DM Kapillo
Sombrero perdido de Astrid
- Registrado
- 24/1/25
- Mensajes
- 2,688
Tras la caída del Murkul, el ogro hechicero cuyo poder y el respeto que infundía tras tantas victorias mantenían unidas a las tribus, los Dientecillos Orientales quedaron sumidos en un torbellino de caos. Lo que antaño eran tribus bárbaras bajo su puño de hierro se fragmentó en un sinfín de clanes salvajes, cada uno sediento de sangre y ansioso por reclamar el Trono de Espinas, símbolo del dominio absoluto sobre el imperio.
Los gritos de guerra y los tambores tribales resuenan en cada valle, pues el poder ya no lo dicta la estrategia ni la visión, sino la fuerza bruta. Sin embargo, no todo se ha derrumbado en ruinas. Las huestes de Karyak el Cruel, señor de los temibles tanaruks, todavía mantienen el orden a latigazos y golpe de acero. Su élite de guerreros mitad orcos, mitad demonios, patrulla las fronteras de las escarpadas montañas, conteniendo a las tribus más violentas. Pero incluso el cruel Karyak ha encontrado resistencia en algo más allá de lo que sus hordas pueden soportar.
Entre los susurros de los clanes, ha surgido una nueva fuerza temida y reverenciada: la autoproclamada Reina de los Dientecillos, conocida entre las tribus más salvajes como la DevoraDragones. Se dice que esta giganta de las colinas es tan alta como una torre de asedio y que su fuerza rivaliza con la furia de los dioses; otros dicen que ha sido bendecida por el mismísimo Grolantor o Vaprak según a quién preguntes.
Armada con un tosco garrote rematado en una roca atada, ha abatido a dragones en pleno vuelo como si fueran simples aves. No pocas veces se la ha visto celebrar sus victorias festinando sobre los cadáveres de estas criaturas, cocinando su carne como trofeos vivientes de su poder. A su alrededor, nuevas tribus se congregan, convencidas de que ella es la heredera natural del trono.
Pero las sombras se alargan. Desde la Torre del Eterno Eclipse, una fortaleza oscura envuelta en un bosque maldito, el Nigromante extiende su influencia como una mancha venenosa sobre la tierra. Nadie ha conseguido atravesar el laberinto de enredaderas vivientes que protege su morada: las ramas mismas atrapan, desangran y devoran a los incautos. Su ejército crece en silencio, alimentado por cadáveres de guerreros caídos y bestias profanadas.
A su lado se alza su lugarteniente más letal: Un dracónido plateado de porte esbelto y mirada cruel, nacido de los huevos corruptos de la mismísima Adalon. Bajo su mando, legiones marchan y arrasan por igual a tribus y a los propios ejércitos de Karyak el Cruel, con un único propósito: enfrentar a la Reina y arrebatarle su garrote.
Pues los rumores apuntan a que esa arma rudimentaria esconde un gran poder de otro mundo, temido incluso por los dragones que dominan los cielos.
Las tribus lo llaman Escarcha Marchita o la Muerte Plateada, pues su espada y su aliento son capaces de congelar a sus adversarios.
Desde su balcón en lo alto de la torre, el Nigromante contempla en silencio la guerra civil que consume los Dientecillos. Dragones cromáticos patrullan sobre los cielos de su fortaleza, sirviéndole como centinelas y heraldos de terror. El Mago de la Túnica Negra, más seguro de sí mismo que nunca, permite que sus enemigos se desgarren entre sí, aguardando el momento en que los vencedores, exhaustos, caigan ante la verdadera oscuridad que se cierne sobre el mundo.
En los Dientecillos ya no se lucha solo por el trono del Murkul. Ahora, tres fuerzas colosales chocan en un campo de batalla sin dueño: la brutalidad salvaje de la Reina DevoraDragones, la tiranía demoníaca de Karyak el Cruel, y la oscura ambición del Nigromante Lohezet.
Y en medio de este caos, es imposible internarse en aquellas tierras sin cruzarse con alguno de los tres bandos, que dependiendo de a quién sirvas… no dudarán en reclamar tu sangre como ofrenda a su causa.
Estudiar o internarse en los dientecillos siempre ha sido peligroso pero actualmente dicha zona conlleva un riesgo significativo de MP. Sin embargo, si alguien está interesado en tomar alguna acción, ya sea negociar o incluso considerar conflictos, estoy abierto a escuchar propuestas.
Los gritos de guerra y los tambores tribales resuenan en cada valle, pues el poder ya no lo dicta la estrategia ni la visión, sino la fuerza bruta. Sin embargo, no todo se ha derrumbado en ruinas. Las huestes de Karyak el Cruel, señor de los temibles tanaruks, todavía mantienen el orden a latigazos y golpe de acero. Su élite de guerreros mitad orcos, mitad demonios, patrulla las fronteras de las escarpadas montañas, conteniendo a las tribus más violentas. Pero incluso el cruel Karyak ha encontrado resistencia en algo más allá de lo que sus hordas pueden soportar.
Entre los susurros de los clanes, ha surgido una nueva fuerza temida y reverenciada: la autoproclamada Reina de los Dientecillos, conocida entre las tribus más salvajes como la DevoraDragones. Se dice que esta giganta de las colinas es tan alta como una torre de asedio y que su fuerza rivaliza con la furia de los dioses; otros dicen que ha sido bendecida por el mismísimo Grolantor o Vaprak según a quién preguntes.
Armada con un tosco garrote rematado en una roca atada, ha abatido a dragones en pleno vuelo como si fueran simples aves. No pocas veces se la ha visto celebrar sus victorias festinando sobre los cadáveres de estas criaturas, cocinando su carne como trofeos vivientes de su poder. A su alrededor, nuevas tribus se congregan, convencidas de que ella es la heredera natural del trono.
Pero las sombras se alargan. Desde la Torre del Eterno Eclipse, una fortaleza oscura envuelta en un bosque maldito, el Nigromante extiende su influencia como una mancha venenosa sobre la tierra. Nadie ha conseguido atravesar el laberinto de enredaderas vivientes que protege su morada: las ramas mismas atrapan, desangran y devoran a los incautos. Su ejército crece en silencio, alimentado por cadáveres de guerreros caídos y bestias profanadas.
A su lado se alza su lugarteniente más letal: Un dracónido plateado de porte esbelto y mirada cruel, nacido de los huevos corruptos de la mismísima Adalon. Bajo su mando, legiones marchan y arrasan por igual a tribus y a los propios ejércitos de Karyak el Cruel, con un único propósito: enfrentar a la Reina y arrebatarle su garrote.
Pues los rumores apuntan a que esa arma rudimentaria esconde un gran poder de otro mundo, temido incluso por los dragones que dominan los cielos.
Las tribus lo llaman Escarcha Marchita o la Muerte Plateada, pues su espada y su aliento son capaces de congelar a sus adversarios.
Desde su balcón en lo alto de la torre, el Nigromante contempla en silencio la guerra civil que consume los Dientecillos. Dragones cromáticos patrullan sobre los cielos de su fortaleza, sirviéndole como centinelas y heraldos de terror. El Mago de la Túnica Negra, más seguro de sí mismo que nunca, permite que sus enemigos se desgarren entre sí, aguardando el momento en que los vencedores, exhaustos, caigan ante la verdadera oscuridad que se cierne sobre el mundo.
En los Dientecillos ya no se lucha solo por el trono del Murkul. Ahora, tres fuerzas colosales chocan en un campo de batalla sin dueño: la brutalidad salvaje de la Reina DevoraDragones, la tiranía demoníaca de Karyak el Cruel, y la oscura ambición del Nigromante Lohezet.
Y en medio de este caos, es imposible internarse en aquellas tierras sin cruzarse con alguno de los tres bandos, que dependiendo de a quién sirvas… no dudarán en reclamar tu sangre como ofrenda a su causa.
Offtopic :
Estudiar o internarse en los dientecillos siempre ha sido peligroso pero actualmente dicha zona conlleva un riesgo significativo de MP. Sin embargo, si alguien está interesado en tomar alguna acción, ya sea negociar o incluso considerar conflictos, estoy abierto a escuchar propuestas.
Última edición:




