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Arzhal Lannen

werty2010

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Hace tiempo que no escribo, así que comenzaré este diario para relatar mis comienzos, como empecé a ser quien soy actualmente.

Mi familia, los Lannen, han sido desde siempre una familia aristocrática. Mi padre, Valentine, se crió en la riqueza; siempre rodeado de lujos y caprichos.
Desafortunadamente yo no pude heredar nada tras la muerte de mi padre; mi hermano, el Bastardo, tuvo esa suerte al nacer unos segundos antes que yo. Sí, tengo un hermano gemelo, Danelay. Aunque hablaré de él en otra ocasión.

Mis padres estaban tan centrados en el heredero que me daban de lado.
Puedo ser una de las pocas personas en este mundo que no conoce ni ha conocido el amor; la única persona que se ocupaba de mi era el instructor, el humano Lyiu. Lyiu era un bárbaro procediente de las tierras del norte. El bárbaro humano era una de las personas más fuertes con las que mi padre se había topado, por lo que le ofreció trabajo como uno más de sus hombres.
Mi padre le pidió el favor de enseñarme a manejar la espada bastarda, puesto que era el arma predilecta de la familia. Todo varón había sido adiestrado estrictamente en su manejo, por lo que la familia Lannen fue reconocida desde antaño por esta habilidad con la espada.
Aprendí muy rápido; Lyiu me enseñó que la piedad era una debilidad que no podía llegar a conocer, por lo que me enseñó a ser despiadado, a no llegar a sentir lástima ni empatía con mi enemigo.

Me sentía inútil en mi familia; mi jornada se dividía en alimentarme, entrenar y descansar. Mi padre solo quería que me convirtiera en un fuerte guerrero que no conociese la debilidad. Él solo buscaba que pudiera ser integrante del ejército del país con un rango importante.
Día y noche empuñando una bastarda mientras mi maestro hacía de cada entrenamiento un infierno, del cual salía cada noche como si una gran roca me hubiera aplastado.

Solo tenía 16 años cuando una noche oscura se escucharon gritos de sufrimiento y terror desde la habitación de mis padres. Fui a acudir al lugar donde se escuchaban los gritos, cuando vi a mi hermano con la cabeza de mi padre en una mano y su espada bastarda en la otra, bañada en sangre. Mi madre se encontraba tendida en el suelo con 4 bastardas clavadas en su espalda.
Fue entonces cuando me acerqué hacia su espalda y desenvainé una de sus espadas, dirigiendo la punta de ésta hacia su cuello.

Danelay: Papá debió haber muerto mucho antes hermano, no seas tan ingenuo.
Arzhal: ¡Te odio!

Fue entonces cuando Dan, de un rápido movimiento, me desarmó, huyendo del lugar unos segundos más tarde por la ventana.

Desde entonces decidí huir del lugar, el temor por encontrarme a mi hermano era demasiado intenso.

Pude sobrevivir, sin embargo fueron unos años muy duros.
En un principio pude aguantar robando alimentos en las panaderías de las pequeñas ciudades que iba visitando. Mi supervivencia se debía a la picaresca, y era bastante bueno, por ende, nunca llegué a pasar hambre.

Una noche, mientras observaba las estrellas acostado en las cercanías de un río, pensé que si toda mi vida seguiría el trayecto de estos dos últimos años. Mi orgullo hizo que me plantease una nueva vida, basada en el poder y la riqueza. Muchas ideas para alcanzar dicho propósito pasaron por mi mente, sin embargo, para alcanzarlas, necesitaba un mínimo de oro para poder reconstruir sobre esa base algo más productivo y que, a su vez, generase más y más oro.

Para conseguir el oro solo tuve que acudir a Lofer, el propietario del banco en el que se encontraba toda la riqueza que la familia Lannen había recaudado a lo largo de la historia.
Lof me informó de que Danelay se había llevado todo lo que había en la cámara, sin embargo el mismo había dejado un poco para mi, como correspondería en la herencia. Sorprendido, cogí el oro.

Pasados unos meses, con el dinero de mi padre pude comprar una propiedad. A su vez, reservé algo de oro para establecer un negocio.
Siempre me invadió la idea de ser empresario; solía ser muy bueno en los negocios por lo que decidí invertir el oro restante en una pequeña fragua.
Contraté a Voltak, un enano muy grosero, pero muy buen trabajador. Él se encargó de la fabricación del material de guerra, mientras mi función era distribuirlo y cobrar por ello. En unos meses me volví de oro; sin embargo tuve problemas respecto a la competencia, ya que aparecieron 2 prestigiosas casas de herrería que acabarían por arruinar mi empresa en poco tiempo, por lo que me confiscaron el negocio, siendo vendido a unos desgraciados que transformarían la fragua en un prostíbulo a pequeña escala.

'No me rendiré'- fue mi lema.
 

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Estuve vagando sin rumbo. Un alma descarrilada sin un destino claro. Muchas fueron las noches en las que me encontré solo, sin otra compañía que la de los vagabundos intentando ahogar sus penas en mis penurias; mis historias les reconfortaban, les daban fuerzas para seguir adelante. Yo, sin embargo, me lamentaba con las mismas historias que agrandecían a aquellos miserables.

La destreza con la espada bastarda pudo mantener alejado a los desafortunados que intentaban robarme lo poco que tenía.

Mi vida, sin rumbo, se convertiría en una rutina diaria durante 3 años.


A mis 19, una tarde cualquiera, pude avistar a lo lejos un hombre encapuchado. Bajo la capucha se podía observar una gran barba canosa y descuidada. La curiosidad hizo que me acercara hacia el hombre, manteniendo una distancia considerable.
Al acercarme, el anciano fijó su mirada en mi. Yo quedé paralizado al ver sus ojos oscuros como la noche y las cicatrices que el anciano portaba en su rostro.
Éste me pidió que me acercase, y así lo hice.
Acto seguido me pidió que le tendiese el brazo y extendiese los dedos de dicho brazo, y así lo hice igualmente.
Cuando mis dedos se encontraban extendidos, éste posó la parte superior del bastón sobre mi mano. El brazo comenzó a arderme, pude sentir como una gran fuerza se apoderaba de mi. En unos segundos había perdido el conocimiento.

Unos días más tarde pude abrir los ojos, encontrándome en un hospicio alejado de la mano de Dios.
Mi brazo izquierdo había sido vendado; estaba inutilizado debido a la misteriosa fuerza que el anciano había ejercido sobre él.

-¿Estás bien? -Preguntó una mujer vestida de blanco, sonriente-
-¿D,Dónde estoy? -Pregunté yo, confuso y angustiado-
-Estás a salvo, que es lo que importa. Tuvimos que curarte y vendarte posteriormente el brazo izquierdo. Pudimos sellarlo a tiempo, sin embargo temo que la " enfermedad " que residía en tu brazo se expandió hacia el resto de tu cuerpo. Aunque como dije antes hicimos todo lo posible para que esa marca no acabase contigo.

Yo quedé atónito ante las palabras de la mujer. Observé mi brazo izquierdo posteriormente, avistando como apenas podía moverlo.
Pasados unos días abandoné el hospicio, decidiendo que debería trabajar para poder llevar una vida normal y corriente.

Como relaté en mi anterior historieta, mi punto fuerte son los negocios, por lo que acudí a un grupo de mercaderes para demandar un buen puesto de trabajo. Los mercaderes, dirigidos por un mediano muy carismático, me ofrecieron un puesto como administrador.

No se me daban mal los números, por lo que mi gran esfuerzo sumado a mis consejos de marketing, hicieron del modesto grupo de mercaderes La Casa de los Precios (que es como llegó a conocerse).

Sin embargo no todo es para siempre.

Si algo he aprendido es que el pez grande siempre se come al chico. Una empresa bastante más adinerada que la nuestra pudo absorver nuestro negocio debido a la misteriosa "desaparición" del carismático mediano, y un papeleo que olía a fraude a kilómetros de distancia.

Pagando unos cuantos miles pude evitar mi "desaparición" por lo que me destiné a abandonar el lugar con los bolsillos cargados de oro.

Siempre quise fundar mi propia organización; mi deseo sería crear una especie de "secta" que llegase a controlar todo lo que tuviera cierta influencia política. El control y el poder llegaron a obsesionarme.

Gracias a mis antiguos contactos del comercio pude contactar con un viejo amigo, Jach, quien sería un incuestionable aliado a la hora de formar la organización.

Todo fue sobre ruedas; llegué a conocer gente muy poderosa, personas que no dudarían en poner un millón de monedas para financiar "mi proyecto". Sin embargo el proyecto no solo debía basarse en el oro, sino en la confianza de las personas me apoyaban incondicionalmente.

Tras unos meses, Jach y yo decidimos mantener en secreta una organización en la que ya formaban parte 7 personas.

Prefería mantener la influencia sobre pocas personas de confianza que sobre muchas y descocidas.



Hablaré de ésta en un futuro no muy lejano. Ahora, sin embargo, quiero dedicar la siguiente historieta a la transformación que pudo suponer en mi el encuentro con aquel misterioso anciano.

 

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Esa marca... una experiencia agridulce.​




Cada día me sentía más poderoso. Mis músculos se hacían más fuertes, mi mente, más preparada.

En mi interior sentía como un gran vacío se llenaba. ¿Emociones? No lo creo. Lo que notaba era el poder, un extraño poder que recorría en mis venas.

Una noche de invierno empecé a sentir escalofríos, nunca pude imaginar la consecuencia de ellos, aunque sí pude suponer la causa; aquel anciano... Durante 7 días mi cuerpo se hacía más y más débil. Apenas podía sostenerme en pie y mis músculos se atrofiaban por una causa desconocida, sin embargo, tras pasar los 7 días mi cuerpo experimentó un cambio totalmente opuesto. Al octavo día me pude levantar sin ningún tipo de dolor ni carencia. Mis músculos habían experimentado un gran crecimiento.

La noche siguiente, observé como una figura oscura se posaba frente a mi. Esa figura me era muy singular, muy conocida... en efecto, se trataba del anciano que marcó mi cuerpo con esas extrañas marcas.

Quedé atónito ante su aparición. No supe que decir ni que hacer. Sin embargo, para mi sorpresa, él se adelantó con unas palabras:

-No intentes conocer mi identidad, es un dato innecesario. Preocúpate en conocerte a ti mismo. Un yo más fuerte y sabio ha nacido en ti, sin embargo debes de conocerlo y saber tratar con él.
Eres la persona elegida para llevar a cabo un proyecto, sin embargo no conocerás dicho proyecto hasta que tus nuevas dotes se hayan desarrollado por completo. Has de estar lo suficientemente preparado para dar el salto final. Completar tu transformación será tu mayor prioridad.

Posteriormente, el anciano volvió a desaparecer. Miré mi mano vendada, cerrando el puño con fuerza.

Tras un largo tiempo pude hacer presente parte del poder que ese anciano me concedió. La magia que residía en mi podía consumir ligeramente la vida de un ser vivo con un simple chasquido de dedos.

Me informé igualmente que invirtiendo el efecto de éste conjuro de acotación de vida podía dañar a un muerto viviente, incluso podía mejorar mi salud considerablemente.

Mis largas horas de dedicación habían obtenido sus frutos, llegando a potenciar estos nuevos poderes a gran escala.

Actualmente no hay nada que me haya dejado más impactado que lo que viví no hace un par de meses. Como cambiar mi perspectiva de la vida. Como considerar lo no existente como algo existente; sí, pude confirmarlo en primera persona; pude convocar como mi esclavo a un muerto viviente, un necrófago.
 

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El Imperio de los Nelanzher. ​

La gente habla, intenta expresar su odio junto a las personas que tienen un pensamiento semejante.
Normalmente hablan de temas representativos, de cierta importancia, y aun más cuando estas personas apenas se conocen.
Criticar significa expresar tu oposición hacia un tema. Pude observarlo; las personas deberían ocultar sus ideas ante otras terceras que puedan estar merodeando por el lugar, atentos a cualquier información que pueda ser de utilidad.

Estuve ahí, estuve intentado captar aquella información:

- Ese maldito imperio no aportará nada bueno a nuestra sociedad.
- ¡Deberíamos exterminarlos a todos! *Grita*
- Baja la voz Bulgrath, como nos hayan escuchado estamos muertos..
- *Se produce un silencio*

Posteriormente reflexioné sobre aquella conversación. Sabía que hablaban sobre los Nelanzher.

Sabía que era el imperio más glorioso hoy día existente, mis ideales se adaptaban a cada uno de los apartados que se regían en él; no me lo pensé dos veces y fuí allí.

Una vez en el bastión pude observar a dos individuos un tanto singulares, un gnomo (al parecer) y un humano encapuchado, vestidos con el uniforme imperial.
Mi posición era firme, deseaba formar parte del imperio, ¿Las razones? El poder, la disciplina, el control, el odio... supe que esas virtudes podían servirme para prepararme tanto espiritualmente como físicamente para cumplir mi propósito.

Una vez allí, uno de los dos individuos, el humano, me preguntó a qué dios veneraba. Mi respuesta fue Kélenvor, un dios al que nunca le había dedicado un rezo; pobre de mi por esa respuesta...
Diez fueron los latigazos que recibí a causa de tal blasfemia por el gnomo.

Mi espalda quedó destrozada, aunque mi fuerte constitución y mi gran fortaleza hicieron de mi un auténtico guerrero en aquella situación. Posteriormente enmendaron mi error llevándome a la ciudad capital del imperio, allí pude observar el templo de Bane.

" Bane... ¿es a tí a quien tengo que dedicar mis rezos? ¿podré ser el afortunado de poder usar mi poder en tu nombre? Que así sea...
"

Posteriormente permanecí dos horas dentro del templo, reflexionando mi nuevo destino, un destino acorde a mi ser, pero totalmente desconocido..

Cuando terminé la oración dispuse a trasladarme a unas islas del imperio ocupadas por piratas y orcos, preparado para realizar mi primera instrucción.

Fue un recorrido interesante y satisfactorio. Nuestras fuerzas en conjunto hacían frente a cualquier rival que se opusiese a nuestro paso. Éramos invencibles.

Tras limpiar las islas de ocupadores dispusimos a romper filas, esperando de nuevo a la siguiente intrucción.


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Reina de los vampiros.​



Interesado en el témplo de Máscara (en unas de mis excursiones como explorador) dispuse a adentrarme en las alcantarillas de la ciudad para poder encontrar dicho templo.

Aquel laberinto hizo de mi una persona desorientada, indispuesta a poder seguir con la exploración; sin embargo, tras unas dos horas, pude encontrar el templo. Mi curiosidad era visible. El recorrido había merecido la pena, sin embargo no acabó ahí.

Al salir del templo, observé como una gran masa de polvo y humo me rodeaba trasladándose constantemente. ¿Qué era aquello? No pude entender el porqué ese inexplicable fenómeno.

Al cabo de un tiempo pude observar como aquella formación de humo y polvo desaparecía sin dejar rastro.

Asombrado por el acontecimiento pude observar una alcantarilla en el interior de las alcantarillas (suena raro) cerca del templo de Máscara. Mi curiosidad hizo de nuevo en mi un explorador, por lo que me adentré en su interior.
Tras andar un tiempo bajo aquel lugar pude observar como unos kóbolt residían en aquella zona. Era asombroso, una estatua con los brazos extendidos era el foco de atención.
Cuando acabé con la vida de esas miserables criaturas observé de nuevo como la nuve de polvo y humo volvió a rodearme, sin embargo desveló su forma original, mostrando la imagen de una hermosa y carismática figura. Yo, alucinado, permanecí callado.
Ella me deleitaba con sus palabras, su forma de hablar era impoluta, elegía sus palabras de tal forma que hacían del contexto una situación enigmática e inquietante.

Pude saber gracias a ella que el lugar en el que me encontraba, aquel que había sido ocupado por los Kóbolt, fué una antigua posesión de los vampiros.

Acto seguido me preguntó si estaba dispuesto a realizar un pacto con ella.. Mi pensamiento se nubló en aquel entonces con una sola palabra "poder".

Ella, a cambio de una petición, me ofrecía cualquier deseo. Mi deseo fue el poder, la habilidad, el saber, el control... Quería ser un ser superior, rodeado de saber y conocimientos..
Ella accedió a cumplir su parte del trato, sin embargo su petición fue la siguiente..

"Quita la vida delante de esta estatua a diez personas de gran voluntad y fortaleza y tu deseo se hará realidad..."
 

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Reina de los vampiros II​


Una noche cualquiera, mientras estuve vislumbrando la fría luna, observé como mi amigo Celith se acercaba entre las sombras de los barrios bajos de la ciudad. Pensé entonces en aquel pacto, "10 almas ..." . No pude esperar más; mi desesperación por gozar de un poder superior hizo de mi una persona ansiada y muy vulnerable a cometer cualquier atrocidad para afianzar mi cometido.

- Celith, iba explorar las alcantarillas, tengo entendido que se oculta un templo bajo la desvelada faz de esta ciudad.
- Bueno siempre viene bien recorrer nuevos caminos...
-¿Quieres venir? -Pregunté.-
- Claro... mientras me cubras las espaldas -Contestó, bastante confiado.-


No me costó mucho atraer su confianza. Hacía tiempo que no hablaba con él, pero la curiosidad cegó su destino.

Durante el camino tuve que proteger a mi víctima; ponerlo bajo protección era la mayor de mis prioridades.

Tras un largo camino caminando por las profundidades de la ciudad logré que Celith llegara intacto al lugar de reencuentro con la Dama.
El poder ha hecho de mi un hombre sin escrúpulos, un cuerpo con el corazón ennegrecido por el ansia del querer más y más... mis nuevas virtudes se vieron reflejadas en aquel acto, mientras mis defectos pudieron desvanecerse en aquel instante.

- Arzhal, aquí no hay nada.. Sería mejor que abandonásemos la zona.

*Arzhal, sin embargo, permanece en silencio, expectante en todo momento.*

Tras unos minutos, el polvo y humo se hicieron de nuevo, apareciendo junto con la Dama diez no-muertos, siervos de la señora.

- Bien, veo que has traido a tu primera ofrenda.

- Sí, mi señora. *Permaneciendo expectante, a la espera de la orden para poder ejecutar a su primera víctima*

La Dama pudo hacer saber a Celith que era una ofrenda para poder realizar el cometido que yo mismo pacté con ella, por lo tanto su destino estaba sellado de por vida.

- ¡No, no dejaré que me matéis! *Dispone a escapar.*

*Arzhal, al avistar la intención de Celith dispuso a invocar al Necrófago para cerrarle el paso. Posteriormente dispuso a apuntarle con su bastarda gélida. La muerte era inminente.*

-¡No, no, no! ¡Esperad! *Con la espada desenvainada él también.* ¡Haré cualquier cosa! Pero por favor.. no me matéis..

- ¿Cualquier cosa? -Preguntó la Dama.-

- Sí, cualquier cosa... -Respondió Celith, impotente y desalmado.-

- Bien.. tu destino será pues el de servir a Arzhal para cumplir su propósito de atraer aquí a las nueve almas restantes.

- Me traicionará, mi señora.. No dudará en avisar a la guardia en cuando pueda escapar de este lugar. -Intervine yo, un tanto ansiado por poder quitar la vida a la que sería mi primera víctima.-

- No lo hará. -Dijo la dama mientras se dirigía hacia Celith.-

Posteriormente, al pronunciar unas palabras, formuló un conjuro que accionaría contra Celith. Un conjuro que sellaría la mente del elfo para obsesionarle en realizar lo que la Dama le había dispuesto a cometer; la servidumbre.

Tras finalizar el conjuro, Celith se convirtió en mi súbdito y esclavo.

- Bien, tomad ambos una recomensa. -Dijo la Dama.-

La Dama, al chasquear los dedos, hizo que uno de los no-muertos que la custodiaban, depositase un cofre oscuro ante nosotros, un cofre repleto de riquezas. Riquezas que sirvieron de recompensa por la ofrenda que traje conmigo.

Tras finalizar la primera parte de la misión que se me encomendó, la Dama desapareció sin dejar rastro.

La satisfación era visible en mí, una satisfación que tornaba mi personalidad hacia un lado aun más oscuro.


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werty2010

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Pensamientos​

¿Qué me sucede? Día y noche sin poder dormir, la duda me atormenta. ¿Por qué ser el elegido de este poder?

Aquel anciano tuvo que otorgarme un poder que haría que mis enemigos temblasen ante mi paso; nadie podría hacerme frente una vez llevado el poder hasta el extremo.

No tenía un destino claro, un rumbo fijo... ¿Dónde se podía encontrar aquel anciano? me estoy volviendo loco, ¿Por qué este dolor de cabeza, estas nauseas, esta asfixia...?

No temo a la muerte, mis pensamientos se tornan solo a esta cuestión.

- ¿Solo a esta cuestión? Se más concreto.
- Eres tú...
- ¿Qué deseas saber?
- ¿Por qué yo?
- ¿Por qué otro?
- Bueno, bien, basta de rodeos... Necesito saber el porqué de mi marca y... sí, también su significado.
- La marca que llevas en tu brazo izquierdo chico, es un sello negro. Mi cuerpo no puede retomar el poder que poseía desde antaño, por eso necesito un nuevo cuerpo donde poder aprovechar este poder.
*Arzhal se remanga observándose la marca con curiosidad.*
- ¿Osea que este poder es tuyo?
*El encapuchado sonríe bajo la capucha.*
- Ese poder es una mínima parte del poder que podrás albergar, solo necesitas tiempo y entrenamiento para que dicho poder se desarrolle.
*Continúa el anciano.*
- Vendrás conmigo durante un tiempo joven Arzhal, quizás así pueda despejarte algunas dudas...

De repente aquel anciano agarró con firmeza su bastón, elevándolo unos centímetros para luego golpear el suelo con una fuerza abismal; un gran círculo rodeado de sellos mágicos se situaban bajo el anciano después de tal acto.

-Bien Arzhal, acércate al círculo; tu entrenamiento acaba de empezar.
 

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Un miembro más.​

Al pasar el portal nos encontrábamos en lo alto de la montaña.
Era nublado, el anochecer estaba cada vez más cerca. Hacía frío, un viento imponente y de vez en cuando eran los relámpagos del cielo los protagonistas de esta triste situación.

Cuando el sello del portal se cerró se podía ver un pasillo empedrado que conducía hacia la cumbre de la montaña, donde se encontraban un grupo de personas, ocultas por la sombra y por una vestimenta oscura, dotada de capucha.

El anciano puso la mano sobre mi hombro, conduciéndome hacia aquel grupo, que hacía un semicírculo orientado hacia mi persona.

- Has tardado mucho tiempo, Gorá.- decía uno.

- Si ha tardado mucho tiempo es que ha escogido al adecuado.- decía un segundo personaje.

- ¿Creéis que podrá sustituir a nuestro miembro difundo? No me hagáis reir.- decía un tercero.

- Sí que puede igualarlo, es más, lo superará.- decía el misterioso anciano.

El grupo permanecía en silencio, observándome detenidamente.

- ¿Quiénes sois y porqué me habéis hecho venir hasta aquí?- pregunté.

- Eres un portador de la lengua negra, la marca tatuada en tu brazo. Somos 6, 7 contigo. Hace tiempo nuestro espadachín Tao, tu antecesor, fue asesinado por un miembro de nuestro enemigo, los Akaori, liderados por Danelay, danzarín de las sombras.

- ¡Danelay! ¡Es mi hermano!.- Pregunté exaltado.

- Lo sabemos, es uno de los motivos por lo que te hemos hecho venir hasta aquí para formar parte de nuestro grupo.
El verdadero asesino de tu familia fue él, quien heredó toda su fortuna para llevar acabo el proyecto que intentamos frenar.
Danelay fue miembro de nuestra organización desde hace dos años, llevando a cabo las misiones de infiltración y asesinato.

- ¡Imposible! Danelay no podría hacer frente a los hombres de mi padre...

- ¿Ah no? Dan ha asesinado a cientos de hombres, sin importarle siquiera su poder; es el hombre más despiadado que he podido conocer. Y tú deberías saber mejor que nadie su comportamiento; arrogante, soez...

- ¿Y quieren que yo me ocupe de él? No podría matar a mi propio hermano.

- Tranquilo, día tras día escucharás nuevas noticias de sus logros y asesinatos al formar parte de nuestra organización, debes de estar seguro. Te instruiremos en cada una de nuestras expediciones para que puedas llegar ante ese gusano y puedas acabar con su miserable vida...

- ¿Y qué plan intenta llevar a cabo?- pregunté.

- Nuestro poder... La marca negra. Desde antaño ha sido servidor del bien, aunque su comportamiento no haya sido del todo legal... Torturaba a los de corazón oscuro, haciéndoles atrocidades inimaginables... llegó tal día que el extremo de su devoción le condujo hacia el otro extremo. Necesitaba más y más poder para acabar con todo aquel cuyo corazón esté marcado por el mal de alguna y otra manera. No le importaba asesinar a personas de buen corazón para obtener más poder... su descontrol ha ido en aumento hasta llegar a convertirse en un monstruo.

- Debes saber...-decía otro miembro.- ... que nuestra organización se dedica a la extracción de energía vital. Las almas más poderosas las guardamos para mantener nuestro poder. Es decir, matamos para identificarnos con nuestros ideales. Nuestras víctimas son personas arrogantes y con un gran poder que se desperdicia día tras día. Debemos hacernos con esas corrientes vitales para mezclarlas con las nuestras y así poseer un poder mayor.

De repente un miembro se acercaba hacia mi, sosteniendo con la palma de ambas manos hacia arriba una gran katana de metro ochenta.

- Esta katana perteneció a Tao. Es el símbolo de nuestro grupo, que representa el poder y la experiencia. Guárdala y úsala como si de otra extremidad tuya se tratase.

Posteriormente, otro miembro se acercó, sosteniendo los mismos ropajes que todos ellos portaban.

- Esta será tu vestimenta como miembro de la Lengua Negra.


No sabía muy bien si encajaría en tal grupo. Mi experiencia se había multiplicado desde entonces. Mis habilidades eran dignas de conocer. Aunque mi objetivo era el mismo, derrotar a Danelay.


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...'El pasar de los tiempos, 10 años más tarde.'...​


Diario de Arzhal, capítulo 1.​

Soñé con riquezas, pero esos sueños se transformaron en miseria.
Nunca supe porqué el poder acaba por desvanecerse, y temo que nunca lo sabré.

He acabado con el último portador de la Lengua Negra, Raytsé.
Nunca llegaré a comprender porqué esta marca que porto ha llegado a hacer de mi un poderoso guerrero.

Ahora que la organización se ha disuelto debo pensar que hacer con mi vida, he tachado cada uno de mi objetivos al poder verlos cumplidos, al fin y al cabo el destino era inevitable.
Siendo engañado por una panda de psicópatas podré seguir mi propio camino, ¿Pero qué camino?

La verdad es que mi razón de ser no está aclarada aun. Siento como a mis 31 años de edad he podido ver cumplir todos mis deseos, riqueza, poder, venganza...

La verdad es que el amor no me interesa en absoluto, mi corazón es de piedra y sinceramente no creo cambie en ese aspecto.


Hoy día me encuentro ejercitando tanto mi mente como mi físico, a la espera de que algún acontecimiento de relevancia llame mi atención, cosa que dudo que pueda suceder.

Día 8 del 1, Año 1368.
 

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Diario de Arzhal, capítulo 2.​



Mi habilidad en el combate roza la perfección, mi Katana ha sido testigo de ello y mi escudo ha podido servir para que lo esté contando ahora mismo.
Me reconocen por ello y saben que mi mis métodos, oscuros y fríos, al fin y al cabo son eficaces.

Dispongo de una organización que no conoce el fracaso. Se me hace imposible distinguir las incontables víctimas que han pasado por los filos de la misma; siempre cobrando por ello.

A decir verdad mis métodos pueden ser drásticos, sin embargo siempre funcionan, no me considero un ser malvado, el cual solo desea la aniquilación del prójimo; me encuentro en un equilibrio que me proporciona muchas perspectivas frente al comportamiento de las demás personas. Ahora puedo ver porqué la crueldad de algunos de mis actos representan odio por parte de quien los presencian. Puedo ver también como hay personas que escuchan mi nombre y tiemblan, como también los hay que me quieren muerto.
Me considero leal a mis principios y nada más, por lo que la traición y el deshonor no se encuentra en mi vocabulario, al igual que en la primera página y en letra bien grande se encontrarán estas tres palabras: Disciplina, lealtad y honor.

El paso de los años han hecho de mi una persona bastante sombría, oscura y al parecer, un tanto siniestra. Estas son otras de las pocas palabras que podían representarme a simple vista.


Día 14 del 12, Año 1370.


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Diario de Arzhal, capítulo 3 ''El regreso''.​

Hace mucho tiempo que no escribo, que no cuento mis relatos... pero qué contar, que decir...
Han sido unos años muy duros; contratado por la peor escoria de la región. Sufrimos numerosas bajas, perdimos valor en nuestra compañía, nuestro honor se vio por los suelos después de llegar a hacer las atrocidades que pudimos llegar a hacer por un puñado de oro.

No pudimos hacer más que escapar de ese infierno. Y por eso decidí abandonar el grupo.

Cientos de kilómetros a lomos de mi caballo hicieron despejar las dudas de mi cabeza, hicieron de mi un hombre nuevo y renovado. No volví a usar la espada, no volví a dañar a un ser.

Me hubiera encantado escribir que todo fue bonito, que todo lo que me rodeaba era paz y serenidad, pero no.. ¿Qué esperar de un Lannen? ¿Qué esperar de un mercenario cuya reputación llegó a ser conocida por toda la región?

... y entonces fue un señor encapuchado quien se acercó a mi una fría mañana de invierno.

- ¿Acaso te escondes? -. Preguntó.
- ¿Quién sois encapuchado?
- Deduzco que si os ofrezco unas monedas por mi escolta a la ciudad de la moneda reusaréis de mi oferta, aunque la cantidad sea sustanciosa.
- He dicho, que quién sois, encapuchado.

De repente, el misterioso encapuchado se bajó la capucha, pudiendo ofrecer a mi vista un rostro bastante envejecido, deteriorado, barba y pelo canoso, de ojos verdes y radiantes.

- Te he estado siguiendo todo este tiempo. Eres un gran luchador Arzhal, y tu gran valía no puede desperdiciarse.. al fin y al cabo fuiste elegido por la hermandad de La Lengua..

Al escuchar sus palabras desenvainé mi gran katana, apuntando el filo de ella a su cuello, rozándolo.

- ¿Quién sois de verdad, anciano?

El anciano me miró, sonrió, y de repente alzó una mano, con el dedo índice apuntando al cielo. Posteriormente fue bajando el brazo hasta llegar a señalarme a mi con el dedo índice. Mi cuerpo, acto seguido, se sentía débil, sin fuerzas. Mi katana cayó al suelo, y yo, no podía moverme.

- ¿Qué me has hecho...?-. Pregunté.
- Arzhal... Quiero que me acompañes, quiero que regreses a ser el gran sargento de la hermandad que llegaste a ser de antaño. Quiero que aspires a más. Quiero que seas alguien poderoso, alguien a quienes teman tu nombre al pasar. Tienes ese poder, aunque todavía no lo has descubierto, por eso estoy yo aquí.

La fuerza que me debilitaba cesó, y yo caí al suelo posteriormente, debilitado y cansado.

- ¿Y qué puedo hacer yo? Estoy cansado de matar por dinero, de servir a los demás a cambio de oro.. No creo que ese sea mi propósito en esta vida de mierda.

- No... Ese no es tu propósito Arzhal... Te adiestraré para que puedas ser alguien importante, te daré más poder del que tienes ahora mismo, te haré poderoso y sabio. Entonces comprenderás que no serás una simple persona que gana oro a cambio de ofrecer lo que el cliente desea... comprenderás que puedes ser alguien que resuelva guerras, dispute regiones y reinos, alcance gloria y relaten tu nombre en libros e historias de bardos. Te convertiré en una leyenda.

- ¿Y por qué coño quieres convertirme en leyenda?

- Por que mi hermano Valentine no querría ver que su hermano no podría hacer de su hijo alguien mejor.

- ¡Tio Saul!
 
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