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*Comentarios sobre la campaña contra la Horda e Imperio*

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Con el fin de preservar la memoria y los hechos ocurridos durante estas campañas procedo a escribir unos comentarios sobre las mismas.

-Primera reforma del ejército, la legión y primeros movimientos precampaña en Nashkell.

Hasta entonces, el ejército quedaba integrado por las milicias locales de cada ciudad, las fuerzas estacionarias a las afueras de Athkatla y la propia guardia de la ciudad. Además de la guarnición de Eshpurta. Con la primera reforma se añadieron a estas fuerzas las de la legión férrea que dejaron de contar como tropas a sueldo para pasar a ser la unidad de choque del ejército. La milicia dirigida por Wolfgang se agregó de manera permanente al ejército y además se produjo una serie de ascensos como el del teniente Viktor que además pasó a ser comisario del puerto.

Algunas semanas antes de hacerse pública estas reformas, el capellán Klaive Malgror al que había conocido algunos años antes durante la misión que celestias llevaron para purgar las montañas de licántropos, se puso en contacto conmigo. Este me encomendó a ir al consejo ya que la dama Bylanna requería de mi presencia.
Bylanna me habló sobre la reforma que se iba a llevar a cabo y fue allí mismo cuando me nombró comandante de la legión, me impuso la tarea de reformarla, se requería de ella que fuera la primera fuerza de choque del ejército, debería ser un pequeño cuerpo de elite dentro del ejército.

En esa época la legión no era gran cosa, 50 soldados, un campamento a medio hacer y una moral por los suelos por la reciente perdida de su capitán durante el ataque que se hizo contra los licántropos. Lo primero que hice fue nombrar a Klaive subcomandante, los legionarios se dividieron en cinco unidades de diez soldados (cada una dividida internamente en dos grupos de cinco soldados). Cuatro de ellas de infantería y una quinta de arqueros. Finalmente el Thane Thorek y el clan rompe cráneos realizaron la totalidad del equipo que entonces, y actualmente portan los legionarios.

Pocas semanas antes del inicio de la campaña contra la horda deslucida, se nos encomendó a los caballeros Celestia que iniciáramos contactos con los gigantes de la escarcha que habitaban los picos de las nubes. Al parecer los Cyritas habían secuestrado a sus crías y las usaban para asegurarse la ayuda de los gigantes en la batalla.
Nuestra misión consistiría en rescatar a aquellas crías y asegurarnos que esos gigantes nos ayudarían a nosotros durante la campaña.

Algunos días después nos pusimos en marcha, durante todo el ascenso hasta la cima fuimos hostigados por batidores Cyritas. Finalmente dimos con nuestro contacto, una giganta que nos esperaba en la cima y que nos dio los detalles del lugar donde retenían a las crías. Ojala pudiera dar detalles sobre el asalto pero durante el mismo un cyrita me clavó su hoja y lo siguiente que recuerdo es despertar en el campamento de la legión cubierta de sangre y con un buen tajo en el costado (marca que aun conservo). Por suerte el asalto resulto ser un éxito y nos ganamos para Amn el favor de aquellos gigantes.
 

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-Inicio de la campaña, primer ataque y comienzo del asedio en la ciudad de Nashkell.

Semanas después de la misión de los celestias, el ejército comenzó la movilización. El plan de ataque consistiría en un asalto a monte-cráneos antes de tomar posiciones en la ciudad de Nashkell. Se quería evitar que los cyritas reforzaran a la horda deslucida una vez esta hubiera llegado hasta Nashkell.

Tropas del ejército, celestias, legión, el clan, ordenados, y algunos aventureros iniciaron el ascenso por la carretera mordida. Avanzados por el camino y habiendo pasado las tropas el puente que divide la carretera mordida se comenzó a formar a las tropas para el ascenso. Compartiendo el centro de la línea se encontraban la legión y el clan, a nuestros lados se colocó las fuerzas regulares del ejército y a nuestra espalda y delante de nosotros se iban repartiendo celestias y restos de aventureros. Formados, comenzamos a subir la montaña.

Fuimos recibidos por batidores Cyritas, repartidos por riscos y salientes por toda la cordillera comenzaron a hostigar nuestra marcha. A diferencia que nos paso a los celestias aquí combinaron el hostigamiento con rápidos ataques a nuestra formación, tropas ligeras que, mediante conjuros oscurecían nuestra visión y aprovechaban para flanquearnos (estrategia que luego usarían también las tropas del imperio). El avance fue se hizo pesado y penoso y hubo bastante heridos, pero se logró matar o hacer huir a la mayoría de Cyritas. Los que huyeron lo hicieron hacia monte-cráneos, llegados hasta sus puertas un enorme Bálor nos salió al encuentro, realmente, a día de hoy creo que solo salió a insultarnos habían perdido la batalla y aquél acto solo fue una muestra clara de su impotencia.

Muerto aquél ser, tocaba reorganizarse y hacer recuentos de bajas, realmente más heridos que bajas, pero entre los caídos se encontraba el prelado de la orden y otra ordenada llamada Nayara, aun recuerdo el cadáver del prelado y la sonrisa que tenía su cadáver, recogí su espada y la guardé durante varios años hasta que finalmente el caballero Preston la reclamó. Comenzamos a descender la montaña y pusimos rumbo a Nashkell a instalarnos y a esperar al resto de tropas.

Días después de la batalla de montecráneos una terrible tormenta comenzó desatarse por toda la carretera mordida, el ojo de la misma parecía estar el propio monte cráneos, al parecer los cyritas tenían una última cosa que decir. Yo misma ayudada con algunos clérigos del clan enano comenzamos a orar para tratar de detener la tormenta, si bien no logramos nuestro objetivo si que conseguimos ganar el tiempo suficiente para que el resto de efectivos llegara hasta Nashkell. Ya estaba todo dispuesto para la nueva batalla.

La Horda bajó el pico de las nubes por la parte más oriental y tomo posiciones desde las minas de Nashkell, el camino que conduce hasta ellas y los alrededores de la ciudad. Nuestras tropas se parapetaron en la muralla sur de la ciudad, repartimos las tropas entre la parte superior de la muralla y la inferior. La milicia comandada por Wolfgang ocupó la parte superior de las murallas junto con los aventureros voluntarios, algunos ordenados y un grupo de arcanos que seguramente practicaban la nigromancia (como la que vino a verme días antes).
En la parte inferior nos repartimos legión, las tropas regulares, celestias y el resto de ordenados. Colocamos además algunas barricadas cerca de la puerta para crear un embudo y frenar el avance si derribaban las puertas.

El ataque en si sobre la ciudad no fue una maniobra demasiado esplendida, el enemigo carecía de maquinaria de asedio salvo algunas torres para asaltar las murallas, básicamente se lanzaron sobre la ciudad dejando que su superior número hiciera el resto. Desde nuestra posición pudimos hostigar a los no muertos a placer mientras se acercaban hacia las murallas, una vez en ellas no tardaron demasiado tiempo en derribar la puerta.
En la parte inferior, se conseguía aguantar las oleadas sin demasiados apuros, en cambio, en la parte superior de la muralla la cosa no iba también, el enemigo había causado muchas bajas y tras varias horas de combate el resto de tropas quedaban luchando se retiraban. Con las murallas perdidas nuestra defensa consistió en repeler las oleadas de no muertos que venían por la puerta además de las que ahora bajaban por los muros. Tras varias horas de combate se llegó a un punto muerto, momento en el que hizo acto de presencia el ser que acaudillaba el ejército enemigo retirando a las tropas que aun seguían asaltando la ciudad (no sin antes habernos causado él mismo cuantiosas perdidas).

El intento de toma de la ciudad había terminado, pero ahora el enemigo ocupaba parte de las afueras de la ciudad, las minas y el camino que llevaba hasta las mismas. Además y gracias a aquella repentina tormenta el paso de a carretera mordida se hallaba cortado por la nieve. Realmente desconozco cuantas bajas causamos al enemigo, pero nosotros quedamos realmente tocados, de las tropas desplegadas por al legión 2/3 estaban ahora muertas o heridas y el resto de unidades del ejército se encontraban igual, aun así lo peor estaba por llegar, ya que el asedio apenas acababa de comenzar.
 

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-Los meses de asedio, hechos reseñables, liberación.

Realmente el asedio o intento de asedio acabó con el intento fallido de asalto a la ciudad, lo que nos tocó vivir fue un bloqueo. El camino sur a través de la carretera mordida quedó bloqueado por la tormenta de nieve, el camino hacia el este hacia las minas estaba ocupado por la horda al igual que los alrededores de la ciudad, y la propia mina servía de cuartel general al demiliche que la comandaba. La única vía no ocupada era la que iba hacia el norte, hacía Beregost. Dado que la orden era evitar que la ciudad fuese capturada, aunque el camino del Norte estaba desocupado la presencia de la horda nos impedía mover al ejército sin dejar a Nashkell desprotegida.

Durante los meses de asedio nos organizamos para hacer batidas regulares contra las tropas de la horda. En muchas de estas batidas logramos abrirnos paso hasta las cercanías de las minas, allí el agotamiento y la gran concentración de enemigos nos obligaba a darnos media vuelta.

Durante estos meses la situación en la ciudad y los alrededores se fue agravando poco a poco. Los campesinos y animales de los alrededores de la ciudad acabaron convertidos en no muertos, la escasez de alimentos fue haciendo mella entre la población (cosa que no ocurría con el alcalde, su mesa siempre rebosaba de comida), por suerte y gracias a la ayuda de druidas como Sanuye o Tyrael la situación fue llevada a un punto sostenible. Más adelante Eitmos consiguió teleportarse a la ciudad asiduamente llevando consigo más suministros y noticias del exterior.

Uno de los tantos días de asedio, Lady Emaleth y yo dimos con un crío que lloraba asustado, después de consolarlo y calmarlo un poco este nos condujo hasta su casa, donde al parecer su familia había enloquecido. Tras hacerlo marchar hasta la posada, Lady Emaleth y yo nos internamos en aquella destartalada casa, no tardaron en darnos un recibimiento un gran grupo de minero enloquecidos, que picos en mano se lanzaron sobre nosotras. La refriega no duró mucho y aquellos pobres desgraciados por fin encontraron la paz que no lograron en vida, de entre sus pertenencias, Emaleth obtuvo un plano bien detallado de las minas.

De vuelta a la posada, nos encontramos con un enorme revuelo, algo ocurría en la cocina. El crío que nos encontramos resultó no ser lo que aparentaba. Dorin, Wolfgan y Fflar le hacían frente. Los ojos del crío brillaban rojos y su voz, hueca, parecía venir del más allá. El ser no tardó en revelar su verdadera forma, una sombra, casi tan alta como un hombre, Emaleth y yo nos unimos al resto y comenzamos una lucha contra aquél ser, tras jugar con nosotros y hacer enloquecer al capitán enano desapareció esfumándose como si nada.

Estudiando aquél plano de las minas con el resto de Celestias, encontramos un canal de ventilación que unía el exterior de la mina con la zona más profunda de la misma. Pensamos que si lográbamos usar ese conducto de ventilación tal vez lográramos penetrar en la mina y atacar directamente al caudillo de la horda. Organizamos a un pequeño grupo, los magos nos teleportarían hasta la cercanías de la mina, evitando así al grueso de tropas, y una vez allí usaríamos el plano y ese conducto para llegar hasta el interior de la mina.

Por desgracia este plan tal y como se trazó nunca llegó ha hacerse, Dorin, Lagnar, Starion, una arcana y un pequeño grupo de voluntarios decidió abrirse paso hasta el interior de la mina, si bien lo consiguieron los mencionados al principio acabaron siendo victimas de un empeño y el grupo que los acompañaba quedó abandonado en las minas (aunque por suerte lograron salir). Aunque la mayoría de ellos logró eliminar aquél empeño, Dorin se quedó con él hasta casi el final del asedio.

Pocas semanas después de aquél suceso la tormenta de nieve cesó, y el paso de la carretera mordida quedó libre. El grueso de la horda acabó encerrándose en las minas y protegiendo la entrada a las mismas por una barrera mágica, el resto de la horda se esfumó. No sería hasta mucho después que supe que el final de la tormenta se logró gracias al sacrificio de algunos centinelas. Con los pasos libres, las tropas que quedaban en Nashkell regresaron al sur, aunque el asedio había acabado, el destino me haría volver a Nashkell varias veces más.
 

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-El imperio entra en juego. Segunda reforma en el ejército. Mi segunda vuelta a Nashkell.

A las pocas semanas de la liberación de Nashkell del sur llegaron rumores sobre un gran despliegue de tropas en los dientecillos. Semanas antes las patrullas que habían sido enviadas a la zona nunca regresaron. Finalmente los rumores tomaron forma cuando la pequeña aldea de Gámbiton cayó ante una “horda” en aquel momento desconocida para nosotros. Además una horda de no muertos salidos del cementerio de Imnescar asoló la ciudad, para luego ir hasta Gámbiton.

En aquel entonces y tras la batalla de Nashkell no se disponía de tropas suficientes para ir hasta Imnescar a proteger la ciudad que tras el ataque de no muertos había quedado en bandeja. Fue por esta época cuando se acometió la segunda reforma en el ejército. La legión triplicó sus efectivos y las tropas regulares del ejército fueron recompuestas hasta sus efectivos iniciales. Además Markus Harkon y Viktor Von Kessel fueron ascendidos a Tenientes dándoseles el mando de dos compañías. Por mi parte también fui ascendida a teniente y fue por esta época cuando Vleid se alistó en la legión. En lo que respecta a la legión, se disolvió la pequeña sección de arqueros y se pasó a tener tres compañías de infantería. Además se crearon los primeros regimientos para englobar a las tropas, cada uno al mando de un capitán. Ya se contaba sobre el papel con las milicias de cada ciudad así como con la flota de Amn, habían nacido también las figuras de capitanes como comandantes de cada regimiento.

Mientras estas reformas eran llevadas acabo Emaleth y yo fuimos llamadas a Nashkell otra vez. Encerrados en las minas seguían restos de la horda deslucida y junto con Starion Ders y un grupo de arcanas nos dispusimos a eliminar aquella amenaza. A diferencia que cuando los meses de asedio, el viaje hasta las minas resultó ser un tranquilo paseo. Ya en las minas pudimos ver la gran barrera de energia que nos bloqueaba el paso al interior. Mientras las magas se preparaban para disiparla, Emaleth sacó el plano que tomamos del minero muerto y juntas buscamos el túnel de ventilación que marcamos en el mapa meses atrás. Tras escalar alguna pendiente y pasar varios salientes dimos con aquel tunel, era lo suficientemente grande como para que entrase una persona (siempre que dejara caer su equipo antes que él). Ambas nos preparamos para la bajada mientras el resto iba llegando hasta nuestra posición. Poco a poco todos fuimos bajando con más o menos suerte, una vez abajo y siguiendo el plano pudimos comprobar que nos encontrábamos en una galería paralela a la que llevaba al nivel inferior. Tras andar un poco dimos con la pendiente de bajada, ya en el piso inferior nos encontramos con los primeros no muertos, eran pequeños grupos no tan numerosos como los que nos encontramos durante el asedio de la ciudad.

No nos costó demasiado abrirnos paso hasta el estrecho pasillo de piedra que conducía a una pequeña sala en el nivel inferior. Antes siquiera de que llegásemos al umbral del arco de piedra que hacía las veces de entrada a aquella caverna un gran grupo de no muertos acompañados de una enorme mole de carne putrefacta nos salió al paso, mientras Emaleth, Starion y yo conteníamos a aquella horda las arcanas conjuraban frenéticas a nuestras espaldas. Al poco del combate pudimos comprobar como toda la estancia comenzaba a temblar mientras cascotes de piedra empezaban a caer del techo. Tras dar muerte a nuestros oponentes y no pudiéndonos quedar allí mucho tiempo emprendimos la huida de aquél lugar. Al salir la gruta que dejábamos atrás quedaba derruida como pasaría con gran parte de la mina, cualquier no muerto que quedara allí debió ser sepultado o quedar atrapado, sea como fuere nadie llegaría a hacer uso de las minas pasado muchísimo tiempo.
 

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-El avance del imperio. La caída de Nashkell.

Con Imnescar arrasada por el ataque no muerto la ciudad carecía de medios para aguantar un ataque. Además se había perdido contacto con Gámbiton y las noticias que llegaban desde Esmeltaran no eran buenas. El bajá había reunido a todo aquél capaz de combatir y se había encerrado en la ciudad cortando toda comunicación con el exterior.
Las pocas razas antiguas que habitaban el páramo se habían marchado para unirse al imperio y se empezaba a tener noticias de flotas piratas merodeando el río Ésmel y Álandor.
El ataque no se hizo esperar, tropas del imperio cruzaron los dientecillos y ocuparon Imnescar si apenas resistencia, los pocos supervivientes, como Cronwell huyeron a Amnagua. Al poco de tomar la ciudad ésta comenzó a ser fortificada, ahora la región sur de Amn, desde los dientecillos hasta Gámbiton estaba bajo control del imperio.

En uno de mis informes recomendé al mando destruir dos puentes en la zona de los dientecillos (cosa que habría retrasando el avance sobre Imnescar dando tiempo a evacuar a los pocos supervivientes de la ciudad) y capturar otros dos en el camino del comercio. Por desgracia en estos primeros compases de la guerra el mando demostró una gran falta de iniciativa tal vez superado por la situación. El caso es que no se tomó ninguna acción de contraofensiva por su parte durante el comienzo de la campaña, fueron los Celestias quienes tras reunir algunos voluntarios intentaron hacer una incursión sobre Imnescar sin ningún éxito.

Al poco la ofensiva del imperio continuó, en pocos días tomaron casi todo el camino del comercio y se prepararon para atacar Purskull. Nuevamente fue un grupo de voluntarios y no el ejército el que se personó para hacer frente, entre los asistentes entre los que estaban personalidades como el Thane Thorek, o Lyan Sancor, nos encontramos con la avanzadilla imperial muy cerca de las lindes de la ciudad. Esta vez si se le pudo hacer frente haciéndola retroceder hasta el puente cercano a la ciudad donde conseguimos montar una buena resistencia, aun así desde la otra orilla podíamos ver una interminable hueste de tropas. Tomándome la licencia que no se me dio desde el mando, destruí aquél puente, más de la mitad del mismo se volatilizó junto con las criaturas que había sobre él tras acabar mi salmo. Al poco la hueste enemiga comenzó a retirarse, por ahora el avance imperial se había frenado.

Mientras tanto, Nashkell sufría asedio. Aprovechando el caos general el caballero Starion al mando de un ejército banita atacaba la ciudad. Ya desde el asedio de la horda Starion había estrechado lazos con la ciudad hasta tal punto que el alcalde de la misma lo nombro su mano derecha dándole libertad para administrar justicia.
Tras el sitio de la horda Nashkell había quedado muy tocada y con la situación general que pasaba Amn Starion no pudo escoger mejor momento para tomar la ciudad, hecho que es de mención pero que queda empañado con la posterior masacre que se hizo en el templo helmita.
 

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-Mi tercera vuelta a Nashkell. Las gentes del bosque y su guerra.

Al poco de la toma de Nashkell el consejo me llama ante su presencia. Se me encomienda introducir un destacamento de hombres en el territorio ocupado por Starion, instalar un campamento y proteger la infiltración en la ciudad de un espía del consejo.

De vistas hacía fuera el consejo mantuvo contactos con Starion a través del bardo Hermes, que a su vez me informaba a mi sobre el contenido de dichas conversaciones. Starion temía una guerra abierta con Amn, por lo que buscaba una tregua. Amn siguió este juego de negociaciones hasta que finalmente se informó a Nashkell que Amn dejaría las negociaciones con los traidores.

Tras informarme de mi misión se mandó a las inmediaciones de Nashkell a una de las secciones de la legión al mando del capellán Klaive. Yo misma y en aquél entonces el sargento Vleid, junto con Hermes escoltamos al espía del consejo desde nuestro campamento en el camino empedrado hasta Nashkell. Al llegar fuimos informados que el avance de la legión no fue detectado, es más, en toda la carretera mordida no había ni una sola tropa enemiga. Además de eso se nos informó que las puertas de la ciudad tan solo se abrían dos veces al día. Aprovechando este último dato el espía del consejo nos abandonó para entrar en la ciudad con la caída del sol.

Cada hora que pasábamos en territorio enemigo nos ponía en peligro de ser descubiertos, por lo que aquél espía debería regresar para el alba. Evidentemente eso no pasó, entrada la mañana, Vleid, Hermes y yo abandonamos el campamento y nos internamos camino de las minas. No podíamos entrar en la ciudad pero si podíamos sacar información a algún campesino o minero. A medio camino de las minas divisamos a tres soldados banitas, Hermes sugirió capturar a uno y mediante sus dotes obtener algo de información. Preparamos una pequeña emboscada, matamos a dos de los soldados y dejamos malherido a un tercero, tras eso Hermes entró en escena, mediante su magia tomó posesión de la mente del soldado y obtuvimos útiles datos, como el número de enemigos, que zonas vigilaban y con que aliados contaban. Tras aquello regresamos al campamento donde Klaive nos dijo que el espía del consejo había regresado hacía unas horas bastante malherido aunque a salvo, se levantó el campamento y regresamos a Amn.

Semanas después Amn cortaba relaciones con Nashkell y se declaraba hostil, a la misma vez se me encomendaba la misión de retomar la ciudad, y sobretodo sus minas.

Durante los primeros meses de la guerra y hasta la batalla de Purskull donde la iniciativa del conflicto cambió de bando, fueron las gentes de los bosques las que se mantuvieron más activas. Será ellos los únicos que ataquen al enemigo en las zonas ocupadas, realizarán emboscadas, recopilarán información y finalmente serán los responsables del hundimiento de la flota enemiga. Fueron una herramienta clave, ala vez que desconocida, y a través de la dama Sanuye que me informaba a mi se pudo hacer llegar hasta el ejército la información que obtenían.
 

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-Batalla de Imnescar. El final de la guerra contra el imperio. Nashkell y su curioso destino.

El frente principal partió de Purskull con las primeras luces del día, en él marchaba la legión, diez regimientos venidos desde Eshpurta, la orden, los celestias, el clan enano tropas mercenarias junto con la milicia y un grupo de encapuchados como apoyo. Las tropas avanzaron por el camino del comercio fácilmente y sin demasiada demora, el primer problema serio ocurrió a la altura del puente cercano a la ciudad de Imnescar, allí y mientras las primeras tropas comenzaban a cruzar el puente sufrimos una dura emboscada. Aunque la emboscada fue repelida, llegaron a causar bastantes bajas entre la tropa, tras este primer encontronazo el ejército avanzó hasta formas a las afueras de Imnescar.

En el flanco izquierdo formaron los caballeros celestias apoyados por la legión más un regimiento de soldados de Amn. En el centro se colocaron los enanos del clan apoyados por cuatro regimientos de soldados de Amn. En el flanco derecho formó la orden apoyada por otro regimiento de soldados de Amn. A todas estas tropas las apoyaban el grupo de magos encapuchados, la milicia y los mercenarios quedaron en la reserva.
Con esta formación se comenzó a avanzar hacia la ciudad. Los magos fueron los primeros en atacar, hicieron caer sobre la ciudad una enorme tromba de meteoritos, que fue repelida por las protecciones mágicas que poseía la ciudad, fue entonces cuando los encapuchados comenzaron a anular dichas protecciones.
Conforme la cercanía de nuestras tropas a la ciudad era más evidente comenzaron a disparar sobre ellas las armas de asedio, éstas causaron enormes bajas entre el enorme grupo de soldados que formaban el frente de ataque, además desde la ciudad comenzaron a salir tropas enemigas que comenzaron a hostigarnos. El avance hasta las murallas se hizo muy penoso y se tardo horas en poder llegar hasta ellas.

En el frente de los dientecillos la situación era igual de complicada, las tropas aliadas de Amn avanzaban penosamente por la cordillera y a un coste bastante elevado, aun así consiguieron despejar los pasos de la montaña y llegar hasta las murallas de la ciudad como había hecho el frente principal.

Tras tomar un breve descanso se reanudaron los ataques, en el centro los enanos y soldados de Amn se abrían paso lenta pero progresivamente entre la enorme marea de enemigos, en el flanco derecho la orden conseguía deshacerse de las defensas enemigas y comenzaba a tomar posiciones en las murallas de la ciudad. Por el flanco izquierdo celestias, legión y soldados de Amn barrían las murallas de enemigos. La batalla se había tomado ya toda la tarde y la noche comenzaba a caer, nuestras tropas ya habían comenzado a entrar en la ciudad, y de hecho se pudo llegar hasta casi el centro de la misma. Fue aquí cuando el enemigo mostró su verdadero plan, una serie de temblores comenzaron a azotar la ciudad, al poco la propia tierra comenzó a abrirse dejando paso a enormes ríos de lava, los más afortunados pudieron correr hasta las afueras de la ciudad o subirse a los tejados de las casas, los menos perecieron quemados en el magma. Las pocas tropas que quedaron en la ciudad fueron rescatadas por dos dragones.

Semanas después de la batalla de Imnescar un grupo de oficiales entre los que estaba los tenientes Markus, Viktor y yo misma junto con una pequeña escolta se reunieron con tres representantes del imperio. Allí se firmó un humillante tratado en el que Amn renunciaba a la soberanía de los territorios al sur del país, que pasaron a ser zona neutral, se pagó a Amn la irrisoria suma de 100.000 darthenes a modo de compensación, todo a cambio de que el país pudiera hacer uso comercial del puerto de Murann.
La guerra había costado al país la pérdida de más de 3/4 del ejército, la pérdida de la soberanía de los territorios al sur de Amn, además de la pérdida de Gámbiton que pasaba ahora a formar parte de Esmeltaran que había conseguido una casi independencia con respecto a Amn y aun seguía quedando la espina de Nashkell, el camino del comercio había quedado lleno de las huídas de la batalla en Purskull.

Bastantes meses después del fin de la guerra, se me citaba en el consejo, allí la dama Bylanna me informaba que el plan de ataque sobre Nashkell que se tenía previsto quedaba pospuesto, al final se iba a optar por un ataque frontal a la ciudad apoyado por las tropas del León de Misnor, que en palabras suyas, se habia aliado con Starion para luego traicionarlo.
Finalmente y como cualquiera que se hubiese molestado en leer mis informes habría supuesto, el ataque quedo en una burda pelea entre las tropas que se enviaron a liberar la ciudad y los no muertos que Starion había enterrado por el camino que lleva hasta Nashkell, esta lucha o tal vez el filtrado de información, dio a Starion el tiempo suficiente para huir de Nashkell con sus tropas y toda la población.
Según se me informó después del ataque, tan solo un miembro de la familia matanecrarios quedó en la ciudad, del destino de los habitantes de Nashkell nada se supo, pero no debió ser nada provechoso sobretodo para aquellos que no aceptaran al fe banita.

Fdo: Coria Fearina. Dama de Campo, caballero celestia y subcomandante de la milicia y legión.
 
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