DM Kapillo
Sombrero perdido de Astrid
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Una anciana se mecía en una vieja silla de madera, su mirada perdida en el cielo nocturno teñido de rayos multicolores. Sus ojos cansados reflejaban la sabiduría de las décadas vividas, y su voz, rasgada por el peso de la edad, rompió el silencio en la comodidad de su jardín:
Desde la conjunción de las esferas, extraños fenómenos habían comenzado a azotar toda Faerun. Criaturas de otros mundos atravesaban los velos entre realidades: algunas llegaban con diplomacia, otras por simple curiosidad, y unas pocas solo traían caos y destrucción.
En las afueras de Athkatla, el bosque de Alandor ardía con intensidad feroz, sus árboles consumidos hasta las raíces. Carretas calcinadas en los caminos del Río. E incluso algunos hombres de bien decían que el fuego iría bien para acabar con la podredumbre que asolaba el pantano con el jodido DevoraVacas...
Los rumores viajaban como susurros de boca en boca: el fuego lo purificará. Ni Amn ni el Imperio de Murann, ni ningún lugar se libraban de la devastación.
Una granja de esclavos había sido reducida a cenizas; en Agujas de Oro, gladiadores fueron calcinados durante sus entrenamientos. Incluso el puerto de la armada en Athkatla, donde nobles y mercaderes pudientes dejaban sus embarcaciones, sufrió la pérdida de un astillero en llamas, aunque pocos sabían con certeza qué lo había provocado.
-Estamos pagando los pecados de nuestra corrupción, de nuestra avaricia, de nuestra codicia…
Desde la conjunción de las esferas, extraños fenómenos habían comenzado a azotar toda Faerun. Criaturas de otros mundos atravesaban los velos entre realidades: algunas llegaban con diplomacia, otras por simple curiosidad, y unas pocas solo traían caos y destrucción.
Pero el fuego… el fuego lo purifica todo.
En las afueras de Athkatla, el bosque de Alandor ardía con intensidad feroz, sus árboles consumidos hasta las raíces. Carretas calcinadas en los caminos del Río. E incluso algunos hombres de bien decían que el fuego iría bien para acabar con la podredumbre que asolaba el pantano con el jodido DevoraVacas...
Los rumores viajaban como susurros de boca en boca: el fuego lo purificará. Ni Amn ni el Imperio de Murann, ni ningún lugar se libraban de la devastación.
Una granja de esclavos había sido reducida a cenizas; en Agujas de Oro, gladiadores fueron calcinados durante sus entrenamientos. Incluso el puerto de la armada en Athkatla, donde nobles y mercaderes pudientes dejaban sus embarcaciones, sufrió la pérdida de un astillero en llamas, aunque pocos sabían con certeza qué lo había provocado.