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Carta de la VICTORIA

Ultralodeo

Elfo que no discute
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**Las puertas de la torre negra se abrieron de par en par y unos cuantos cabalistas ataviados con túnicas negras y cabezas encapuchadas salieron a la plaza de los esclavos, dónde comenzaron a repartir la siguiente misiva:**

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todos los ciudadanos leales al Murkul, a los ilustres siervos del Cónclave Negro y a todos aquellos que aún dudan del poder de Murann,

Que este día y los venideros, sean recordados como los más oscuros de nuestros enemigos. Imnescar, la ciudad que se alzó y osó a desafiar la voluntad del imperio del Murkul yace hoy en ruinas y cenizas. Sus muros derrumbados, sus estandartes quemados y supueblo reducido a esclavos o alimentos.

Sus valientes —Si acaso se les puede llamar así— paladines Selunitas, marcharon a la guerra envueltos en plegarias vacías y armados con espadas consagradas que se quebraron como ramas secas ante el poder de nuestro Cónclave Negro y de nuestro Ejercito. La No-Muerte se alzó ante ellos como una vanguardia sin miedo ni temor a sus armaduras azules. Que dulce ironía fue ver sus cuerpos "sagrados" alzarse nuevamente bajo nuestra voluntad, convertidos en soldados de ojos rojos que destruían la vida a su paso y obligados a ser los guardianes de su propio templo profanado.

Aquellos fanáticos osaron creer que la luz de su diosa podría detener la marea de poder que se alzaba desde Murann. Que sus cánticos y sus oraciones a una luna silenciosa tendrían algún efecto sobre los ejercitos de no-muertos y cabalistas imbuidos en el poder del Cónclave, pobres insensatos. Sus voces se apagaron ahogadas en sangre, sus reliquias se quebraron bajo nuestras botas y su fe se disipó como niebla ante los cielos ocultados por nuestra supremacía.

Hoy, la abadía de Hydcont, otrora bastión contra la soberanía del glorioso imperio Muranní, se alza como la nueva fortaleza del Fuego Infernal. Sus altares han sido mancillados, sus criptas destruidas y sus libros sagrados arrojados al fuego. Los mismos muros que acogieron oraciones, ahora escuchan las lenguas malditas que se hablan en el Cónclave y, en sus salones resonarán por siempre el nombre de aquellos que, por orgullo o narcisismo trajeron el fin de su abadía y su estúpida cruzada. Los paladines que murieron, hoy se alzan de nuevo para la deshonra de sus devotos. Dónde antes blandían estandartes de plata, ahora cargan cicatrices que no sanarán y traerán con ellos pesadillas a todos aquellos que osen a volver a decir que "Cada noche, la luna se alza y os observa". Ninguna luna llena volverá a brillar para ellos, pues no volverán a soñar y solo guardarán la oportunidad de devorar a sus antiguos camaradas.

Pero no solo los devotos de Selune han sido humillados, el ejercito de Amn siempre orgulloso y arrogante y que durante generaciones se creyó dueño de las tierras que hoy yacen asoladas y ruinosas, fue reducido y doblegado ante la voluntad de nuestro ejercito. Sus capitanes y sargentos, altivos al llegar al frente acabaron suplicando clemencia mientras nuestros arcanos alzaban los cadáveres de sus camaradas. Qué patético espectáculo ofrecieron, hombres y mujeres cubiertos de sangre y fango huyendo de nuestros espectros, abandonado estandartes, lanzas y a sus propios hermanos de uniforme. Sus formaciones se quebraron ante la tempestad y el poderío del ejercito Muranní.

Los clérigos de Cyric, traidores hasta con su propia palabra buscaron quebrarnos con sus conjuros divinos. Creyeron que su astucia e ingenio bastaría dónde el acero y la fe blanda habían fallado... Tontos. Sus acólitos yacen hoy entre los cadáveres infectos y putrefactos, algunos usados por el cónclave en rituales para empapar la tierra de energía negativa. Aquel que predicaba el caos y la traición murió ahorcado con su propia lengua.

Y no olvido a los vanidosos devotos Sunitas, diosa de la belleza y el amor, que en su vanidad se creyeron intocables. Enviaron sacerdotisas y paladines perfumados, creyendo que la belleza y sus voces dulces podía calmar a la tormenta. Que deliciosa ironía ver sus rostros desgarrados, sus ropas arrancadas y sus cuerpos usados como recipientes para la energía negativa.

Esta victoria no es un simple triunfo militar, es la prueba incontestable de que la fe es débil cuando se enfrenta a la eternidad de la no-muerte y contraria a los ciudadanos libres de Murann. Que el Murkul reina, y su voluntad es LA LEY.

Murann no solo ha tomado estas tierras, ha enterrado sus creencias, ha quebrado su moral, ha condenado su insinuaciones y fechorias contra el imperio y ha efectuado una purga, una limpieza necesaria para recordarle al mundo que Murann es inevitable, que sus deidades son débiles y sus hipócritas fieles aún más. Ningún bardo cantará por ellos. Ninguna plegaria será escuchada. Ningún héroe será recordado. Todos sus dioses, sus ejércitos y sus orgullos yacen quebrados bajo el estandarte eterno del Imperio Muranní.

Que mi escrito se propage por todas las ciudades y fortalezas pues ...
Así terminan quienes desafían al Imperio y al Murkul
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Wotan

Orco del Desolado
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*El pequeño Kobold que pasea por Murann recogería del suelo una de estas misivas y la leería mientras se dirige a las granjas, negando y suspirando*
No se ha hecho de las mejores de las maneras, creo que me va a tocar limpiar la zona de esas energías, recuperarla y reforestarla, me esperan dekhanas, meses, años de trabajo para recuperarlo, pero si por el camino puedo acabar con esos alzados que han dejado, usarlos de abono y poder extender de nuevo los bosques a zonas otrora civilizadas, siempre será beneficioso.. Para el Murkul, para Padre Roble...
 
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