuerdo? No será por mucho tiempo, solo ves y pasa unos días con él. ¿Lo harás por mi?
Asentí crédulo, sin saber que aquello que debían ser unos pocos días, se convirtieron en dekhanas, meses e incluso años sin volver a ver a mi madre. Unos horribles y tortuosos años, rodeado de la hipocresía de la alta y baja nobleza de Amn, donde cada palabra pronunciada parecía tener un significado oculto, y donde cada gesto era más de lo que parecía a simple vista.
Pero la mente de un niño de cuatro años es fácilmente maleable, y no tardé en olvidarme de la granja en que me crié y de mi madre, fascinado por todo aquel mundo lleno de color y comodidades. Colchones rellenos de plumas de oca, comida caliente todos los días y en abundancia, ropa suave, ¡y criados! Montones de criados que te calentaban el agua para la bañera o limpiaban el hogar. Era difícil resistirse a aquel mundo que Paul me mostraba cada día siguiendo las órdenes de mi padre, un hombre serio, de pelo encanecido y muy orgulloso y altivo. Le gustaba el buen vino y las fiestas de la sociedad, donde intentaba aparentar más de lo que se era, y a mi me presentaba - como su heredero, aunque esto hacía que las mujeres mirasen de reojo a las demás damas y cuchicheasen –
- No sabía que Lars tuviera un hijo – dijo uno de los chicos de la fiesta. Se llamaba Richard, y era un muchacho alto y rubio, con unos pómulos demasiados marcados para su edad -. ¿Cómo dices que te llamabas?
- Aric Von Glick – recite cortésmente tal como me habían enseñado.
- Richard Mc Gonahan, encantado de conoceros – respondió al saludo, tal como a él le habían enseñado.
Parecía un chico agradable, de sonrisa rápida y gestos suaves. Lástima que antes de que acabase esa noche, su agradable sonrisa acabara con el labio partido y un moratón en el ojo. Por fortuna para él, Paul estaba cerca y rápidamente me separó del joven.
- ¡Déjame! ¡Voy a matarlo! – grité. Los músicos dejaron de tocar, los invitados comenzaron a mirarnos, y mi padre… mi padre parecía convocado del muro de los herejes cuando llegó a donde estábamos. Me soltó una bofetada sin preguntar qué ocurría y me agarró del brazo sacándome de la fiesta camino el jardín. Paul nos siguió de cerca, alejándose del murmullo de la fiesta.
- ¡¿Qué crees que estás haciendo?! – y me arreó otra bofetada.
- Ese chico me llamó bastardo, y dijo que mi madre era… era… - no pude pronunciar la palabra.
- Me importa poco lo que dijera de tu madre, ahora mismo entrarás y te disculparás.
- ¡Me niego!
Otra bofetada y el sabor de la sangre me inundó la boca.
- Lo harás – sentenció. Paul miraba horrorizado la escena, pero se mantuvo en todo momento al margen. Entonces mi padre giró sobre sus talones y yo tuve que ir tras él, donde tras disculparme con Richard en la fiesta y con los anfitriones marchamos a casa.
Esa noche Paul me visitó en mi habitación. Preocupado por los golpes que mi padre me había dado al llevar a casa, y mientras me examinaba los moratones, no pude evitar preguntarle sobre mi madre. Paul suspiró.
- Tu madre era sirvienta aquí, hace años – explicó -. Era la mujer más guapa que había visto. Amables con todos, siempre sonriente… Ayudaba a la difunda esposa del Señor, y a todos quienes lo requerían – y sonrió -. Era demasiada buena para trabajar aquí. Pero tuvo la desgracia de tropezarse con el Señor una noche que llegó borracho.
- Entonces… es cierto que soy…
- Eres el hijo de la mujer más buena que conozco – terminó la frase.
Entonces comprendí todo. Paul amaba a mi madre. Siempre la había amado. Quizás incluso… mi madre también le hubiera amado a él.
- Paul, quiero irme a casa, ya no quiero ser heredero – dije.
- No puedes, el Señor no lo permitirá.
- No me importa – dije resuelto. Me levanté y me deshice de todas las joyas o lujos que portaba encima -. Que se busque otro hijo, yo solo quiero volver con mi madre.
Esa noche escapé ayudado de Paul, quien convencí para que me acompañase, y estuvimos toda la noche cabalgando, lejos de los caminos, hasta llegar a la granja donde mi madre vivía. Mi madre apenas se podía creer que hubiera vuelto con ella, y me abrazó tan fuerte que me dejó sin respiración, repitiendo que nunca más me dejaría marchar. De esa forma, regresé a mi hogar, y con el tiempo Paul se convirtió en un padre para mi, y un esposo para mi madre. ¡Y debo de confesar que era toda una caja de sorpresas! Paul consiguió espantar a los 5 hombres que mi “padre” había mandado para llevarme de vuelta con una simple espada de madera, haciendo uso de las técnicas de lucha, las cuales me enseño años mas tarde.
Ahora todo parecía estar en orden.
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