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Crisis con refugiados

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Llamamiento de Shazzar de Tyraturos, Emisario del Enclave de Thay
Proclamado ante los ciudadanos de Athkatla y los refugiados del Norte

Pronunciado en la Plaza del Comercio, bajo el fulgor de mi bastón arcano.

¡Pueblo de Athkatla, hijos de Amn, y almas errantes del Norte! Escuchad mi voz, que resuena como un eco de los cielos y un susurro de Thay en estas tierras. Los caminos de Crimmor y Athkatla se han llenado de rostros quebrantados, de niños cuyos hogares han sido consumidos por el aliento gélido de Icehauptannarthanyx. Los he visto: familias que reciben un pedazo de pan hoy solo para enfrentarse al hambre mañana, acampados como bestias bajo lonas raídas, mientras incluso los establos ofrecen más protección que sus refugios. Y más sombrío aún, los enemigos acechan, ofreciendo no salvación, sino esclavitud en las profundidades donde la luz se apaga.

Pero yo, Shazzar de Tyraturos, os traigo una promesa. En el corazón de Athkatla, bajo la imposición celestial que guía mi mano, he concebido un orfanato gratuito y permanente, un santuario donde los niños huérfanos del Norte hallarán no solo refugio, sino un futuro próspero. Sus muros aún no se alzan, pero hoy lanzo este llamamiento para que juntos los construyamos. Invoco al Gremio de Artesanos, a Lekin Tan’naru y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: traed vuestras herramientas, vuestras manos y vuestros corazones. Mis conjuros arcanos fortalecerán esta obra, y el enclave de Thay aportará recursos para que sea un faro de esperanza.

Este no será un acto de caridad pasajera, ni un plato robado de vuestras mesas, sino un legado que elevará a Amn y honrará el nombre de Thay. Mientras otros ofrecen migajas o grilletes bajo tierra, yo ofrezco un futuro donde los niños no sean olvidados. Que los refugiados sepan que su esperanza tiene un hogar en construcción; que los ciudadanos vean que la fuerza de Amn crece al unirse, no al dividirse. Mis pregoneros del enclave recorrerán las calles de Athkatla y Crimmor, llevando este mensaje escrito a cada plaza, cada campamento, cada alma que aún duda, y distribuirán copias para que la buena nueva se extienda como un conjuro vivo.

¡Uníos a esta causa! Que vuestras manos levanten estos muros, que vuestros corazones enciendan esta luz. Que los enemigos tiemblen, pues de estas cenizas surgirá una generación que desafiará su tiranía.

(Los pregoneros del enclave comienzan de inmediato a difundir el llamamiento, leyendo en voz alta y entregando copias a líderes como Gwenaelle y Sariel Shade, mientras se coordinan esfuerzos con el Gremio de Artesanos para iniciar la construcción.)
 
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Familias enteras, temblando de frío y miedo. Algunos lloraban por los que no pudieron escapar, otros miraban al horizonte, buscando señales de seguridad. Miles de voluntarios se acercaban diariamente a los campamentos, sanando las heridas de los refugiados recordatorio de ese atroz ataque del ejercito dragón. Ofrecían cobijo y alimento, mantas limpias junto a palabras de consuelo.

Los niños, que apenas recordaban cómo era reír, encontraron juegos y compañía entre los nuevos amigos.

Cada gesto de ayuda era un bálsamo para el alma herida de aquellas personas. Los ancianos, sentados junta al fuego, agradecían en voz baja por la hospitalidad recibida. Las madres al ver a sus hijos sonreír y dormir tranquilos por las patrullas brindadas por la guardia sentían gratitud, sin saber muy bien como expresarla con palabras, lloraban de felicidad.

En cada mirada, en cada sonrisa compartida, se reflejaba el agradecimiento sincero de quienes, tras sobrevivir al asedio, encontraron refugio y humanidad en la generosidad de otros. Algunos aceptaron la ayuda ofrecida de cleros como Selune, aunque temerosos de lo que viene, se veían entrar dentro de los muros de su capilla, buscando consuelo y redención por sus pecados pasados. Otros sin embargo preferían vagar por las calles más pobres de Athkantla, donde el mal vivir y el pecado se veía reflejado dentro de aquellos callejones dentro del distrito del río.

Ningún arcano parecía formar parte del grupo de refugiados, asustados por la bula arcana los pocos con poderes mágicos prefirieron ocultar sus dones a pesar de los ofrecimientos de varios miembros de la institución. Confiando que su censo ya estaba reflejado en Kezculla, otra ciudad Amniana y ahora no sería necesario descubrir sus capacidades, lo que podría ponerles en peligro.

Muchos buscaron refugio en trabajos como la artesanía, intentando obtener una mejor calidad de vida para ellos y sus familias. Un trabajo digno para sobrevivir.

Los que quisieron defender Amn del agresor terminaron su formación básica en las FFAA y ahora portan el uniforme de soldado con orgullo, listos para luchar y poner sus vidas en riesgo una vez más.

Por desgracia miles de ellos murieron en los campamentos, sin posibilidad de sanar sus heridas. Sus cuerpos, apilados en fosas comunes en el distrito de la tumba para evitar enfermedades o contagios innecesarios.

Aunque la vida empieza a tomar sentido para muchos refugiados, la mayoría aún teme y sueña con la muerte de sus seres queridos a manos de las sierpes y su lider, Kansaldi. Las noches siguen siendo largas y pesadas. El silencio del campamento solo es interrumpido por susurros y sollozos ahogados. Algunos despiertan sobresaltados, con el recuerdo vivido de los rostros que dejaron atrás, preguntándose si volverán a verlos o si el destino ya los ha separado para siempre.
 
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