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CAPÍTULO I
En las tierras de Amn, donde el comercio y la intriga se entrelazan en una danza constante de poder y riqueza, se despliega mi historia, la de una chiquilla de cabellos rojos que algunos llaman Cuernos. Hija de un linaje oscuro de elfos corrompidos por la sangre demoníaca, nunca encajé en ningún lugar de Faerûn, siempre oscilando entre dos mundos sin pertenecer a ninguno. Mi mente, tocada por el caos inherente a mi sangre demoníaca, fluctúa entre la lucidez y la locura.
Llegué a Amn con un objetivo claro: llevar a cabo cualquier acción, que me permitiría amplificar mi herencia y obtener un poder sin precedentes.
Mi odio hacia los elfos lunares, a quienes considero hipócritas y traicioneros, alimenta mi deseo de convertirme en la más poderosa de mi linaje y desatar el caos en su contra y en el mundo en general.
Estoy sola en mi travesía. Un mestizo llamado… ¡Uy casi se me escapa! había tomado la responsabilidad de guiarme. Uno como yo pero de mayor poder…, había visto algo en mí que otros no veían. Aunque nuestras naturalezas eran opuestas, él creía que podía enseñarme a controlar el poder demoníaco dentro de mí. Me tomó bajo su tutela, enseñándome las artes más intrinsecas dentro de mí y compartiendo su vasto conocimiento sobre la defensa y ataque. Su paciencia y sabiduría eran algo que nunca había experimentado antes, y aunque a menudo cuestionaba sus motivos, no podía negar que me había convertido en una versión mejor de mí bajo su guía.
Para moverme en los círculos más bajos de Athkatla, asumí la identidad de una meretriz. Utilicé mi belleza y astucia para ganarme el favor de los hombres y obtener la información que necesitaba. Los burdeles y tabernas de los barrios bajos se convirtieron en mi dominio, lugares donde los secretos fluían tan fácilmente como el vino barato. Mi conocimiento sobre los deseos y debilidades de los hombres pronto dieron sus frutos en la vida nocturna de la ciudad. Sin embargo, mi inestabilidad mental a menudo se manifestaba en arrebatos de ira y comportamientos erráticos, dejando tras de mí una estela de sospechas.
Ah, los barrios bajos de Athkatla, ese hervidero de vida donde las promesas de riqueza se mezclan con el hedor de la desesperación. En medio de callejones oscuros y edificios en ruinas, emergen los enmascarados, aquellos héroes sin nombre que, con una ironía deliciosa, afirman trabajar en favor de los pobres. Roban a los ricos, dicen, para dar a los necesitados. Aunque, curiosamente, siempre parece que sus necesidades están cubiertas primero.
No pasó mucho tiempo antes de que grupos de enmascarados, de moral distraída pusieran sus ojos en mí. Su líder, una figura enigmática, me buscó con la intención de reclutarme para sus planes. Según ellos, mis habilidades y mis intereses están en comunión con los suyos. Pero yo, conocedora de su verdadera naturaleza y sus verdaderos objetivos, juego el papel de la aliada potencial mientras busco mi propio beneficio sin perjuicio para ellos.
Mientras tanto, mantenía una relación delicada con el Imperio, una nación expansionista y militarista al otro lado del Mar. El imperio esta obsesionado con obtener artefactos mágicos y conocimientos arcanos para fortalecer su poder. Por fortuna o por desgracia, mis pies o mis alas me llevaron a sus costas, buscando una alianza. Usaré esta conexión para obtener el conocimiento necesario para potenciarme mientras el caos se apodera de mi cada vez mas.
Mientras tanto, enfrentaba mis propios desafíos internos. La sangre demoníaca en mis venas luchaba por dominarme, incitándome a cometer actos de crueldad y maldad. Pero yo, a pesar de mi naturaleza y mi mente fracturada, anhelaba algo más que el caos y la destrucción; buscaba un propósito, el poder superior. Mis delirios a veces me llevaban a conversaciones conmigo misma, debatiéndome entre el odio y el deseo de encontrar alinear todo mi ser en una única dirección.