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[Carteles] en el Distrito del Puente

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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*En el Distrito del Puente y sus accesos, llamativos carteles se mostrarían en puntos estratégicos donde más transeúntes circulan. En ellos, destaca la elegante ilustración de un gato negro con manchas blancas, trazada con una precisión artística que delata la mano de un maestro del dibujo, seguramente contratado para esta tarea. Algunos dirían que es un gasto innecesario, mientras que otros lo interpretarían como una muestra del poder adquisitivo que ostentan quienes realizaron tales carteles.*

*El protagonista de estos carteles es un curioso felino, hallado hace unos días en el puesto de venta que el Broche Áureo instaló recientemente. Ahora, el animal está bajo el cuidado de la "Maestra de Ceremonias", quien, según los rumores, ya lo ha adoptado como su mascota. Si su dueño no aparece, no solo tendrá un nuevo hogar, sino que también un nuevo nombre:
"Moneda"*


Proyecto nuevo - 2024-12-08T085419.518.png

"Se hace saber que se encontró a un gato negro, con manchas blancas y un collar al nombre de "Venancio".

El felino se encuentra al cuidado del Broche Áureo, en el Cuervo Negro. A la espera de que su dueño se presente.

Preguntar por Vittoria Velcraven."












Offtopic :
Permiso concedido por DM Faith
 

DM Faith

Llanero del brasero
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Lo que empezó como una curiosidad se ha convertido en un pequeño fenómeno en la Ciudad de la Moneda: cada vez más gatos idénticos al famoso "Moneda" del Broche Áureo están apareciendo por toda la ciudad. Negros, con manchas blancas, elegantes y tranquilos, y cada uno portando un collar con un nombre grabado.

Tiburcio, Eustaquio, Venancio...

Sus nombres son tan variados como inusuales.

Aunque la mayoría de los felinos ha sido avistada en los barrios más concurridos, algunos han aparecido en los alrededores de la ciudad, e incluso en las afueras, descansando plácidamente en los caminos o entre puestos de los mercados.

Lo curioso es que, pese a la proliferación de estos gatos, nadie parece reclamarlos. Los transeúntes los miran con interés y muchos niños han empezado a inventar historias sobre su misterioso origen.

Tras haber recibido varias denuncias, las autoridades han empezado a rechazar los animales conforme son entregados, confiando en que sean los propios ciudadanos quienes asuman los costes de su altruismo.

¿Qué habrá detrás de todo esto? Aunque no parece que sea un problema urgente, la creciente presencia de estos curiosos felinos ha dado mucho de qué hablar en las calles de Athkatla.
 

Nazgul

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El Mago Nashkelí paseaba por Athkatla sobre la silla de su corcel Bálagos, deteniéndose en una mirada nostálgica a cada gato que veía.

Frustrado al recordar constantemente el vil asesinato de su querido gato familiar y una parte de su propia alma con él, escuchando en lo más profundo de su subconsciente los maullidos de aquel con quien hizo un ritual de 24 horas cediéndole parte de su consciencia y poder mágico.. Todo ayudó al anciano James Kerloch a tomar camino hacia el templo de Sharess para preguntar qué clase de rito hedonista había puesto a su animal sagrado en todas las calles, con intención de pagar incluso a los jóvenes aventureros que descubriesen de dónde procedía la plaga.

No iba a ser él, un veterano de guerra con dolores de espalda, quien se pusiese a seguir a esos escurridizos y ágiles felinos por la enorme ciudad de Athkatla.
 

Orador

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La jovencísima Zarah de Selune, se da paseos por la ciudad, entrándo en tabernas, posadas y demás establecimientos para conocer de primera mano que sucede con esos gatetes.
(Habrá un señor de los gatos en la ciudad?)
su interés es creciente, curiosa cuál gatito trata de discernir todo lo que puede.
 

Alizandriel

El que aplaude en los discursos Zhent
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gato.JPG

En uno de sus muchos paseos por el laberinto de callejuelas de Athkatla, Alizandriel se encontró de pronto en los bajos fondos de la ciudad. La penumbra y los olores nauseabundos eran característicos de este lugar, pero fue un destello de ojos dorados en un rincón lo que llamó su atención.​

¿Sería uno de los felinos que tanto se buscaban en la ciudad?
¿O acaso se trataba de una criatura más siniestra?​

Con la esperanza de ganarse la confianza del animal, Alizandriel se acercó lentamente, ofreciéndole un trozo de pollo, que ha visto tiempos mejores, incluso estando en vida. Sin embargo, el gato, con su pelaje erizado y un maullido amenazador, demostró ser más cauteloso de lo esperado. La pobre criaturita se acurrucó en un rincón, con sus ojos fijos en Alizandriel.​

¿Quién ganará en este duelo de voluntades?​

El combate cuerpo a cuerpo fue breve pero intenso. Alizandriel intentó atrapar al gato con cautela, pero este se defendía con uñas y dientes, nunca mejor dicho. Al final, entre agarres y proyecciones, ambos quedaron exhaustos, respirando con dificultad. El gato, no se rendía. Sus ojos, llenos de desafío, reducían la confianza del elfo.

Para recuperar el resuello, los contendientes man tuvieron nuevamente la distancia, con un duelo de miradas, que ni en los mejores enfrentamientos al Oeste del Desierto del Araunoch. Era un gato pardo, pero cómo diría el dicho, "Por la noche, todos los gatos son pardos".

Finalmente, una sombra apareció, y casi cómo llegó, desapareció junto a Alizandriel.​

¿Será una representante de Sharess?
¿Será de la Sociedad protectora de los gatos?
¿Será el final de Alizandriel?

No se preocupen, no caerá esa breva.​
 
Última edición:

DM Faith

Llanero del brasero
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Rumores, rumores…

Todo el mundo habla de la ya conocida como ‘plaga de los gatos’. Decenas, cientos incluso: se ven por todas partes, rondando las calles. Piden (o roban) comida de los puestos y comienzan a ser una molestia habitual en las posadas de Athkatla.

Los mentideros locales relacionan el asunto con un embrollo que lleva, una vez más, a la Arcanum Schola. Rumores sobre una desviacionista empiezan a circular: una alumna expulsada, comentan.

Se dice que un grupo de ciudadanos ha logrado dar con el origen del foco y extinguirlo, aunque esto no ha conllevado la desaparición de los felinos. Algunos mercaderes empiezan a comentar entre risas que quizás los gatos se merecerían tener su propio distrito.
 

Arrakis

Copia defectuosa de Kronobot
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Al escuchar estos últimos rumores, Jadzia da una palmada en su cara, hastiada. Otra vez, otro maldito desviacionista en la Arcanum, atrayendo la atención sobre la Scholla. Si era cierto que era una desviacionista, los encapuchados esta vez iban a tener su carnaza. No iba a permitir que las miradas viraran, de nuevo, en dirección a la escuela.
 

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Al escuchar lo de “el desvacionista” Zarah negaría con la cabeza

Eso no tiene sentido… yo misma he entregado uno de esos gatitos a la guardia y era un animal normal… ¡con collar y todo!… no no no…
Negaría para si Esos animales deben de salir de alguna zona concreta de la ciudad… ¿las alcantarillas quizás? Las investigaré.
 

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*Zarah se acerca a establecimientos, guardia, lugares que hayan sufrido la plaga. Se mete en las alcantarillas como tantas veces ha hecho, pero esta vez sin ser vista busca e investiga de dónde pueden salir tantos gatos.*
 

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Zarah ajustó la capucha de su capa mientras recorría las calles de Athkatla. La noticia de los gatos idénticos a “Moneda” se había extendido por toda la ciudad, y aunque muchos lo tomaban como una curiosidad inofensiva, algo en la historia le provocaba una sensación de inquietud.

No era solo la cantidad de felinos que aparecían, sino el patrón. Siempre con sus collares y nombres extraños, siempre en lugares concurridos y nunca con un dueño que los reclamara. Era demasiado ordenado para ser simple coincidencia.

Se detuvo en una plaza donde varios de los gatos descansaban bajo los faroles. Un grupo de niños jugaba cerca, inventando historias sobre ellos.

Dicen que si logras encontrar a todos, te conceden un deseo—comentó una niña de cabello trenzado.

Yo escuché que vienen de un barco que se hundió y ahora buscan su hogar—añadió otro niño.

Zarah se arrodilló junto a uno de los gatos. Este no se inmutó cuando ella le acarició la cabeza. Observó su collar:

“Eustaquio”

Otro nombre que añadir a la lista.

¿Y de dónde crees que vienen? —preguntó a los niños, sin apartar la vista del gato.

Nadie lo sabe—respondió la niña—. Solo aparecen.

Zarah agradeció la información y se puso en marcha. Había observado que, si uno se quedaba lo suficiente en un mismo lugar, tarde o temprano un gato nuevo aparecía. Decidió probar su teoría.

Tomó asiento en una esquina del mercado y esperó. La noche avanzó y los comerciantes comenzaron a cerrar sus puestos. Las calles se fueron vaciando, hasta que solo quedaron las farolas iluminando la piedra mojada.

Entonces lo vio.

Un gato negro con manchas blancas, cruzando la calle con la elegancia de quien conoce su camino. No parecía perdido ni asustado. Caminaba con un propósito.

Zarah se levantó y lo siguió.

El gato recorrió varias calles, siempre a un ritmo constante. Pasó por plazas, callejones y mercados cerrados, hasta que finalmente llegó a una tienda en el barrio. Era una vieja casa de empeños, con un letrero de madera gastado por el tiempo.

El felino se detuvo frente a la puerta. Más… la Selunita no supo nunca porque se quedó ahí parado el felino.

Zarah observó desde la distancia. No hubo movimientos en el interior, pero después de unos segundos, la puerta se abrió apenas un resquicio. El gato se deslizó dentro sin dudar.

Zarah nunca creyó en los rumores sobre una deviationista de la Arcanum Schola. Algo en la plaga de gatos de Athkatla no encajaba con un experimento fallido. Los felinos no solo se multiplicaban; se movían con propósito, como si obedecieran a una voluntad superior.

Siguiendo su instinto, rastreó sus movimientos por la ciudad. La llevaron a un viejo edificio en un distrito semidesierto, donde los gatos se reunían en un extraño círculo silencioso. Entonces, ella se adentró.

¡Tenía que saber si había o no un señor de los gatos!​
 

DM Faith

Llanero del brasero
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Muchos de los felinos habían sido capturados por los Magos Encapuchados. Pero no todos; algunos eran más astutos que el resto y así se comportaban. Como una manada que se movía al únisono, con voluntad compartida, un grupo nada desdeñable de gatos esquivó las patrullas arcanas y militares, escabulléndose entre los puestos y los confines de los distritos del sur de Athkatla.

No eran fáciles de seguir. Y todos tenían un olor... particular; una mezcla de tiza y de azufre.

Eventualmente, aquellos que se dedicaron a observar sus patrones de comportamiento notaron que los gatos empezaron a abandonar Athkatla. Efectivamente, algo parecía atraerlos. Empezaron a ser frecuentes los avistamientos de felinos en el Camino del Río, cruzándose con caravanas o incluso subiéndose a ellas como polizones.

Todos y cada uno acababan, si el viaje no había acabado con ellos, en un mismo destino.

Crimmor.

Y así, la población felina en la ciudad vecina empezó a aumentar exponencialmente... primero eran unos cuantos gatos callejeros ocasiones, pero tras unas dekhanas, se podrían avistar decenas de gatos rondando las calles. Una auténtica plaga invasora.

¿A qué se debía semejante fenómeno?
 

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Zarah, envuelta en su capa oscura, observaba en silencio desde los tejados de Athkatla. La luna de Selûne iluminaba la ciudad, y sus ojos felinos seguían el movimiento de los gatos callejeros que, una vez más, parecían reunirse con un propósito desconocido. Había notado su patrón hacía varias noches: pequeños grupos que se deslizaban entre callejones, evitando el contacto con humanos, siempre en dirección este, como si respondieran a un llamado invisible.

Sigilosa, bajó a la calle, salió a los exteriores y tomó su forma felina. Su pelaje oscuro se confundía con las sombras, y sus patas apenas hacían ruido sobre los adoquines gastados. Se unió a la retaguardia de la procesión de gatos, midiendo sus movimientos para no delatarse. El grupo avanzó con precisión, deteniéndose solo para esperar a los rezagados o esquivar algún peligro.

Al llegar a la linde de río, la licántropa sintió una punzada de incertidumbre. Los gatos no dudaron. Se filtraron entre los carros y las patrullas nocturnas, desapareciendo entre los caminos que llevaban a la Ruta del Comercio. Zarah los siguió.

La travesía fue larga, más de lo que había esperado. A lo largo del camino, los gatos no se detenían en ninguna aldea ni se dispersaban en busca de comida. Siempre hacia el este. Selûne brillaba sobre sus cabezas, como si los guiara.

Cuando la silueta de Crimmor apareció en el horizonte, los felinos aceleraron el paso. Zarah sintió que algo la envolvía, una sensación de anticipación. No sabía qué encontraría al final de este viaje ni qué hacía a estos gatos cruzar tal distancia, pero una cosa era segura: había llegado demasiado lejos para retroceder ahora.​
 
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