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Arieden Sawtooth

Akula

Vampiro buceador de lagos
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20/1/20
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27
¿Alguna vez has nadado debajo el mar? ¿Alguna vez has abierto los ojos dentro del mar? En mitad del mar, no ves ni oyes nada que no sea el mover de las mareas.

A eso es a lo que aspiro...Una vida tranquila, en silencio, sin remordimientos, sin preocupaciones...

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En una noche tranquila en Brynn-Ley, uno de los barcos atracados en el puerto, emana una luz procedente del camarote del capitán. Dentro, dos hombres, el propio capitán y un hombre de su confianza, revisan un pergamino, donde vienen listados una serie de personas.

- Y el último contratado es...Arieden. - decía el hombre de confianza -Un tal Arieden Sawtooh.

El capitán arquea una ceja al escuchar el nombre.

- ¿Arieden? No recuerdo haber escuchado haber escuchado ese nombre antes, ¿lo has contratado de última hora?

- Sí. Era de los últimos en la cola y cuando cerramos la lista me vino suplicando que tenía que trabajar para nosotros sí o sí. - Al ver la cara de disgusto del capitán, pues al añadir a Arieden había superado el límite de marinero a contratar que se le había indicado, continuó hablando - No te preocupes, renunció al sueldo durante un año, no hará falta pagarle, y cuando regresemos a Brynn-Ley, le despedimos.

- ¿Cómo es que va a trabajar sin recibir nada a cambio?

- Dice que está buscando a una capitana de un barco, que si tiene cuentas pendientes con ella y que al parecer, no hay rastro de ella desde hace meses. Va a aprovechar en cada destino para recabar información y que necesita transporte. Y, a cambio del transporte, va a trabajar en el barco.

- No sé. - Dijo el capitán - Todo esto me parece muy sospechoso, a ver si nos vamos a meter en un embrollo con las personas equivocadas.

- Tranquilo, me dijo que es huérfano, que lleva desde chico de barco en barco trabajando en el mar. Seguro que hace un buen trabajo.

Al día siguiente, recién llegado el amanecer, una figura con el rostro medio oculto reza al lado de un altar dentro de un templo dedicado a Umberli, la Reina de las Profundidades. El rostro oculta a un hombre joven, de estatura media, tez oscura, calvo, con varias arrugas y cayos por todo su cuerpo a raíz de realizar numerosos trabajos manuales a lo largo de su vida. Sus vestimentas, muy sencillas, ropajes viejos y pequeños harapos que sirven como parches, ropa modesta y justa para no pasar frío. Tras finalizar el rezo diario y realizar un donativo al templo, se dirige hacia el puerto de Brinn-Ley, donde continuaría su larga búsqueda. El primer destino de aquel Barco es Athkatla, Ciudad de la Moneda, cuyo puerto, al ser uno de lo más grandes, es un destino bastante atractivo para conseguir la información que busca.

¿La vida en pleno mar? No es problema para Arieden: En sus experiencias anteriores ha tenido que lidiar con tripulaciones y, sobre todo, capitanes más problemáticos. Personalmente, no hay tarea que el disfrute más o le disguste, simplemente disfruta del enorme paisaje de las aguas saladas. El mar no entiende de prejuicios, no entiende de géneros, razas o edades: Si está calmo y los vientos soplan a tu favor, el viaje será rápido y próspero, pero como te encuentres una gran tempestad, reza para que tu vida no sea reclamada por las aguas bravas. Este viaje a Athkatla, sin embargo, transcurrió de manera tranquila, lo cual es un alivio para Arieden, que no lleva bien ni guarda buenos recuerdos del estrés de trabajar bajo presión y el riesgo que supone trabajar en un barco en plena tempestad.

Tras llegar a Athkatla y terminar el trabajo de descarga y carga de mercancías, tocaba el momento de recabar información. Ni siquiera avisó al capitán, ya que no iba a volver a embarcar (al menos, no con ellos). Sin embargo, nada más poner un pie en el Distrito Portuario, Arieden se chocó con un hombre y se cayó al suelo. Apoyando las dos manos en el suelo para amortiguar la caída, alzó la cabeza para ver con quien se había chocado. El hombre, un joven grande, musculoso, vestido con ropas de cuero y una capa, se había mantenido de pie, como si no se hubiese inmutado del choque con Arieden.


- ¡Mucho cuidado, hombre! - Tronó el hombre, con una voz divertida mientras le tendía la mano para levantarle - Venga, ¡arriba!

- Lo-lo siento - Arieden aceptó la mano del hombre, que le ayudó a levantarse - Gr-gracias...

El hombre con quien se había chocado dedicó unos segundos a mirar de arriba hacia abajo las pintas de Arieden. Tras examinarlo, el hombre preguntó:

- Por cierto, ¿eres nuevo en la ciudad?

Arieden, extrañado por la repentina pregunta del hombre, asintió sin evitar preguntarle el porqué de la pregunta. El hombre empezó a reirse y respondió:

- Si vienes en busca de aventuras y oportunidades, precisamente conozco a un grupo de hombres que necesitan una mano. Quizás puedas ayudar.

El hombre empezó a caminar saliendo del puerto, sin dejar que Arieden se negase o preguntase algo. Arieden empezó a seguirle, ya que a pesar de que no estaba buscando dinero, quizás le serviría para tener contactos dentro de la ciudad. Este hombre se dedicó a enseñarle amablemente la ciudad a Arieden: Los distintos distritos, puntos de interés, las tiendas e incluso se tomó el tiempo para explicarle sobre los últimos rumores que habían acontecido en Athkatla. Finalmente, saliendo de la ciudad, se encontraba en los Llanos, donde Arieden pudo ver un edificio de madera bastante grande, y mientras se acercaba a este, pudo ver un cartel que ponía en grande ''La Luz de Alandor''. Los dos se pararon en frente de la puerta y ya desde ahí se podía escuchar el bullicio de los borrachos y se notaba el olor a alcohol característicos de las posadas populares. El hombre que acompañaba a Arieden empezó a darle instrucciones a Arieden.

- Dentro, deberás dirigirte al fondo. En una mesa alargada, encontrarás a varios aventureros. Habla con ellos y diles que vienes de parte de Ashek, ¡buena suerte!

Tras la despedida de Ashek, Arieden procedió a entrar en la taberna. Estaba repleta de gente, ya habiendo llegado la noche, y en una de las mesas parecían estar celebrando el triunfo de una empresa. Ajeno a las celebraciones, procedió a seguir las instrucciones dadas, hasta que llegó al fondo, donde había una gran mesa que coincidía con la descripción. En ella, se encontraba una mujer rubia, con un colgante de Kélemvor y dos elfos, un encapuchado que vestía de blanco, que se encontraba escribiendo y el otro, que vestía de negro, se encontraba leyendo un libro. Presidiendo, se encontraba un gran semi-orco cuya tez era de color rojo y sus cabellos, morados.

- H-hola, me-me llamo Arieden, vengo por parte de A-Ashek... - Tartamudeaba Arieden.

Cada uno de los presentes giró su cabeza para dirigirse a Arieden. Arieden no sabía que en ese mismo momento, se iba a formar la Alianza Dispar, pero eso es historia para otro momento.
 
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