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Codex Sapientiae

Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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*Tal vez encuentres estos pergaminos en una tienda de segunda mano, ocultos entre viejos volúmenes cubiertos de polvo, o en el local de algún sabio de barrios humildes, rodeado de baratijas y pergaminos ajados. Quizás aparezcan en un mercadillo, entre objetos olvidados, o incluso tirados en el suelo, arrugados y desechados por su antiguo lector. Al parecer, estas páginas formaron parte de un libro o de publicaciones sueltas, enumeradas cuidadosamente y pertenecientes a un conjunto titulado: "Codex Sapientiae". Las copias son limitadas debido a los bajos recursos y al no ser producidas en grandes cantidades. Quien las haya hecho no tenía intención de hacerse conocer o lucrarse, sino más bien compartir sus reflexiones o conocimientos con un limitado grupo de lectores*


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Querido lector,

Antes de que te adentres en mis escritos, permíteme advertirte: no hallarás en estas páginas límites impuestos por la moral, la estética ni los tabúes que suelen proteger las almas más pudorosas. Aquí, todo pensamiento es válido, toda idea puede ser explorada, sin ataduras y sin temor a cuestionar lo establecido. Si decides continuar, lo haces bajo tu propia responsabilidad. Podrás descubrir —o quizás rechazar— nuevos conceptos, perspectivas que te desafíen o incluso pensamientos con los que encuentres afinidad. Pero en ningún caso encontrarás una verdad absoluta, porque no la poseo. Aunque, debo admitir, me gustaría tenerla.

Estamos todos en el mismo viaje, algunos más aventajados y otros tanteando a ciegas en la penumbra de la ignorancia. Yo no soy diferente. Este códice no pretende ser un faro que te guíe, sino un mapa incompleto con fragmentos que tal vez amplíen tu entendimiento o, al menos, si la fortuna lo permite, despierten tu curiosidad.

Si gastaste unas monedas para adquirir mis humildes escritos, espero que encuentres en ellos algo que merezca el precio pagado. Un pensamiento que te incomode, una verdad que te intrigue o una pregunta que te persiga. Porque, al final, eso es lo que importa. No las respuestas, sino las preguntas que nos empujan a pensar, a reflexionar y a observar el mundo desde ángulos que antes ignorábamos.

En estas páginas encontrarás temas que giran en torno a lo desconocido, lo incomprensible y lo maravilloso. Desde los misterios de la magia hasta las monstruosidades que habitan los rincones más oscuros de nuestro mundo. Desde las fuerzas del bien y del mal que moldean el cosmos, hasta los matices más sutiles de la existencia mortal. Nada está fuera del alcance de la curiosidad, porque nada debería estarlo.


Con esto dicho, querido lector, bienvenido. Que estas páginas sean para ti lo que necesiten ser; una guía, un desafío, o tal vez simplemente una compañía en tu propio viaje hacia lo desconocido.
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Índice

Teología y Cosmología Avistamientos Escuelas mágicas


  • Los planos de existencia son realidades de ideas y energías. Lugares donde se encuentran los cimientos sobre los cuales se construye nuestra realidad. En ellos habitan los dioses, las fuerzas primordiales y las entidades que moldean el destino de mortales e inmortales por igual. Para comprender el universo es imprescindible entender la naturaleza de estos planos y su relación con el Bien y el Mal, el Orden y el Caos.


  • En mis aventuras tuve la oportunidad de contemplar varias criaturas planares, sea por el destino, el infortunio de un enfrentamiento o la mera exploración impulsada por el deseo de conocer.


  • La magia es la base por la cual se accede el tejido mismo del universo. No es un simple conjunto de herramientas, sino la expresión misma de la existencia. Desde tiempos inmemoriales, los eruditos arcanos han buscado comprender y clasificar la magia, con el objetivo de poder estudiar la inmensidad que representa el arte. Esto dio lugar a las ocho escuelas de magia. Cada una encasilla conjuros, prácticas y filosofías arcanas para su mejor comprensión y estudio.

    • Conjuración
    • Transmutación
    • Abjuración
    • Ilusión
    • Nigromancia
    • Adivinación
    • Evocación
    • Encantamiento





 
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Cuando era niña, mi padre solía decirme que el bien y el mal no eran meras invenciones filosóficas de los mortales para justificar sus actos. En este mundo, sostenía, son tan reales como el sol y la luna, fuerzas que no sólo coexisten, sino que dan forma a nuestras vidas de maneras que a menudo ignoramos. Pensé que exageraba. Ahora no estoy tan segura.

En mi corta vida he visto suficiente para entender que nadie escapa por completo de estas fuerzas. Todos somos, de una forma u otra, influenciados por ellas. Hay quienes parecen nacidos para el sacrificio, como los clérigos de Ilmater, cuyas vidas son una constante negación de sí mismos en favor de otros. Y luego están aquellos que, como los seguidores de Cyric, abrazan el caos y la destrucción como si formara parte intrínseca de su ser. Pero me pregunto: ¿esto es realmente elección? ¿O estamos, desde el principio, moldeados por algo que trasciende nuestra voluntad?

A menudo creemos que el bien y el mal son bifurcaciones en un camino que elegimos recorrer. Pero cuanto más observo, más me parece que estas fuerzas son como corrientes de un río, invisibles pero irresistibles. Nos empujan, nos guían, y en ocasiones nos arrastran sin que lo notemos. No sólo influyen en nuestras acciones. Parecen tallar algo más profundo: nuestras almas, nuestra esencia misma.

Los dioses son el mejor ejemplo de esto. Consideremos a Lathander, portador del alba y la renovación. Su existencia está definida por el amanecer, por la promesa de un nuevo comienzo. No puede apartarse de ese rol, como si fuera menos una elección y más una necesidad cósmica. Ahora bien, ¿podría, en algún momento, volverse oscuridad? ¿Renunciar a su propósito? ¿Volverse irremediablemente maligno? La idea resulta fascinante, aunque improbable. Shar, por otro lado, encarna la pérdida y el vacío, un ciclo de oscuridad tan inevitable como la misma noche. ¿Acaso podría un día ofrecer esperanza, convertirse en un faro de luz y redención? Humildemente creo que no, ninguna deidad puede escapar de su propia naturaleza y no hablo solo de sus ámbitos de influencia, hablo de aquello que los hace ser malévolas o bondadosas. Si incluso los dioses están atados a estas fuerzas, ¿qué dice eso de nosotros?

Es cierto que existen excepciones. Hay quienes logran romper estos moldes, aunque raramente lo hacen por simple voluntad. Un ser bondadoso puede caer en la crueldad, y uno oscuro puede redimirse, pero estos cambios suelen estar impulsados por algo extraordinario: una tragedia, un milagro, o un evento tan disruptivo que reconfigura todo su ser. Como si estos eventos fragmentaran tanto su alma que dieran lugar a que otra fuerza penetre en las grietas. Me lleva a pensar que el bien y el mal están en constante lucha por definirnos, no como soldados en su guerra, sino como el campo de batalla en sí.

Otra posibilidad que me intriga es que estas fuerzas dependan tanto de nosotros como nosotros de ellas. ¿Qué sería del bien sin el mal que lo define por contraste? ¿Qué sería del mal sin el bien que lo confronta? Las eternas batallas entre celestiales y diablos sugieren que ninguno de los bandos puede, o tal vez quiere, eliminar al otro. El equilibrio que percibo en el cosmos no parece un accidente, sino una necesidad.

Y entonces llegamos a nosotros, los mortales. Si estas fuerzas nos rodean y nos atraviesan, ¿realmente tenemos libertad? Quiero creer que sí, aunque sea en momentos fugaces. Quizás no podamos salir del río, pero podemos elegir cómo nadar en él, aunque sea por un tiempo. Y tal vez, sólo tal vez, esa lucha constante contra las corrientes —o la decisión de rendirse a ellas— sea lo que realmente nos define.

Seguiré buscando respuestas en mis viajes, aunque estoy segura de que algunas preguntas permanecerán sin resolver. Lo que tengo claro es esto: el bien y el mal no son ideas abstractas ni invenciones humanas. Son fuerzas vivas que moldean y conectan todo lo que existe. Negarlas sería ignorar una verdad fundamental de nuestra existencia.


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La casualidad —o el destino— me puso frente a unas hordas de lémures en las profundidades de Kazad Gromdal. Claramente no es el hábitat normal de estos seres; se trataba de un fenómeno sobrenatural, quizá una inestabilidad en el velo que separa los planos. Todo apunta a los sucesos relacionados con la "conjunción". Incluso avisté canes infernales (*Detalles de estos en el capítulo III) Pero la cantidad de estas criaturas en las minas me sirvió para completar mi estudio, o al menos los preliminares de mi entendimiento sobre estas atormentadas entidades infernales.

Enfrentarme a hordas de lémures fue una experiencia que osciló entre lo repulsivo y lo fascinante. Estas criaturas —si es que puedo llamarlas así— son algo completamente distinto a cualquier forma de vida que haya visto antes. Son masas amorfas de carne y hueso que parecen sostenerse únicamente por pura inercia o por algún tipo de energía infernal que no alcanzo a comprender del todo. Sus movimientos son lentos, torpes, y sus gritos... esos aullidos no parecen expresar dolor físico, sino una angustia más profunda, como si gritar fuera su única forma de comunicarse. Es posible que no les quede mucha conciencia o una mente como tal.

Decidí, en un momento de impulso —y quizás algo de insensatez—, extraer partes de estos seres para estudiarlas. No fue una tarea fácil (y sus restos desaparecieron en una masa negra y asquerosa, tras la muerte de su aparente líder); sus cuerpos no siguen las reglas que cabría esperar. Las extremidades que logré separar tenían una consistencia extraña, como carne descompuesta que no termina de deshacerse. Al intentar analizar un trozo de su tejido, noté que su estructura parecía más arcana que biológica, como si estuviera tejida por pura energía maligna en lugar de células. No tengo forma de confirmarlo todavía, pero sospecho que estos cuerpos son menos "cuerpos" y más contenedores temporales para las almas que ocupan.

Lo que más me desconcierta es que, a pesar de lo grotescos y primitivos que parecen, los lémures no son completamente estúpidos. Los vi reaccionar al fuego cuando uno de ellos fue consumido por llamas mágicas. Los demás intentaron apartarse, aunque no por coordinación ni estrategia. Fue un reflejo instintivo, casi animal. Me pregunto si esa chispa de consciencia, o lo que sea que queda de ella, es un vestigio de lo que alguna vez fueron como mortales.


Anotaciones de mis estudios:​

  • Carne y tejidos: Blandos, pegajosos, con un olor rancio que recuerda al azufre mezclado con podredumbre. Es difícil decir si son realmente 'orgánicos'.
  • Reacciones: A pesar de su torpeza, parecen ser movidos por un instinto básico de preservación y odio, aunque carecen de cualquier estrategia consciente.
  • Amenaza: Individualmente no representan una amenaza significativa; de hecho, son bastante débiles. El problema radica en su número. En grandes hordas, se vuelven peligrosos, como si buscaran tal ventaja de forma instintiva (o tal vez bajo las órdenes de un ser superior). Por otro lado, parecen poseer cierta regeneración sobrenatural.
  • Resistencias e inmunidades: El frío resulta completamente ineficaz contra ellos. También parecen ser inmunes a los venenos y ciertos estados mentales, como el miedo, lo que podría deberse a su falta de consciencia o de una mente estructurada como la nuestra.
  • Origen: Según lo poco que sé sobre los Nueve Infiernos, los lémures son el primer paso en la "evolución" infernal. Son parte de la maquinaria opresiva y meticulosa de la jerarquía infernal, ocupando el escalafón más bajo. Los eruditos y diabolistas afirman que estos seres fueron almas de mortales perversos y malvados, arrastrados a Baator por sus elecciones y pactos con los diablos. Tras torturas inimaginables y magia infernal, se les da "forma" (si es que puede llamarse así) para servir como mano de obra, esclavos y carne de cañón para diablos superiores.
  • También aseguran que, con el tiempo, los lémures pueden "evolucionar" o "ascender" para convertirse en seres infernales de mayor poder, como diablillos, aunque me queda por comprobar esto y descubrir exactamente cómo ocurre este proceso, además de las condiciones del mismo.

Reflexión final:​

Cuando mi padre me hablaba de los lémures, siempre los describía como el punto más bajo al que puede caer un alma condenada. Según él, no son más que barro infernal moldeado por las manos crueles pero efectivas de Baator, utilizado para fabricar soldados de segunda clase en el interminable ciclo de guerra que consume a los diablos. Pero enfrentarlos en persona, verlos con mis propios ojos, ha cambiado esa percepción. No son solo "barro". Son algo más trágico y perturbador.
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Un lémur es un alma mortal deformada más allá del reconocimiento, un recordatorio de lo que les espera a aquellos que sellan pactos con los señores infernales o son arrastrados a los Nueve Infiernos por sus propias acciones. Sin embargo, enfrentarlos en batalla me hizo preguntarme si alguna parte de ellos sigue consciente. Sus gritos —esos aullidos desesperados— no parecen ser simples sonidos vacíos. Hay algo en ellos que me fascina e intriga.

Existen como una parte de un ciclo más grande, como el barro que los campesinos utilizan para construir una casa o el metal que un herrero forja para hacer un arma. Son herramientas en un sistema despiadado, y aunque su destino me resulte repulsivo, no puedo condenarlos más de lo que podría condenar a una piedra por ser parte de un muro.

Quizás lo más perturbador de todo sea pensar que, en algún momento, estos seres fueron como nosotros. Mortales con ambiciones, personalidades y vidas propias. Si su esencia fue moldeada y retorcida hasta este punto, ¿qué significa esto para nosotros? ¿Estamos también a merced de fuerzas más grandes, esperando ser moldeados en algo que ni siquiera podemos imaginar?

No siento lástima ni desprecio por ellos. Son lo que son. Una expresión del mal ordenado y vacio de esperanza que representa Baator. Pero no puedo evitar preguntarme: si estas almas fueran liberadas, si pudieran escoger, ¿qué elegirían? ¿Serían algo más que barro moldeado? O tal vez esa sea ya su verdadera naturaleza, y cualquier otra posibilidad quedó enterrada en los Nueve Infiernos y sus corruptoras manos.


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Siempre me llamaron la atención los canes infernales. Estudiarlos en el pasado me abrió la puerta a temas fascinantes sobre los Nueve Infiernos. Sin embargo, jamás había luchado contra uno. Mis estudios previos se basaban en ejemplares convocados, "amistosos" solo en el sentido más flexible de la palabra, considerando la naturaleza cruel de estos seres.

En mi aventura en Kazad Gromdal (Ver capítulo II, Lémures), presencié una manda de estas atroces pero fascinantes criaturas. Nos emboscaron con la precisión que cabría esperar de depredadores disciplinados, rodeándonos antes de desatar sus llamas voraces. El enfrentamiento me permitió completar mi estudio preliminar sobre ellos.

Rasgos clave:​

  • Aliento ígneo: Un cono de fuego capaz de reducir a cenizas a los desafortunados que no sean lo bastante rápidos.
  • Inmunidad al fuego: Como criaturas infernales, son completamente resistentes a las llamas.
  • Caza en manada: Prefieren acechar en grupos, coordinándose con una precisión implacable. Son considerablemente más peligrosos cuando trabajan juntos.
  • Visión en la oscuridad y percepción extrasensorial: Detectan a sus presas incluso en la penumbra y la niebla, lo que los convierte en rastreadores letales.
  • Sigilo: A diferencia de los depredadores comunes, los canes infernales disfrutan acechando a sus víctimas, rodeándolas antes de atacar. Solo aúllan cuando sus presas escapan.
Los canes infernales representan la caza despiadada y la disciplina impuesta. Son crueles e incansables, deleitándose en atormentar a las almas en pena de Baator o en servir como verdugos de sus amos, a menudo diablos de alto rango.

Algunos diabolistas sugieren la existencia de variantes o subrazas de estos seres, aunque no he encontrado datos consistentes que confirmen tales afirmaciones.



Análisis Anatómico​


A simple vista, el Can Infernal parece una bestia canina de gran tamaño, con músculos tensos bajo un pelaje ennegrecido. Sin embargo, un estudio más detallado revela que su piel no es enteramente orgánica. Su boca no solo exhala fuego, sino que parece arder desde dentro, como si en su interior latiera un horno de forja.

Sus huesos, aunque aparentemente normales, están reforzados con un material que recuerda al hierro, pero negro, lo que los hace resistentes a fracturas. Sus garras son lo suficientemente afiladas como para abrir armaduras, pero lo más interesante es su sistema respiratorio, que en lugar de pulmones convencionales, parece poseer una serie de conductos ígneos que generan y expulsan llamas con cada exhalación.

La criatura no tiene grasa corporal; todo su organismo parece estar optimizado para el movimiento y la caza, sin reservas innecesarias. Su metabolismo es voraz y necesita consumir carne para reponer energías.



Comportamiento y Jerarquía​

Entre los canes infernales, el más grande y fuerte asume el liderazgo de la manada, desplazando a los potenciales competidores fuera del territorio. Se agrupan en unidades de entre 2 y 20 individuos (según la capacidad del líder) y rara vez cazan en solitario, entendiendo que la unión es su mayor ventaja. A pesar de su naturaleza cruel, su coordinación y cooperación los hacen aún más letales.

No son simples bestias guiadas por instintos depredadores. Poseen una voluntad implacable y una disciplina cruel, reflejo directo de la naturaleza de Baator. Son extremadamente leales a sus amos, pero solo mientras estos les permitan satisfacer su hambre despiadada. De lo contrario, no dudarán en traicionarlos o abandonarlos.

Su malicia inherente limita su versatilidad, incluso con un entrenamiento riguroso. Más allá de rastrear, recuperar objetos específicos y matar, sus instintos no permiten mayor refinamiento.

Como dato curioso: Roban artículos de sus víctimas caídas y los usan como juguetes hasta que inevitablemente los reducen a cenizas, dejando tras de sí solo restos carbonizados.



Reflexiones finales​

Algo me queda claro en el estudio de estas criaturas. No son simples bestias malignas. Son depredadores diseñados con un propósito, forjados en las llamas de un orden cruel y eficiente. Su lealtad condicional y su hambre cruel los hacen criaturas apetecibles para los diablos y algunos que otros seres afines. Hay escritos que hablan de gigantes de fuego criando canes infernales, pero eso aún no me consta más allá de relatos.

Lo más inquietante de su naturaleza es que no actúan por un instinto caótico o salvaje. Todo lo contrario. Tienen una estructura, reglas que siguen con frialdad calculada… hasta que su propia esencia los traiciona. Un amo que intente domarlos sin permitirles saciar ese impulso descubrirá pronto el problema de la lealtad en seres malvados; siempre es condicional.

Dudo que alguien pueda ver a estas criaturas y pensar que son meros animales. No hay engaño en su esencia; su sola presencia grita lo que son. Para algunos, pueden ser herramientas de caza perfectas… hasta que dejan de ser controlables.


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Proyecto nuevo (13) (2).pngIntroducción​

El fuego es transformación. Es hambre, es destrucción, pero también es el resplandor que disipa la sombra y la chispa que da inicio a toda forja. Algunos lo relacionan con la vida, otros con la esencia del poder insaciable o incluso se fascinan con su incansable danza hipnótica. En los planos interiores, allí donde se proporciona la materia prima elemental que conforma los mundos, existen seres que no solo comprenden el fuego, sino que son su encarnación. Los elementales de fuego no son simples entidades de llamas vivientes, sino la manifestación pura y sin restricciones de la voracidad ardiente.

Los he estudiado en textos polvorientos y los he observado en su estado natural cuando las grietas entre los planos lo han permitido. Fascinantes y aterradores a la vez, estos entes son un recordatorio de que el poder no requiere un propósito más allá de su propia existencia.

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Naturaleza y Composición​



Proyecto nuevo (45).pngLos elementales de fuego son entidades originarias del Plano Elemental del Fuego, un reino de calor abrasador donde mares de llamas líquidas se extienden hasta donde alcanza la vista y colosales volcanes exhalan su furia en un ciclo interminable. No poseen cuerpos físicos en el sentido tradicional, sino que su forma es un torbellino de brasas y fuego en constante movimiento. La magia que los mantiene cohesionados es un enigma en sí mismo, pues no se trata de una simple combustión, sino de una fuerza elemental pura que desafía la comprensión mundana de la energía.

A diferencia de otros elementales, los de fuego rara vez muestran estabilidad. Son impredecibles, inquietos, y su propia existencia es una tormenta de caos incontrolable. No es que deseen la destrucción per se, sino que su propia naturaleza los impulsa a consumir y expandirse. Por tanto, no se los podría catalogar como "Caóticos". Algunos estudios sugieren que carecen de una alineación en los ejes del orden, el caos, el bien o el mal. Son lo que son, fuego eterno.


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Comportamiento y Motivaciones​

Intentar comprender la psique de un elemental de fuego es como tratar de razonar con una tormenta. No poseen ambiciones como las de los mortales, ni una jerarquía como la de los diablos o los Efreet (Genios de fuego). Son impulsos encarnados. Moverse, arder, consumir.

Algunos estudiosos los han comparado con animales salvajes, pero considero que es un error. Un animal actúa por instinto de supervivencia, mientras que el elemental de fuego no teme la muerte. Creo que en su mera existencia ígnea la idea de dejar de existir no es concebida, no necesitan "alimento" para existir. Es más, se teoriza que el fuego de un elemental no nace de un combustible o aire para poder arder (aunque son capaces de incendiar cualquier cosa inflamable) Sino del fuego elemental, la llama pura del mismo plano del fuego.

No obstante, cuando son invocados o traídos a nuestro mundo, pueden ser controlados mediante magia. Un mago lo suficientemente hábil puede atar su esencia con conjuros. Algunos seres afines al fuego consideran a estos elementales "monstruos favorecidos" y a menudo usados como sirvientes divinos. Intuyo que los seguidores de Kossuth verán esto como una verdad inherente a su deidad.


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Interacciones con el Plano Material​

Si bien los elementales de fuego rara vez cruzan al Plano Material por voluntad propia, eventos como la Conjunción Planar pueden permitir su llegada. Sus apariciones suelen ser desastrosas, pues un solo elemental es suficiente para reducir una aldea a cenizas en un instante. En su insaciable necesidad de arder, no distinguen entre bosques, ciudades o cuerpos vivos; todo es combustible para su danza ígnea.

Los invocadores suelen aprovechar su poder para la guerra o la destrucción, aunque algunos artesanos han intentado atarlos a forjas arcanas para aprovechar su calor infinito en la creación de armas y armaduras imbuidas con fuego elemental. Sin embargo, jugar con un ser que solo conoce la expansión y el consumo es un riesgo que pocos han sobrevivido para contar.


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Reflexión final​

Muchos miran el fuego y ven solo dos cosas: luz o destrucción. Pero los elementales de fuego son algo más. Son el reflejo puro de un poder que no obedece a la moral ni al juicio. No son malvados ni benignos, solo son.

Observarlos es mirar la esencia de un poder primordial sin restricciones, una voluntad sin propósito más que la de existir, un hambre sin fin. Y sin embargo, no puedo evitar sentir fascinación. En ellos veo lo que todo buscador de conocimiento debe aspirar a ser. Algo que nunca deja de moverse, que nunca se conforma con lo que es, que arde con la misma intensidad con la que el universo se expande. Que lo consume todo con tal de expandirse a infinitos impensables.

Porque al final,
¿qué es la búsqueda del saber sino un fuego que nunca se apaga?

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Introducción

Algunos aventureros experimentados hablan de los cienos y el horror que representan en sus exploraciones en lugares oscuros en busca de botines. Un aparente charco de lodo en el suelo o una sustancia viscosa que se filtra por las paredes son las primeras señales que el aventurero experimentado tiene a bien percibir. Aquellos que solo se quedan con la primera impresión o carecen de la veteranía suficiente se encuentran más tarde con la amorfa criatura que se manifiesta desde ese charco o sustancia viscosa: limos, pudines, cubos gelatinosos y más. Todos pertenecientes a la categoría de "Cieno".


Ahora imaginad que existen variantes poco conocidas, originarias de un plano putrefacto y corrupto. Una versión tan especial que muestra características únicas en comparación con lo que un cieno común acostumbra. Eso era el monstruo que asolaba los campos de cultivo de Amn, al que los locales llamaron "El Devora Vacas".


Origen​

Proyecto nuevo (50).pngEste peculiar cieno proviene de la capa 222 del Abismo, llamada Shedaklah. Un plano de putrefacción y ruina absoluta, donde incluso las nubes presentan un color horrendo y los olores fétidos lo inundan todo. Según los demonólogos, esta capa tiene dos señores demoníacos. Es posible que compitan por el control de la capa, pero el que me interesa para este escrito es Jubilex, el Señor del Limo o también conocido como "el Señor de la Nada".

Al parecer, esta capa no solo es hogar de demonios, sino también de cienos, los cuales son versiones titánicas y especiales de un cieno común. De hecho, hay teorías que apuntan a que posiblemente de allí provengan los cienos que todo aventurero se habrá cruzado alguna vez y que, por alguna razón, se manifiestan en nuestro plano en versiones menores. Sin embargo, esto aún no ha sido comprobado.



Apariencia​

El Devora Vacas mostró dos formas durante su paso por Amn. La primera, la de un ser amorfo enorme que cubría toda una cueva con su viscosa figura. La segunda, durante la batalla final, dekhanas más tarde, cuando duplicó su tamaño a proporciones titánicas. Puede que esto se deba a una aptitud propia o a la asistencia del Culto de la Ruina (*Ver página ***).

Todo en su estructura recordaba a una mezcla entre un cieno gris y un cubo gelatinoso, aunque catalogarlo con precisión es difícil teniendo en cuenta su origen. Por esta razón, decidí nombrarlo "Cieno Abisal", basándome en su procedencia.



Características​

Lo que complica su clasificación como cieno es que comparte características con los cienos gris, negro e incluso con los cubos gelatinosos. Sin embargo, hay aspectos en sus capacidades que lo hacen único, y me atrevo a sugerir que se deben a su origen.

Su sola presencia corrompe el entorno que habita, haciendo brotar hongos en los alrededores y extendiendo su influencia como una infección sobre la tierra. Dichos hongos crecen y supuran un gas nocivo, tanto para el hábitat como para cualquier ser vivo, infectando con una enfermedad degenerativa a aquellos expuestos (*Ver página ***).

Es fascinante cómo puede transformar varias hectáreas en un paisaje corrupto y putrefacto, casi idéntico a las descripciones de Sendaklah. Lo que me llama la atención y me hace cuestionarme es si este fenómeno lo ejecuta por voluntad propia o si es una habilidad pasiva inherente a su origen y/o naturaleza. En cualquier caso, los hongos (que adoptan tamaños variados y monstruosos) parecen tener algún tipo de sintonía con el cieno. Una posible simbiosis, como si fueran parte de su amorfa constitución o estuvieran conectados a su rudimentaria conciencia. Digo "conciencia" con reservas, pues al igual que todos los cienos, no parece poseer una en el sentido tradicional. Al menos, no de forma demostrable.

Por otro lado, este ser es altamente corrosivo. Tanto el metal como la materia orgánica son consumidos inexorablemente por su ácido. No parece afectarle en lo más mínimo, pero el fuego, en cambio, se perfila como su única debilidad real. Los ataques cortopunzantes tampoco parecen causarle daño significativo, al menos no lo suficiente para eliminarlo rápidamente.



Comportamiento​

Por fortuna, no presenta inteligencia más allá de un instinto de corrupción y "devoración". No creo que actúe por una necesidad de supervivencia pura, no como lo haría un animal. Si bien es cierto que busca su "alimento" en animales, humanoides o cualquier ser orgánico, además de metales, me pregunto si realmente necesita consumirlos para subsistir o si hay algo más detrás de su comportamiento. Lamentablemente, no podré responder a esa pregunta, ya que la criatura fue eliminada.

Lo que sí me queda claro es que su naturaleza lo impulsa a propagar la ruina y la podredumbre. Quizás ese sea su propósito; y aunque proviene de un plano inherentemente maligno, no presenta signos de tal alineamiento. Esto puede deberse a su falta de conciencia.

"El fuego quema, no porque busque reducir a cenizas todo, aunque eso logre al final."

Intuyo que esa frase se aplica a este cieno. Corrompe y consume todo porque esa es su razón de existir, más que por placer o malicia.



Reflexión Final
Muchos estudiosos insisten en atribuir voluntades malignas a criaturas como esta, pero en mi experiencia, es un error ver intencionalidad donde solo hay naturaleza. El "Devora Vacas" no era un ser consciente de sus actos ni un ente con una motivación discernible. Era una manifestación de la entropía en su estado más puro, un fragmento del Abismo regurgitado en nuestro plano, haciendo lo único que su existencia le permitía hacer: expandirse, consumir y corromper.

Si la teoría de que los cienos de nuestro mundo provienen de Shendaklah es correcta, entonces no son más que ecos debilitados de su lugar de origen, pequeñas fracturas en la realidad que permiten la filtración de la podredumbre de esa capa abisal. Y si es así, ¿qué lo causó? ¿Siempre han estado allí, o hubo un evento, un error, una falla en la Urdimbre que permitió su llegada? En el caso del "Devora Vacas" me queda claro de qué apareció en nuestro plano por el fenómeno de la "Conjunción".

Me queda claro que no se trataba de una criatura ordinaria. Su influencia en la tierra y en los hongos que crecieron a su alrededor indica que su mera presencia reconfiguraba el entorno, alterando la esencia misma de la vida. No buscaba alimentarse para sobrevivir, como haría un depredador. Su propósito era más instintivo, casi mecánico.

Es un recordatorio de que no toda amenaza proviene de una mente maquinadora o de una fuerza con objetivos claros. Algunas simplemente existen, y esa existencia, por sí sola, puede significar la ruina de todo lo que conocemos.
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VI


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Proyecto nuevo.pngLa Conjuración es la magia de la traslación y la manifestación. Su esencia radica en el arte de traer lo distante y lo imposible hacia la inmediatez del presente. Es la escuela de aquellos que comprenden que la realidad no es más que una red de posibilidades, conectadas por hilos invisibles que un conjurador puede manipular con la voluntad y conocimiento adecuados. Entre todas las disciplinas arcanas, la Conjuración desafía los límites del tiempo y el espacio, permitiendo no solo transportar materia e individuos entre lugares, sino también conocer más sobre las entidades de realidades lejanas y dar forma a energías primordiales.

Los que estudian esta escuela son viajeros del infinito, exploradores de lo desconocido, seres que encuentran en la vastedad del cosmos una oportunidad y no una barrera.



Filosofía de la Conjuración​

Los estudiosos de la Conjuración comparten una filosofía que se basa en la comprensión de los vínculos entre los planos y la naturaleza de la existencia. Para un conjurador, el concepto de distancia es relativo y la separación entre mundos es una ilusión que puede deshacerse con el hechizo adecuado. Esta escuela enseña que el universo no es estático, sino fluido y maleable para aquellos que saben cómo invocar sus secretos.

Algunos magos de Conjuración adoptan la creencia de que todo está interconectado y que el conocimiento de una ubicación o entidad otorga cierto grado de control sobre ella. Otros ven la magia de esta escuela como una herramienta para la supervivencia y la adaptabilidad, permitiéndoles traer aliados, recursos o incluso escapar de situaciones complicadas.

Un concepto clave dentro de esta filosofía es el "Llamado del Viajero": la idea de que todo conjurador siente una urgencia interna por descubrir, por conocer, por cruzar los límites de la realidad en busca de lo que está más allá. No todos los magos son viajeros físicos, pero en su esencia, la Conjuración impulsa a sus practicantes a expandir sus horizontes de alguna manera, ya sea explorando planos de existencia o desentrañando los secretos de la creación.



Ramas de la Conjuración​

1. Teletransportación y Manipulación del Espacio​

La capacidad de trasladar materia de un punto a otro sin recorrer la distancia entre ellos es una de las habilidades más codiciadas dentro de esta escuela. Un conjurador experto en esta disciplina puede convertirse en un viajero planar o un esquivo adversario.

Ejemplo de conjuros:

  • Puerta dimensional (Esfera IV): Te traslada instantáneamente hasta cualquier lugar situado dentro de tu alcance.
  • Desplazamiento de plano mayor (Esfera VIII): Desplazamiento de plano preciso hasta la localización deseada.

2. Invocación de Criaturas y Entidades​

Proyecto nuevo (1).pngEsta rama se enfoca en traer a la realidad a seres de otros planos, controlados por la voluntad del mago o manifestados de manera temporal. Desde elementales hasta demonios, ángeles o seres feéricos, cada invocación conlleva un riesgo y una posibilidad. El convocador experto puede incluso llegar a potenciar a las criaturas que trae, pero todo dependerá del conocimiento sobre estos seres y su soltura con la escuela de conjuración.

Ejemplo de conjuros:

  • Convocar criatura (Esfera del I al IX): Capacidad para traer a una criatura de diversos planos y naturalezas, bajo la orden del lanzador y de forma temporal.
  • Umbral (Esfera IX): Abre un vínculo directo entre dos planos, permitiendo el paso de entidades poderosas.

3. Creación y Manifestación de Materia​

No todo lo que se conjura proviene de otro plano; algunos magos han aprendido a traer a la existencia materia pura, desde pequeños objetos hasta estructuras enteras de energía.

Ejemplo de conjuros:

  • Orbe menor (Esfera I): Crea un orbe elemental de 2" de diámetro, el cual puede lanzar a voluntad contra un objetivo.
  • Creación Mayor(Esfera V): Genera un objeto a voluntad que puede ser de metal o piedra.

El Conjurador​

Los magos de Conjuración son, por naturaleza, individuos con una curiosidad insaciable y una visión de la magia como herramienta de exploración y dominio sobre la realidad. No suelen ser aguerridos ni prefieren el combate directo, aunque poseen conjuros capaces de emplear para dañar y defenderse. Su capacidad para invocar aliados o desplazarse a través del espacio y/o los planos los convierte en oponentes formidables, con una serie de recursos y aliados para cada ocasión.

La paciencia es una virtud entre los conjuradores más experimentados. Entender los vínculos entre planos, negociar con entidades invocadas o calcular coordenadas para un teletransporte exitoso requiere una mente analítica y meticulosa. No es raro que estos magos sean también eruditos en saberes planares y filosofías cosmológicas.



Reflexión Final​

He dedicado incontables horas a la comprensión de todas las disciplinas arcanas, y la Conjuración es, sin duda, una de las que más me fascina. Su potencial trasciende lo inmediato y lo mundano, y ofrece respuestas a preguntas que los magos han formulado durante eras.

La Conjuración es la clave para desentrañar los secretos del multiverso. A través de ella, los reinos distantes se vuelven accesibles, los aliados aparecen cuando más se les necesita y la propia esencia de la realidad se moldea a la voluntad del conjurador. Todo lo que existe, desde los planos elementales hasta las distintas realidades puede ser alcanzado por aquel que domine esta escuela.

Aquellos que estudien la conjuración deben comprender que el poder no radica solo en traer cosas al mundo, sino en saber cuándo, dónde y por qué hacerlo. Como todas las formas de magia, su conocimiento implica una responsabilidad inherente a las entidades y materias a las que pueden acceder. Un conjurador inexperto o inconsciente se arriesga a liberar un horror inconcebible en nuestro plano o perderse en realidades a las que no estaba preparado a enfrentar. Por ende, esta escuela demanda, además del estudio que la magia requiere, un conocimiento extra sobre los planos de existencia y sus composiciones básicas.


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Poisoned

El que aplaude en los discursos Zhent
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Proyecto nuevo (73).png​

Proyecto nuevo (13) (5).pngIntroducción​

Los aasimar son seres cuya existencia ha estado rodeada de mitos y dogmas religiosos, comúnmente vistos como campeones del bien o emisarios de la voluntad celestial. Sin embargo, una mirada más rigurosa revela que su naturaleza es mucho más compleja que la simple dualidad entre luz y oscuridad que muchos intentan imponerles. No son meros "ángeles mortales", ni están obligados a seguir el destino que se les impone por su herencia. En este tratado, abordaré la esencia de los aasimar desde un punto de vista arcano y pragmático, desentrañando su origen, sus capacidades y su verdadera identidad dentro de los Reinos.

En la observación de estos seres, surge una pregunta inevitable: ¿qué pesa más, la sangre o la voluntad? Algunos aasimar parecen encadenados a un propósito que no escogieron, encarnaciones de una virtud impuesta por ancestros que jamás conocieron. Aunque nuevamente, esta podría ser una mirada equivocada desde una perspectiva ajena a ellos, poco empática. Tal vez, lo que veamos como "cadenas", para estos seres sea el propósito de sus ancestros como la esencia propia o la guía de sus deseos.



Origen y Naturaleza​

Proyecto nuevo (74).pngLos aasimar son el resultado de la influencia de los planos superiores en la sangre mortal. Se cree que su linaje proviene de interacciones pasadas con celestiales, sean ángeles, devas o similares. Sin embargo, este vínculo no siempre es reciente ni directo; en muchas ocasiones, la manifestación aasimar puede saltarse generaciones, activándose en un descendiente tras siglos de latencia. A diferencia de los tieflings, cuya esencia infernal suele ser evidente en su fisonomía, los aasimar pueden pasar desapercibidos hasta que su herencia se despierta.

El error más común es asumir que su nacimiento implica una predestinación al bien. En realidad, los aasimar poseen libre albedrío y no están atados a la moralidad de sus ancestros celestiales. Aunque su naturaleza los dota de un vínculo innato con la luz y las virtudes que los planos superiores presentan. Esto no implica que sean santos ni que actúen en pos de causas altruistas. Algunos se aferran al orden y la justicia con una obstinación casi admirable, como si de ello dependiera su propia existencia. Otros rechazan esa carga y buscan definirse por sí mismos, aunque la luz de su linaje siempre los sigue. Incluso hay casos de quienes se alejan tanto de la "predestinación al bien", que aquella luz que portan se vuelve corrupta y siniestra, transformándolos en una versión oscura.

Estos últimos son la prueba del libre albedrío que poseen y de que, en definitiva, siguen siendo mortales con esencias angelicales.



Características y Habilidades​

Los aasimar presentan ciertas singularidades que los distinguen de otras razas:

  1. Resistencia Celestial: Su linaje les concede cierta resistencia al daño eléctrico, ácido y frío, lo que demuestra la influencia directa de su herencia extraplanar.
  2. Conexión con la Luz: Son capaces de manifestar un resplandor interno, como si de un conjuro de "Luz" se tratase, pero de forma innata.
  3. Guías Espirituales: Muchos aasimar afirman tener sueños o visiones de entidades superiores, a veces interpretaciones de mensajes. Este vínculo no es absoluto y, de hecho, hay quienes lo rechazan o lo interpretan de formas distintas. Es posible que se trate de un deva o similar, tal vez un ancestro o entidad vinculada al Aasimar. Mi teoría es que la existencia de los Aasimar cumple con un objetivo de los planos superiores (el cual evidentemente está orientado a extender el bien en nuestro plano)


Características físicas

Al ser descendientes de celestiales, los aasimar poseen una belleza casi perfecta. En algunos casos sus rasgos asociados a los planos superiores son muy evidentes y en otros pasan desapercibidos. Sin embargo, la observación prolongada daría como resultado la identificación de estos seres.

Proyecto nuevo (75).pngOjos: Suelen ser lo más llamativo. Pueden brillar con un resplandor interno o tener tonalidades fuera de lo común: dorados como el amanecer, plateados como la luz de la luna o incluso de un rojo intenso, ardiente y penetrante, como si ardiera una voluntad implacable en su interior.

Piel
: Algunos aasimar tienen un cutis impecable, con una textura casi marmórea, como si su piel jamás hubiera conocido imperfección alguna. En otros casos, la herencia celestial se manifiesta en un leve fulgor que resplandece bajo la luz de la luna o en tonalidades sutilmente inhumanas, desde un dorado cálido hasta un blanco perla.

Cabello
: Puede ser de colores tradicionales o poseer reflejos imposibles bajo ciertas luces. Hay quienes tienen cabelleras que parecen hilos de luz líquida, reflejando tonalidades áureas, plateadas o incluso un negro profundo que absorbe la luz.

Halo fantasmal:
Sobre sus cabezas pueden apreciarse unos halos, en algunos perceptibles ante una atenta mirada y en otros como un faro brillante en la oscuridad. Dependiendo la naturaleza del aasimar, creo que el color de este halo se manifiesta. Prueba de esto, el halo sombrero de una aasimar caída que conocí. Es posible que esto esté vinculado a su conexión (o falta) con la luz de su herencia celestial.



Clasificación de los Aasimar​

Si bien cada aasimar es único, existen tres manifestaciones principales que han sido documentadas en los estudios arcanos:
  • Protectores: Son aquellos con un fuerte sentido de guía, a menudo influenciados por la necesidad de proteger al débil, de servir como un farol en la oscuridad y buscar el mal allí donde esté.
  • Azotes: Portadores de una esencia más intensa. La influencia celestial de este tipo los alimenta de un propósito inquebrantable de destruir el mal. Se les asocia con la justicia implacable.
  • Caídos: Quizá los más interesantes, y aterradores, de analizar. Los caídos representan aasimar que han rechazado su herencia celestial o que han sido corrompidos por otras influencias. A menudo son fáciles de reconocer debido a sus características visibles. La luz de su herencia es corrompida por una nueva naturaleza y se manifiesta de muchas formas; a menudo inquietante. (aunque dependerá del observador)

Influencia en el Plano Material​

Los aasimar son una rareza en los Reinos, y por ello, su presencia tiende a causar revuelo. No son como los elfos o los enanos, con civilizaciones bien establecidas. En cambio, suelen nacer en comunidades humanas, donde su herencia se percibe como un augurio divino o, en algunos casos, como una amenaza. No todos los aasimar desean ser faros de luz en el mundo. Algunos se ocultan, otros manipulan su herencia para sus propios fines, y hay quienes viven una vida errante.

Es importante señalar que la visión de los aasimar como "seres superiores" es una construcción social más que una realidad objetiva. Su poder es innegable, pero no los convierte en jueces infalibles ni en figuras de pureza absoluta. Como cualquier otro mortal, pueden ser corruptos, ambiciosos o simplemente indiferentes a los conflictos de la humanidad. La diferencia radica en cómo deciden utilizar su legado celestial.

Algunos de los más implacables campeones del orden son aasimar, seres cuya determinación los vuelve incorruptibles... o tal vez simplemente incapaces de concebir la posibilidad de fallar. Su fervor los hace fascinantes y, en ocasiones, peligrosos si tu naturaleza es malvada.



Conclusión​

He conocido a dos de estos seres y entrevistado solo a uno. Su convicción es inquebrantable, su voluntad férrea. Se mueve con la certeza de quién cree en su causa sin reservas, y ese tipo de individuos son interesantes de encontrar. Su sola presencia exige atención, no por su linaje, sino porque es imposible ignorarla. Pero detrás de la "armadura" hay una mortal, aunque sea difícil verla más allá del aura de virtud impecable y aquellos ojos carmesí que arden con la peligrosidad de la convicción absoluta.

La existencia de los aasimar nos recuerda que el linaje no define el destino. Su herencia celestial les otorga ciertas capacidades extraordinarias, es verdad, pero no los convierte en siervos incondicionales de una causa superior. Son individuos con voluntad propia, algunos fieles a sus ancestros y sus inclinaciones al bien, otros buscando su propio camino en los Reinos. Verlos solo como "héroes de la luz" es un error, tanto como asumir que los tieflings están destinados a la maldad. Me pregunto si hay una lucha interna, una dualidad en ellos que los persigue siempre o mis afirmaciones son erróneas e inexorablemente están atados al bien inherente a su sangre celestial.


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