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Asedio al Weldath

Zhay

Guerrero puro pero feliz
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CRONOLOGÍA DEL BOSQUE DE WELDATH

- El bosque se enfrenta a una temida horda de orcos, gigantes, ilícidos y contempladores, comandandolos varios Phaerimm. El bosque resulta terriblemente por el fuego y los elfos tienen que retroceder hasta el Claro del Cisne de la Primavera. Una barrera oscura de origen desconocido rodea la ciudad y sus alrededores, protegiendo el Mythal y dando un respiro a los defensores. [Domingo 16 de Diciembre de 2012]

- Los supervivientes se recuperan de sus heridas en el campamento. Empieza la búsqueda de supervivientes y el rescate de los cuerpos de los caídos. [Lunes 17 de Diciembre de 2012]

- Un pequeño dragón feerico aparece en el Claro pidiendo ayuda. Sével, Lire y Valanae cruzan la manta de sombras pese a las estrictas ordenes del Capitan Allain 'Candela' Kevanarial y logran devolver sanos y salvos a otros dos dragones feericos, uno de ellos la Reina Diamante. [Miercoles 19 de Diciembre de 2012]

- La Reina Diamante les cuenta a Altharnil, Lire, Aniel y Valanae que no hay uno sino dos espejos idénticos, que teleportan a quien lo use a cualquier parte del Weldath que desee, y que es regalo de Aerdrie Fenya. El otro se encuentra dentro de la Cascada Arcoiris, el hogar de los dragones feericos. El guardian está siendo torturado por los ilicidos para poder usar el espejo para entrar en Suldanessalar. Finalmente consiguen volver al claro rompiendo el otro espejo para librarlo de manos enemigas, pero pagan un alto precio pues el Rey Amatista muere a manos de Lire y Valanae, por el bien del Weldath. [Jueves 20 de Diciembre de 2012]

- Tharador Soro es liberado de su prisión de madera en el Weldath tras una larga charla con el Capitan Allain Kevanarial. [Viernes 21 de Diciembre de 2012]

- Tras una frenética investigación Aniel, Lire, Sével, Elren y Valanae averiguan la procedencia del filo lunar aparecido en el altar de Corellon. A pesar de eso no pueden llegar a salvar la vida de la anciana Zilvra. [Martes 25 de Diciembre de 2012]

- Heridos y cansados, siete enanos del Clan Rompecraneos, Likazu, Arastor y Theradion llegan a Suldanessalar tras atravesar la barrera de sombras. [Jueves 27 de Diciembre de 2012]

- Los elfos que salieron de expedición hacia el Arbol de los Ocho regresan sanos y salvos habiendo recuperado el mango del filo lunar que buscaban. [Domingo 30 de Diciembre de 2012]

- Likazu, Theradion, Noli, Tharador y Kharas regresan de las ruinas de Myth Rhynn heridos y agotados pero con el último fragmento perdido del filo lunar. [Lunes 7 de Enero de 2013]

- El heredero Quess Amandor Soldar reclama la espada y la reforja gracias a su poder ya que esta le ha elegido como portador. Utiliza el poder innato de la espada para llamar a los Reverendos, quienes, liderados por Adherbal Dlardragezh, acuden para ayudar al pueblo en momentos de necesidad. Ademas, les cuentan que podrán encontrar a los Sharn en las terribles profundidades de la Infraoscuridad. [Jueves 10 de Enero de 2013]

- Un enviado del Principe Umbra se presenta en el Weldath para transmitir un mensaje de su señor a los elfos. En una dekhana atacarían Caravassar conjuntamente con Amn, por lo que el muro de sombras desaparecería y quedarían a merced de dos Phaerimm y sus cerca de 30.000 dominados. [Jueves 24 de Enero de 2013]

- Un grupo parte hacia los peligros de la Infraoscuridad para encontrar a los Sharn, quienes acabarán con los Phaerimm si deciden prestar su ayuda. [Jueves 24 de Enero de 2013]
 

Zhay

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Asedio al Weldath

Las estrellas titilaban sobre las cabezas de un pequeño grupo de elfas que hablaban entre susurros al calor de una lumbre en el silencioso campamento. Dos varones se unieron a ellas poco despues con miradas inquietas.

- Sh... ¿Lo oís? -El Avariel guardó silencio y aguzó el oído. - Les he visto desde arriba.

Sus miradas se entrecruzaron, con gesto de gravedad. Esas palabras confirmaban lo que sabían que sucedería desde hacía unas dekhanas, aunque no pensaban que sería tan pronto. Un solo silbido rompió la calma del lugar, levantaron la cabeza mientras sobre ellos, una enorme bola en llamas surcaba el cielo, iluminando la noche de forma terrorífica.

- Están aquí. -Dijo Kara, la joven semielfa de cabellos dorados y mirada aguamarina.

Sus palabras fueron confirmadas con otro sonido... Una cuerda enorme se destensaba y hacía volar otro cometa llameante por el cielo del bosque... Seguido de otra explosión al chocar.

Raro era ver a los elfos apresurarse, pero cuando querían demostraban que podían ser rápidos como rayos. En cuestión de minutos tenían las espadas al cinto, los arcos preparados y las flechas a la espalda. Alertaban a los guardias... pero casi no era necesario. El sonido cadencioso de los funestos tambores de guerra ya podía oírse con claridad.

- Maquinaria bélica. Hay que destruirla. -Era parco en palabras, pero Altharnil había puesto en palabras lo que todos pensaban mientras se apresuraban por el bosque en busca de las lineas enemigas.

Valanae solo podía pensar en una cosa... El Bosque. Esos fuegos iban a destruir el Bosque Inmaculado. Alzó el vuelo en un acto impulsivo y buscó la gigantesca bola de fuego hasta hallarla.

- ¡Linne! -Una columna de agua surgió de la nada y empezó a empapar la bola ígnea, haciendo que humeara caliente en el suelo del bosque.

La elfa levantó la cabeza y vió otro cometa surcar el cielo. Contenía la humedad de sus ojos, con el corazón atenazado por un miedo que nunca antes había sentido. Repitió el proceso, una, dos... tres veces... Hasta que dejó de contarlas. Tenía que encontrar al grupo de nuevo. Jadeante, corrió hacia el claro mas cercano para poder alzar el vuelo cuando topó con el escuadrón 'Seabhag', formado por arqueros del bosque.

- ¡Gigantes y orcos! -Gritó Thëlenmar, lider del escuadrón.

Estaba aterrada, pero sacó el escudo y desenvainó a Vel'Daoine, la Hoja de Estrellas, dispuesta a derramar tanta sangre enemiga como fuera necesaria para proteger a su Pueblo. Y así fué, lucho, lucho... y luchó, pero los enemigos nunca acababan, llegaban por decenas y a los lados sus hermanos caían.

- ¡Son muchos! ¡Retroceded! -No era la voz del líder, era la de su segundo al mando, Lharast, pues su superior yacía en el suelo, rodeado de cadáveres de orcos.

Estaban siendo superados en número, al fin y al cabo solo eran un pequeño escuadrón perdido en medio del bosque que desafortundamente se había encontrado de pleno con la vanguardia del ejercito enemigo.

- ¡Valanae! ¡Huye! -Conocía su voz, era uno de los guardias de su casa. No quería dejarle allí para morir, no quería dejar a nadie, pero no tenía mas salida. Estaban solos y malheridos, jamás saldrían con vida si plantaban batalla... Así que corrió. Corrió ensangrentada y alzó el vuelo como pudo.

Minutos despues un revoltijo de ropas, carne, sangre y plumas caía rodando y seminconsciente por el suelo, delante de sus estupefactos compañeros... "Aillesel Seldarie" [El Seldarine se apiade de mi alma] ... Ese fué su último pensamiento.


Offtopic :
Llevo bastante sin escribir debido, creo, al cansancio con el curro y a la vagueza cuando llego a casa con el cerebro con la misma consistencia de la gelatina, así que perdonadme si no está demasiado bien estructurado o si es un poco flojo :). Escribiré todo lo ocurrido en la trama poco a poco ya que es mucho lo que tengo atrasado y ya me he puesto por no dejarlo mas tiempo pendiente. Por lo demás espero que os guste y lo disfruteis al menos la mitad de lo que nosotros estamos disfrutando la trama. Agradecimientos a Kronos y Lich que nos han narrado las tramas que aquí se describirán.
 

Zhay

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Asedio al Weldath II

Entreabrió los ojos confusa, desorientada. Escuchaba las voces de sus compañeros pero apenas podía encadenar una palabra con otra, una silaba con otra para hacer que lo que decían tuviera sentido. Le habían dado un golpe en la cabeza y sentía su hombro arder por la sangre que manaba de el.

- Gigantes, tienen gigantes. -Alcanzó a decír, casi balbuceando.

Anahel se acercó y le con un conjuro cerró sus heridas. Agradeció el gesto y que le dieran unos minutos para recuperarse del shock sufrido por las heridas.

- Iré a buscar refuerzos para retener el avance. -Dicho y hecho, Kara desapareció entre los árboles en dirección al campamento que habían dejado atrás.

Esperaron mientras la mestiza volvía y Valanae les puso al corriente de lo que había visto en las filas enemigas... Una visión nada halagueña.

- He mandado un recado a Selena de la Orden... - Se interrumpió al ver llegar a un escuadrón de Suldanessalar.

El grupo, formado por cuatro arqueros, cuatro combatientes cuerpo a cuerpo y dos arcanos se aceró a ellos, parecían tan agitados y asustados como ellos estaban.

- ¡Son millares, decenas de miles! -Gritó un explorador. - El Duque ha pedido que preparemos las emboscadas, que cedamos el mínimo espacio de terreno.

Sus palabras no hicieron mas que acrecentar la inquietud del grupo, pero al menos ya tenían ordenes de Candela y parecía que no estaban solos en aquella zona del bosque, había mas posibilidades de salir con vida de aquel infierno.

- ¿Estan cayendo en las trampas mágicas y comunes?

- No lo sé Valanae, algo sucede con la magia. No podemos conectar bien con los exploradores del oeste. -Contestó el arquero que comandaba ese escuadrón.

- Eso es mala señal, muy mala señal. -Susurró Anahel.

- Maldición, alguna de esos Phaerim debe estar en esa dirección. -Altharnil había dado en el clavo diciendo en voz alta lo que todos estaban pensando.

- El capitán ha ido a impartir las instrucciones a todos los frentes con un regimiento. Al oeste es donde más cruenta es ahora la batalla, los exploradores han tenido que empezar a retroceder. Nosotros iremos con vosotros.

Se pusieron en marcha una vez mas sin tiempo que perder, los ánimos estaban bajos pero sus corazones estaban inflamados con la rabia de ver su hogar en llamas, infestado de inmundas criaturas inferiores. Escucharon gritos de batalla al norte así que dicidieron asistir a los combatientes de ese frente.

El enemigo se avalanzó en grandes oleadas, tal como había dicho el explorador cententas y centenas de orcos y gigantes se enfretaban a ellos. Sus fuerzas eran enormes, y era cuestión de trabajo en grupo matar a uno solo de sus gigantes. Pero no parecían acabarse, caía uno... otro... y otro... pero con ellos los elfos morían bajo sus poderosos brazos.

Tenían que retroceder, no les quedaba mas remedio, pero entonces, como el amanecer trae luz a las tierras sumidas en la oscuridad, Kara llegó a caballo, seguida de sesenta guerreros mas.

elf_chick_vs_orc.JPG


Aquel nuevo rayo de esperanza les permitió mantener la posición, no ceder una pizca de bosque en aquel frente, a pesar de que la batalla estaba siendo cruel y terrible.

- Cuando os lo diga cerrad los ojos. -Gritó Valanae, mientras retrocedían apartandose un poco de las lineas enemigas. -¡Ahora!

Un rayo solar cruzó el cielo cegando a los enemigos, que cayeron rápidamente ante las flechas y filos élficos pero aún así, por mucho que mataran a decenas, centenas les sustituían. Estaban siendo superados y sus fuerzas mermadas drásticamente.

Valanae no podía ver a Anahel, mientras el resto combatía buscó a la muchacha, encontrandola inerte bajo el brazo de uno de los gigantes abatidos. Haciendo un gran esfuerzo logró sacarla, otorgandole de nuevo la capacidad para respirar, aunque sabía que no podría combatir mas por el momento.

Las elfas retrocedieron al ver que se acercaban mas y mas enemigos y que ya, casi todos menos el grupo original y cuatro o cinco arqueros, habían fallecido. La impotencia les recorrió el cuerpo, ante las pérdidas de sus hermanos.

- Nos replegamos hacia el este. -Dijo la semicelestial.

Detrás de ellos dejaron a casi cuarenta elfos caídos entre una enorme montaña de orcos, y dos o tres gigantes. Corrieron por el bosque, jadeantes y exhaustos, buscando a mas hermanos o un refugio donde poder trazar un plan. Cuando habían tomado suficiente ventaja se pararon.

- Podemos tenderles una emboscada. Busquemos un cuello de botella entre los árboles.

- ¿Un cuello de botella? -Preguntó a Elren mirando a Valanae.

Todos intentaban descansar en esos minutos de paz antes de la tormenta. Valanae apoyaba sus manos sobre las rodillas, ligeramente inclinada para intentar recuperar el aliento perdido.

- Sí, un lugar mas estrecho donde tengan que pasar cada pocos.

- Podemos usar este lugar. -Elren señalo una zona un poco mas adelante, un lugar mas estrecho con un pequeño lago delante. - El agua les ralentizará y podremos abatirlo con flechas y con magia.

Así lo hicieron, cruzaron el pequeño lago y se apostaron detrás, a la espera de que la pequeña tregua acabara, y por los dioses que pronto lo hizo. Los tambores de guerra enemigos no cesaban, cada vez mas cercanos. El resplandor rojizo de las llamas en el bosque resultaba descorazonador, pero Altharnil, con una plegaria, desató un monzón sobre el bosque, que empezó a apagar las llamas. Valanae se sintió terriblemente agradecida por aquello, pues sentía su corazón morír cada vez que un arbol ardía en el que era su hogar.

Valanae levantó la vista y asintió, pues se había dado cuenta de que había nuevos arqueros allí, apostados en los árboles. No se solía ver a los elfos salvajes en tanto número, pero habían acudido a la defensa del Bosque Inmaculado, como sabía que harían. Empezaron a vislumbra la vanguardia enemiga de nuevo.

- Gracias, Corellon, por guiarnos estas noche. Que nuestras flechas sean certeras, nuestras hojas golpeen donde hieran, nuestros hechizos superen a nuestros rivales y nos protejan del daño. Que se haga la voluntad de los Seldarine. -Rezó la sacerdotisa, trazandose una invisible luna creciente en el pecho con devoción.

Una vez mas chocaron espadas contra espadas, flechas contra escudos, magia contra magia. Pero el enemigo les superaba, a pesar de haber abatido al menos a cinco centenas de orcos y al menos una docena de gigantes, ilícidos y contempladores. No podían mas, estaban exhaustos, malheridos y terriblemente cansados.

- No podemos mas... Nos vamos. -Dijo Valanae, sin aliento. Ejecutó un gesto con las manos, y susurro palabras a media voz, que sonaban cascadas y rotas en su voz normalmente melodiosa. En cuestión de segundos los elfos estaban bajo el silencioso refugio del templo del Seldarine.


 

Zhay

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Asedio al Weldath III

Las camaras inferiores del templo estaban vacías, abandonadas como si allí nunca hubiera habido nadie... Cerró los ojos para descansar... "Solo un segundo", pensó la elfa, pero lo cierto es que necesitaban descansar, todos. Había usado tanta magia que se sentía exhausta y sabía que Altharnil y los innatos se sentirían igual que ella.

Pero el ensueño fué agitado, si mente revivía los peores momentos de su vida, justo cuando menos lo necesitaba. Sintió movimiento a su alrededor y abrió los ojos, mas cansada si cabe que cuando los cerró. Con un quejido lastimero se puso en pié y miró a los que ya estaban preparandose para volver a la batalla... aunque apenas habían pasado dos horas.

- ¿Listos?

- Listos.
-Contestó Anahel.

Valanae tocó la frente de Elren, quien estaba inconsciente sobre una de las camillas del templo. Le acarició el cabello con cuidado y rezó por el una vez mas. Pero ya ni para eso había tiempo.

Se apresuraron a bajar entre las ramas, los enormes puentes colgantes naturales de la ciudad y por las escalinatas hasta el Claro del Cisna de la Primavera, donde esperaban no encontrar al enemigo, pues significaría que ya estaban dentro de su casa.

Siguieron a los que corrían en dirección a la batalla para prestar ayuda. Parecía mentira que solo hubieran pasado cuatro o cinco horas desde que todo empezó. El ejercito enemigo había avanzado con una velocidad pasmosa y se encontraban a no mas de menos de una milla de la ciudad.

- ¡¿Habéis visto al capitán y su escuadrón?! -Preguntó el elfo al mando del último bastión de defensa.

No pudieron mas que negar, aunque Valanae deseó en realidad haber podido ver al Capitán, sano y salvo y dando ordenes al ejército.

- No podremos aguantar mucho más...éramos el doble hace un par de horas.

- ¡Vienen mas!


Miraron en dirección al norte y vieron la mancha de podredumbre y suciedad que traía consigo el ejercito enemigo. Pronto aprestaron sus armas y escudos, y blandieron su magia, y en cuestión de minutos un nuevo infierno en la tierra se desató.

Uno de los gigantes, en pleno frenesí de muerte, asestó a Kara un brutal golpe que la hizo volar unos metros hacia atras, dejandola abatida durante largos segundos, tras eso el gigante cayó al suelo, entre una lluvia de flechas.

De nuevo el silencio se hizo, sabían con certeza que sería cuestión de unos minutos que una nueva oleada llegara y debían aprovechar aquello como si fuera el único aire para respirar que les quedase.

- ¡Cuidado, alguien se acerca!

- ¡Capitán!

Valanae se apresuró a correr hacia el grupo de diez elfos que traían a otros tres en camillas improvisadas, uno de ellos el Duque Allain Kevanarial.

- Los estábamos aguantando....hasta que llegaron esos seres... No había visto nunca antes a nada conjurar así. -Dijo uno de los guerreros, compungido. -Creo...que logramos abatir a una de esas cosas, bueno el capitán lo hizo. Pero no había sólo uno... Había tres.

Se miraron entre sí, ante las funestas noticias que traía el último bastión del oeste. Valanae seguía mirando al capitán, que llacía en la camilla. Curó sus heridas lo mas prestamente posible.

- Los combatientes... vamos a prepararnos... ¿Capitan? Ordenes por favor...

- ...Defended esta posición...no podemos dejar que lleguen al Mythal.
-Fué la respuesta de Candela, quien se sujetaba el costado aquejado d eun dolor que debería haber desaparecido.

Si hubiera podido palidecer mas, lo hubiera hecho. Las manos le temblaron y los ojos se le llenaron de lágrimas ante la certeza de que esos Phaerimm habían inoculado al Capitán uno de los huevos. Le obserbó la herida, apenas un pinchazo con mal aspecto como de un aguijon enorme.

- Por todos los dioses... Soltadlo, ponedlo en el suelo.

Los improvisados camilleros llevaron al capitán tras las lineas amigas, donde lo dejaron en el suelo, al cuidado de la sacerdotisa que cada vez estaba mas nerviosa.

- Tengo que abrir esa herida. -Las manos le temblaban, jamás se había tenido que enfrentar a una situación similar, ni había intentado extirpar una criatura viva de dentro de un hermano, y mucho menos de dentro de alguien de su Clan.

- Capitán... - Su voz se rompió en su sollozo, como si pidiera disculpas por lo que tenía que hacer, pues era posible que no pudiera salvarle. El asintió y la sonrisa que intentó mostrar se convirtió de nuevo en una mueca de dolor.

Otra oleada de enemigos se acercaba, los demás les hacían frente pero el numero de las tropas Suldanessalitas disminuían drásticamente. Valanae seguía con el Capitán, cortando la carne, separando el músculo, buscando algo que no había visto nunca, pero cuando lo vió no tuvo ninguna duda.

Al cabo de unos minutos tiró al suelo algo oscuro y siniestro, una especie de gusano que se retorcía en sus manos. Lo pisó con todas sus fuerzas, con la rabia de una persona asustada que se revuelve contra lo que le amenaza. Contuvo las lágrimas, pues el capitán estaba a salvo, pero de nada serviría esa operación si no lograban rechazar al enemigo.

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Caminó con decisión hacia sus compañeros, ayudando a curar sus heridas gracias a la magia que Corellon le otorgaba, y juntos se prepararon para la batalla final, pues siendo los que eran, tenían pocas oportunidades de sobrevivir. Pero algo inesperado ocurrió...

Entre el fuego y la batalla del Wéldazh una luz apareció en la noche. Desde el epicentro de la ciudad de los elfos, el Árbol de la vida, cientos de pequeñas luces parecieron salir de él y recorrer el cielo nocturno hasta caer a diferentes puntos del bosque como una lluvia de estrellas.

Algunas luces que cayeron en su zona rozaron árboles y estos tomaron vida... De ellos salieron hadas, que, acompañadas de Ents, formaron una nueva linea de defensa, junto con ellos. Una vez mas le maravillaba el poder de la Reina, el poder del Bosque y la fuerza de la raza élfica.

La elfa agradeció con la mirada a los seres feéricos, sus primos, el estar aquella noche defendiendo el hogar que les había visto nacer y crecer.

- Tenamin kyerma amin heru. Vanimle sila tiri. Sina ndor ta nâataya. Cora amin aânat edhelor. Amin naa tualle. -Entonó una canción, a modo de rezo, ante los tambores de guerra que volvían a oírse nuevamente cercanos.

De nuevo el entrechocar de las armas, los rezos desesperados, los jadeos y los gemidos de dolor, era lo único que se escuchaba en aquella fatídica noche.

- Es el final. Preparaos. ¡Morid por el Wéldazh! - Gritó uno de los faern.

- Aa' ra utu'uva serre ar' vara e' sina aina' yamen' [Que la luz de la luna creciente brille sobre vosotros, guardianes]. -Gritó la elfa blandiendo de nuevo a Vel'Daoine.

Se enzarzaron en la batalla final, pero estaban siendo mermados sin remedio, morían a decenas, y los que aguantaban de pie eran muy pocos, demasiado pocos para sobrevivir. Lentamente, como la manta de nieve que se posa en el suelo, la hierba empezó a secarse bajo sus pies, lo que estaba vivo moría ante la sola presencia de un terror ancestral.

Dos ents caían calcinados a sus pies, envueltos en las llamas que el terrible Phaerimm había convocado. Impotentes, intentaban hacerle retroceder, pero todos sabían que nada pararía su avance.

Una vez mas el caprichoso destino quiso que vivieran para ver una espesa manta de sombras oscureció el cielo de la noche y rodeó la ciudad como una cúpula siniestra. Pero la manta tuvo el efecto contrario al que creían, todo el enemigo que cruzaba la manta quedaba aturdido y era rapidamente abatido por los elfos que quedaban en pié.

No fué menos de Phaerimm, que, desubicado e indefenso tambien cayó al suelo, siendo mortalmente herido de una vez por todas. Aquella manta de sombras les había salvado la vida, pero a pesar de ello, todos sabían que seguramente, el precio a pagar sería mucho mas alto.

La batalla había terminado, pero la guerra... La guerra no había hecho mas que comenzar.
 

Zhay

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EPILOGO

Caminaba sin ver el camino... Había dejado a Allain en una improvisada enfermería, al cuidado de su madre y de otras sacerdotisas. Se dirigía al único lugar donde su corazón podría reposar, si es que algún día podía volver a cerrar los ojos sin volver a ver todo ese horror.

El aire solo arrastraba los sonidos de los lamentos... De los quejidos de dolor de los heridos... Del llanto de las madres al perder a sus hijos, y de los hermanos que jamás volverán a reencontrarse... El claro del Cisne de la Primavera, antaño un lugar lleno de vida, de color y de música, se antojaba una yerma extensión de desgracia y dolor, con su hierba manchada de sangre, mojada de lágrimas...

Lire se acercaba hacia ella por detras, pero solo era vagamente consciente de ello. Se dejó caer sobre las cansadas rodillas, frente al altar. Sus brazos cayeron inertes a los lados de su cuerpo y su cabeza bajó hasta rozar con el mentón su pecho. Primero vino un sollozo, contenido, desgarrador, luego las lágrimas se vertieron una a una, incapaz de retener su fuerza ni un segundo mas.

¿Cuanto tiempo les quedaría de vida? ¿Estaban salvados o era la salvación una amenaza peor que la que ya les había acechado? ¿Cuantos padres, hijos, hermanos, amigos y amantes más perderíamos? Y aun así algunos aun luchaban... Contra la desolación y el miedo, blindando sus corazones, llenandolos de ira y rabia en lugar de dolor, solo durante el tiempo necesario para vivir o morir intentandolo.
 
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