- ¿Y de quién dices que es la boda? - Su tía daba vueltas alrededor del estudio de la modista. De enarbolado moño con mechones rebeldes, la amniana, que rozaba la edad madura por su extremo inferior, era incapaz de ocultar bajo buenas ropas y gestos practicados una inquietud que la dominaba en todo momento. Un alma libre, que al no siempre había respondido con un "porque tu lo digas".
Siempre había sabido como retorcer las tuercas a Shaira para sacarla de quicio.
- De Don Sensecor y Doña Oliver. Él aspira al corregimiento de Athk...¡Ah! ... ¡Tenga más cuidado con la aguja!- Con un quejido, la muchacha lanzó una mirada asesina a la vetusta modista que respondió con pasividad a la falta de modales de la mujer.
- Si quiere, puede buscar otra modista que le ajuste una falda como esta a su peculiar forma, mi señora. Pero dudo que alguien acepte el trabajo con tan poco margen... tal vez algún sastre ecuestre sea capaz de hacer hueco para su cola.
La respuesta venenosa , improperio ardiente en la lengua de Shaira murió bajo una mirada juiciosa de su tía Dorne. Mirada gacha, cayó. Su tia le estaba haciendo un gran favor. Y aun más grande la modista que en su taller privado le estaba ajustando el vestido prestado por la hermana de su padre.
-Más te vale comportarte, muchacha. No des un espectáculo... esta no parece una boda cualquiera. Hay dinero y poder. Se te ha concedido una gran oportunidad, rezaré a Tymora y ofrendaré a Beshaba porque no la estropees.
Su tía tenía razón, claro que la tenía. Y por ello Shaira suspiró, completamente resignada pese al desazón que las proximas horas de preparativos le causaban.
Y aun faltaba acudir a la peluquera.