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De Almendras...

Galas

Vampiro que no usa azules
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La neblina húmeda del bosque se disipaba en jirones blanquecinos según el calor de la mañana de primavera inundaba el claro.

Unos cervatos huyeron a saltos, alertados por el fuerte ruido que unos pasos que retumbaban como una hojalatería a la huida generaban. Bufando como un buey tras harar un campo entero, Gareth cruzó el corrillo de finos árboles que rodeaban el pequeño claro despejado, no chocando contra uno de plena casualidad.

No había corrido. El semigigante nunca lo hacía, pero desde que había recibido la noticia se había lanzado a los caminos, y su corazón retumbaba en su pecho con unas palpitaciones que hacían arder cada una de sus venas, y causaban un dolor agudo en la herida de su pecho.

Esa, que brillaba cada noche de luna llena.



Pero ahora, en ese claro, poco a poco la neblina rojiza de su mirada se disipaba, como la neblina de una noche oscura , que había sido tal vez, un poco demasiado larga.

Sus pasos, más lentos, le dirigieron hacia el centro. Donde la hierba se congregaba, verde y fresca. De pie, Gareth contempló en silencio los restos viejos de una de las hogueras, cuya lumbre habían compartido.

Entre historias, relatos, y reflexiones: Sobre la naturaleza. Sobre lo que es el bien, y lo que es el mal.

Con lentitud, el semiogro se inclinó hasta dejarse caer sobre sus rodillas, observando la tierra frente a él.

-La primera vez que me enseñaste este claro, te llevaba sobre mi hombro mientras disfrutabas del privilegio de la altura.

Con una calma forzada, aquel que portaba sangre humana y ogra en sus venas, se retiró su yelmo. Aquel que antaño perteneció a su maestro, y antes de él, al maestro de su maestro. Su interior, decorado con rezos al Vigilante, era algo que hoy, no miró, dejándolo a un lado.

- No creo que lo recordases... pues siempre fuiste un espíritu libre y gentil. Pero fuiste la primera en recibirme a mi llegada a estas tierras. Al menos, con algo que no fuese una verdura podrida.

Rebuscando en su morral, Gareth tardó más de lo que en otra ocasión le habría llevado, pero acabó por extraer una pequeña bolsita. Esta estaba medio vacía, pues ya había consumido casi la totalidad de su contenido.

Sacudiendo la bolsa, liberó lo que en ella quedaba sobre su enorme manaza. Eran cuatro almendras. Las últimas que ella le había dado.

- Cuando me abandonó mi Maestro, este me hizo una pregunta... una, para la cual aun no he encontrado respuesta. Ignorante de mi... tenia la respuesta en frente mía... en alguien, a quién no pude ver su rostro, hasta que sus ojos ya estaban cerrados.

Con calma, y compostura, el Semiogro hundió su enorme manaza en la hierba, y con tan solo tres gestos, excavó un profundo agujero, lejos de la intromisión de cualquier posible animal.

Y en su fondo, dejó las cuatro almendras.

- Dicen que morimos dos veces. La primera, cuando nuestro corazón se detiene. La segunda, cuando nos recuerdan por última vez. Siempre pensé que podría pervivir en tus recuerdos: Durante siglos, bendito tu pueblo con la larga vida... pero jamás creí que serías tú... la que tendría que vivir en los mios.

Con una mano temblorosa, el gigante tapó las semillas. Y aun arrodillado, se quedó sentado, alzando la vista hacia un cielo ya iluminado por el sol de mañana.

- Gracias por todo, Soster... y perdoname... por haber fallado a mi Juramento... y no haber estado ahí para protegerte.

Y en soledad y en silencio, por segunda vez en su vida, el Semiogro rompió a llorar.
 
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Nyra

Pornorroleador oldschool
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Uff cabrito ahora me has hecho llorar dos veces! juss mis ojos XD ha estado muy chulo el relato y muchas gracias juer voy a por clinex >^< <3
 
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