Alexander901
Donante voluntario de sangre
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Athaen caminaba lentamente por el camino del río. Paró a reposar y a comerciar en el campamento de los enanos y fue entonces cuando lo vio. Un caballo alado pasaba volando por encima de él dirección Crimmor. Rápidamente recogió sus cosas y salió corriendo hacia allí tan rápido como pudo, evitando trolls y ogros que se encontraba por el camino.
Atravesó las murallas de Crimmor y siguió hacia el Este, siguiendo la estela de la criatura alada, llegando a los pantanos que había más allá del pequeño claro. Allí estaba el caballo, con las alas plegadas y un hombre de vestimentas rojas encima. Había dos bandidos en el suelo y todo alrededor cubierto de sangre. El hombre se marchó a Crimmor y el caballo se transformó con rapidez en una mujer, que se agachó para intentar ayudar a los heridos. Estaban muertos. Athaen se acercó y observó las heridas. Habían sido producidas por alguien bastante experimentado y que sabía dónde golpear. El agudizado oído de Athaen le hizo saber que en varios metros a la redonda todo era silencioso, algo había hecho huir a los animales y demás habitantes del lugar.
La mujer se acercó a un árbol cercano y colocó la mano sobre la corteza mientras murmuraba unas palabras. El árbol cobró conciencia y la druida tuvo una conversación con él, preguntando lo ocurrido. De mientras, Athaen mantenía sus sentidos atentos, observando a todos lados y también los cadáveres. Había unas grandes huellas junto a los cuerpos que él no podía descifrar, por lo que esperó a que la druida terminase de conversar con el árbol.
Cuando ésta volvió, contó lo obtenido a Athaen.
Parece ser que hay algo que daña las raíces de los árboles, bajo tierra... - Murmuró la druida pensativa.
¿Estas huellas te recuerdan a algo? - Dijo Athaen señalando.
La druida se acercó y observó sorprendida, no parecía haberlas visto, y se quedó aún más pensativa al observarlas. Cuando volvió en sí fue con un gesto de exclamación y sorpresa.
¡Claro, cómo no se me había ocurrido...!
¿Qué ocurre? - Preguntó Athaen.
Criaturas subterráneas. Son tiburones de tierra... - Respondió la druida.
¿Y eso qué es? - Interrogativo Athaen enarcó una ceja.
Son criaturas que miden diez metros de largo al menos, con afilados y largos dientes, y un insaciable apetito. Creo que los tiburones no fueron los causantes de estas muertes, habrían devorado a los hombres. Seguramente los bandidos intentaron simplemente robar a alguien que no debían.
De repente, el suelo comenzó a temblar. Algo salió del suelo a varios metros. Una criatura muy grande que comenzó a devorar a un bandido que había más allá. Era un tiburón de tierra, un terrarón. Ambos se acercaron sigilosos para ver más de cerca. La criatura no parecía haberse dado cuenta de sus presencias. Se miraron el uno al otro.
No podemos dejarlo aquí ni llevarlo a otro sitio. Sólo podemos hacer una cosa, acabar con él. - Susurró la druida.
Athaen asintió tras un suspiro y preparó una flecha en su arco. De mientras la druida murmuró unas palabras y convocó un Guardián de Árboles, un Ent. Pronunció conjuros protectores a ella misma y al Ent, y dio la señal a Athaen para que disparara. Él lo hizo. Esta vez acertó, aunque no hizo más que un leve pinchazo a la criatura, que al sentirlo, se dio la vuelta y comenzó a correr a por él. El Ent se interpuso en el camino y acabó con el Terrarón en apenas tres golpes bien dados. La pareja se acercó a la criatura muerta, observando su estado. El Terrarón era hembra y parecía haber puesto los huevos ya. Athaen miró por el lugar y consiguió hallar un agujero, que seguramente llevaría a la madriguera del Terrarón. El explorador dejó caer una espada comprobando la altura y que no había nada debajo. Y después de ello, ambos bajaron, dejando al Guardián de Árboles descansar en su anterior posición.
Estaba todo oscuro. La druida pronunció unas palabras e hizo que ambos tuvieran una mejor vista en la oscuridad mágicamente. Comenzaron a recorrer las galerías con cautela y marcando las paredes con una flecha para recordar el camino de vuelta. Un grupo de arañas de pequeño tamaño atacó a la pareja y éstos no tuvieron más que hacer que reducirlas.
Por aquí no estará el nido. - Dijo la druida.
Athaen asintió y ambos se giraron para seguir por el otro camino. Caminaron durante varios minutos hasta llegar a una entrada algo más amplia. En ella había otro Terrarón, probablemente el macho, que caminaba de allá para acá. Tocaba hacer lo mismo que hicieron arriba por lo que la druida convocó a un gran elemental de tierra, que produjo un ruido tan alto como para que el Terrarón lo escuchara y se lanzara contra ellos. El Terrarón fue reducido por el elemental después de algunos golpes. La druida cogió todo lo útil para no desaprovechar la muerte, como también lo hizo con el Terrarón de arriba.
Unos metros más adelante encontraron lo que parecía ser su almacén de comida. Había cuerpos de diversas razas esparcidos por el suelo. Rebuscaron entre los cadáveres y la druida cogió un par de pergaminos, en cambio Athaen cogió algunas cosas más entre las que destacaban vendas y otros objetos de sanación, dejando la mayoría de pertrechos y equipamiento de los muertos en su sitio.
Siguieron por otra de las galerías de aquel lugar para por fin hallar el nido. Había un total de ocho huevos dispersos en grupos de dos. Se detuvieron, pensando en qué podrían hacer con ellos.
Los mercaderes pagarían bastante por unos huevos como estos... - Dijo la druida mirando a Athaen de reojo.
No importa lo que los mercaderes puedan dar, además no confío en lo que pueda hacer con ellos. - Respondió Athaen seguro de sí.
Llevaremos algunos al Consejo, ellos podrán decirnos qué hacer con los huevos.
La druida recogió un par de huevos y Athaen otro. Los demás fueron destrozados por el elemental para que sirvieran de alimento a los otros animales de la cueva. Salieron de la cueva y volvieron a Crimmor. Hablaron con el alcalde y allí fueron recompensados. Después se presentaron y cada uno marchó por su lado, quedando en que debían hablar con el Consejo.
Atravesó las murallas de Crimmor y siguió hacia el Este, siguiendo la estela de la criatura alada, llegando a los pantanos que había más allá del pequeño claro. Allí estaba el caballo, con las alas plegadas y un hombre de vestimentas rojas encima. Había dos bandidos en el suelo y todo alrededor cubierto de sangre. El hombre se marchó a Crimmor y el caballo se transformó con rapidez en una mujer, que se agachó para intentar ayudar a los heridos. Estaban muertos. Athaen se acercó y observó las heridas. Habían sido producidas por alguien bastante experimentado y que sabía dónde golpear. El agudizado oído de Athaen le hizo saber que en varios metros a la redonda todo era silencioso, algo había hecho huir a los animales y demás habitantes del lugar.
La mujer se acercó a un árbol cercano y colocó la mano sobre la corteza mientras murmuraba unas palabras. El árbol cobró conciencia y la druida tuvo una conversación con él, preguntando lo ocurrido. De mientras, Athaen mantenía sus sentidos atentos, observando a todos lados y también los cadáveres. Había unas grandes huellas junto a los cuerpos que él no podía descifrar, por lo que esperó a que la druida terminase de conversar con el árbol.
Cuando ésta volvió, contó lo obtenido a Athaen.
Parece ser que hay algo que daña las raíces de los árboles, bajo tierra... - Murmuró la druida pensativa.
¿Estas huellas te recuerdan a algo? - Dijo Athaen señalando.
La druida se acercó y observó sorprendida, no parecía haberlas visto, y se quedó aún más pensativa al observarlas. Cuando volvió en sí fue con un gesto de exclamación y sorpresa.
¡Claro, cómo no se me había ocurrido...!
¿Qué ocurre? - Preguntó Athaen.
Criaturas subterráneas. Son tiburones de tierra... - Respondió la druida.
¿Y eso qué es? - Interrogativo Athaen enarcó una ceja.
Son criaturas que miden diez metros de largo al menos, con afilados y largos dientes, y un insaciable apetito. Creo que los tiburones no fueron los causantes de estas muertes, habrían devorado a los hombres. Seguramente los bandidos intentaron simplemente robar a alguien que no debían.
De repente, el suelo comenzó a temblar. Algo salió del suelo a varios metros. Una criatura muy grande que comenzó a devorar a un bandido que había más allá. Era un tiburón de tierra, un terrarón. Ambos se acercaron sigilosos para ver más de cerca. La criatura no parecía haberse dado cuenta de sus presencias. Se miraron el uno al otro.
No podemos dejarlo aquí ni llevarlo a otro sitio. Sólo podemos hacer una cosa, acabar con él. - Susurró la druida.
Athaen asintió tras un suspiro y preparó una flecha en su arco. De mientras la druida murmuró unas palabras y convocó un Guardián de Árboles, un Ent. Pronunció conjuros protectores a ella misma y al Ent, y dio la señal a Athaen para que disparara. Él lo hizo. Esta vez acertó, aunque no hizo más que un leve pinchazo a la criatura, que al sentirlo, se dio la vuelta y comenzó a correr a por él. El Ent se interpuso en el camino y acabó con el Terrarón en apenas tres golpes bien dados. La pareja se acercó a la criatura muerta, observando su estado. El Terrarón era hembra y parecía haber puesto los huevos ya. Athaen miró por el lugar y consiguió hallar un agujero, que seguramente llevaría a la madriguera del Terrarón. El explorador dejó caer una espada comprobando la altura y que no había nada debajo. Y después de ello, ambos bajaron, dejando al Guardián de Árboles descansar en su anterior posición.
Estaba todo oscuro. La druida pronunció unas palabras e hizo que ambos tuvieran una mejor vista en la oscuridad mágicamente. Comenzaron a recorrer las galerías con cautela y marcando las paredes con una flecha para recordar el camino de vuelta. Un grupo de arañas de pequeño tamaño atacó a la pareja y éstos no tuvieron más que hacer que reducirlas.
Por aquí no estará el nido. - Dijo la druida.
Athaen asintió y ambos se giraron para seguir por el otro camino. Caminaron durante varios minutos hasta llegar a una entrada algo más amplia. En ella había otro Terrarón, probablemente el macho, que caminaba de allá para acá. Tocaba hacer lo mismo que hicieron arriba por lo que la druida convocó a un gran elemental de tierra, que produjo un ruido tan alto como para que el Terrarón lo escuchara y se lanzara contra ellos. El Terrarón fue reducido por el elemental después de algunos golpes. La druida cogió todo lo útil para no desaprovechar la muerte, como también lo hizo con el Terrarón de arriba.
Unos metros más adelante encontraron lo que parecía ser su almacén de comida. Había cuerpos de diversas razas esparcidos por el suelo. Rebuscaron entre los cadáveres y la druida cogió un par de pergaminos, en cambio Athaen cogió algunas cosas más entre las que destacaban vendas y otros objetos de sanación, dejando la mayoría de pertrechos y equipamiento de los muertos en su sitio.
Siguieron por otra de las galerías de aquel lugar para por fin hallar el nido. Había un total de ocho huevos dispersos en grupos de dos. Se detuvieron, pensando en qué podrían hacer con ellos.
Los mercaderes pagarían bastante por unos huevos como estos... - Dijo la druida mirando a Athaen de reojo.
No importa lo que los mercaderes puedan dar, además no confío en lo que pueda hacer con ellos. - Respondió Athaen seguro de sí.
Llevaremos algunos al Consejo, ellos podrán decirnos qué hacer con los huevos.
La druida recogió un par de huevos y Athaen otro. Los demás fueron destrozados por el elemental para que sirvieran de alimento a los otros animales de la cueva. Salieron de la cueva y volvieron a Crimmor. Hablaron con el alcalde y allí fueron recompensados. Después se presentaron y cada uno marchó por su lado, quedando en que debían hablar con el Consejo.