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Arkhan el Bárbaro

nukenin81

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PRÓLOGO


En la cumbre más alta de la cadena de los Dientecillos, el joven Arkhan se sienta a escuchar las enseñanzas de su padre.

El fuego y el viento vienen del Cielo, de los Dioses del Cielo, pero nuestro Dios es Baphomet, el Rey Astado, que vive en el Abismo.

Antes los gigantes vivían en la Tierra, y en la oscuridad del Caos, los hombres les arrebataron el Enigma del Acero. Baphomet se irritó, ¡y la Tierra tembló!

El fuego y el viento derribaron a gigantes y hombres y arrojaron sus cuerpos a las aguas. Pero en su ira, los dioses olvidaron el Enigma del Acero y lo dejaron en el campo de batalla.

Nosotros lo encontramos. Sólo somos bestias; ni hombres, ni Dioses.

Y el Secreto del Acero siempre ha llevado consigo un misterio. Por eso tienes que aprender su valía, Arkhan, tienes que aprender su disciplina; porque en nadie de este mundo puedes confiar: ni en un hombre, ni en una mujer, ni en un animal.

Señala el filo de su espada.

En esto sí puedes confiar.

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ACTO PRIMERO. LA PIEDRA DE MANADA

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Arkhan el minotauro bajó de la cumbre de la montaña hasta el valle donde su clan se reunía alrededor de la Piedra de Manada. Ese monolito era el centro de su civilización. Inscrito en él, en el idioma sagrado, figuraba la historia de su pueblo así como los designios de su dios. Además, la magia del Caos era muy fuerte en ella. Atraía las armas de metal con tanta fuerza que, si alguna llegaba a tocar La Piedra, nadie tenía fuerza suficiente para despegarla.

La montaña estaba hueca por dentro, de tal suerte que una intrincada red de túneles serpenteaba por su interior. Así, el valle se comunicaba desde la misma cumbre hasta tierra firme y más abajo aún, allá donde no hay más que oscuridad. Aquél día, en compañía de su padre, decidieron descender por los túneles cuando escucharon algo inusual. En las cuevas retumbaban una mezcla de sonidos que se superponían unos a otros; el trote de muchas patas corriendo de forma errática a la vez, bramidos de ira y rugidos de angustia, y el inconfundible entrechocar del acero. No había duda, el olor a sangre lo confirmó todo: se estaba desarrollando una batalla.

Cuando Arkhan y su padre salieron de los túneles a la claridad del valle, vieron con horror como una horda de gnolls estaba asaltando su Piedra de Manada. Arkhan quedó en shock. Su clan estaba siendo diezmado. Sus hermanos, sus primos; todos sus parientes y amigos, habían sido masacrados por una piara de apestosas hienas.

Arkhan miró a su padre, que desenfundó su arma, así que él hizo lo mismo. Ambos minotauros soltaron toda su furia con un bramido que retumbó en todo el valle, prestos para dar la vida en combate. Sin embargo, antes de que pudiera cargar contra sus enemigos, Arhkan notó como sus pezuñas se levantaban del suelo. Su padre lo acababa de coger del pescuezo con una sola mano. El joven minotauro no entendía nada.

-No puedes morir hoy, hijo mío. Hazte más fuerte. Encuentra el Secreto del Acero, y vuelve aquí a reclamar lo que es tuyo por derecho.

Y sin añadir más, el padre de Arkhan lo lanzó al interior del túnel por el que vinieron y derrumbó la entrada de un solo cabezazo.

Arkhan estaba fuera de sí por la furia y la congoja. Su padre le había salvado la vida, sí, pero sólo para condenarlo al exilio y la vergüenza.

Pasaron semanas en las que el joven minotauro vagabundeó por la red cavernosa de la montaña sin rumbo fijo. Aunque siempre tuvo un excelente sentido de la orientación ahora pisaba terreno desconocido para él. Nunca había vivido fuera del valle, y desde luego que era imposible explorar en su totalidad el interior de la montaña. Pero una vez entendió que debía poner su espíritu y su destino en manos de su Dios y del Acero, alcanzó una meta inesperada.

Cuando el minotauro volvió a salir al exterior y la luz del sol bañó su pelaje una vez más, se encontraba muy lejos de su valle. Se encontraba a las puertas de la primera ciudad que había visto jamás. Una ciudad de gigantes y hombres.


Arkhan había llegado a Murann.
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nukenin81

8º Nombre extraño de Onyxia
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ACTO SEGUNDO. CIVITAS

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Dejad que camine solo,
sin cometer pecado pecado alguno
con muy pocos deseos

como los elefantes en el bosque.
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Arkhan estaba confuso. No lograba entender qué terremoto, qué riada, o en general, qué clase de erosión había logrado cincelar esa formacion geologica tan extraña a la que llamaban ciudad.

El suelo era de piedra, pero era lisa y estaba pulida. Las casas no eran cabañas, sino una serie de cuevas, huecas por dentro, que brotaban de ese suelo extraño; como si la mano de algún dios las hubiera arrancado de las entrañas de la tierra y las hubiera dejado de pie, colocadas una junto a la otra.

Luego estaba el viento. No entraba. Los olores se superponían los unos a los otros, y era muy difícil saber cuando había ocurrido una cosa y cuando otra, dado que el aire no se renovaba.

Brotaba agua del suelo de algo llamado fuente, cuando no pasaba ningún rio remotamente cerca.

Y por último estaba la convivencia. Razas bestiales de todas las clases convivían los unos con los otros sin matarse entre sí. Ogros, gnolls, orcos, ¡incluso muertos vivientes!, todos paseando por la ciudad, algunos tratando entre sí de manera cordial.

Todo ello le parecía antinatural a Arkhan. Comida, ya cazada y cocinada se almacenaba para después venderla. ¿A cambio de qué? ¿De oro? ¿A quién se le ha ocurrido idea tan estúpida?

Pero Caravassar era mucho peor. Demasiadas reglas sociales que él no quería aprender. Culto al dinero. Un mercado gigante donde la gente se apelotona para gastar y ganar monedas.

Los sentidos del minotauro se embotaban si pasaba demasiado tiempo en esos lugares. Él siempre ha vivido en el mundo natural. Sabe leer y comprender las señales de las estaciones del año en los bosques, praderas y incluso en las cuevas bajo tierra. ¿Pero la civilización? Desentrañar sus misterios parecía una misión imposible... pero tenía que hacerlo. Debía estudiarla para comprenderla. Solo así podría decidir si debía luchar para protegerla o destruirla.

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nukenin81

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ACTO TERCERO. EL CAMINO DE LOS REYES

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¿Qué se yo de la civilización, del lujo,
de sutilezas y mentiras?
Yo, que nací en una tierra inhóspita
Y que fuí amamantado bajo el cielo.
El lenguaje sutil y las triquiñuelas fracasan
Cuando canta mi espada.
Venid y morid, perros,

Yo he sido hombre antes que Rey.
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Las palabras no pueden retorcer la verdad, por mucho que se quiera.

Arkhan aprendió esta lección siendo aún una cría y quizás por eso le sorprendía tanto que mucha gente civilizada, ya adulta para sus estándares, siguieran con esta práctica tan infantil. ¿Es que no reciben la más básica de las educaciones? Se preguntaba el minotauro. Al parecer no.

El gigante astado respondió a la llamada de Sondakur. Al parecer, el oro brotaba del mar hacia la costa y esto atraía a numerosos indeseables que lo querían para sí. Esto ofendía mucho al oni y a otros muranitas como Adrasteia o Gob, que también se autoproclamaban como dueños de dicho oro. Si bien, para la Horda, el oro no tiene valor alguno, Arkhan sí entendía una verdad: si ellos lo quieren y lo tenemos nosotros, tendremos poder sobre ellos.

La jornada se desarrolló sin mayor novedad. La banda de guerreros muraníes ahuyentó a los merodeadores de la costa sin mayor dificultad y siguieron un extraño rastro hasta el interior de una mina abandonada.

Allí abajo tuvieron que abrirse paso a golpe de hacha y espada entre un mar de criaturas de las profundidades hasta que, por capricho de los dioses, se encontraron con una partida de guerra amniana.

Arkhan reconoció a Gwen, la amiga de Lufram que conoció en los humedales, y dado que ambos grupos corrían el riesgo de morir mientras el techo de las cavernas colapsaba sobre sus cabezas, el minotauro no vio problema en ayudarles a escapar. Guiaron al grupo de humanos por el camino que ellos habían seguido hasta la superficie, arrasando con toda criatura que les cerraba el paso, hasta que todos estuvieron a salvo.

Sin embargo, una vez en la superficie la cosa se fue un poco de mano.

Estaban en las inmediaciones de la fortaleza de Vorpax, y los amnianos, claramente intimidados, empezaron a lanzarle palabras a los muranitas. Los cobardes siempre intentan apropiarse de la superioridad moral cuando no tienen más salida. Como si eso sirviese de algo. Qué ingenuos.

Por parte de Arkhan, una vez cumplido la misión de Sondakur, tanto a él como a sus compañeros de la Horda no le interesaba la discusión que allí se estaba produciendo y estaban por retirarse cuando, sin previo aviso, una clériga del grupo amniano fulminó a Gob con un conjuro.

Este hecho no habría tenido más recorrido, toda vez que: primero, seguramente Gob se lo habría buscado, segundo, pegarle a Gob es muy divertido ya de por sí.

Sin embargo, lo que sí ofendió a Arkhan fue que, la misma persona que había tenido la osadía de atacar a uno de los muranitas en suelo muraní frente a las tropas muranitas, literalmente se cagó de miedo, escondiéndose entre el resto de sus compañeros, incapaz de asumir las consecuencias de sus actos.

Pero lo peor fue que toda esa gente pequeña continuaron atacandoles con más palabras. ¡Palabras después de usar la violencia! Esto sí ofendió a Arkhan.

La pequeñaja anónima que agredió a Gob intentó realizar otro conjuro usando al resto de sus compañeros como escudos humanos, pero Arkhan decidió que no podía dejar pasar esta cobardía. El minotauro cargo contra ella, lanzando por los aires a un valeroso, y seguramente honorable, caballero que se interpuso en su camino y embistió a esa mujer, esa rata indigna de confianza, que intentaba otra triquiñuela.

El cuerno de guerra sonaba desde la fortaleza. Los humanos lloriqueaban, ofendidos, de que el mundo no se plegara a sus infantiles deseos. Y Sondakur, en su magnificiencia, negoció una salida para ellos. De modo que, asustados, humillados y en deuda con los muranníes, la comitiva amniana volvió a su reino mientras los muranníes se dispersaban.

Arkhan por su parte, volvió a la comodidad de las montañas, olvidando el incidente tan pronto como había sucedido. Un día más derribando a gente pequeña y anónima. Si sus padres lo hubieran hecho cuando eran pequeños, seguramente él no tendría que hacerlo ahora.
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