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Confesiones y Misterios de Kassandra

Airoh

Gerardo de Amn
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En el presente...

Por fin discerní la Ciudad de la Moneda, capital donde se generan toda clase de oportunidades o la misma perdición, dos caras de la misma moneda de la que estoy dispuesta a correr el riesgo.

Chocolate llegó cansado al establo de los Llanos exteriores, vinimos a buen ritmo desde Esphurta atravesando prácticamente todo el país sobre su lomo.

Mi sorpresa al llegar fue la diversidad de razas que veía en cada rincón, en cada callejón y en cada fogata creada por aventureros tan variopintos entre sí pero alrededor de ellos fluían cierta armonía. En mis escasas dekhanas de estancia en esta ciudad he conocido a unos pocos que por fortuna han sido amables conmigo, prestándose para guiarme en un ambiente y ritmo tan frenético que produce vértigo.

Desde paladinas y novicias en su proselitismo del amor y la belleza hasta lo más cuestionable de la moral, y peor aún, hay quiénes aparentan que se bañan en la bondad y tras la máscara muestran sus humores más oscuros nacidos de unas entrañas que revelan rencor, culpa e inseguridad por un ego herido.

Quise contribuir al país queriendo ingresar en la Guardia de la ciudad, pero en la entrevista fui descartada por ser una estudiosa del Arte, confieso que me desanimó al sentirme rechazada por una disciplina que apenas domino, aunque mis intenciones siempre fue, es y será la de aportar como mejor y responsablemente pueda.

Con aquella decepción fui a cumplir con la ley acercándome al puesto de los Magos Encapuchados... me temblaban las manos al verles, siempre con ese aura de majestad e impunidad sabiendo que son ley en un país arcanofóbico y que a la mínima, tengan pruebas o no, persiguen sin descanso al posible infractor... si no tienen un culpable buscarán a otro a quien endosarle las infracciones del verdadero autor. Varun bien me advirtió de ello, lleva años siendo vigilado. Dí una lágrima en un vial que me facilitaron. Tras hacerlo me despacharon sin prestarme la más mínima atención.

El anciano me aconsejó no venir a Athkatla, me metería en la boca del lobo donde cualquier mísero Truco de Luz o sanar heridas menores en la calle hace que aparezcan de la nada para advertirte, o mejor dicho, amenazarte para dar a entender quién manda. No obstante necesito formación en el Arte, tener un temple por la responsabilidad de tejer la Urdimbre y además necesito respuestas... unas respuestas que parecen evadirme y me adentran más en una estructura social, por pequeña e importancia que carezca, todos tienen su pequeño "reino" que gobiernan con convicción y que defienden de diversas formas.

Solicité plaza en la universidad de magia llamada Arcanun Schola de la que fui entrevistada días después por una mujer cuya condición me desconcertó, la envolvía un manto de sombras, su mirada oscura e inexpresiva absorbía la propia luz. La maestra llamada Jadzia, se mostró cercana en el trato aunque directa, sin remilgos ni medias tintas; se limitó a hacer preguntas para conocerme un poco para ser aceptado mi ingreso en la universidad cuando terminamos la conversación.

¿Debí mostrarme más abierta? ¿Hice bien en centrarme en lo que quería escuchar? ¿O por el contrario debí revelar algo personal para que tenga más en cuenta en un futuro? De nuevo hice caso al Varun el Tejedor pero... él ya no es mi mentor, quizás deba pasar página para aceptar sin reservas nuevos maestros y mentores para que me guíen pero ¿Le estaré traicionando?

...de momento todo va como deseo, perfil bajo, sin llamar la atención pues los misterios son como los tesoros olvidados, buscados y codiciados revelando rostros y actitudes que pueden ser más un obstáculo que un beneficio.

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