Wisperwind
</c> de Minikanyas
- Registrado
- 1/10/14
- Mensajes
- 1,145
*Iniciando una campaña de concieciación a los pequeños de Amn, en los últimos días se ha visto a un grupo de la Orden del Fénix, de los cuales entre sus presentes estaban Anisse Altramuz, Aedan Greysword, Godric de Lathander, y Talen Arna. Haciendo visitas a los niños del hospicio, y con la clara intención de llevar ese saber a todo pequeño de Amn
Se les conciencio de los peligros existentes, por medio de la ilustración con un cuento escrito por la misma Marceline Brillodorado.
Para así en el futuro, no confíen en extraños sin mas, buscando así evitar que no sigan dándose los ataques a niños como han ido pasando en el pasado*
Cuento de Marceline
Perillan y Luck, vivían en el e orfanato de Ankhatla, eran dos buenos chicos, aunque un poco traviesos, a Perillan le gustaba colarse en la cocina para poder comer masa de galletas y Luck seguía fielmente a su compañero a cualquier parte. Las monjas los conocían y reñían sus fechorías con cariño, pues solo eran unas travesurillas que no hacían daño a nadie, pero Perillan y Luck se metieron en un lió una vez uno muy grave y peligroso, aburridos de estar siempre en el orfanato saltaron sus muros y se colaron en la ciudad de la monedas, vieron su calles llenas de gente, sus mercados repletos de actividad, los barcos saliendo de puerto hacia lugares inimaginables, fue el mejor día de sus vidas, no paraban de correr y reír, pero recordad que cada moneda tiene dos caras y las monjas estaban preocupadas por sus pobre niños y no los dejaban de buscar, cuando callo la noche la búsqueda se volvió frenética, pues los niños no tenían abrigo y aquella estaba siendo una noche especialmente fría
Peri...hace mucho frió, deberíamos volver – Dijo Luck exhalando su aliento en sus manos
Ya Luck, eso intento pero....es que no se donde estamos, todas estas calles parece iguales
Quizás yo pueda orientaros jovencitos – La mujer hablo tras ello luciendo una cálida sonrisa, sus vestidos nuevos de color morado y negro le daba un aspecto imponente
¿Y tu quien eres? - Dijo Perillan alzando la barbilla
Soy una amiga, no puedo dejaros a solas por aquí, venid a mi casa, os preparare un buen tazón de rico chocolate, seguro que no lo habéis probado jamas
No deberíamos señora, queremos volver al orfanato, es muy tarde – Luck miro a Perillan asintiendo aunque la idea de ese extraño chocolate lo atraía
Claro, lo se, se que sois pequeños del orfanato, pero esta noche no podéis volver allí, es muy peligroso, mañana os llevare allí si queréis, pues estoy tan sola...siempre quise tener un pequeño como vosotros.
La idea de ser adoptados, de tener una madre es algo a lo que ningún niño puede resistirse, con gesto miedoso ambos pequeños aceptaron la mano de la mujer que con una sonrisa los guió por las calles, hasta un largo callejón alumbrado por un fanal que se mecía por el viento, la luz y el calor del fuego asomaban tímidamente bajo el hueco de la puerta llamando a sus invitados, los tres entraron a la casa que tenia un aire acogedor y hogareño y los pequeños fueron hacia la chimenea para quitarse el frió de las calles.
Bien pequeños, aquí tenéis, chocolate – Dijo la mujer tendiéndoles unas pizcas de una comida marrón y dulzona
¡Gracias señora! - Gritaron los dos a la par mientras tragaban el manjar con una sonrisa
Ahora podéis ir a dormir, que mañana sera otro día, os he preparados unos colchones en la parte de arriba
Si señorita - Los niños diligentemente subieron las escaleras mientras la mujer les sonreía mostrando sus perlados dientes.
Los pequeños cayeron redondos de sueño al tocar las camas, durmieron plácidamente, hasta que a Perillan le despertó un silbido, un suave ziiis zissss que se alargaba como en una caricia fría, salio de la cama y bajo por la escalera, el fuego en la chimenea ya no ardía, pero allí abajo el sonido era mas fuerte, lo siguió hasta una puerta bajo la escalera que cruzo y empezó a bajar paso a paso los escalones, allí en el sótano aun había luz y pudo ver a la mujer de espaldas encorvada sobre una mesa de trabajo, moviendo los brazos y sacando el Zissss en cada golpe, cuando Perillan amplio la vista vio que las paredes estaban llenas de herramientas, de serruchos, pinceles, martillos, garfios, picolas y otros muchos elementos metálicos que no reconoció, estaba allí congelado por la curiosidad, pero luego fue el miedo el que lo congelo, cuando se fijo en la estantería a la izquierda que quedaba bajo la escalera, en el tarro de ojos que giraban en un liquido ámbar y le devolvían la mirada, el Zisss se alargo un instante y luego solo silencio, Perillan miro hacia la mujer que le sonreía con una mirada de afilados colmillos
Que pequeño tan curioso – La mujer alzo el largo y ancho cuchillo que había estado afilando – Te encantara ser el primero ¡Ven aquí!
Perillan subió las escaleras como alma que lleva al diablo, arrojo a su salida el mueble que estaba en el salón junto a la puerta y siguió corriendo hacia el segundo piso
¡Luck! Despierta, corre despierta – Luck frotándose los ojos y sin entender nada miro a su amigo, Perillan no tenia tiempo de explicar nada, tomo el brazo de su camarada y lo llevo hasta la venta que abrió con esfuerzo, justo cuando la ventana dio en el marco, la mujer entro por la puerta sonriente – ¡Salta! - Grito Perillan dejándose caer al tejadillo y deslizándose por las tejas tirando de su amigo que bajaba con menos estilo.
Ambos dieron de bruces en el suelo rompiendo unas cajas de madera colocadas en la calle, magullados y asustados emprendieron la carrera, Perillan le gritaba, quiere comernos, a un Luck que no acababa aun de recuperarse de su mal despertar, cuando estaban al final de la calle, vieron como la mujer descendía suavemente desde el tejado con una amplia sonrisa, eso los animo a correr mas.
Los niños ya estaban exhaustos y agotados, no podían correr ni un segundo mas y se dejaron caer en el suelo, respiraron unos segundos recuperando el aliento, cuando la mujer cruzo la esquina, les sonreía mientras pasaba el pulgar por el cuchillo.
Niños malos, os gusta escaparos, del orfanato, de mi casa, os gusta confiar en desconocidos ¿No sabéis que el mundo esta lleno de monstruos? Menos mal que no...por que entonces...¿Que comeríamos los monstruos como yo? - Alzo el cuchillo por encima de su cabeza mirando a los pequeños que se habían acurrucado el uno con el otro y justo cuando iba a bajar su arma contra ellos, su mirada se volvió abrupta, desenfocada mirando al fondo de la calle, lanzando bufidos de molestia
Atrás demonio, estos niños no serán tuyos, ni hoy ni nunca, pues son mis pequeños y nadie los tocara mientras viva – La hermana Ines avanzaba con paso firme mientras sostenía en alto un símbolo resplandeciente del dios Ilmater
Eso no podrá detenerme durante mucho....solo retrasas un poco las cosas – La malvada mujer sonrió mostrando sus largos colmillos
Pero conmigo si te detendremos
Y conmigo
Yo también estoy aquí – La mayoría de las monjas de San Annur no habían cejado en la búsqueda de los niños y todas sostenían en alto el símbolo, la mujer miro con horror que estaba rodeada y miro a los niños.
Seguid así pequeños...escapaos, cometed travesuras...por que yo...yo os estaré esperando – La mujer alzo los brazos y subió lentamente mientas su cuerpo cambiaba y se convertía en un murciélago que se perdía en la noche.
Las monjas siempre cuidaron de Perillan y Luck esa noche y todas las noches, a ellos dos y al resto de sus hermanos y hermanas, pero la malvada mujer de aquella noche espera a que algún niño, se equivoque y confié en ella para llevárselo para siempre.
Fin
Por Marceline Brillodorado
Se les conciencio de los peligros existentes, por medio de la ilustración con un cuento escrito por la misma Marceline Brillodorado.
Para así en el futuro, no confíen en extraños sin mas, buscando así evitar que no sigan dándose los ataques a niños como han ido pasando en el pasado*
Cuento de Marceline
Una aventura peligrosa
Perillan y Luck, vivían en el e orfanato de Ankhatla, eran dos buenos chicos, aunque un poco traviesos, a Perillan le gustaba colarse en la cocina para poder comer masa de galletas y Luck seguía fielmente a su compañero a cualquier parte. Las monjas los conocían y reñían sus fechorías con cariño, pues solo eran unas travesurillas que no hacían daño a nadie, pero Perillan y Luck se metieron en un lió una vez uno muy grave y peligroso, aburridos de estar siempre en el orfanato saltaron sus muros y se colaron en la ciudad de la monedas, vieron su calles llenas de gente, sus mercados repletos de actividad, los barcos saliendo de puerto hacia lugares inimaginables, fue el mejor día de sus vidas, no paraban de correr y reír, pero recordad que cada moneda tiene dos caras y las monjas estaban preocupadas por sus pobre niños y no los dejaban de buscar, cuando callo la noche la búsqueda se volvió frenética, pues los niños no tenían abrigo y aquella estaba siendo una noche especialmente fría
Peri...hace mucho frió, deberíamos volver – Dijo Luck exhalando su aliento en sus manos
Ya Luck, eso intento pero....es que no se donde estamos, todas estas calles parece iguales
Quizás yo pueda orientaros jovencitos – La mujer hablo tras ello luciendo una cálida sonrisa, sus vestidos nuevos de color morado y negro le daba un aspecto imponente
¿Y tu quien eres? - Dijo Perillan alzando la barbilla
Soy una amiga, no puedo dejaros a solas por aquí, venid a mi casa, os preparare un buen tazón de rico chocolate, seguro que no lo habéis probado jamas
No deberíamos señora, queremos volver al orfanato, es muy tarde – Luck miro a Perillan asintiendo aunque la idea de ese extraño chocolate lo atraía
Claro, lo se, se que sois pequeños del orfanato, pero esta noche no podéis volver allí, es muy peligroso, mañana os llevare allí si queréis, pues estoy tan sola...siempre quise tener un pequeño como vosotros.
La idea de ser adoptados, de tener una madre es algo a lo que ningún niño puede resistirse, con gesto miedoso ambos pequeños aceptaron la mano de la mujer que con una sonrisa los guió por las calles, hasta un largo callejón alumbrado por un fanal que se mecía por el viento, la luz y el calor del fuego asomaban tímidamente bajo el hueco de la puerta llamando a sus invitados, los tres entraron a la casa que tenia un aire acogedor y hogareño y los pequeños fueron hacia la chimenea para quitarse el frió de las calles.
Bien pequeños, aquí tenéis, chocolate – Dijo la mujer tendiéndoles unas pizcas de una comida marrón y dulzona
¡Gracias señora! - Gritaron los dos a la par mientras tragaban el manjar con una sonrisa
Ahora podéis ir a dormir, que mañana sera otro día, os he preparados unos colchones en la parte de arriba
Si señorita - Los niños diligentemente subieron las escaleras mientras la mujer les sonreía mostrando sus perlados dientes.
Los pequeños cayeron redondos de sueño al tocar las camas, durmieron plácidamente, hasta que a Perillan le despertó un silbido, un suave ziiis zissss que se alargaba como en una caricia fría, salio de la cama y bajo por la escalera, el fuego en la chimenea ya no ardía, pero allí abajo el sonido era mas fuerte, lo siguió hasta una puerta bajo la escalera que cruzo y empezó a bajar paso a paso los escalones, allí en el sótano aun había luz y pudo ver a la mujer de espaldas encorvada sobre una mesa de trabajo, moviendo los brazos y sacando el Zissss en cada golpe, cuando Perillan amplio la vista vio que las paredes estaban llenas de herramientas, de serruchos, pinceles, martillos, garfios, picolas y otros muchos elementos metálicos que no reconoció, estaba allí congelado por la curiosidad, pero luego fue el miedo el que lo congelo, cuando se fijo en la estantería a la izquierda que quedaba bajo la escalera, en el tarro de ojos que giraban en un liquido ámbar y le devolvían la mirada, el Zisss se alargo un instante y luego solo silencio, Perillan miro hacia la mujer que le sonreía con una mirada de afilados colmillos
Que pequeño tan curioso – La mujer alzo el largo y ancho cuchillo que había estado afilando – Te encantara ser el primero ¡Ven aquí!
Perillan subió las escaleras como alma que lleva al diablo, arrojo a su salida el mueble que estaba en el salón junto a la puerta y siguió corriendo hacia el segundo piso
¡Luck! Despierta, corre despierta – Luck frotándose los ojos y sin entender nada miro a su amigo, Perillan no tenia tiempo de explicar nada, tomo el brazo de su camarada y lo llevo hasta la venta que abrió con esfuerzo, justo cuando la ventana dio en el marco, la mujer entro por la puerta sonriente – ¡Salta! - Grito Perillan dejándose caer al tejadillo y deslizándose por las tejas tirando de su amigo que bajaba con menos estilo.
Ambos dieron de bruces en el suelo rompiendo unas cajas de madera colocadas en la calle, magullados y asustados emprendieron la carrera, Perillan le gritaba, quiere comernos, a un Luck que no acababa aun de recuperarse de su mal despertar, cuando estaban al final de la calle, vieron como la mujer descendía suavemente desde el tejado con una amplia sonrisa, eso los animo a correr mas.
Los niños ya estaban exhaustos y agotados, no podían correr ni un segundo mas y se dejaron caer en el suelo, respiraron unos segundos recuperando el aliento, cuando la mujer cruzo la esquina, les sonreía mientras pasaba el pulgar por el cuchillo.
Niños malos, os gusta escaparos, del orfanato, de mi casa, os gusta confiar en desconocidos ¿No sabéis que el mundo esta lleno de monstruos? Menos mal que no...por que entonces...¿Que comeríamos los monstruos como yo? - Alzo el cuchillo por encima de su cabeza mirando a los pequeños que se habían acurrucado el uno con el otro y justo cuando iba a bajar su arma contra ellos, su mirada se volvió abrupta, desenfocada mirando al fondo de la calle, lanzando bufidos de molestia
Atrás demonio, estos niños no serán tuyos, ni hoy ni nunca, pues son mis pequeños y nadie los tocara mientras viva – La hermana Ines avanzaba con paso firme mientras sostenía en alto un símbolo resplandeciente del dios Ilmater
Eso no podrá detenerme durante mucho....solo retrasas un poco las cosas – La malvada mujer sonrió mostrando sus largos colmillos
Pero conmigo si te detendremos
Y conmigo
Yo también estoy aquí – La mayoría de las monjas de San Annur no habían cejado en la búsqueda de los niños y todas sostenían en alto el símbolo, la mujer miro con horror que estaba rodeada y miro a los niños.
Seguid así pequeños...escapaos, cometed travesuras...por que yo...yo os estaré esperando – La mujer alzo los brazos y subió lentamente mientas su cuerpo cambiaba y se convertía en un murciélago que se perdía en la noche.
Las monjas siempre cuidaron de Perillan y Luck esa noche y todas las noches, a ellos dos y al resto de sus hermanos y hermanas, pero la malvada mujer de aquella noche espera a que algún niño, se equivoque y confié en ella para llevárselo para siempre.
Fin
Por Marceline Brillodorado