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[Athkatla] Disturbios en el Distrito de los Templos

zumoenvenenado

Otro Cantoscuro
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*Tanto compañeros de la guardia como simples transeúntes habrían escuchado a Salvador Castillo expresar sus preocupaciones acerca de tantas contradicciones y tropelías que él mismo había presenciado siendo parte de la guarnición de la ciudad. Falta de liderazgo y órdenes confusas encabezaban su lista de preocupaciones, las cuales no dudaba en hacer públicas hablando con gente de confianza. Sin embargo, una maliciosa sonrisa le delataba al tratar estos temas. ¿Por qué parecía disfrutar tanto de esta situación?*​
 

Sariel

Enano sin acento ruso
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Las tensiones eran cada vez más palpables, se habrían visto incomodidades entre guardias y quienes custodian el gran castillo de la Orden del Guantelete, discusiones de un importante sacerdote con alguna patrulla que fue más haya de donde debía.

rosa.pngDesde el distrito gubernamental, avanzando con paso firme por las amplias avenidas adoquinadas, llegaron doce caballeros. Su formación era impecable, y cada uno de sus movimientos reflejaba una disciplina envidiable. Sus capas, de un azul profundo, se mecían con la brisa que recorría las calles, y en ellas relucía bordado el símbolo de la Dama de Plata. Sus armaduras, pulidas hasta alcanzar un resplandor templado, captaban la luz de la luna con un reflejo sereno. En las hombreras y el peto de cada uno se distinguían rosas grabadas con precisión en el mismo tono plateado, un emblema de su capítulo y de su compromiso con la causa que representaban.

Junto a ellos marchaba la alta sacerdotisa Sariel. Su armadura, aunque similar a la de los caballeros, era más ornamentada, con intrincados grabados en el peto y las hombreras que evocaban la protección de la Dama de Plata. Los detalles finos del metal no eran fácilmente visibles, opacados en parte por la altura de los caballeros que la rodeaban, pero al igual que los demás, su presencia era inconfundible. Su porte era distinto, más pausado, pero su presencia no desentonaba en el grupo.

Atravesaron el bullicio del distrito comercial, donde mercaderes y transeúntes se apartaban a su paso sin que ellos hicieran el menor gesto para exigirlo. No aminoraron el ritmo al cruzar las arterias principales de la ciudad, ni cuando se adentraron en el distrito de los templos, donde los estandartes de distintas fes colgaban de las fachadas de piedra, y el murmullo de plegarias se mezclaba con el eco de los pasos en los corredores sagrados. Era allí, entre las torres de las iglesias y los patios de los monasterios, donde la tensión se había hecho más palpable en los últimos días.
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Al llegar a su destino, los caballeros se distribuyeron con una precisión casi coreografiada. Sariel se adelantó apenas un paso, manteniendo una postura erguida, la mirada tranquila pero firme. No hubo palabras entre ellos, ni señales visibles que indicaran órdenes. No desenvainaron sus armas, ni adoptaron posturas amenazantes. Su mera presencia era su declaración: estaban allí para disuadir, para contener, para impedir que la crispación que recorría la ciudad se convirtiera en una chispa imposible de apagar.

A diferencia de los caballeros, cuya presencia sería permanente en el distrito de los templos al menos por el momento, Sariel no permanecería allí de manera indefinida. Su papel era el de mediadora entre las gentes, guardias y cuanto pequeño altercado ocurriese en el lugar o al menos los que sus ojos llegasen a ver. Sin embargo, durante los primeros días, ella encabezaría la iniciativa y caminaba junto a los suyos, compartiendo tanto su carga como su propósito.

El murmullo de oraciones y cantos continuó a su alrededor, pero los caballeros permanecieron inmóviles, atentos, vigilantes. No eran verdugos ni jueces, ni soldados enviados para imponer una voluntad externa. Eran un recordatorio, un punto de equilibrio en una balanza que amenazaba con inclinarse hacia el caos, un caos no deseado en ese momento. Y así, sin más anuncio que su llegada, sin más advertencia que su silencio, los doce caballeros de la Dama de Plata tomaron su posición en el corazón del distrito de los templos hasta nueva orden.
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Arth

El que aplaude en los discursos Zhent
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Las patrullas de los Caballeros de la Orden del Guantelete han seguido teniendo la misma constancia todo este tiempo desde el comienzo de los conflictos, con asiduidad incrementada, participando igualmente en apaciguar revueltas y reivindicar el llamado a la calma, asegurándose de mantener la paz y el orden en el distrito.

Con los últimos eventos de una presencia incrementada de la Guardia junto a los seguidores del Tirano patrullando de manera tan "agresiva" en las inmediaciones del Castillo del Guantelete y los Templos de la Tríada, no obstante, esta paz ha parecido volver a tonarse en una tensión más palpable.

Los Caballeros del Guantelete y siervos de la Tríada parecen ver este movimiento como otra provocación más por parte de las autoridades que tanto se escandalizaban por los movimientos de fe para ahora unirse al incremento de la presencia de una de las partes en los territorios de la otra.

Si bien esto no ha derivado, por ahora, en más enfrentamientos ni nadie ha hecho ademán de impedir el libre paso por el distrito a quien lo desee, las tensiones sí son notables, así como las malas miradas ante el movimiento de lo que parece una evidente provocación para provocar más altercados. Los Caballeros del Guantelete, eso sí, se mantienen firmes sin permitir que los siervos del Tirano se acerquen demasiado ni al castillo ni a los templos por el evidente incidente que esto podría causar.

La misma Maestre es vista participando en estas patrullas junto a sus hermanos de la Orden, marcando un claro límite a los avances de los siervos del Tirano.

- "Y luego quieren dárselas de escandalizados y de guardianes del orden y la paz cuando es evidente que son ellos mismos los que están buscando provocar más conflictos entre los ciudadanos con semejantes provocaciones. No esperaba mucho, pero esto excede lo bajo que creí que podían caer." Comentaba Lady Claire con algunos de los Caballeros con los que compartía patrulla, mientras observaba a uno de los grupos compuestos por miembros de las Fuerzas Armadas y de la Capilla de la Supremacía.
 

ELLOESO

Perro de Dan
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Siguiendo la deriva que toman los acontecimientos y como la calma impostado no parece más que un anticipo de lo que puede pasar ante la tensión que se está acrecentando, Liliana pasea por las calles con el ceño fruncido mientras medita al respecto. La idea que se había formado en su cabeza y compartida con su mano derecha, ahora era una decisión que se hacía cada vez más imperiosa hacer pública.
 

El Espino Blanco

Repetidor de la Myrdon
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La obispo Brillalba observaba la plaza del Reencuentro desde una ventana en Espumargentea, disfrutando su te de media mañana, ganado tras revisar sus inversiones en el Paseo de Waukin.

Atenta al pasar de espadas y armaduras relucientes cavilo acerca de la situación, de como el caos se había abierto paso y alzo su mirada hacia la torre negra de Bane.
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- Bien jugado Agarathea...¿Ahora como iniciaras el fuego para ser la única que tenga cubos de agua?. Amn esta muy acostumbrada a ser un pais de "Retales", demasiadas espadas fuera de sus templos y hogares. Las calles son responsabilidad del Consejo...Pero sale mas barato esperar a que todo se desmorone. ¿Como que no quedan buñuelos?...Ains...Que mal empieza la mañana...¿Eh? Claro que se que es medio día...Tráeme unas tostadas con mantequilla mismo. - Alejo la mirada de la camarera y volvio a posar la mirada en las calles - ¿Quien sera el pobre desdichado que se coma el problema de poner orden en todo esto?...No le envidio...¡Ostras lo que quema el te! ¡¡Niña!!
 
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Arrakis

Alas del Pegaso de Valrieth
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Unas nuevas octavillas vuelven a aparecer en el distrito de los templos tras una noche especialmente oscura, que habria transcurrido apacible. Las figuras posaron las mismas como mensajes normales, ataviados con trajes de monje que cubrian sus facciones, volviendo con paso silencioso de nuevo en dirección a las sombras.​

Mentiras y engaños. ¿Cuantas veces los habéis dejado vomitaros palabras vacías en vuestra vida?
La guardia ha tratado a los aquí presentes como perros sarnosos, entregados sin juicio ni pruebas. Los templos se alzan como carroñeros entre los fieles, tratando de impulsar sus discursos. La propia guardia se alía con aquellos que más se acercan a sus ideales. No sois nada para ellos. Mera mercancía azotada por el vaivén del oleaje de la política del distrito.

No somos nada. Somos el vacío primigenio. Somos el consuelo, la mano que se os tiende en tiempos aciagos. La que arrancará el velo de vuestros ojos, mostraandos la verdadera naturaleza tras sus mentiras. No caigais en sus juegos. Buscad a la madre de la noche, pues es ella la única que os ofrecerá consuelo y os revelará los secretos.

Encontrad a la Madre Noche - Lamento de la Bruma.​
 
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Juan

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Aunque entre sus muchos quehaceres el de patrullar las calles no es el más prioritario, entregado a su nación y a mantener el orden, el recientemente nombrado Capitán Ewan se deja ver comúnmente en el Distrito del Templo junto a un par de sus mejores soldados. De gesto siempre serio y tono seco, contesta con la educación y cordialidad que de él se espera, manteniéndose tajante en sus posturas.

- No señora.
*explicaba a una transeúnte* Las patrullas de las Fuerzas Armadas son exclusivamente de las Fuerzas Armadas, no patrullamos en conjunto con ningún clero, por más que se empeñen en decir que así lo hacemos.

- ¿Cómo dice señor? ¿Qué tenemos favoritismos por los fieles del Tirano?
*replicaba a un buen hombre que nervioso y temeroso buscaba respuestas* Nosotros sólo tenemos favor con la ley y orden amnianos, la misma citación fue entregada a los fieles de la Cúpula de la Supremacía como a los de la Orden del Guantelete. Los primeros acudieron en favor de apoyar al orden de las Fuerzas Armadas. Sin embargo los segundos mencionados rechazaron tal invitación, a saber por qué motivo, pero la puerta del cuartel continúa abierta. Yo mismo redacté las citaciones, así que sé de lo que hablo. *Asegura con firmeza*

Continuaban así la ronda, calmando los malos ánimos y el bullicio en pos del orden, atendiendo a todo aquel que a ellos se acercaban con claras y sencillas palabras, dando el Capitán muestra de un intachable liderazgo y total precisión de las órdenes y como deben ser ejecutadas por sus solados, dejando en vano lo que algún insurrecto ha intentado promulgar entre las buenas gentes de Amn a saber con qué intenciones.

Al final de su ronda quedó un mensaje claro, ellos velaban por Amn y sus gentes, dejando las creencias religiosas a un lado cuando portaban su uniforme. Seguidamente se pudo ver como tomaban camino para encontrarse con el Sumo Sacerdote de Helm que se había pronunciado recientemente. ¿Qué sucederá entre ellos? ¿Será el paso definitivo para devolver la calma al Distrito o por el contrario será el principio de una escalada del conflicto? Tantas posibilidades hay como colores aparecen en estos últimos tiempos en el cielo.


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Juan

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Largo y tendido se pudo ver que charlaban el Sumo Sacerdote de Helm, Lord Pretus y el capitán Ewan, sentados tranquilamente en uno de los bancos pétreos de la plaza central del distrito de los Templos. Dos caballeros permanecían tras el representante de Helm, mientras dos soldados aguardaban algo más distantes que su capitán ordenara retomar la patrulla.

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Poco se sabe de lo que hablaron, de las impresiones que intercambiaron, pero no mucho más tarde se pudo notar como los templos en los que se rinde culto a la Triada y a Helm dejaron de estar tan estrechamente custodiados, coordinando por el bien de todos sus patrullas. Se rumorea incluso que puede que el mismo Lord Pretus oficie una sencilla misa en la capilla dedicada a su deidad en los cuarteles del Distrito de la Guardia.

Sin embargo, las patrullas rutinarias más cercanas al Castillo de La Orden del Guantelete se mantienen con la misma intensidad, lo que puede dar que pensar. Y, aunque son intensas, se ejecutan sin mostrar hostilidad alguna ni compañía de otros cleros.
 

Dugan

Elfo que no discute
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Nadja observó desde la distancia a los soldados que patrullaban con la misma frecuencia e intensidad de los últimos días. Ya no era una simple cuestión de seguridad; aquello se parecía más a un mensaje silencioso, a un recordatorio constante de que la Guardia tenía los ojos puestos en la Orden del Guantelete.

"¿A qué viene tanto desfile?", pensó, cruzando los brazos, mientras observaba a una de las patrullas sin disimulo alguno. "¿Nos consideran un problema? ¿Una posible amenaza? O sencillamente... ¿nos están manteniendo apartados?"

La vigilancia parecía haberse relajado en los templos de la Triada y Helm ―Probablemente y conociendo a los Helmitas, les habrían dicho que ya sabían vigilarse ellos muy bien― pero con la Orden del Guantelete poco había cambiado. Nadja no se consideraba ingenua: la política de Athkatla tenía más capas que una armadura bien forjada, y no siempre era fácil ver qué mano movía los hilos.

Sin embargo, no tenía tiempo para quedarse rumiando teorías. Sus deberes tenían prioridad y también tenia patrullas que hacer.
 

Sariel

Enano sin acento ruso
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Los días transcurrían con la falsa quietud que sigue a la tormenta. Aunque la tensión parecía disiparse, la presencia de los caballeros de la Dama de Plata comenzó a replegarse lentamente del distrito de los templos. Sin embargo, su retirada no significaba ausencia, sino una nueva estrategia. Ahora, juntos, formaban una vigilia silenciosa en las cercanías del Castillo del Guantelete.


No vigilaban el castillo en sí, sino1739584207410.png que parecían erigirse como un baluarte de equilibrio entre fuerzas, su sola presencia trataba de ser recordatorio de que la paz aún debía resguardarse. Erguidos, firmes y envueltos en la luz de su fe, se esparcían con disciplina por el lugar, sin cruzar palabras innecesarias, sin gestos superfluos, impasibles incluso ante la mirada de la guardia o los miembros del Guantelete. No imponían, pero tampoco cedían, simplemente estaban ahí, recordando con su presencia que las actitudes y luchas de egos no irian a ningún lado.

Así, cual centinelas de la luna, los caballeros no alzaban espadas, sino que ofrecían con su sola presencia y de forma ironica para como solía actuar el clero... un escudo contra el caos. Porque en tiempos inciertos, a veces basta con estar allí, como una estrella en la noche, para recordar a todos que la luz aún brilla y que siempre hay lugar para actuar correctamente.
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Juan

Donante voluntario de sangre
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Avanzando hasta conseguir la tan ansiada normalidad


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Pudo verse al conocido Centinela Tada de Torm internándose en los cuarteles del Distrito de la Guardia. Poco se sabe de lo que hablaron allí, aunque el testimonio de algunos soldados que pegaban la oreja mientras custodiaban el cuartel aseguran que tuvieron una charla distendida y cordial, que se dilató durante un buen tiempo.

Lo que si se ha podido notar es que, desde que el ordenado volvió a su sede en el Distrito del Templo las patrullas de las Fuerzas Armadas han vuelto a lo que en su día fueron, limitándose a las calles y accesos, levantando las intensidad que aún se ejercía en las inmediaciones del Castillo de la Orden del Guantelete.

Con el paso de los días, habiendo sido realizada sin agravios la cumbre anunciada en la Cúpula de la Supemacía y estando en consonancia con las partes que se vieron implicadas en el altercado, paulatinamente la presencia de los miembros del ejercito fue aminorándose hasta volver a la presencia que venía siendo normal tiempo atrás en el tan heterogéneo distrito de la capital amniana.

Tiempos en que la unidad por un objetivo común estaban comenzando, ¿podría llegar a suceder que lucharan los miembros de Guantelete Negro y los de la Orden del Guantelete junto a las Fuerzas Armadas por el bien de Amn? Sólo el tiempo arrojará luz sobre esas dudas, aunque algo es cierto, alianzas más extrañas e imprevisibles se han visto a lo largo de la historia de Amn.
 
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