lourun
Enano sin acento ruso
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CEREMONIA Y JURAMENTO: Repercusiones de Myth Dranor
Aquella puesta de sol sería simplemente diferente. Todo estaba meticulosamente preparado. En un hermoso y silencioso claro del Gran Weldath tendría lugar la esperada ceremonia, que forjaría como resultado la consolidación de la Hermandad Élfica, reunión de elfos con propósitos y objetivos claros que actuarian a través de las problemáticas Tierras de Amn como “enviados” o “emisarios” de la Capital Élfica. El Centinela del Tiempo habia sido avisado para que preparase una de las dos partes más importante de la ceremonía; habia puesto mucha confianza en él, pero mi sexto sentido, el de la intuición, me decía que habia hecho lo correcto. Tras la misa al Seldarine deberiamos hacer el esperado Juramento, en el cual jurariamos cumplir y expandir el código de Myth Dranor ante “Venganza”, el Filo Lunar ancestral élfico de voluntad propia, y cuyo poder era incluso capaz de destruir a su portador, si este era inmerecedor de tal reliquia. El Juramento significaba diferenciar aquellos que se implicarian más o menos directamente a aceptar los propósitos de nuestro pueblo, de aquellos que dudaban una y otra vez de acudir a la “Llamada”. Y de una forma más elevada, probaría ante el Seldarine a aquellos aspirantes que de verdad tenían voluntad de aprender del Pueblo y/o de defender los objetivos del Pueblo.
Una vez que os he puesto sobre la linea introductoria de los hechos, procederé a relataros explícitamente los mismos, con fe de que estos hechos no caigan en el olvido, y mis memorias sean recordadas por otros hermanos y utilizadas si alguna vez necesitasen de alguna guía…
Llegado el momento, todos nos reunimos en los lindes del Antiguo y Gran Bosque de Tethir, o Weldath como lo conocemos otros. A continuación procedimos a internarnos un poco en el bosque alejándonos de las miradas de curiosos. Luego hicimos una pausa y les dije que tuvieran la paciencia de esperar mientrás recibiamos la señal de los exploradores que indicase que la zona quedaba asegurada y preparada para la Ceremonia. A la hora, la señal llegó y nos internamos en la silenciosa floresta del enorme bosque.
Como esperaba, el trabajo de los exploradores habia dado sus frutos y la zona estaba asegurada, así que el trayecto fue una serena velada bajo la luz crepuscular que el sol aún se atrevía a hacernos llegar. Árboles de casi un centenar de metros de altura, arbustos y plantas de tanta variedad y color que fascinarian a cualquier tipo de mente. En cada recodo un sendero oculto o una nueva maravilla natural salia a nuestro encuentro dejándonos maravillados bajo la techadumbre arbórea… Ese era el Bosque que habia visto nacer y al que tanto amaba…
Tras cruzar un tunel secreto, llegar al Gran Roble y tomar el camino de otro sendero escondido llegamos al Claro de la Ceremonia. Era una zona desprovista de árboles, con un prado verde claro tapizado de un lago en su centro, el cual estaba rodeado de pilares rocosos con algo de moho verde. Era una especie de antiguo círculo Druídico, que probablemente también sería usado por nuestros hermanos druidas.
El Claro estaba ocupado por aproximadamente un par de decenas de elfos y una melodia élfica y remota se elevaba débilmente en el ambiente misterioso... Habia una gran variedad de Tel Quesir; elfos dorados, plateados, silvanos y salvajes. Entre ellos, reconocí a algunos miembros de las casas Nobles de la Ciudad: Vlara de Telkarar, una de los hermanos anfitriones de la Casa Telkarar, y de los pocos elfos que todavía recuerdan la Alta Magia. Celawyn Soldar, un noble y diplomático de esta altiva casa de Elfos Solares. Y por último, Elwe de Saltharar, un elfo salvaje dedicado al bosque descendiente directo del anfitrión de la casa que lleva su mismo apellido. A parte de estas personalidades había diferentes elfos más que yo ya no era capaz de conocer de mis años pasados vividos Suldanesselar, cabe recordar que nunca me junté demasiado con mis parientes por aquellas fechas, prefiriendo deambular por el gran bosque…
Una vez llegamos el grupo de 8 elfos (Aikanassar, Seraffina, Delom, Shamaeltalar, Negranoche, Finnereg, Silmewen y Thalandas) se hizo un silencio, muestra del respeto y la solemnidad con la que se celebraría la ceremonia.
-Queridos Hermanos y Hermanas. Honrados estamos de vuestra presencia aquí hoy, Gentes de Suldanesselar y Miembros de la Hermandad Élfica habéis venido para presenciar o cumplir el Juramento del Código de Myth Dranor, código de unión de nuestro antiguo imperio y símbolo de lealtad hacia vuestros hermanos. Estamos aquí para declarar ante el Seldarine y sus representantes nuestra voluntad de ayudar a los propósitos y objetivos de Suldanesselar a lo largo de los territorios de Amn. Ya es tarde para albergar la duda, se espera que disfrutéis del honor que esto representa…- dije saludando a los presentes y agradeciéndoles la asistencia.
Tras esto, sin más dilación, di comienzo a la esperada ceremonia dando paso al Centinela del Tiempo para que hiciera su labor.
-Muchas son las cualidades del Pueblo, tantas como defectos de los que hacemos gala. Y son estos defectos los que nos hacen queridos por nuestros dioses y diosas. Por el Seldarine y entre todos ellos por Corellon. ¡Hoy estamos aquí para superar esos defectos! ¡Hoy estamos aquí para mostrarnos dignos del amor del Seldarine! ¡Hoy, hermanos míos estamos aquí para aprender, para tender la mano y que nos sea tendida. Hoy es un día para el recuerdo, porque hoy, demostramos, que no olvidamos! ¡Que las enseñanzas del pasado, que tanto guardamos, que con tanta honra cuidamos y transmitimos a nuestros joven, aún sigan vigentes!-dijo con un tono elevado y confiado el Sacerdote del Señor del Continuo.
Sin duda, si alguna vez mi mente había albergado algún temor sobre si la labor que desempeñaría el Sacerdote sería correcta o si los señores elfos se sentirían identificados con sus palabras; tras varios minutos de oír al Clérigo, mis infundadas preocupaciones se tornarían en la más profunda emoción. No podré olvidar el humilde y a la vez altivo y portentoso homenaje que hizo de forma breve a cada uno de nuestros dioses del Panteón. Desde Corellon, pasando por Shevarash, llegó incluso hasta Elistrae, cuya mención llegó a suscitar ciertos murmullos de sorpresa. Más sus palabras honradas, su manera de expresarlas y la adopción de las sentencias adecuadas hicieron que esas palabras calaran en nuestros corazones, que algunos ignorantes creen tan fríos… Sin extenderme más diré que su labor fue digna de los más Altos Sacerdotes de Nuestra Ciudad, o incluso de tiempos pasados de nuestro imperio. Aquel que lo lea sabrá que le doy mi más sentida enhorabuena.
Tras la misa de Shameltalar, de nuevo me tocó a mí llevar la iniciativa. Con un ligero nerviosismo pero con grandes honores y con la felicidad y el orgullo de ver como uno de tus grandes objetivos empiezan a cumplirse, comencé el Juramento. Cumplir el Juramento significaba distinguir ante el Filo Lunar “Venganza” y ante el “Seldarine” los miembros que se implicarían a fondo en los propósitos de la Hermandad de aquellos que podían estar por interés o por otros motivos que para nada interesarían al grupo. Cumplir el Juramento significaba jurar cumplir y expandir los ideales y el código que forjaron el Antiguo y Glorioso Imperio Élfico de Myth Dranor, destruido como consecuencia del devastador ataque de los Nycaloths de Netheril aprovechando la decadencia y desunión del Imperio Élfico. Por último, el juramento significaba estar atentos a las noticias, consejos y órdenes que pudieran llegarnos de Suldanesselar, como el asunto de la Guerra en los lindes del Weldath o la captación de hermanos por las Tierras de Amn. Sabiendo todo esto, llame a Shamaeltalar, al que dije que sería el primero como recompensa a su actuación durante la misa anterior:
-¿Estáis preparado?-dije.
-¿Acaso es posible no estarlo después de tanto tiempo esperando para tan deseada ocasión?-respondió él confiado.
Asentí, y tomando la vaina negra de mi espalda, desenfundé la legendaria hoja élfica, que resplandeció encegueciéndome por unos instantes a mí, y al maravillado elfo que tenía delante. Extendí la espada hacia su frente, lo miré atentamente y dije con voz solemne:
-Arrodillaos-ordené y el elfo así lo hizo, acto seguido comenzamos el recital planeado:
NEG -Tal como yo piense.
SHA - Deberé pensar yo-respondió.
NEG-Tal como yo sienta.
SHA-Deberé sentir yo.
NEG -Tal como yo haga.
SHA -Deberé hacer yo.
NEG -Tal como yo no dañaré.
SHA -Tampoco deberé hacer yo.
NEG-Tal como yo haga.
SHA-Deberá hacer el clan.
NEG-Tal como el clan haga.
SHA-Deberé hacer yo.
NEG-Tal como nosotros hagamos.
SHA-Deberás hacer yo.
Coro-El pueblo es uno, y nunca me separaré de él, como tampoco deberás hacer tú, pues incumplir esto es deshonrarte a tí y a tu gente.-Terminamos de recitar ambos, y pasé la espada sobre su cabeza, formando un arco de hombro a hombro. La espada refulgió tomando también como propio el Juramento recitado por el elfo solar. Retiré la espada y ordené.-Levántate.
Así, uno tras otro, fueron jurando el resto de elfos ese día. Shamaelthalar el primero, seguido por Aikanassar, Silmewen, Thalandas y Finnereg; finalmente la pareja formada por Delom y Seraffina, cuyo juramento en pareja fue algo bastante curioso y entrañable.
Tras el Juramento y para clausurar el evento, me dispuse a entregarles un presente que se había preparado para aquellos miembros ya fidedignos de la confianza del Senado élfico y la Reina de Suldanesselar. Una flor del Árbol de la Vida a cada uno, que les recordaría el Juramento y les daría fuerzas en los momentos quizás, más desesperados de sus vidas. Pues es sabido que las místicas flores de este árbol no caen sin un buen motivo, y cuando lo hacen permanecen frescas, puras, blancas y brillantes como el primer día, trayendo a la mente la “inmortalidad”, majestad y pureza de los elfos. Estas en concreto habían sido extraídas por la propia Reina, como presente a aquellos que serían sus “emisarios”. Tras el presente, y aunque pensé en hablarles de ciertos planes y objetivos, decidí dar el evento por finalizado… Total, tendríamos tiempo de organizarnos y hablar de los asuntos importantes, no había que ser “apresurado”…
APARTADO ESPECIAL: Framento de historia de Negranoche
Como nota final, quería plasmar en estos papeles ciertos pensamientos, aprovechando que escribo, ya que lo hago bien poco. Quería decir que quizás estos hechos hayan sido uno de los momentos más felices y emotivos de mi “corta” vida como elfo. Algo que, tras mucho debatir, dudar y trabajar a lo largo del tiempo, ha culminado con cierto éxito. Algo que ha dado la razón finalmente a aquella dura elección que hice tiempo atrás, tras perder el duelo con el poderoso y atípico druida Kurt, que significó que finalmente me decidiera a priorizar los ideales que tenía como elfo (en aquellos días mucho más vagos que ahora) en pos de un menor trabajo activo como Druida y Defensor del Equilibrio y la Naturaleza, aunque si alguna vez leéis esto hermanos, sabed que no os he abandonado y no pienso hacerlo, ya que siempre formaré parte de la esencia de los Bosques, y ellos de mi. Sabed que el duelo fue más algo que me ayudase a aclararme en la decisión, que real interés en ser el guardián de esos territorios…
En otra línea de pensamientos quería expresar que ojalá ahora, con el empeño y tiempo que pongo a esta Hermandad, espero que salga adelante, que otros muchos del Pueblo se unan a la causa; y que “Venganza” termine finalmente de aceptarme como su portador… aunque quizás sea yo quién aún no termina de aceptar tal honor…
Por último, quería expresar, que aún te tengo en la mente padre, y quieran los Dioses, incluso aquellos ajenos al Panteón Élfico, que algún día te encuentre y encuentre el camino a muchas de las preguntas que aún tengo, y por las cuáles tomé y tomaré muchas de las decisiones que dirigirán mi vida…
Negranoche
Embajador de Suldanesselar, Miembro de la Hermandad Élfica y Defensor de que lo que ha perdurado, perdure para siempre…
Tal como yo piense, deberás pensar tú; tal como yo sienta, deberás sentir tú; tal como yo haga, deberás hacer tú; tal como yo no dañaré, tampoco deberás tú; tal como yo haga, deberá hacer el clan; tal como el clan haga, deberé hacer yo; tal como nosotros hagamos, deberás hacer tú. El pueblo es uno, y nunca me separaré de él, como tampoco deberás hacer tú, pues incumplir esto es deshonrarte a tí y a tu gente.
El código de un pueblo libre, que nunca habría de ser olvidado con el paso de nuestras largas generaciones...
Aquella puesta de sol sería simplemente diferente. Todo estaba meticulosamente preparado. En un hermoso y silencioso claro del Gran Weldath tendría lugar la esperada ceremonia, que forjaría como resultado la consolidación de la Hermandad Élfica, reunión de elfos con propósitos y objetivos claros que actuarian a través de las problemáticas Tierras de Amn como “enviados” o “emisarios” de la Capital Élfica. El Centinela del Tiempo habia sido avisado para que preparase una de las dos partes más importante de la ceremonía; habia puesto mucha confianza en él, pero mi sexto sentido, el de la intuición, me decía que habia hecho lo correcto. Tras la misa al Seldarine deberiamos hacer el esperado Juramento, en el cual jurariamos cumplir y expandir el código de Myth Dranor ante “Venganza”, el Filo Lunar ancestral élfico de voluntad propia, y cuyo poder era incluso capaz de destruir a su portador, si este era inmerecedor de tal reliquia. El Juramento significaba diferenciar aquellos que se implicarian más o menos directamente a aceptar los propósitos de nuestro pueblo, de aquellos que dudaban una y otra vez de acudir a la “Llamada”. Y de una forma más elevada, probaría ante el Seldarine a aquellos aspirantes que de verdad tenían voluntad de aprender del Pueblo y/o de defender los objetivos del Pueblo.
Una vez que os he puesto sobre la linea introductoria de los hechos, procederé a relataros explícitamente los mismos, con fe de que estos hechos no caigan en el olvido, y mis memorias sean recordadas por otros hermanos y utilizadas si alguna vez necesitasen de alguna guía…
Llegado el momento, todos nos reunimos en los lindes del Antiguo y Gran Bosque de Tethir, o Weldath como lo conocemos otros. A continuación procedimos a internarnos un poco en el bosque alejándonos de las miradas de curiosos. Luego hicimos una pausa y les dije que tuvieran la paciencia de esperar mientrás recibiamos la señal de los exploradores que indicase que la zona quedaba asegurada y preparada para la Ceremonia. A la hora, la señal llegó y nos internamos en la silenciosa floresta del enorme bosque.
Como esperaba, el trabajo de los exploradores habia dado sus frutos y la zona estaba asegurada, así que el trayecto fue una serena velada bajo la luz crepuscular que el sol aún se atrevía a hacernos llegar. Árboles de casi un centenar de metros de altura, arbustos y plantas de tanta variedad y color que fascinarian a cualquier tipo de mente. En cada recodo un sendero oculto o una nueva maravilla natural salia a nuestro encuentro dejándonos maravillados bajo la techadumbre arbórea… Ese era el Bosque que habia visto nacer y al que tanto amaba…
Tras cruzar un tunel secreto, llegar al Gran Roble y tomar el camino de otro sendero escondido llegamos al Claro de la Ceremonia. Era una zona desprovista de árboles, con un prado verde claro tapizado de un lago en su centro, el cual estaba rodeado de pilares rocosos con algo de moho verde. Era una especie de antiguo círculo Druídico, que probablemente también sería usado por nuestros hermanos druidas.
El Claro estaba ocupado por aproximadamente un par de decenas de elfos y una melodia élfica y remota se elevaba débilmente en el ambiente misterioso... Habia una gran variedad de Tel Quesir; elfos dorados, plateados, silvanos y salvajes. Entre ellos, reconocí a algunos miembros de las casas Nobles de la Ciudad: Vlara de Telkarar, una de los hermanos anfitriones de la Casa Telkarar, y de los pocos elfos que todavía recuerdan la Alta Magia. Celawyn Soldar, un noble y diplomático de esta altiva casa de Elfos Solares. Y por último, Elwe de Saltharar, un elfo salvaje dedicado al bosque descendiente directo del anfitrión de la casa que lleva su mismo apellido. A parte de estas personalidades había diferentes elfos más que yo ya no era capaz de conocer de mis años pasados vividos Suldanesselar, cabe recordar que nunca me junté demasiado con mis parientes por aquellas fechas, prefiriendo deambular por el gran bosque…
Una vez llegamos el grupo de 8 elfos (Aikanassar, Seraffina, Delom, Shamaeltalar, Negranoche, Finnereg, Silmewen y Thalandas) se hizo un silencio, muestra del respeto y la solemnidad con la que se celebraría la ceremonia.
-Queridos Hermanos y Hermanas. Honrados estamos de vuestra presencia aquí hoy, Gentes de Suldanesselar y Miembros de la Hermandad Élfica habéis venido para presenciar o cumplir el Juramento del Código de Myth Dranor, código de unión de nuestro antiguo imperio y símbolo de lealtad hacia vuestros hermanos. Estamos aquí para declarar ante el Seldarine y sus representantes nuestra voluntad de ayudar a los propósitos y objetivos de Suldanesselar a lo largo de los territorios de Amn. Ya es tarde para albergar la duda, se espera que disfrutéis del honor que esto representa…- dije saludando a los presentes y agradeciéndoles la asistencia.
Tras esto, sin más dilación, di comienzo a la esperada ceremonia dando paso al Centinela del Tiempo para que hiciera su labor.
-Muchas son las cualidades del Pueblo, tantas como defectos de los que hacemos gala. Y son estos defectos los que nos hacen queridos por nuestros dioses y diosas. Por el Seldarine y entre todos ellos por Corellon. ¡Hoy estamos aquí para superar esos defectos! ¡Hoy estamos aquí para mostrarnos dignos del amor del Seldarine! ¡Hoy, hermanos míos estamos aquí para aprender, para tender la mano y que nos sea tendida. Hoy es un día para el recuerdo, porque hoy, demostramos, que no olvidamos! ¡Que las enseñanzas del pasado, que tanto guardamos, que con tanta honra cuidamos y transmitimos a nuestros joven, aún sigan vigentes!-dijo con un tono elevado y confiado el Sacerdote del Señor del Continuo.
Sin duda, si alguna vez mi mente había albergado algún temor sobre si la labor que desempeñaría el Sacerdote sería correcta o si los señores elfos se sentirían identificados con sus palabras; tras varios minutos de oír al Clérigo, mis infundadas preocupaciones se tornarían en la más profunda emoción. No podré olvidar el humilde y a la vez altivo y portentoso homenaje que hizo de forma breve a cada uno de nuestros dioses del Panteón. Desde Corellon, pasando por Shevarash, llegó incluso hasta Elistrae, cuya mención llegó a suscitar ciertos murmullos de sorpresa. Más sus palabras honradas, su manera de expresarlas y la adopción de las sentencias adecuadas hicieron que esas palabras calaran en nuestros corazones, que algunos ignorantes creen tan fríos… Sin extenderme más diré que su labor fue digna de los más Altos Sacerdotes de Nuestra Ciudad, o incluso de tiempos pasados de nuestro imperio. Aquel que lo lea sabrá que le doy mi más sentida enhorabuena.
Tras la misa de Shameltalar, de nuevo me tocó a mí llevar la iniciativa. Con un ligero nerviosismo pero con grandes honores y con la felicidad y el orgullo de ver como uno de tus grandes objetivos empiezan a cumplirse, comencé el Juramento. Cumplir el Juramento significaba distinguir ante el Filo Lunar “Venganza” y ante el “Seldarine” los miembros que se implicarían a fondo en los propósitos de la Hermandad de aquellos que podían estar por interés o por otros motivos que para nada interesarían al grupo. Cumplir el Juramento significaba jurar cumplir y expandir los ideales y el código que forjaron el Antiguo y Glorioso Imperio Élfico de Myth Dranor, destruido como consecuencia del devastador ataque de los Nycaloths de Netheril aprovechando la decadencia y desunión del Imperio Élfico. Por último, el juramento significaba estar atentos a las noticias, consejos y órdenes que pudieran llegarnos de Suldanesselar, como el asunto de la Guerra en los lindes del Weldath o la captación de hermanos por las Tierras de Amn. Sabiendo todo esto, llame a Shamaeltalar, al que dije que sería el primero como recompensa a su actuación durante la misa anterior:
-¿Estáis preparado?-dije.
-¿Acaso es posible no estarlo después de tanto tiempo esperando para tan deseada ocasión?-respondió él confiado.
Asentí, y tomando la vaina negra de mi espalda, desenfundé la legendaria hoja élfica, que resplandeció encegueciéndome por unos instantes a mí, y al maravillado elfo que tenía delante. Extendí la espada hacia su frente, lo miré atentamente y dije con voz solemne:
-Arrodillaos-ordené y el elfo así lo hizo, acto seguido comenzamos el recital planeado:
NEG -Tal como yo piense.
SHA - Deberé pensar yo-respondió.
NEG-Tal como yo sienta.
SHA-Deberé sentir yo.
NEG -Tal como yo haga.
SHA -Deberé hacer yo.
NEG -Tal como yo no dañaré.
SHA -Tampoco deberé hacer yo.
NEG-Tal como yo haga.
SHA-Deberá hacer el clan.
NEG-Tal como el clan haga.
SHA-Deberé hacer yo.
NEG-Tal como nosotros hagamos.
SHA-Deberás hacer yo.
Coro-El pueblo es uno, y nunca me separaré de él, como tampoco deberás hacer tú, pues incumplir esto es deshonrarte a tí y a tu gente.-Terminamos de recitar ambos, y pasé la espada sobre su cabeza, formando un arco de hombro a hombro. La espada refulgió tomando también como propio el Juramento recitado por el elfo solar. Retiré la espada y ordené.-Levántate.
Así, uno tras otro, fueron jurando el resto de elfos ese día. Shamaelthalar el primero, seguido por Aikanassar, Silmewen, Thalandas y Finnereg; finalmente la pareja formada por Delom y Seraffina, cuyo juramento en pareja fue algo bastante curioso y entrañable.
Tras el Juramento y para clausurar el evento, me dispuse a entregarles un presente que se había preparado para aquellos miembros ya fidedignos de la confianza del Senado élfico y la Reina de Suldanesselar. Una flor del Árbol de la Vida a cada uno, que les recordaría el Juramento y les daría fuerzas en los momentos quizás, más desesperados de sus vidas. Pues es sabido que las místicas flores de este árbol no caen sin un buen motivo, y cuando lo hacen permanecen frescas, puras, blancas y brillantes como el primer día, trayendo a la mente la “inmortalidad”, majestad y pureza de los elfos. Estas en concreto habían sido extraídas por la propia Reina, como presente a aquellos que serían sus “emisarios”. Tras el presente, y aunque pensé en hablarles de ciertos planes y objetivos, decidí dar el evento por finalizado… Total, tendríamos tiempo de organizarnos y hablar de los asuntos importantes, no había que ser “apresurado”…
APARTADO ESPECIAL: Framento de historia de Negranoche
Como nota final, quería plasmar en estos papeles ciertos pensamientos, aprovechando que escribo, ya que lo hago bien poco. Quería decir que quizás estos hechos hayan sido uno de los momentos más felices y emotivos de mi “corta” vida como elfo. Algo que, tras mucho debatir, dudar y trabajar a lo largo del tiempo, ha culminado con cierto éxito. Algo que ha dado la razón finalmente a aquella dura elección que hice tiempo atrás, tras perder el duelo con el poderoso y atípico druida Kurt, que significó que finalmente me decidiera a priorizar los ideales que tenía como elfo (en aquellos días mucho más vagos que ahora) en pos de un menor trabajo activo como Druida y Defensor del Equilibrio y la Naturaleza, aunque si alguna vez leéis esto hermanos, sabed que no os he abandonado y no pienso hacerlo, ya que siempre formaré parte de la esencia de los Bosques, y ellos de mi. Sabed que el duelo fue más algo que me ayudase a aclararme en la decisión, que real interés en ser el guardián de esos territorios…
En otra línea de pensamientos quería expresar que ojalá ahora, con el empeño y tiempo que pongo a esta Hermandad, espero que salga adelante, que otros muchos del Pueblo se unan a la causa; y que “Venganza” termine finalmente de aceptarme como su portador… aunque quizás sea yo quién aún no termina de aceptar tal honor…
Por último, quería expresar, que aún te tengo en la mente padre, y quieran los Dioses, incluso aquellos ajenos al Panteón Élfico, que algún día te encuentre y encuentre el camino a muchas de las preguntas que aún tengo, y por las cuáles tomé y tomaré muchas de las decisiones que dirigirán mi vida…
Negranoche
Embajador de Suldanesselar, Miembro de la Hermandad Élfica y Defensor de que lo que ha perdurado, perdure para siempre…