werty2010
Orco del Desolado
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Hace tiempo que no escribo, así que comenzaré este diario para relatar mis comienzos, como empecé a ser quien soy actualmente.
Mi familia, los Lannen, han sido desde siempre una familia aristocrática. Mi padre, Valentine, se crió en la riqueza; siempre rodeado de lujos y caprichos.
Desafortunadamente yo no pude heredar nada tras la muerte de mi padre; mi hermano, el Bastardo, tuvo esa suerte al nacer unos segundos antes que yo. Sí, tengo un hermano gemelo, Danelay. Aunque hablaré de él en otra ocasión.
Mis padres estaban tan centrados en el heredero que me daban de lado.
Puedo ser una de las pocas personas en este mundo que no conoce ni ha conocido el amor; la única persona que se ocupaba de mi era el instructor, el humano Lyiu. Lyiu era un bárbaro procediente de las tierras del norte. El bárbaro humano era una de las personas más fuertes con las que mi padre se había topado, por lo que le ofreció trabajo como uno más de sus hombres.
Mi padre le pidió el favor de enseñarme a manejar la espada bastarda, puesto que era el arma predilecta de la familia. Todo varón había sido adiestrado estrictamente en su manejo, por lo que la familia Lannen fue reconocida desde antaño por esta habilidad con la espada.
Aprendí muy rápido; Lyiu me enseñó que la piedad era una debilidad que no podía llegar a conocer, por lo que me enseñó a ser despiadado, a no llegar a sentir lástima ni empatía con mi enemigo.
Me sentía inútil en mi familia; mi jornada se dividía en alimentarme, entrenar y descansar. Mi padre solo quería que me convirtiera en un fuerte guerrero que no conociese la debilidad. Él solo buscaba que pudiera ser integrante del ejército del país con un rango importante.
Día y noche empuñando una bastarda mientras mi maestro hacía de cada entrenamiento un infierno, del cual salía cada noche como si una gran roca me hubiera aplastado.
Solo tenía 16 años cuando una noche oscura se escucharon gritos de sufrimiento y terror desde la habitación de mis padres. Fui a acudir al lugar donde se escuchaban los gritos, cuando vi a mi hermano con la cabeza de mi padre en una mano y su espada bastarda en la otra, bañada en sangre. Mi madre se encontraba tendida en el suelo con 4 bastardas clavadas en su espalda.
Fue entonces cuando me acerqué hacia su espalda y desenvainé una de sus espadas, dirigiendo la punta de ésta hacia su cuello.
Danelay: Papá debió haber muerto mucho antes hermano, no seas tan ingenuo.
Arzhal: ¡Te odio!
Fue entonces cuando Dan, de un rápido movimiento, me desarmó, huyendo del lugar unos segundos más tarde por la ventana.
Desde entonces decidí huir del lugar, el temor por encontrarme a mi hermano era demasiado intenso.
Pude sobrevivir, sin embargo fueron unos años muy duros.
En un principio pude aguantar robando alimentos en las panaderías de las pequeñas ciudades que iba visitando. Mi supervivencia se debía a la picaresca, y era bastante bueno, por ende, nunca llegué a pasar hambre.
Una noche, mientras observaba las estrellas acostado en las cercanías de un río, pensé que si toda mi vida seguiría el trayecto de estos dos últimos años. Mi orgullo hizo que me plantease una nueva vida, basada en el poder y la riqueza. Muchas ideas para alcanzar dicho propósito pasaron por mi mente, sin embargo, para alcanzarlas, necesitaba un mínimo de oro para poder reconstruir sobre esa base algo más productivo y que, a su vez, generase más y más oro.
Para conseguir el oro solo tuve que acudir a Lofer, el propietario del banco en el que se encontraba toda la riqueza que la familia Lannen había recaudado a lo largo de la historia.
Lof me informó de que Danelay se había llevado todo lo que había en la cámara, sin embargo el mismo había dejado un poco para mi, como correspondería en la herencia. Sorprendido, cogí el oro.
Pasados unos meses, con el dinero de mi padre pude comprar una propiedad. A su vez, reservé algo de oro para establecer un negocio.
Siempre me invadió la idea de ser empresario; solía ser muy bueno en los negocios por lo que decidí invertir el oro restante en una pequeña fragua.
Contraté a Voltak, un enano muy grosero, pero muy buen trabajador. Él se encargó de la fabricación del material de guerra, mientras mi función era distribuirlo y cobrar por ello. En unos meses me volví de oro; sin embargo tuve problemas respecto a la competencia, ya que aparecieron 2 prestigiosas casas de herrería que acabarían por arruinar mi empresa en poco tiempo, por lo que me confiscaron el negocio, siendo vendido a unos desgraciados que transformarían la fragua en un prostíbulo a pequeña escala.
'No me rendiré'- fue mi lema.