
El Sacerdote Dick Cars regresó al Hospicio tras su ronda diaria de caridad, con el polvo de los barrios bajos y el hedor del campamento de leprosos aún impregnando su túnica. La fatiga se convirtió en ira fría al ver la cama de la Dama Sariel vacía.
Al reprender al Escudero del Guantelete por su ineficacia en la vigilancia, el joven, visiblemente avergonzado, explicó que una tal Dama Mernalyn la había sacado "a dar un paseo" y no había regresado.
Dick, sintiendo que su compromiso de protección había sido violado, salió furioso en su búsqueda.
Un ciudadano le indicó que las habían visto entrar en el Templo de Selûne.
Al llegar, Dick encontró a Sariel sentada, inmutable, con su estado catatónico inalterado, y esa maldita sombra oscura aún anclada a su espalda.
Dick se acercó y, con una mezcla de fe y desesperación, comenzó a hablarle a Sariel, como si pudiera escucharle. Le narró sus descubrimientos en la biblioteca, y su convicción de que debían combatir una manipulación, no una enfermedad simple.
Fue entonces cuando las Damas Mernalyn y Arianne se reunieron con él. Dick, como Caballero de la Orden, expresó su profunda desaprobación por haber sacado a Sariel del Hospicio sin su consentimiento. Sin embargo, tras escuchar sus motivos y la lógica de que la devota estaría mejor entre los suyos, la tensión se disipó.
Dick, mostrando la compasión de Ilmater, perdonó la acción y comprendió la situación.
Fue Arianne y Mernalyn quienes propusieron intentar el conjuro de Restablecimiento Mayor. Dick accedió, más por un acto de fe y esperanza que por convicción, pues sus lecturas sugerían que no era un mal ordinario.
Al conjurar, ocurrió algo extraordinario: la sombra oscura que había atormentado a Sariel desde su encuentro con El Crupier se desvaneció por completo, evaporándose como humo al sol.
El momento fue interrumpido por la llegada de Gwenaëlle de Selûne, quien, visiblemente estresada y molesta, reprendió severamente a Dick por conjurar sin consultar a la autoridad del Templo.
El Sacerdote, comprendiendo la enorme carga que pesaba sobre Gwenaëlle, aceptó la reprimenda con calma.
La furia de Gwenaëlle se desvaneció al ver el resultado: el Restablecimiento Mayor de Dick había roto el anclaje del mal. Animada por este éxito parcial, ella misma probó otro conjuro.
Este segundo acto de magia divina trajo un cambio aún más profundo: Sariel recuperó sus ojos, aunque estos permanecieron blancos, fijos e inertes.
Sin embargo, el equipo de sanadores tenía ahora una esperanza tangible. Habían demostrado que, aunque las curaciones mundanas fallaran, ciertos conjuros divinos específicos eran capaces de afectar la aflicción de Sariel, abriendo una vía de investigación mágica que no habían considerado antes.
