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Como NO cocinar bayas - Kennan Hawker

MotiSJL

Minsorrano sin caminos
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Bueno.


Voy a contar algo que pasó. Lo cuento porque el Padre Ossian decía que los errores hay que admitirlos en voz alta para que no se repitan. Y porque si no lo cuento yo lo va a contar alguien que lo vio y prefiero la versión mía.




PRIMERA PARTE: LA RECOLECCIÓN


Fui al campo a recolectar bayas acuosas. Que son un ingrediente básico de herboristería según el libro que estoy estudiando. Páginas tres y cuatro. Lo leí varias veces. Bueno lo leí una vez y media porque a mitad de la segunda me distraje con algo pero creo que pillé lo esencial.


La recolección fue bien. Mejor de lo que esperaba. Encontré las plantas. Identifiqué las bayas correctas. Las recolecté con cuidado. Me manché los dedos de azul que según el libro es señal de que son las buenas.


Volví al templo con las bayas. Contento. Con los dedos azules. Con ganas de hacer mi primer preparado herborístico.


¡BUENO!




SEGUNDA PARTE: LA COCCIÓN


Aquí es donde las cosas se complicaron.


El libro decía que había que cocer las bayas a fuego lento. Que es una instrucción que parece clara. Fuego. Lento. Dos palabras. Sencillo.


Lo que el libro no especificaba es cuánto es lento exactamente. Y yo tengo una relación complicada con la paciencia que ya sabéis todos los que me conocéis.


Puse las bayas al fuego.


Esperé.


Esperé más.


Miré las bayas. Seguían igual. El fuego parecía demasiado lento. Pensé que igual podía subirlo un poco para acelerar el proceso. Solo un poco.


Subí el fuego un poco.


Seguían igual. Subí un poco más.


Me distraje con algo. No voy a decir con qué porque no viene al caso y además me da vergüenza.


Volví.


Las bayas estaban negras.


No un poco negras. Negras negras. Del color del carbón. Humeando. Con un olor que prefiero no describir pero que hizo que dos personas del templo se asomaran a ver qué pasaba.




TERCERA PARTE: LAS CONSECUENCIAS


Tuve que abrir las ventanas.


Todas las ventanas.


El humo tardó un rato en salir. Durante ese rato tuve que explicar lo que había pasado a varias personas que pasaban por allí y que me miraban con una cara que no voy a intentar describir.


Les dije que era parte del proceso de aprendizaje.


Me miraron con más cara todavía.


Los dedos siguen azules por cierto. Las bayas quemadas también tiñen. Por si alguien tenía curiosidad.


¡BUENO!


 
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