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Clases a la luz del fuego [Tyssara]

Tyssara Lovelance

Adorador de Eduardo
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6/3/24
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La noche era oscura, y el viento silbaba entre los árboles, cargando consigo los secretos de quienes se atrevían a caminar bajo las estrellas. En el corazón del bosque, donde el mundo parecía detenerse, una pequeña hoguera chisporroteaba tímidamente. Las llamas, juguetonas, danzaban con cada suspiro del viento, proyectando sombras que parecían contar sus propios relatos.

Junto al fuego, sentada con las piernas cruzadas y una pequeña máscara que cubría su rostro, estaba una niña de ojos brillantes. Aunque la máscara ocultaba sus rasgos, no podía esconder la curiosidad que emanaba de su mirada. A su lado, una figura delgada y ágil se movía con la gracia de un felino. Azzo, el ladrón hábil y cargado de experiencias y secretos, se inclinaba hacia ella, sus manos gesticulando en el aire, formando símbolos invisibles para dar énfasis a sus palabras o quizás un poco de teatralidad.


“Escucha, pequeña Secreto,” comenzó Azzo, su voz teñida de misterio y paciencia. “No es solo un idioma; es una llave. Una forma de comunicarse sin que nadie, salvo los que están entrenados, pueda entenderlo. Es el lenguaje de las sombras, un susurro que solo aquellos que viven en la oscuridad pueden oír.”

La niña, con el brillo del fuego reflejado en sus ojos, seguía cada palabra con atención. Sabía que Azzo no era solo un ladrón, si no alguien que veía el mundo de una manera diferente, alguien que podía transformar lo cotidiano en extraordinario.

“El Alzedo no se aprende solo con la mente, sino con el cuerpo y el alma,” explicó Azzo. “El Alzhedo no es solo un idioma, es la llave de todo lo que Calimshan guarda en sus arenas. Es la lengua de los pashas y los mercaderes, de los poetas y los espías. Con él, puedes abrir puertas que otros no pueden ni ver”

La niña inclinó la cabeza, sus ojos fijos en los labios de Azzo (o mas bien donde deberian estar pues escondia su faz con una mascara), capturando cada palabra. El ladrón continuó, sus manos dibujando sutiles gestos en el aire, como si estuviera trazando un mapa invisible.

“En estas palabras,” dijo, “hay poder. Con el Alzhedo, puedes negociar en los zocos más bulliciosos, recitar versos que conmuevan a un pasha, o susurrar secretos que podrían derrocar un reino.”

El crepitar del fuego acompañaba sus palabras, y la niña, embelesada, sentía que el tiempo se desvanecía. Azzo le enseñó a pronunciar frases en Alzhedo, a articular sonidos que parecían venir de las profundidades del desierto mismo. Con cada nueva palabra, la niña aprendía más, no solo del idioma, sino de la riqueza y el peligro que Calimshan ocultaba bajo sus doradas arenas.

Finalmente, tras horas de enseñanza, el fuego comenzó a morir, y la noche se hizo aún más densa. Azzo se inclinó hacia la niña, sus ojos brillando con un secreto compartido.


“Recuerda, pequeña,” susurró en Alzhedo, “este idioma te dará poder, pero también te pondrá en el punto de mira de aquellos que desean guardarlo solo para sí mismos. Úsalo con sabiduría.”

Finalmente, el fuego comenzó a morir, y la noche se hizo aún más densa. Azzo se inclinó hacia la niña, sus ojos brillando con un secreto compartido. Con un movimiento final, sus manos formaron una señal que la niña reconoció al instante: "Cuidado, Miradas cerca".

La niña asintió, y mientras las últimas brasas del fuego se consumían. Bajo la máscara, una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras empezó a levantarse para encaminarse a dar la bienvenida a las visitas que les observaban en la distancia.


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