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Bran Fryar

paniba

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Bran nació hace 20 estaciones en un pueblo a orillas del río Khionzhar, en la región de Campos Verdes, donde predominaban la pesca y la agricultura. De familia humilde, tuvo una infancia sencilla e instruida en los idiomas y la escritura. Su vida transcurría plácidamente y ya se notaba en él un espíritu noble y bondadoso.
Al cumplir 14 años, Bran ingresó en la milicia del pueblo y comenzó a aprender las técnicas de lucha y el uso de las armas. Se destacaba en el grupo de novatos por su motivación y su presteza para aprender. Al poco tiempo ya participaba de misiones de patrullaje en los alrededores del pueblo, y cumplía sus obligaciones como guardia con diligencia.
Pero la milicia del pueblo no era lo que anhelaba. Si bien tenía oportunidades de ayudar al prójimo y hacer cumplir la ley, a veces se veía envuelto en situaciones en que la corrupción y el poder de los ricos se enfrentaban a sus ideales de justicia y lealtad.
Si quería seguir la senda de un paladín de Torm, debía abandonar la milicia y el pueblo. Al cumplir 19 años, partió hacia el sur, en búsqueda de un nuevo hogar donde poder ser útil, luchando contra en mal. Y si nunca lo encontrase, entonces vagaría por faerun, como un caballero errante.


Descripción física: Humano de buena estatura (aproximadamente 1,85 m) y delgado. De cabellos rubios y tez clara. Su rostro es de rasgos finos y cuidados, sus ojos son grandes y de un tenue color verde. Cuando habla, lo hace de forma tranquila, y sin borrar una sonrisa, casi permanente. Generalmente viste ropas sencillas y lleva encima una cota de mallas, y un escudo a la espalda. Y si se lo mira con atención, se podrá ver un sencillo colgante de bronce con el símbolo de Torm anudado a su cuello.

Deidad: Torm

Edad: 20 Años

Montura: Othar, un caballo cormyniano blanco de gran porte.
 

paniba

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El viaje al sur transcurrió sin mayores altercados.

Bran caminaba durante el día y al anochecer, se ocultaba lejos de los senderos y descansaba. Los escasos caminos de las praderas no eran lugar seguro para un viajero solitario, aunque fuese armado y llevara siempre puesta una rudimentaria cota de escamas. En esos días, Bran aprendió a cazar y a pescar para comer. . . aunque claramente no era su punto fuerte. Hasta el animalillo más confiado terminaba descubriéndolo y huyendo antes de que pueda arrojarle una piedra siquiera.

Cuando paraba a descansar las piernas, el paladín practicaba con su viejo espadón varias horas hasta que sentía los brazos acalambrados. Luchaba contra enemigos imaginarios o contra su propia sombra. Si quería ser un fiel guerrero sagrado, debía estar preparado para luchar ante cualquier amenaza.

Los escasos poblados que se cruzaban en su camino, lo recibían taciturnamente. Sus habitantes siempre desconfiaban de los forasteros, y más si éstos llegaban armados. Casi siempre estos viajeros armados suelen ser mercenarios o bandidos que beben mucho y pagan poco. En cada poblado no permanecía más de unos cuantos días, en donde conseguía algunos trabajos, ayudaba a los enfermos y profesaba los ideales de Torm, a cambio de comida y techo.

En una ocasión, Bran participó junto a un par de mercenarios en la custodia de una caravana de cereales y cueros desde uno de esos poblados a otro, distante a unos días.

Caminando junto a los carros tirados por bueyes, uno de los guerreros se acerca a su lado. Era un hombre de hombros anchos, de mirada osca y con cicatrices en los brazos. Llevaba una coraza metálica abollada y una lanza de madera de fresno.

Carraspeó un poco a modo de saludo antes de hablar. –Que harás con la paga de esta caravana, rubio?-
Nunca se preocupó por aprender mi nombre, así que me llamaba simplemente rubio.
-Mi paga es la comida y llegar al próximo poblado, Arxtral-
El mercenario se quedó un largo rato mirándome mientras ambos caminábamos por el sendero. Cuando creí que no volvería a dirigirme la palabra, graznó:
-¿Eres Idiota?-
-Soy un humilde siervo del leal, que siempre ayudará a todo aquel que lo necesite- Intentaba conservar la calma. –Estos caravaneros no podían pagar muchos soldados…. Y no me vuelva a llamar idiota-
El hombretón negó con la cabeza y se adelantó apurando el paso. –Menos mal que hay pocos tontos que piensan como tú, o me quedaría sin trabajo jajajaja-

Casi un año deambuló Bran por Amn, y en ese tiempo comprendió la realidad de la región: El oro manda.

Si un individuo tiene oro y recursos, tiene mil oportunidades, y cuantas más riquezas posee, más poder puede alcanzar. Hay algunos ricos bondadosos que son realmente altruistas, pero para la mayoría, el oro es como el agua de mar. . . .Cuanto más bebes, más sed te dá.

Pero si un individuo es pobre, es un olvidado, un marginado de la sociedad. Sus oportunidades son ínfimas, y uno de cada 100 escapa a ese destino y logra mejorar su vida. Los pobres se las tienen que arreglar solos, sin que los gobernantes les presten ayuda (más ocupados en atender primero a los “grandes contribuyentes").

Así, comprendí mi misión en la vida. Ayudar a los excluidos. Proteger a los indefensos con mi espada. Sanar a los enfermos y curar a los heridos que no tienen donde ir.

Con esta idea en mente Bran llegó a Athkatla, la opulenta ciudad de la moneda, donde la diferencia entre ricos y pobres se magnificaba.
Era el lugar para comenzar. El lugar donde debía concentrar sus esfuerzos, donde sentía que era necesario.
Hacía poco tiempo que la orden de caballeros de la región había cerrado sus puertas, por causa de una rebelión de algunos de sus miembros, dejando un gran vacío en su lugar, y los grupos mercenarios se habían multiplicado.

En su estadía en Athkatla, Bran trataba de ayudar a los lugareños con pequeñas tareas, como llevar provisiones desde la ciudad hacia la ciudad cercana Crimnor, recuperar reliquias perdidas en lugares peligrosos, luchar contra los trasgos que se acercaban demasiado a los límites de la ciudad, y hasta participó de un grupo de aventureros que liberó a una aldea cercana de los atropellos de unos fanáticos de Thalos. Con esfuerzo consiguió un gran potrillo Cormyniano blanco al que llamó Othar, al cual comenzó a domesticar y a querer como a un amigo.

Hasta que un día, casi de casualidad, conoció a un paladín de Corelon Larezhian. Le habló a Bran de un deseo que tenía.

-Quiero formar un grupo de personas bondadosas que ayuden a los oprimidos, a los que no tienen nada para dar y a nadie a quién acudir-

Bran sintió un golpe de júbilo dentro de su pecho y respondió con firmeza. -Cuenta Conmigo-

Así fue como Conocí a Andriel Albaluz y a la orden de los peregrinos . . . .
 
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