Necio
Copia sin mente de un convocado
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Kharmin de los Musgoverde:
El Abuelo Barbamugrienta
El Abuelo Barbamugrienta
El sol comenzaba a salir entre las espinosas montañas dejando que unos luminosos y calidos rayos comenzaran a molestar a las criaturas que aun no se habian despertado del todo. Aunque la mayoria de seres que correteaba activamente por el bosque de los Paramos llevaban mucho tiempo en sus quehaceres, habia algunos que necesitaban un pequeño empujoncito para comenzar su jornada.
Entre unos arbustos habia dos grandes bultos que se movian con una acompasada y somñolienta respiracion. Cubiertos de hojas, pequeñas ramas, barro, tierra humeda... parecian dos autenticos montones de estiercol que el bosque habia reclamado para su sustento extendiendo sus largas garras verdes sobre ellos.
Estos bultos, destacaban del medio no por su forma su olor o su color... sino por el grotesco sonido de su respiracion en su garganta, que mas parecia el trabajo en una serreria que el propio descansar de un ser vivo. Tal era el escandalo, que uno de los montones de hojas parecio despertarse por el ruido de su compañero y alzo la cabeza con algo de confusion mañanera.
Era una enorme osa, una que ya peinaba canas alrededor de su rostro, un enorme animal relleno mas por grasa que por musculos. La faltaba un trozo de lengua seguramente por algun mordisco, sus ojos eran menos claros que en su juventud y de su nariz goteaba una sustancia gelatinosa y transparente. Lejos de todo lo demas... era un animal sobervio, varias veces mas grande que un humano y con la capacidad de plantar batalla a un grupo de estos de ser necesidad. Garras largas y afiladas, dientes largos y amenazadores y una corpulencia desorbitada la transformaban en uno de los pocos seres que podian dormir a “pata suelta” sin que un grupo de trasgos se abalanzaran contra ella.
Despues de reconocer el ruido del otro bulto, y molesta con que su compañero de lecho fuera tan escandaloso que la hubiera despertado, la osa dio un gruñido y lanzo una enorme pata sobre el cumulo de hojas, a fin de que su propio peso resultara tan molesto como el bramar del durmiente... y hacer asi justicia en el molesto madrugon.
“Por los rosados testiculos de todos los dioses elficos!” Bramo mientras la osa hacia un ruido socarron muy parecido a una risa “Madelinne! El dia en que haga con tus peludas posaderas un estofado esta cada vez mas cerca!” El bulto se alzo mirando a la osa furiosamente.
Era un enano, mugriento y con harapos... llevaba una armadura de madera que siquiera se habia quitado para descansar.. Su aspecto era desastroso, sucio, viejo, maloliente... Cualquiera podria alegar que de los dos compañeros, la limpia y refinada era la osa. El enano tenia a un lado un nutrido equipaje, llevaba varios bastones, ninguno de valor... chatarra y baratijas incluso algunos instrumentos que habia desmontado y montado simplemente para entretenerse... libros y pergaminos en idiomas que ya no existian que el anciano aprovechaba para dibujar con una practicamente inexistente habilidad. Llevaba cuencos de barro, alguna cazuela, cuchillos viejos aunque sin una gota de oxido, mantas, pieles y telas, bolsas llenas de a saber que y huesos y adornos de a saber donde. Ni el mejor de los traperos habria podido acomodar en su carro todo lo que el pordiosero enano llevaba encima.
Bostezaron a la vez y procedieron a su acicalamiento matutino, una se lamia las partes del cuerpo que pensaba que requerian su atencion mientras el otro se levantaba y se acercaba a un arbol al que acariciaba detenidamente la corteza. Sin estar satisfecho del todo busco entre todos los arboles del lugar uno de su agrado y, sin perder el tiempo, comenzo a rascarse la espalda frotandose contra el mismo. “Mmmmmmmmffff eso es... justo ahi es el punto...” jadeaba el enano mientras sus rodillas hacian que la corteza rasguñara su maltrecha espalda. “Incluso un arbol sabe hacerlo... por que tu no?” espetaba el enano a la osa que estaba muy entretenida propinando lametones en sus zonas mas fogosas. “No intentes seducirme, sabes que eso no funcionara!” Rio el enano por su broma recolocandose su armadura y sus viejas ropas antes de volver a sus bartulos ante la pesada mirada de la osa, que tenia cierto aire de ofendida por su comentario. “Desayunamos?” Pregunto sonriendo al animal.
Media hora mas tarde, dos jugosos peces estaban sobre unas ascuas mientras el enano espolvoreaba sobre ellos algun tipo de especia pestilente. Ambos peces tenian grandes marcas en su piel de haber sido pescados a colmillo y no ser aptas para el consumo enano, pero el anciano se relamia con la vision de un desayuno copioso. Cuando los peces ya estaban a punto, el enano saco dos cuencos y una botella de barro que descorcho con sus increiblemente intactos dientes y vertio un poco de ambarina cerveza espumosa en ambos. “Un desayuno propio de heroes, verdad compañera?” La osa no respondio, siguio con la mirada el cuenco hasta que este se poso en el barro y lo vacio de 3 o 4 grandes lametones “Ni un brindis siquiera? Te estas volviendo una amargada Maddy” La osa no respondio... metio las fauces en la hoguera y agarro el pez mas grande, para tumbarse de nuevo y empezar a masticarlo “Ey! Ese me lo habia pedido yo!” La osa lo miro frunciendo el ceño “Y que? Te piensas que no soy capaz de pescar dos miserables peces?” la osa asintio lentamente, acostumbrada ya al gesto. El enano no hizo mas que emitir un pequeño gruñido y tomo el segundo pez rapidamente, antes de que su enorme compañera decidiera que tambien era propietaria de ella. Empezo a comer a grandes mordiscos, dejando que su barba se poblara de escamas y trozos de pescado que rapidamente atraian a la pareja de ratones que vivian en ella, los cuales llevaban algo mas de tiempo despiertos y daban rapida cuenta de su desayuno involuntariamente servido.
No habia demasiado que hacer el dia de hoy... habia llegado a estas tierras hacia apenas una semana. No conocia todos los problemas que en este momento acontecian por todos lados... estaba totalmente fuera de lugar en esas tierras pero los bosques eran acogedores y la mayoria de personas eran amables con el anciano.
En estos momentos de tranquilidad, el anciano enano se permitia el beneficio de cerrar los ojos y echar la vista a sus recuerdos. Centrandose en recolectar todos los que pertenecian a una misma franja temporal para revivirlos en su mente. Cuando se llega a la edad del anciano Maesse, es mas fructifero el recuerdo que las nuevas experiencias.
El anciano decidio meditar en los acontecimientos que habian llevado a que acabara en estas tierras, en la historia de su vida... Desde el principio.